φñZeferino GonzálezHistoria de la Filosofía (1886)

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§ 14. Gómez Pereira y Oliva Sabuco

Contemporáneo en parte de Laguna, y médico de Felipe II, como aquél lo había sido de Carlos V, fue Jorge Gómez Pereira, natural de Medina del Campo, por más que algunos le hayan hecho portugués y otros natural de Galicia.

En su Antoniana Margarita, libro por muchos citado, pero por pocos leído, sigue una dirección independiente en sus investigaciones y conclusiones, lo mismo que Vallés y Morcillo, pero manifestando cierta predilección por el fundador de la Academia, a la vez que cierta aversión contra Aristóteles. He aquí algunas de sus aserciones:

a) Las sensaciones, movimientos y demás manifestaciones sensitivo-vitales que atribuimos al alma sensitiva de los brutos, son resultado, efecto y manifestaciones de una cualidad oculta o fuerza innata, semejante a aquella en virtud de la cual el hierro es atraído y movido por el imán (ferrum ceu magnete trahitur), y no a una facultad sensitiva común a los [56] brutos y los hombres (sensificam facultatem communem brutis ac hominibus), según se cree generalmente.

b) Exceptuándolas cosas pertenecientes a la religión, debe permitirse al entendimiento moverse en el campo de la especulación y de la naturaleza (spatiari ipsum in speculationis et naturae campos permittere); pues este es el camino para descubrir, acrecentar y perfeccionar las ciencias.

En armonía con estas ideas, Gómez Pereira hace constar su propósito de apoyar su doctrina en razones y no en la autoridad de escritor alguno, por respetable que sea: Prius vos monens, me nullius, quamtumvis gravis auctoris sententiam recepturum, dum de religione non agitur, sed tantum rationibus innixurum.

c) La sensación en el hombre no es la percepción del objeto externo y sensible, sino la percepción de la afección interna y subjetiva, producida en el órgano por el objeto,{1} doctrina reproducida, si ya no fue plagiada después, por Descartes y Locke.

d) Las sensaciones, y en general los actos del alma racional, ya pertenezcan al orden sensible, ya al orden intelectual, no se distinguen de la misma realmente sino con distinción de razón (non realiter sed ratione ipsa differre), y lo mismo debe decirse de la [57] distinción entre la esencia y la existencia, así como de la mayor parte de los accidentes.

e) La intelección o acto de entender se verifica sin intervención de especies inteligibles abstraídas de los fantasmas o representaciones sensibles.

f) Pereira combate también la teoría aristotélica acerca de los primeros principios de los cuerpos; niega la existencia de la materia prima, y no admite más principios que los cuatro elementos.

Por lo dicho se ve que Gómez Pereira, no sólo siguió una dirección independiente en la indagación filosófica, sino que enseñó varias teorías e ideas reproducidas por Descartes y otros filósofos posteriores, sin que ni ellos ni los historiadores de la Filosofía se hayan cuidado de atribuir el honor de las mismas, si es que de honor son dignas, a nuestro filósofo español. Y es que sus obras, aunque citadas con alguna frecuencia, han sido poco leídas.

Por el mismo tiempo en que Gómez Pereira publicaba su Antoniana Margarita, la famosa Oliva Sabuco, natural de Alcaraz, daba a luz su Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre,{2} obra que llama más la atención por la condición de su autor que por su mérito intrínseco.

Aunque en el prólogo dice Oliva con notable desenfado que «su libro faltaba en el mundo, así como otros muchos sobran,» la verdad es que sólo merece [58] citarse aquí como representante parcial e incompleto de la escuela independiente que nos ocupa, a causa de algunas opiniones singulares que contiene, y de la independencia o libertad de juicio de que hace alarde al sentar sus teorías más o menos extrañas y peregrinas,{3} cuya exposición omitimos, porque más bien que a la historia de la Filosofía, pertenecen a la historia de las ciencias físicas y médicas.

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{1} «Ex relatis manifestum restat, sentire nihil aliud esse, quam organum facultatis sensitricis.... affici ab specie sensati.... Unde sensatio dicenda erit ille modus se habendi sensus animadvertentis.... Quod non aliter fit, quam ad affectionem organi animam, informantem, affici, prout ipsum affectum est; quam affectionem in se animadvertens anima, dicitur videns rem; non enim est aliud videre rem, quam vertere intuitum animam in suam affectionem.» Antonia Marg., pág. 27.

{2} El título del epígrafe completo es: Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y la salud humana. Sospecharon algunos que la obra no salió de la pluma de una mujer, sospecha que carece de sólido fundamento.

{3} Entre las más notables, pueden citársela que se refiere al asiento y principio de toda clase de sensaciones y necesidades sensibles, y la relativa a los principios de las cosas naturales. En orden a la primera, escribe: «Erraron bravamente los médicos en dar la sed y hambre al estómago, y la sensación a los instrumentos, como al ojo la vista...., siendo sólo mensajeros o instrumentos para llevar el mensaje al príncipe de esta casa y raíz, que es el cerebro, en el cual está toda sensación, sed y hambre, y todo cualquier movimiento o perturbación.»

Con respecto al segundo punto, escribe en su Vera Philosophia de natura mundi, que forma parte de la obra citada: «Non illa tria principia, materia, forma, privatio, sed Sol.... Luna.... ille causa formalis suo calore, haec materialis suo lacte, rerum naturalium principia vel potius parentes sunt.»