φñZeferino GonzálezHistoria de la Filosofía (1886)

tomo tercero:90919293949596979899100Imprima esta página

§ 91. El P. Feijóo y P. Hervás

En una historia general y compendiosa de la Filosofía, sólo corresponde de justicia una mención breve y de pasada a los PP. Feijóo y Hervás; pero cuando esa historia está escrita por autor español, bien puede perdonársele que dedique algunas palabras más a estos sus compatriotas.

Cierto es que ni el P. Feijóo ni el P. Hervás son dos filósofos, en el sentido propio de la palabra, y que sus escritos, más bien que a la Filosofía, se refieren a las [436] ciencias físicas, naturales, históricas, lingüísticas y sociales; pero tampoco puede negarse que uno y otro contribuyeron de una manera más o menos directa y eficaz a dirigir, avivar y fomentar el movimiento filosófico en España.

El primero especialmente mereció bien de la Filosofía, señalando con bastante -acierto los innegables defectos y abusos que reinaban en las universidades y escuelas de nuestra patria por entonces, principalmente por parte del método de enseñar, ora en los libros de texto, ora en las aulas, indicando a la vez los remedios. Para convencerse de ello, basta recordar o citar sus discursos: De lo que conviene quitar en las Súmulas.–De lo que conviene quitar y poner en la lógica y la metafísica.–De lo que sobra y falta en la física, no menos que los que llevan los epígrafes siguientes : Abusos de las disputas verbales. – Desenredo de sofismas.– Dictado de las aulas.–Argumentos de autoridad.– Sabiduría aparente, etc.

En estos y algunos otros discursos, lo mismo que en algunas de sus Cartas eruditas, el P. Feijóo emprende de nuevo o continúa la obra de restauración que en el siglo XVI habían iniciado y promovido Luis Vives, Melchor Cano, Soto, Morcillo, Arriaga y otros, en el terreno teológico y filosófico, como la habían fomentado también Gómez Pereira, Valles y Laguna en el terreno de las ciencias físicas y médicas. El mérito principal del benedictino español, como hombre de ciencia, consiste precisamente en esto: consiste en haber dado vida y movimiento, siquiera de una manera relativamente incompleta y superficial, a la regeneración progresiva de la Filosofía y de las ciencias, debida [437] al genio de aquellos grandes varones, e interrumpida después por causas de diversa índole.

Y hemos dicho siquiera sea de una manera relativamente incompleta y superficial, porque ello es incontestable que Feijóo se halla muy distante de los Vives y Canos en cuanto a exactitud, alcance y originalidad de ideas, lo mismo que en cuanto a profundidad de juicio y elevación de crítica. Por otra parte, lo que nos dice acerca de la escasa importancia del problema de los universales, su doctrina acerca del mal físico, los términos en que se expresa acerca de Lulio y su doctrina, la tendencia frecuente a confundir el objeto de la Filosofía con el objeto de las cosas físicas, y medir la importancia y el valor de la primera por la importancia práctica y utilitaria de la física experimental, revelan que el autor del Teatro crítico no poseía el discernimiento y la solidez de juicio que adornaban a Luis Vives y Melchor Cano en la tarea de regenerar la ciencia. Esto sin contar que la erudición de Feijóo no es la erudición escogida y de primera mano de aquéllos, sino la erudición muy inferior, de segunda o tercera mano, sacada de obras contemporáneas de vulgarización , como el Diario de los sabios, las Memorias de Trévoux, el gran Diccionario de Moreri, con otras por este estilo.

Así y todo, sus escritos contribuyeron mucho a desterrar preocupaciones, supersticiones, errores y abusos de nuestra patria; promovieron y fomentaron, al menos indirectamente, la regeneración de la Filosofía, en cuanto al fondo y en cuanto al método, y, sobre todo, influyeron no poco para que se formaran ideas más exactas acerca de la importancia y naturaleza del [438] método experimental, como elemento indispensable para el cultivo y progreso de la medicina en sus diferentes ramas, y de las ciencias físicas y naturales.

Feijóo, como Bacón y como Lulio, y como otros escritores, ha sido objeto de juicios los más encontrados. Mientras unos le presentan como un sabio de primer orden y como el único hombre de ciencia en la España del siglo pasado, opinan otros que sus escritos carecen hoy de todo valor real y científico. Por nuestra parte, creemos que esos escritos, sin ser propios de un sabio de primer orden, ni aun para su siglo, todavía merecen hoy la atención de los hombres de letras. Ni creemos que sería justo quemar sus escritos al pie de su estatua, como decía el literato español, ni tampoco asentimos a que le presenten como el gigante debelador único de la ignorancia y tinieblas universales que suponen reinantes en nuestra patria por entonces. Guando oigo a algunos decir que Feijóo fue la luz que desterró de España las tinieblas de la ignorancia, recuerdo involuntariamente a D'Alembert, cuando escribía que Bacon était né dans le sein de la nuit la plus profonde. Y, sin embargo, al lado de Bacón, o con independencia de él mismo, florecían y florecieron, sin contar a Roger Bacón y a Gilberto, Telesio, Patrizzi, Gassendi, Otón de Guerrick, Copérnico, Kepler, Ticho Brahé, Galileo, Viete, con otros varios, así como al lado y antes de Feijóo florecieron sabios, historiadores y críticos como Lucas Cortés, Nicolás Antonio, Mondéjar, Aguirre, Burriel, Mayans, Flórez, y en el terreno filosófico y científico Caramuel, Palanco, Hugo Omengue, el P. Tosca, Solano de Luque, Martín Martínez, Saquens, Piquer, Forner y tantos otros. [439]

El P. Hervás y Panduro (Lorenzo, 1735-1809), jesuita desterrado a Italia con sus hermanos por la tiranía volteriana de los ministros de Carlos III, es uno de los escritores que más contribuyeron en el pasado siglo al lustre y nombre literario de nuestra patria. Hombre de inmensa lectura, de escogida erudición y de genio sintético y comprensivo, publicó en la década de 1778 a 1788 su justamente celebrada Idea dell'Universo, especie de enciclopedia, en que se trata del hombre y de su historia física, de las lenguas, de la sociedad, de las razas humanas y sus relaciones, del globo terrestre considerado en su constitución, en su origen y en su distribución geográfica, con otras muchas materias literarias y científicas.

Empero la parte más importante, a la vez que la más original y meritoria contenida en la Idea del universo, es sin disputa la que se refiere a las lenguas. Porque la verdad es que su Vocabulario políglota, que comprende ciento cincuenta idiomas, su Oración dominical traducida a trescientas siete lenguas o dialectos, y, sobre todo, su Catálogo de las lenguas conocidas, con noticias acerca de sus afinidades, le dan derecho para ser apellidado fundador y padre de la moderna lingüística, sin que sea ni pueda ser motivo suficiente para negarle este carácter la consideración o el hecho de que algunas de sus teorías y afirmaciones hayan sido desechadas o rectificadas por los descubrimientos o investigaciones de los modernos cultivadores de las ciencias lingüísticas y etnográficas. En todo caso, nadie puede negar al jesuita español la gloria de haber dado él primer impulso vigoroso y sintético en estas ciencias, y la gloria de haber acumulado, con indecibles [440] trabajos y fatigas, abundantes materiales para las mismas.

Si los trabajos literarios y científicos del P. Hervás no tienen relación tan inmediata y directa con la regeneración filosófica de España en el pasado siglo, en cambio bien puede afirmarse que el genio, la ciencia y la erudición del jesuita conquense son superiores al genio, a la ciencia y a la erudición del benedictino gallego, y que realzó más ante los extraños la gloria literaria de nuestra patria.