φñZeferino GonzálezHistoria de la Filosofía (1886)

tomo tercero:1920212223242526272829Imprima esta página

§ 20. Continuación de la escuela independiente

Los cuatro filósofos cuyas doctrinas y tendencias hemos expuesto en los párrafos que anteceden, si bien fueron los principales, no fueron los únicos representantes de la escuela independiente, porque a ella pertenecen también otros escritores españoles de aquella época, cuyas obras se relacionan más o menos directamente con la Filosofía.

Además de Fernán Pérez de Oliva, que escribió un Diálogo de la dignidad del hombre, obra estimable por la pureza relativa del lenguaje, no menos que por la solidez de la doctrina, merecen especial mención los siguientes:

a) Núñez (Pedro Juan), que fue profesor de Filosofía en la universidad de Valencia. Tanto en la Oratio de causis obscuritatis aristotelicae et de illarum remediis, como en el libro que lleva por título De constitutione artis Dialecticae, el compatriota de Vives señala y reprueba los vicios y defectos que dominaban a la sazón en la enseñanza pública, e indica al propio tiempo el camino que debe seguirse para regenerar y hacer fecunda la enseñanza pública. Entre otros elementos de regeneración, recomienda el conocimiento del griego y del latín, la crítica, los estudios filosóficos, claridad [85] del método, etc.,{1} pero sin rechazar ni condenar por eso la doctrina de Aristóteles, de la cual más bien se muestra partidario y admirador.

El filósofo valenciano rechaza la pretensión de los que afirman que nada hay falso, defectuoso o repugnante en Aristóteles, pero reconoce que son pocos los errores y defectos (mallem dicere pauca esse falsa, pauca repugnantia, pauca inconsecuentia) notables de su doctrina. Sin negar estos y otros defectos del Estagirita, confiesa que se le debe la invención de todas las artes, y principalmente la dialéctica (cui omnium artium inventionem deberi confiteor ac praesertim Dialecticae), y, lo que es más, reconoce y reprueba la exageración e injusticia con que Ramus ataca varios puntos de la doctrina de Aristóteles, a pesar de la grande estima en que nuestro Núñez tenía al filósofo francés, a quien apellida v ir natus ad docendas omnes artes brevi et utiliter, y a pesar de ser su partidario y el primero que introdujo su doctrina en la universidad de Valencia: Etsi primus in Schola Valentina me Rami sectatorem professus sum.

Y es que Núñez, como Luis Vives, y Foxo Morcillo y Vallés y Gómez Pereyra y Cardillo Villalpando, y tantos otros españoles, pertenece a la raza de aquellos [86] escritores que supieron discernir y apropiarse lo que había de bueno en el Renacimiento, sin entregarse a sus exageraciones doctrinales, ni menos a sus tendencias heterodoxas y anticristianas.

b) Alejo Venegas, autor de un libro bastante curioso, que lleva por título: Las diferencias de libros que hay en el mundo. Este tratado, que salió a luz en Toledo en el año de 1540, es una especie de miscelánea, en que el autor discute varias cuestiones filosóficas al lado de otras pertenecientes, ora a la Teología, ora a la Sagrada Escritura, ora a la física, a la geografía,{2} y a otras ciencias naturales.

c) Floreció también por aquella época Jerónimo de Urrea, excelente filósofo moralista, cuyo Diálogo de la verdadera honra militar es un notable tratado filosófico contra el duelo, ó, como escribe su autor, contra la desvariada y bestial costumbre del duelo. Para demostrar lo absurdo e inmoral del duelo, alega, entre otras razones, que «el duelo no es sino vanidad y engaño, y cosa donde no se saca certeza de la verdad, antes las más veces es infamia para el hombre justo y [87] verdadero, y reputación para el falso y mentiroso, aconteciendo quedar muerto el que combate con razón, y el pésimo, que con dañada voluntad hizo la injuria, salir ufano, glorioso y digno, a la vulgar opinión, de ser honrado y tenido en precio».

Con ocasión del duelo, el autor plantea y discute diferentes cuestiones morales, filosóficas y político-sociales,{3} algunas de las cuales son bastante curiosas y de sabrosa lectura, como la que se refiere al origen y significación de los hidalgos y escuderos.

——

{1} «His obscuritatibus Aristotelis medicinam aliquam faciamus, ut qui utramque linguam perfectae norunt, de exemplarium varietate censeant.... et vim sermonis graeci et proprietatem declarent.... et vocabula artium et distinctiones barbaras oratione apertiori illustrent.... Logici quibus argumentis, qua forma ratiocinationum, qua methodo usus sit Aristoteles doceant. Obscura argumenta, obscuros syllogismos, obscuram methodum aperiant.» Oratio de causis obscurit., etc., al final.

{2} La diferencia de libros a que alude Venegas en el título de su obra, se refiere al objeto o materia, de manera que dichos libros son Dios, el mundo, el hombre y la Biblia o palabra divina. De aquí la división que hace el autor de su obra en cuatro partes, la primera de las cualestrata del libro original que es el libro divino, es decir, Dios: la segunda trata de la Filosofía natural o física; la tercera parte contiene el libro de la razón, y la cuarta trata de la Escritura Sagrada.

Entre las cosas curiosas que contiene este libro, es una de ellas el catálogo de nombres de lugares antiguos, con la correspondencia coetánea, catalogo que se encuentra en la segunda parte, al hablar de la tierra y de la geografía española.

{3} Nuestro autor llama la atención sobre la injusticia que cometen los jueces del campo cuando se apresuran a honrar al vencedor, sin reparar que la victoria no siempre va acompañada de la justicia y la razón. «Así es inicuo el juez del campo, pues entendiendo que este insolente sin razón injurio al vencido y mantuvo la mentira y falsedad, y porque sale vencedor por acaso, o por tener más fuerza y aliento que su enemigo, o por estar más diestro en las armas, con gran solemnidad le saca del campo y deja en él con vituperio a aquel que sin razón injuriado combatió hasta la muerte por mostrar su verdad. Digo que los Reyes y Pontífices habían de desposeer a tan inhumano juez de honra, bienes y vida.» Diálogo de la verdadera honra militar, que trata cómo se ha de conformar la honra con la conciencia cristiana, pág. 31.