En la colocación de la primera piedra de la obra de construcción de 140 viviendas protegidas para empleados y obreros del Parque Móvil de Ministerios Civiles
(Madrid, 17 de julio de 1942.)
Hoy colocamos la primera piedra en esta obra de construcción de 140 viviendas protegidas.
Queremos que entendáis la significación de esta preocupación de la Falange por el hogar.
Es solamente uno de los frentes en que combatimos por la elevación del nivel de vida de los españoles peor situados en la escala social.
No es un intento de halago ni una propaganda; es una manera de actuar necesaria, ante nosotros mismos, para no ser traidores a la fe falangista que profesamos.
No acostumbramos a comprar adhesiones con la satisfacción de una necesidad que nos manda servir la justicia. Quienes hayáis de ocupar estas viviendas estáis relevados del agradecimiento; y sin que esta circunstancia pese en vosotros, queremos deciros unas pocas cosas claras y sencillas que acaso haga falta que escuchéis.
Por la especialidad de vuestra profesión, muchos de vosotros pulsáis con frecuencia diversos ambientes, tenéis un conocimiento bastante exacto de la actual realidad de la Patria y no tenemos que exponeros la apretada dificultad de su vida en estas horas en que todo está contra nosotros.
Esta situación sólo puede corregirla definitivamente nuestra conquista de las auténticas realidades revolucionarias. En las etapas fáciles de los pueblos, cualquier sistema puede ir arrastrando mediocridades intolerables; pero cuando una Patria necesita afinar sus posibilidades hasta el límite, como defensa en circunstancias peligrosas o como ofensiva en las horas gloriosas de la gran misión, sólo de las soluciones perfectas y de las soluciones heroicas puede extraer el máximo rendimiento que necesita para la victoria.
Queremos haceros meditar sobre esto. No nos queda otro remedio que remover este estado de cosas que transforman los sistemas y los hombres: la Revolución Nacional-Sindicalista, cuyas concepciones se han expuesto bien claramente muchas veces y que ninguno de vosotros desconocéis.
El Caudillo, ahí están sus palabras de Medina y de Egea y sus obras de protección social, es el primer nacional-sindicalista revolucionario español. Formar con fe a su lado en las filas de la Revolución es el gran deber y el gran interés de todos los trabajadores de la Patria. No os desalentéis por las dificultades de la empresa. Las revoluciones eficaces no se hacen una buena mañana incendiando un palacio, creyendo que con eso a la tarde vamos a encontrar en nuestros hogares otra cosa que el remordimiento de nuestra estupidez.
Las revoluciones cuestan muchas horas de lucha y muchas noches en vela a los hombres que las conducen; muchos sacrificios a los pueblos que las alumbran. Entre vosotros hay algunos camaradas nuestros. La condición de falangistas no es una cosa dormida en nosotros mismos, enterrada en nuestros espíritus como en un sepulcro; es una fuerza viva hacia afuera, una idea abierta que ama la conquista, el combate y la inquietud misionera. Por eso quiero terminar, camaradas, con esta consigna: El mejor servicio que podéis hacer a la Falange es ganar a vuestros compañeros para su fe.
Por la Patria Una, Grande y Libre.
¡Viva Franco! ¡Arriba España!