Filosofía en español 
Filosofía en español


Seguro de Enfermedad

(Afán, 8 de mayo de 1944.)


La primera condición sobre que debe asentarse la estabilidad de toda acción de gobierno es el exacto sentido de lo real. Es necesario evitar las ilusiones, los engaños y su concreción práctica que es el artificio. Sobre las personas este sentido, servicio intransigente de lo verdadero, se llama sencillamente sinceridad. Lo contrario es una infantil tentativa de engañar en él, olvidándonos de que la eficacia y la verdad tienen en la vida una elemental balanza con sus platillos, sus pesas y su fiel abiertos a todos los ojos y sujetos a todas las comprobaciones.

Por estas consideraciones y como preocupación de primordial importancia, en el Seguro de Enfermedad hemos de sentar diáfanamente nuestro pensamiento, esperando que cuantos de cerca o de lejos hayan de sufrir los efectos de la Institución se sitúen en el mismo plano de realismo y de serenidad. Es indudable que nos interesa la actitud de la Nación ante la edificación de una obra de trascendencia en su vida, y la de los trabajadores ante un elemento decisivo de su bienestar. Pero en estas actitudes, por una desgraciada tradición, influyen con frecuencia una serie de prejuicios políticos y personales. Nadie ignora lo que es el Seguro, nadie se atreve a discutir la justicia que sirve. Quienes tuviesen intención de atacarlo no lo harían nunca de frente; habrían de intentarlo en los medios, en los hombres, en las fórmulas de realización práctica. Pero nosotros creemos que es hora ya de que los españoles vueltos al sentido común empiecen a separar la verdad de lo que se toca con las manos de toda esa pesada neblina de sentimientos apasionados que enturbian los corazones y los ojos.

Estimamos oportuno, cuando se inicia el funcionamiento de esta obra social de previsión, insistir sobre los criterios que la informan en lo que afecta precisamente a su concepción práctica, a su efectividad real. Nuestra primera directriz nos ha impuesto como necesaria la acción resuelta y urgente. Entendemos que en lo social no puede sacrificarse la rapidez de un avance importante al prurito del efectismo en los detalles. Es preciso empezar a moverse con los elementos que tenemos en cada presente, porque lo demás es condenarse a la inacción en una irresoluta espera de mañanas más fáciles. Asegurada la viabilidad económica, perfecta la mecánica administrativa, dispuestos los cuadros asistenciales, el Seguro de Enfermedad comienza a actuar sobre los trabajadores por cuenta ajena –mayoría más necesitada de la Patria– sin esperar a que las precedentes condiciones de seguridad hayan permitido incluir otros grupos diferentes. Esto no estorba, sino que contribuye a acelerar el encuadramiento posterior de los trabajadores a domicilio, en paro y por cuenta propia. La bandera está bien clavada, muy a vanguardia de las líneas, y ya no hay disculpa ni posibilidad para retroceder. La gran enemiga de la acción social es la especulación, la inmovilidad de los proyectos detallistas; nada lima las aristas ni aparta los obstáculos, nada perfecciona más eficazmente que el choque con la realidad de una concepción activa y meditada llevada a cabo sin ligereza, pero sin titubeos. Lo demás es perder tiempo y en este caso concreto privar de un determinado bienestar a una muchedumbre por andarse en pinitos y florituras.

La segunda directriz que se marca en la organización del Seguro arranca de un imperativo esencialmente humano: la evitación de actitudes innecesariamente incómodas entre los colaboradores más directos de la obra. La experiencia de otros países nos enseñó que desatender el interés de las clases sanitarias haciendo el Seguro oneroso para sus niveladas economías no es sólo una injusticia, sino un gran peligro para el éxito de la Institución. Cada uno de los elementos activos del Seguro ha de estar situado en las mejores condiciones para espolear su decisión de servirlo con entusiasmo. En el Seguro de Enfermedad los índices de beneficio de los elementos activos que encuadra son remuneradores. Se exige en el servicio, pero ni se sobrecarga ni se desprecia. La perfección de una Institución es mayor si produce beneficio a los que la integran y a los que la aprovechan, y quien quiera tener un Organismo caro e ineficaz puede elegir como sistema la mezquindad y el regateo.

Y vamos ya con otro interesante aspecto del Seguro de Enfermedad, que es el de la colaboración privada, obediente a un signo de solidaridad cuya manifestación concreta es el concierto.

El sistema de concierto no se ha elegido como una fórmula ineludible, como una necesidad impuesta de colaboración, y por eso no debe ser entendido como un expediente provisional. Hemos querido buscar en él el perfil más puro de una concepción que aspira a disciplinar en unidades nacionales la acción útil de los esfuerzos privados. La conversión de unos cuadros situados al margen de la Previsión Social Nacional-Sindicalista en un Organismo de signo uniforme, con un mismo sentido, un único mando y una actividad coordinada constituye una magnífica meta en esta etapa de transformación en la que el gran peligro estriba en martirizar el libre juego económico con formas forzadas de integración. Es preciso encontrar la estabilidad de lo natural; llevar el agua por nuestros canales, sin fugas, sin represas violentas, y demostrar cómo nuestras Instituciones no son armaduras dolorosas destinadas a atormentar los miembros del cuerpo social, como los enemigos afirman. Esto puede ser muchas veces lo difícil, pero no deja de ser nunca el mejor hito de lo permanente. Si existen en la Nación, nacidos espontáneamente para servir necesidades concretas, Organismos aptos, útiles, que intentan nuestro propio objetivo, es la mutua colaboración, la solidaridad, el perfeccionamiento –dentro de nuestro control político-social– lo que nos interesa, porque ésta es la única manera de hacer comprender, de hacer amar y, escuetamente, de hacer un Régimen. Las Entidades concertadas han de sentirse protegidas, entendidas y vigiladas, y este determinante de unidad es el camino de los proselitismos efectivos.

Estas son las principales orientaciones mantenidas con firmeza en la Obra que nace. Queremos ahora dirigirnos a los trabajadores protegidos por ella para establecer también claramente el sentido político que la informa en evitación de probables errores de apreciación. Nosotros no presentamos el Seguro de Enfermedad como un argumento para que nadie venga con nosotros exclusivamente en lo político. El Seguro de Enfermedad, como la mayoría de las mejoras sociales obtenidas, no es una concesión ni una dádiva, no es un aliguí ni una promesa. Porque el Caudillo ha impuesto en la Patria, contra todas las agonizantes políticas mentecatas, la lucha por un sentido revolucionario y nuevo, ordena y exige con rigidez que se prepare con acciones parciales la gran transformación. Un poco de espaldas a lo que unos y otros piensen, los hombres que servimos bajo sus banderas con fe vamos por orden suya poniendo los jalones posibles en el avance del presente. No se trata de buscar o huir acercamientos en aquellos cuya defensa es nuestro deber. En la vida y en el pensamiento de los hombres hay muchos sectores y dentro de cada sector una serie de inquietudes diferentes. Ahora bien; si no es nuestro empeño pagar el enganche en nuestras filas, tenemos el derecho de exigir que en el sector social y en la inquietud concreta que cada Institución de protección social representa, se haga abstracción, por el bien de todos, de cuantos prejuicios pueden establecer barreras entre los hombres. Al margen de nuestra situación en la vida, prescindiendo de la dirección de nuestros rumbos, si en una encrucijada se nos tiende una mano sincera para ayudaros a levantar de la última caída, debemos, si no agradecer, por lo menos ayudar el movimiento. Esta actitud queremos de todos los trabajadores de España para el Seguro de Enfermedad. Por fortuna, los núcleos de mayor tradición revolucionaria, como sucede siempre, ven más claro que nadie en su deber y en su interés presentes.

Y en este largo camino que nos queda de deber y de interés comunes en avanzar, cada vez se irá afirmando más el perfil de la Patria Una, Grande y Libre, ganada por el trabajo de unos hombres que empezaron a entenderse definitivamente en la persecución de objetivos parciales para la conquista honrada del pan.

 
(Afán, 8 de mayo de 1944.)