φñZeferino GonzálezHistoria de la Filosofía (1886)

tomo tercero:2021222324252627282930Imprima esta página

§ 21. Escuela filosófico-política

La política y el derecho tuvieron también sus partidarios durante esta época de transición, y el Renacimiento, o digamos el entusiasmo general por la antigüedad, dio origen a producciones filosófico-políticas, calcadas sobre los modelos antiguos, y especialmente sobre la república de Platón. [88]

a) El primer representante notable de esta escuela en el orden cronológico es el florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527), el cual, si en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio manifiesta predilección y desenvuelve con cierta complacencia los principios del gobierno democrático, en su famosa obra El Príncipe propende al despotismo y favorece sus empresas contra la libertad. La tesis fundamental de este libro consiste en subordinar al principio de la autoridad o voluntad del imperante todas las cosas, sin excluir la probidad, la justicia, el derecho, la religión y la moral.

b) Tomás Moro, que nació en Londres año de 1480 y que fue degollado en 1535 por no haber querido reconocer la supremacía espiritual de Enrique VIII, es uno de los más célebres representantes de la escuela filosófico-política, y debe su celebridad, como tal, a la obra que lleva por título De optimo reipublicae statu, deque nova insula Utopia.

En este libro, escrito en latín elegante y calcado sobre la República de Platón, aunque con ciertas restricciones y reservas, exigidas imperiosamente por el espíritu cristiano, Moro sienta las bases, o al menos deja la puerta abierta a las teorías comunistas. Verdad es que su vida, y sobre todo su muerte en un cadalso en defensa del Catolicismo, parecen probar que su isla de Utopía es sólo una concepción fantástica y un ideal imaginario, y que su objeto verdadero y práctico fue criticar ciertos vicios y defectos de los gobernantes y de las diferentes clases sociales. De todos modos, es cierto que el comunismo, o al menos la abolición de la propiedad individual, constituye parte integrante de [89] su ideal político,{1} ya se trate de un ideal quimérico, o de ideal práctico en la opinión de su autor.

c) Juan Bodin (1530-1596), natural de Angers, siguió una dirección opuesta a la de Tomás Moro. En su obra De República combate las teorías comunistas de Platón y del Canciller inglés, pues la comunidad de bienes hace imposible la república, y es contraria a la ley divina y natural,{2} siendo bien extraño, por lo mismo, que Reibaud le haya colocado entre los comunistas al lado de Platón, de Moro y de Campanella.

Bodin, que define la república «un gobierno recto de muchas familias y de lo que les es común (et de ce qui leur est commun) con poder soberano», afirma que el fin propio, o, digamos, la felicidad de la república coincide con la de cada individuo, la cual, por lo que hace a la vida presente al menos, consiste en la práctica de la prudencia, en la ciencia y en la religión verdadera (en prudence, science et vraie religion), de las cuales resulta la verdadera sabiduría, en que consiste la felicidad a que debemos aspirar o podemos conseguir en este mundo: Car de ces trois se compuse la vraie [90] sagesse oí¹ est le plus haut poinct de félicité en ce monde.

Al tratar del regicidio y tiranicidio, Bodin abre mucho la mano cuando se trata de soberanías no absolutas, entre las cuales enumera a los Emperadores antiguos de Roma, a los Dux de Venecia, a los Emperadores de Alemania y algunos otros; pero si se trata de príncipes absolutamente soberanos, como los Reyes de Francia, España y otros semejantes, no es lícito atentar contra ellos en ningún caso, por ninguna clase de personas, ni por motivo alguno, siquiera sean reos de todos los excesos imaginables y propios de un malvado, aunque hayan cometido toda clase de impiedades y de crueldades: Ores qu'il eust commis toutes les meschancetéz, impietéz et cruautéz que pourrait dire.

Son estas ideas muy propias de la política del Renacimiento, que solía dar una mano vergonzante a la república y al pueblo rebelado contra la autoridad, mientras que con la otra adulaba a los reyes y exageraba sus derechos enfrente y en contra de la Iglesia. La crítica de Bodin no es menos renaciente que su política. No encuentra dificultad en admitir como verdaderas las narraciones que corrían entonces acerca de la grandeza del Preste Juan (la grandeur et souveraineté du Negus d'Ethiopie, qu'on appelle Preste Jean, qui a 50 Rois tributaires, comme dit Paule Jove); pero en lo que se refiere a la donación de Constantino no encuentra ni descubre más que dudas, y en sus defensores mentiras y ficciones.

Bodin, que se manifiesta partidario de los sortilegios, de la magia, y que cree en otras varias supersticiones, no cree, sin embargo, en la divinidad del [91] Cristianismo, y rechaza toda religión positiva, si hemos de atenernos a lo que dice en una obra que dejó manuscrita, que ha sido publicada recientemente, y cuyo título es: Colloquium heptaplomeres de abditis rerum sublimium arcanis.

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{1} «En todos los Estados en que la posesión es individual, dice el Canciller de Inglaterra por boca de uno de los interlocutores de su Utopía, donde todo se mide por el dinero, jamás podrá reinar la justicia, ni asegurar la prosperidad pública.» «Donde reina la propiedad individual, añade, no puede guardarse la igualdad, porque cada cual echa mano de todos los títulos y medios para apoderarse de todo lo que puede, y la riqueza pública, por grande que sea, acaba por concentrarse en un pequeño número de personas, que dejan a las demás en la indigencia.» L'utopie, lib. I, pag. 82.

{2} «II est impossible que les biens soient communs.... Une telle republique serait directement contraire à la loi de Dieu et de nature.» De la Rep., lib. I, cap. II.