Filosofía en español 
Filosofía en español

“Nación de naciones”

«Yo conozco Estados de naciones, como aquella Monarquía dualista austro-húngara, que citaba el Sr. Ríu, aludiendo con ello a la idea probable que tenían los catalanistas de la futura organización política de España; lo que no conozco, ni vosotros seguramente tampoco, es una nación de naciones, porque esto es una superfetación monstruosa, y en la Ciencia, como en la Naturaleza, los monstruos no pueden vivir.» (Melquiades Álvarez, Congreso de los Diputados, 1 de julio de 1916.)

«Una nación de naciones es un concepto contradictorio, porque la nación representa la plenitud del Poder y, por tanto, estarían en pugna constante los poderes que ejercieran cada una de estas nacionalidades, sin que por ello pudieran desenvolver su misión histórica.» (Melquiades Álvarez, Cortes Constituyentes de la República Española, 3 de junio de 1932.)

«Quiero compartir un fragmento de mi intervención en la clausura del XIII Congreso de @socialistes_cat sobre el concepto ‘nación de naciones’. [inserta un vídeo de 63 segundos de su intervención el 6 noviembre 2016, en catalán y en español, subtitulada así en español:] “…Afortunadamente, Óscar, tenemos una referencia castellano-leonesa, bueno, de hecho, leonesa, para ser más exactos, que era la de Anselmo Carretero [1952], que fue el primero en acuñar esta expresión de nación de naciones, y por lo tanto, Luis, cuando nos digan esto es un invento de los catalanes yo os pido que saquéis un poco de pecho y digáis: No, esto es de Anselmo Carretero (aplausos)”].» (Miquel Iceta, gorjeo del 8 noviembre 2016 a las 11:54 a.m.)

Joaquín Roca (1853) ❦ Arturo Campión (1906) ❦ Emilio Junoy (1907) ❦ Eusebio Corominas (1908) ❦ Ella Flagg Young (1911) ❦ Melquiades Álvarez (1916) ❦ Luis de Zulueta (1923) ❦ Melquiades Álvarez (1932) ❦ Francisco Cambó (1935) ❦ Sicariato político en Madrid (1976) ❦ Peón de la transición (1977) ❦ Debates constitucionales (1978) ❦ Gustavo Bueno, España (1998) ❦ I Jornades Jaume Vicens Vives. España, ¿nación de naciones? (1999) ❦ Gustavo Bueno, España frente a Europa (1999) ❦ Gustavo Bueno, España no es un mito (2005) ❦ Institucionalización vía Fundación Campalans (2006) ❦ Miquel Iceta (2016)

[ Se advierte que ignoramos aquí los diarios que cobran por consultar siquiera sus hemerotecas digitales históricas. ]

1853 “Nación de naciones” según Joaquín Roca

Nos permitimos atribuir a Joaquín Roca y Cornet (Barcelona 1804-1873) los dos primeros usos que hemos localizado, por ahora, del rótulo “nación de naciones” en lengua española. Ambos utilizados por el autor de la sección “Revista de la prensa extranjera” (a veces “Espíritu de la prensa extranjera”) que, más o menos cada quince días, publicaba entonces Diario de Barcelona firmada por “R.” (la sección “Revista de la prensa nacional” / “Espíritu de la prensa nacional” la firmaba entonces “J. M. F.”). Es obvio que “R.” puede querer decir Redacción y no Roca, pero el autor de esa sección escribe con autoridad doctrinal y es bien sabido (Joaquín Rubió Ors, Noticia de la vida y escritos de D. Joaquín Roca y Cornet, Barcelona 1876) que Roca fue prácticamente redactor único del Diario de Barcelona entre 1831 y 1839, y que luego, entre 1850 y 1854, publicó en Diario de Barcelona “cerca de cuatrocientos artículos”. Infatigable activista católico, Joaquín Roca fundó la revista La Religión (1837-1841), luego con Jaime Balmes La Civilización (1841-1843), &c.

En el primer uso traslada “R.” noticias del Times sobre Polonia y un proyecto de protectorado de las naciones de Europa sobre los cristianos súbditos de la Puerta otomana… pero advierte que esas naciones de Europa “no tienen una nación de naciones, una autoridad de autoridades”. “Nación de naciones” y “autoridad de autoridades” tienen formato similar a fórmulas bíblicas como “Deus deorum”, “Dominus dominantium” o “Rex regum” (por ejemplo en Deuteronomio 10:17: “Dios de los dioses”, “Señor de los señores”; Apocalipsis 19:16: “Rey de reyes”, &c.), sabiendo perfectamente “R.” que esas naciones europeas “no tienen una unidad de religión y una representación una de la misma, no tienen un principio moral uno que les dé claridad de intuición y energía de conducta”, &c.

1853 «Este protectorado de la Europa, ¿será la unidad religiosa de la misma; la unidad que ha tenido, la unidad que ha de recobrar? ¡El protectorado de la Europa! es la germinación de un principio espiritual en la política europea, un principio de acción que dejándolas a todas su fisonomía, que solo el tiempo puede borrar, las haga creyentes y entusiastas de los principios generales? Hace tiempo que ha desaparecido de su historia. La industria y el comercio las han reunido bajo un mismo techo; más ¡ah! la industria y el comercio no hacen latir el corazón; ¡ah! las relaciones mercantiles no dan enseña. Tienen caminos de hierro y telégrafos eléctricos para salvar las distancias; y, ¡ay! no tienen una regla de criterio, para resolver conflictos como los que se le han presentado: no tienen una nación de naciones, una autoridad de autoridades. Viven bajo un mismo techo, tienen ocupaciones parecidas, cambianse sus mutuos servicios, corren peligros iguales, tienen enemigos comunes, sufren unas mismas desgracias, no tienen una unidad de religión y una representación una de la misma, no tienen un principio moral uno que les dé claridad de intuición y energía de conducta. ¡Es el primer destello de este protectorado de la Europa sobre los cristianos de Turquía! Quién sería harto audaz para decirlo. Lo que puede afirmarse, porque lo afirman los hechos, es que las potencias europeas quisieran conservar la paz a toda costa, y se ven a pesar suyo envueltas en la guerra; lo que hay evidente es, que quisieran intervenir en Oriente, y fáltales un principio de cohesión para intervenir, y no quisieran por eso intervenir, e intervienen realmente. Lo que hay indudable es, que, hablan solo del comercio, y del equilibrio, y de la independencia de cada uno de los estados, y de la no intervención en negocios extraños, y se reservan el protectorado de los cristianos de Turquía. Y lo que es innegable también, que mientras en tal conflicto hállanse las naciones, allá en el seno de una de las más poderosas y más influyentes se celebran meetings, en los cuales se jura guerra a muerte a toda autoridad y a todo privilegio para levantar con sus triunfos este ídolo tan acariciado, el individualismo, el individualismo de la antigüedad; la libertad como facultad primitiva, la libertad salvaje, que mejor fuera calificada de atroz despotismo.» (R., “Cuestión de Oriente. Aniversario de la revolución de Polonia”, Diario de Barcelona, de avisos y noticias, viernes 23 de diciembre de 1853, pág. 9286.)

En el segundo uso asegura “R.” que una de las máximas del derecho internacional es que “no puede existir una nación de naciones, porque todas deben tener existencia propia”, aunque con el tiempo pudiera llegar a cuajar una “república de naciones”…

1854 «Ojalá la cuestión de Oriente haga triunfar una de las máximas del derecho internacional, que en ella luchan para hacerse lugar de principio: no puede existir una nación de naciones, porque todas deben tener existencia propia, ¡más puede existir una república, cuando hayan vivido y crecido todas bastante para haber olvidado sus primeros y casi diríamos brutales instintos, y escribir en el código de su moral lo que parece ahora bellas ilusiones de la fantasía! Cuando todas tengan grandes talentos, grande industria y grande comercio, y el tiempo con su marcha incomprehensible, y sus castigos o desengaños haya hecho creer a los que no creen, y dado valor a los que vacilan, la república de naciones tendrá mucho adelantado para establecerse. No debe perderse de vista que ya ha existido, y que lo que ha existido puede renacer bajo formas distintas.» (R., “Revista de la prensa extranjera”, Diario de Barcelona, de avisos y noticias, martes 4 de abril de 1854, pág. 2406.)

Diario de Barcelona, unos meses después, incorpora a sus páginas teorías que Juan Bautista Guardiola ya había expuesto en 1851: “que España no es en rigoroso y buen sentido de la palabra, una sola nación sino un haz de naciones” (El libro de la democracia, Barcelona 1851, página 63), al reproducir “De la centralización” (14 septiembre 1854), artículo ya publicado en Madrid.

Sucede que el término “Nación” no es unívoco sino multívoco; un término que ha ido adoptando distintas acepciones a lo largo de los siglos, acepciones que se solapan y pueden provocar confusiones (ingenuas o buscadas, dolosas o culposas). Acepciones susceptibles de ser clasificadas en géneros y especies, en una suerte de taxonomía evolutiva que toma al Estado como criterio de la política (→ véase: “Idea de Nación como Universal análogo de atribución”). Volvamos a 1851: “España no es en rigoroso y buen sentido de la palabra, una sola nación [étnica] sino un haz de naciones [étnicas]”; o España es nación (política) de naciones (étnicas). Pero no se corresponde con nuestro presente histórico realmente existente pregonar que España sea nación (política) de naciones (políticas), pues “no puede existir una nación [política] de naciones [políticas], porque todas [las naciones políticas] deben tener existencia propia”. “Existencia propia” que, después de la Gran Guerra, consiste en tener asiento en la Sociedad de las Naciones y, después de la anterior Guerra Mundial, tener asiento en la Organización de las Naciones Unidas. “Nación (política) de naciones (políticas)” es un absurdo conceptual, una paraidea, como lo es “círculo de círculos”.

Nación política española / Nación de naciones / Soberanía (Diccionario filosófico, 741.)

1855 «The Americans of all nations at any time upon the earth have probably the fullest poetical nature. The United States themselves are essentially the greatest poem. In the history of the earth hitherto the largest and most stirring appear tame and orderly to their ampler largeness and stir. Here at last is something in the doings of man that corresponds with the broadcast doings of the day and night. Here is not merely a nation but a teeming nation of nations. Here is action untied from strings necessarily blind to particulars and details magnificently moving in vast masses.» (Walt Whitman [1819-1892], Leaves of Grass, Brooklyn, New York 1855, pág. iii.)

1884 «La perniciosa influencia de Manila en los destinos del Archipiélago llega hasta nuestros días, y hoy mismo, después que la Marina llamó la atención en 1851 sobre la necesidad de un puerto militar y hoy apoyan la idea todas las autoridades del ejército, en previsión de sucesos que más o menos tarde han de llegar; el puerto sigue sin hacerse, porque Manila no tiene condiciones para serlo. Y no es de hoy ciertamente, pues desde los primeros tiempos ven a la capital de Filipinas las autoridades todas sin conocer aquella nación de naciones, ni su idioma, ni sus necesidades, y quedando cien veces abandonado tan difícil cometido, que sostiene su marcha, gracias a la acción conservadora de las corporaciones religiosas y a muchos ilustres gobernadores de provincias.» (Víctor María Concas y Palau [Barcelona 1845-Baños de Montemayor 1916], “Conferencia pronunciada en la Sociedad Geográfica por el teniente de navío de primera clase… en la sesión celebrada el día 12 de Febrero de 1884”, Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, marzo de 1884, año IX, n° 3, página 160.)

1900 «Y así se ven como bajan
de una colina el recuesto
el Cid Don Rodrigo Díaz,
Fernán González, el genio
de la creencia y política,
Laín y Nuño, y Porcelos,
y los veintiocho señores
o Condes de este terreno
que más no fue que el de Asturias,
pero tampoco fue menos,
de esta nación de naciones
en toda historia modelo,
si es que no es más en el orbe
lo propio que lo extranjero.»
(José Martínez Rives [Burgos 1820-Burgos 1895] [“† Honramos hoy nuestro periódico con el romance inédito que nos dedicó su inolvidable autor pocos meses antes de su muerte”], “De Ferias”, El Papa-Moscas, Burgos, 15 julio 1900, año XXIII, n° 1273, pág. 2, inicio de la parte II.)

1906 “Nación de naciones” según Arturo Campión

El ideólogo católico integrista español Arturo Campión Jayme-Bon (1854-1937), fuerista basko-nabarro, en la conferencia que pronuncia en el “Centro Vasco” de San Sebastián la noche del 7 de enero de 1906, “Nacionalismo, fuerismo y separatismo”, además de anunciar que “desde hoy me llamo y llamaré nacionalista”, utiliza dos veces “nación de naciones” y otra “naciones de naciones”: «Si miramos a la formación histórica, mi tesis de que España es una nación de naciones me parece irrebatible. Por lo menos deben de señalarse en ese compuesto, la nación castellana, la catalana-aragonesa y el grupo de las cuatro pequeñas naciones euskaras», contabiliza él. Arturo Campión, que utiliza un concepto impreciso de “nación”, asociado además al no menos indefinido de “pueblo”, inaugura el siglo XX, entre nosotros, con un caos doctrinal y político que será trágico, y que algunos siguen cultivando en el siglo XXI.

«Hay pueblo que constituye una nación, y pueblo que constituye varias naciones; y asimismo sabemos que varias naciones se combinan y constituyen una nación de naciones, ora se equilibre la igualdad de los componentes, ora se enseñoree la hegemonía de uno de ellos, ora se fundan todos por la violencia o se amalgamen por la virtud destructora del tiempo. […] Esto del eugenismo ha de entenderse de dos maneras: respecto a las familias que componen el grupo étnico, y respecto a los grupos étnicos que integran el pueblo o nación. En las razas puras la supremacía se asienta por medio de las familias; en los pueblos o naciones, y singularmente en las naciones de naciones, por medio de los grupos. Con efecto, ellas contienen grupos que son eugénicos y grupos que no lo son o lo son en mucho menor grado, cuyo papel es recibir o imitar lo ideal que los primeros elaboran. […] Preguntábase el Sr. Mella en su hermoso discurso parlamentario sobre los sucesos de Barcelona, si España es un conjunto de naciones, y contestaba negativamente. Si miramos a la formación histórica, mi tesis de que España es una nación de naciones me parece irrebatible. Por lo menos deben de señalarse en ese compuesto, la nación castellana, la catalana-aragonesa y el grupo de las cuatro pequeñas naciones euskaras.» (Arturo Campión, “Nacionalismo, fuerismo y separatismo”, en Discursos políticos y literarios, Pamplona 1907, págs. 239, 241 y 254.)

1906 «Dice que en dicho discurso el señor Mella considera que España no es un conjunto de naciones. El señor Campión sostiene que España es una nación de naciones, pues por lo menos deben señalarse en ese compuesto la nación castellana, la aragonesa, la catalana y el grupo de las cuatro pequeñas naciones euskaras.» (“Don Arturo Campión en el Centro Vasco”, El Eco de Navarra, Pamplona, martes 9 enero 1906.)

1994 «El pensamiento organicista, regionalista y católico, es el “humus” que unifica, por ejemplo, la producción de un Menéndez Pelayo con la de un Campión, y sobre todo, con la de un Sabino Arana. En un primer momento, la nueva identidad colectiva del grupo-nación distinto del Estado asume esta jerarquía (para Campión, Euskal-Herría es una nacionalidad dentro de la nación de naciones que es España).» (Francisco Letamendia Belzunce [1944], Historia del nacionalismo vasco y de E.T.A.: ETA y el gobierno del PSOE (1982-1992), R&B Ediciones, San Sebastián 1994, pág. 312.)

1907 “Nación de naciones” según el solidario Emilio Junoy

El barcelonés Emilio Junoy Gelbert (1857-1931) diputado en Cortes por Solidaridad Catalana (coalición presidida por el republicano Nicolás Salmerón), agita desde 1907 el rótulo, en la prensa y luego en el santuario de la soberanía nacional española, en un debate donde se había presentado: “…soy de la izquierda, tan de la izquierda que cuando me contemplo a mí mismo y noto que de las cosas de la política, de las cosas de la vida, no veo más que el lado izquierdo, me encuentro deformadamente, monstruosamente zurdo de ambas manos (Risas) […] soñando en un Estado español compuesto; de España Nación, sí; más que Nación, Nación de Naciones”.

1907 «¡Pero, ah!, el sentido de Solidaridad, lo que es su sustancia y nervio, la médula de este movimiento; la aspiración nacionalista, que no es separatismo, sino todo lo contrario, Nación de Naciones, Nación nueva, más fuerte, más grande, más unida; el prólogo de una Iberia histórica: todo eso que requiere no sólo entusiasmo, fe, arresto y audacia, sino la acción perseverante de todos los días y de todos los minutos; todo lo que se necesita para que el ¡viva España! de Maragall, nuestro glorioso poeta catalán, sea fecundo como una lluvia en las áridas llanuras de Castilla; todo esto, quizás esté todavía muy lejos del alma de Madrid, muy fuera del interrogante, cuya respuesta sería aventurado anticipar.» (Emilio Junoy, “¿Madrid solidario?”, La Publicidad, Barcelona, 24 mayo 1907.)

Entre los nuevos diputados solidarios de la Lliga que habían tomado posesión de su escaño el día 6 de junio de 1907, junto con Emilio Junoy estaba el arquitecto José Puig Cadafalch (1867-1956, al morir Enrique Prat de la Riba le sucedió en 1917 en la presidencia de la Mancomunidad y durante el franquismo presidió el Instituto de Estudios Catalanes), que pronto interviene ante las Cortes:

«Hacemos resurgir de nuestra vida interna una Exposición de Bellas Artes. ¿Sabéis lo que hace el Estado unitarista ante nuestra Exposición de Bellas Artes? Pues voy a decíroslo. Acude Barcelona a todas las Naciones del mundo, y las Naciones del mundo, los artistas del mundo mandan sus obras; hacen todavía más los Estados de Europa, mandan allí su dinero y sus subvenciones. ¿Qué ha hecho este Estado unitarista, qué intervención ha tenido en esto? El inspector del Timbre que viene a investigar si se han pagado unos cuantos céntimos a la Hacienda. Ved el Estado unitarista ejerciendo su acción en Barcelona, mientras todas las Naciones de Europa llevan a Barcelona sus obras de arte y su dinero. (Muy bien. Rumores.) […] Ese Estado compuesto es no más que una evolución natural en la historia de la constitución del Estado. ¿No hemos visto en la historia un Estado tribu? ¿No ha tenido realidad un Estado ciudad? ¿No existe el Estado Nación? ¿Por qué no ha de poder existir el Estado de Naciones donde se vislumbra el Estado de razas, el Estado continente y aún el Estado humanidad? […] Yo he de deciros que nosotros, regionalistas, que pretendemos formar esa España varia y federal con una base orgánica e histórica, representamos mejor que nadie la unidad nacional. El federalismo hace depender esa unidad del voto de los individuos; nosotros la fundamos en las mismas rocas de la historia y de la Naturaleza.» (José Puig Cadafalch, Diario de las Sesiones de Cortes, 13 de junio de 1907, n° 25, págs. 477-479.)

Puig Cadafalch, en sus intervenciones en el Congreso los días 13 y 15 de junio, no llega a utilizar el rótulo “nación de naciones”, pero sí que aparece en la glosa que Emilio Junoy le dedica en La Publicidad, asociado además a la soñada futura “gran Iberia imperial”:

«Todo, todo ha sido personal en su discurso breve, relampagueante, precipitado e incorrecto; todo, menos el pensamiento, que es común, y la idealidad, que es la de un pueblo. Notorio es que el orador no es un verbalista. Si lo subís a la cuerda floja de un convencionalismo cualquiera para que desde ella os entretenga con juegos malabares de palabras, se dejará caer ante la multitud, para decir sencillamente su cosa y representar su arte. Con palabras suyas, hijas de su carne, y con conceptos propios, con lo que sus ojos han visto y la razón ha hecho suyo, con colores por la propia mano combinados y por ninguna otra, ha dicho su tema y ha pintado su cuadro. España. Estado compuesto. Nación de Naciones. Cataluña libre, autónoma, dentro de una gran Iberia imperial. Una en el exterior, varia internamente, todo el ideal de Cataluña rediviva, regenerando y salvando a España, el vasto lienzo de un nacionalismo que salta de una noche a una aurora, a través de un invierno de cerca de tres siglos, lo ha pintado Puig y Cadafalch.» (Emilio Junoy, “Cataluña en las Cortes. Puig y Cadafalch”, La Publicidad, Barcelona, lunes 17 junio 1907, pág. 2.)

En el otoño de 1907 se escucha “nación de naciones” en el Congreso por la boca precisamente del diputado Emilio Junoy:

«El Sr. JUNOY: […] No sé si lamentando o tratando de arrancar un aplauso, o de herir fibras muy delicadas y exquisitas que siempre responden a los llamamientos de vuestra oratoria y de vuestra elocuencia, el Sr. Cañal hablaba de nacionalismo; decía que era nacionalista este movimiento el Sr. Cañal, y honradamente, sinceramente, tengo que asentir a las manifestaciones del Sr. Cañal. Es genuinamente nacionalista, es nacionalista hasta la medula de los huesos, es afirmación vigorosa, clara y rotunda de Cataluña como Nación fuertemente ligada a la nacionalidad española. ¡Sí lo ha sido Cataluña en la historia, sí lo es; sí tiene la voluntad de afirmarse en estos términos y en estas condiciones por las razones que aquí se han expuesto, porque tenemos una lengua; porque tenemos una historia; porque tenemos un derecho; porque tenemos una novela; porque tenemos un teatro; porque tenemos todas las manifestaciones externas e internas de un verdadero espíritu nacional! Es nacionalista, sí, y nacionalista será hasta el fin del movimiento. Por eso al terminar mi discurso hablaba de que nuestra concepción de la Patria y de la Nación se ensanchaba soñando en un Estado español compuesto; de España Nación, sí; más que Nación, Nación de Naciones.» (“Reforma de la Administración local: continúa la discusión del dictamen. Discurso del Sr. Emilio Junoy Gelbert, quinto turno en contra. Contestación del Sr. Carlos Cañal Migolla. Rectificaciones de ambos señores”, Diario de las Sesiones de Cortes, Congreso, Sesión del martes 22 de octubre de 1907, legislatura 1907-1908, número 76, pág. 1996.)

Mes y medio después un abogado del Estado, Eduardo Junco Martínez (1872-1942), expone ante el Ateneo Palentino una memoria “con el fin de discutir el problema catalanista y conocer la opininón de esta comarca acerca del mismo”, en la que ya incorpora críticamente la mención a la “nación de naciones” postulada por Emilio Junoy en el Congreso. El Día de Palencia va publicando en folletín esa memoria: “El regionalismo catalanista” (los días 21, 23 y 24 de diciembre de 1907, &c.), que poco después aparece como opúsculo, con título reajustado: El Regionalismo Catalán. ¿Tiene la región personalidad y derechos naturales autonómicos? Crítica del Catalanismo. Solución adecuada del problema (Imprenta de Abundio Z. Menéndez, Palencia 1908, 127 páginas).

«También el señor Junoy abundaba en parecidas ideas cuando se discutía últimamente dicho proyecto de ley. […] “…Por eso al terminar mi discurso hablaba de que nuestra concepción de la Patria y la Nación se ensanchaban soñando en un Estado español compuesto, en España, nación sí, más que nación, nación de naciones”. Y esta equivalencia, esta proyección exacta de las ideas región y nacionalidad, se perciben siempre en los defensores del regionalismo. Uno de los verbos del catalanismo, el señor Cambó, al intervenir en la discusión del proyecto referido, estuvo aún más explícito en esta yuxtaposición de conceptos:…» (Eduardo Junco Martínez, “El regionalismo catalanista”, El Día de Palencia, Palencia, lunes 23 de diciembre de 1907, pág. 1.)

«También el señor Junoy abundaba en parecidas ideas cuando se discutía últimamente dicho proyecto de ley. […] “…Por eso al terminar mi discurso hablaba de que nuestra concepción de la Patria y la Nación se ensanchaban soñando en un Estado español compuesto, en España, nación sí, más que nación, nación de naciones”. Y esta equivalencia, esta proyección exacta de las ideas región y nacionalidad, se perciben siempre en los defensores del regionalismo. Uno de los verbos del catalanismo, el señor Cambó, al intervenir en la discusión del proyecto referido, estuvo aún más explícito en esta yuxtaposición de conceptos:…» (Eduardo Junco Martínez, El Regionalismo Catalán, Palencia 1908, págs. 14-15.)

En la legislatura 1914-1915 vuelve Emilio Junoy a ser elegido senador en Cortes por la provincia de Lérida (ya lo había sido en 1910-11 y volvió a serlo en 1916-17), y en un incidente que tuvo lugar en noviembre de 1915, al haber sido tramitado un expediente en catalán por la Diputación provincial de Barcelona, tiene ocasión de airear de nuevo el rótulo ante las Cortes, ahora en el Senado:

1915 «El Sr. JUNOY: […] Renuncio, pues, a plantear en el terreno de los hechos el problema que ha abordado el Sr. Royo. No terminaré en catalán y diré únicamente que, traduciéndome al idioma de Ausias March, de Maragall, de Mosen Cinto Verdaguer, aquí no tenemos otra concepción que la que yo he repetido tres veces, una concepción que hemos leído en el escrito de ese gran publicista que nos preside, muy leído en nuestra tierra y muy meditado, una concepción de una España grande, mayor que la que habéis encontrado, que la que tenéis con tanta dificultad que gobernar, nación de naciones, si es posible, con razas diferentes si las hubiera, con costumbres, con historias, con tradiciones, con lenguas vivas, con multiplicidad de literaturas, porque todo esto son manifestaciones de la prosperidad, de la fuerza y de la grandeza de los países.» (“El Sr. Duque de San Pedro de Galatino [Julio Quesada-Cañaveral Piédrola] se hace cargo de una alusión del Sr. Emilio Junoy en la sesión de ayer en el incidente sobre tramitación de un expediente en catalán por la Diputación provincial de Barcelona. Rectificaciones de los Sres. Junoy, Ministro de Gracia y Justicia [Manuel de Burgos] y Royo Villanova (D. Antonio)”, Diario de las Sesiones de Cortes, Senado, Sesión del miércoles 24 de noviembre de 1915, legislatura 1914-1915, número 18, pág. 311.)

«El Parlamento. Senado. […] El señor Junoy, para alusiones, recoge cuantas ayer le dirigieron, y defiende a los regionalistas catalanistas, que dice son de ideas conservadoras, y niega que el Sr. Cambó haya nunca defendido la idea separatista. El señor duque de San Pedro de Galatino: Eso es pura filosofía catalana. (Risas.) El señor Junoy sigue sus razonamientos sin lograr despertar interés. Refiriéndose al discurso elocuente del señor Royo y Villanova, dice que éste pudo hablar de todo, plantear el problema en toda su transcendencia, y, sin embargo, se acusa sólo a los catalanes de inoportunos. Termina declarando que quiere una España grande nación de naciones. El señor ministro de Gracia y Justicia contéstale, en nombre del Gobierno, para borrar toda clase de equívocos en este debate. Rectifica el señor Royo y Villanova. Rectifica brevemente el señor Junoy, y se da por terminado el asunto.» (La Correspondencia militar, Madrid, 24 noviembre 1915, pág. 2.)

Seis meses después, ya en la legislatura 1916-1917, Emilio Junoy vuelve a recurrir a la imagen de España como nación de naciones en otra de sus retóricas intervenciones en el Senado, esta vez en el debate sobre el dictamen de contestación al discurso de la Corona:

1916 «El Sr. JUNOY: […] Desde el primer verso floralesco en nuestro movimiento literario, hasta que este movimiento literario se formuló en un intenso y apasionado movimiento de carácter político, montañas enteras de libros, de folletos, de discursos, de arengas inflamadas, de propaganda, de artículos de periódicos, dicen lo que es la cuestión regional, el problema regional sobre el que se interrogaba con tantísima curiosidad a nuestro distinguido compañero; es un problema que, requerido por el Sr. Presidente del Consejo de Ministros, yo he de definir con toda, claridad y valentía, con todos los respetos; pero también con todas las franquezas. No es un problema puramente administrativo, no es un problema de descentralización, es todo un problema de autonomía con sus caracteres nacionalistas, y sí es un problema de autonomía, es todo lo contrario de un problema de independencia y de separatismo; es un problema que no afecta a España, pero si al Estado español. Si vosotros abandonando prevenciones, si nosotros expresándonos con claridad, si todos ayudándonos con patriotismo buscamos afanosos la resultante de la voluntad general de Cataluña, llegaremos a la conclusión de que con la autonomía que pretende, con la autonomía que desea, con la concepción que de la reconstitución del Estado español siente el alma catalana, se ensancha, se prolonga y se engrandece la visión de la nacionalidad española. España, nación de naciones, España, con un ideal colectivo, España grande, bien soldada, bien unida en el interior, fuerte y respetada fuera, España estrechamente identificada, sin antagonismos en el orden político, ni en el orden económico, ¡ah! esta no es concepción separatista, esta no es concepción de independencia, esta es la concepción de la España nueva, esto es todo lo contrario de lo que vuestra opinión, en los días de lucha ciega, de ese batallar sin tregua, ha creído. […] Volved a traer este proyecto, completad las delegaciones, reconoced la personalidad de Cataluña como se reconocía en el proyecto de ley de Administración local del Sr. Maura, y tenéis preparada toda la obra del Gobierno liberal, con gran gloria para él, y con gran provecho para el país con relación al problema catalán. Llevad allí a nuestra tierra al Jefe del Estado a compartir nuestra vida, a convivir con nosotros, a ver por visión directa nuestro problema, como él desea, y allí verá en qué consiste este separatismo pueril de que habláis a veces; sentirá la visión que yo os quería comunicar y que vosotros no acogéis, que no penetra en vuestro espíritu, la visión de esa gran España que nosotros sentimos, que nosotros concebimos y que nosotros amamos (El Sr. Salvador: Pido la palabra.); de esa España, nación de naciones, de esa España de una grandiosidad tan extraordinaria, dotada de un ideal del porvenir que sin duda ha de ser grato a ese espíritu juvenil del Rey de los grandes y futuros destinos de nuestra Patria.» (“Continuación del debate sobre el dictamen de contestación al discurso de la Corona”, Diario de las Sesiones de Cortes, Senado, Sesión del lunes 29 de mayo de 1916, legislatura 1916-1917, número 15, págs. 132 y 136-137.)

periodos que “traduce” así, en la crónica parlamentaria para su receptivo público barcelonés, el periódico La Vanguardia:

«El señor Junoy reanuda su discurso del sábado. […] Este no es más ni menos que el que planteó Solidaridad, el que siguió con el señor Salmerón al frente, el que encauzó el señor Maura con el proyecto de Administración local, el que recogió el señor Canalejas. Es un problema que tiene estado de opinión, estado parlamentario, estado de gobierno. No es un problema puramente administrativo ni de descentralización, sino todo un problema de autonomía, que es todo lo contrario a un problema de independencia, de separatismo, que afecta a la Constitución del Estado, y si consultamos la opinión y la voluntad de Cataluña la veremos fija en un porvenir en el que se ensanche y engrandezca la visión de la nacionalidad española. Es la concepción de una España nueva, más venturosa y más abierta que la actual a toda iniciativa de progreso. […] Hay que restaurar la tradición del partido liberal y hay que estar en que el decreto de Mancomunidades permite completar las delegaciones, aspiración que aún no se ha visto lograda. Cuando se reconozca la personalidad de Cataluña, veréis en qué consiste ese separatismo pueril y cómo desvanece todos los recelos y temores de antes, la visión de esa gran España fuerte, nación de naciones, que es la que nosotros amamos.» (La Vanguardia, Barcelona, martes 30 de mayo de 1916, página 12.)

1908 “Nación de naciones” según Eusebio Corominas

Otro catalanista, Eusebio Corominas Cornell (1849-1919), director del diario La Publicidad de Barcelona, asocia “nación de naciones” e “imperio alemán” en dos artículos del verano de 1908 (“Queremos la autonomía”, 5 de julio, y “Unidad en la variedad”, 9 de agosto). No se espere demasiado rigor conceptual: “el imperio alemán es una gran nacionalidad” “un Estado compuesto, una nación de naciones” con sus propios monarcas, cámaras, régimen local, hacienda propia, ejército… conservando cada una de esas naciones “todos los atributos de la soberanía”. Corominas supone que España fue anteriormente una “nación de naciones”, cuando fue Imperio, y por eso “nada tiene de particular, que haya quienes aspiren a que España vuelva a ser nación de naciones”, máxime cuando “Vasconia y Navarra han gozado siempre de un régimen especial, siendo no obstante partes integrantes del Estado español”, y reconociendo que los catalanes más que separatistas serían acaso “particularistas, lo cual en España no es novedad, existiendo, como existe, el particularismo navarro y el vasco”.

No sobrará recordar que el 5 de julio de 1908, el mismo día que Eusebio Corominas publica “Queremos la autonomía”, aparece en la bonaerense revista España un valiente artículo de Miguel de Unamuno, “El presupuesto de cultura de Barcelona”, en el que denuncia los planes del frente municipal catalanista que jaleaba el “Presupuesto Extraordinario de Cultura y la Institución de Cultura Popular”.

1908 «El imperio alemán es una gran nacionalidad, un poderoso Estado, no hay quien dude de ello. ¿Qué es el imperio alemán? Un Estado compuesto, una nación de naciones. Prusia, Baviera, Sajonia, Wurtemberg, &c., &c., componen el imperio y se gobiernan separadamente como les parece, por medio de sus monarcas, sus Cámaras, su régimen local, su hacienda propia, su ejército, en una palabra, conservando todos los atributos de la soberanía. […] Atendiendo a los antecedentes históricos de España, nada tiene de particular, que haya quienes aspiren a que España vuelva a ser nación de naciones. Lo fue durante siglos, y aun Fernando VII e Isabel II promulgaron leyes, llamándose Reyes de Castilla, de León, de Extremadura, de Aragón, de Mallorca… Señores de Vizcaya, Condes de Barcelona, &c., &c., recuerdos históricos de antiguas soberanías, las cuales no fueron obstáculo para el engrandecimiento y mayor gloria de España.» (Eusebio Corominas, “Queremos la autonomía”, La Publicidad, Barcelona, domingo 5 de julio de 1908, pág. 1; reproducido por otros periódicos, por ejemplo: El Progreso, diario republicano autonomista, Santa Cruz de Tenerife, jueves 16 de julio de 1908, año II, n° 864, págs. 1-2.)

«En tanto ocurría esto en España, los pueblos que van actualmente a la cabeza de la civilización, se reconstituían y vigorizaban aplicando un régimen, un método completamente distinto. La unidad en la diversidad, esta es la divisa de los pueblos anglo-sajones. Lo importante para esas naciones es el pueblo, con sus características, con sus tradiciones, con sus costumbres, libre la conciencia para creer en el Dios de sus preferencias, exento de trabas el pensamiento y sus naturales manifestaciones. Por este motivo existe Alemania, nación de naciones, una en su imperio, diversa en sus Estados y Monarquías. Y existe Suiza con sus varios cantones y sus distintos idiomas; y existen Austria-Hungría, Bélgica y la propia Inglaterra.» (Eusebio Corominas, “Unidad en la variedad”, La Publicidad, Barcelona, domingo 9 de agosto de 1908, pág. 2; reproducido por otros periódicos, por ejemplo: El Radical, diario republicano, Almería, miércoles 12 de agosto de 1908, pág. 1.)

“Nation of nations” en inglés norteamericano al menos desde 1911

Ella Flagg Young (1845-1918), Superintendente de las Escuelas Públicas de Chicago y Presidente en 1911 de la National Education Association of the United States, se sirve del rótulo nation of nations para referirse a los Estados Unidos de Washington:

1911 «We must hold to the idea that if our public school is the matrix of a great nation, the matrix of a nation of nations, it must be great in the opportunities which are offered every boy and every girl entering its doors.» (Ella Flagg Young, “President's Address. Hypothesis in Education”, en National Education Association of the United States, Journal of Proceedings and Addresses of the Forty-Ninth Annual Meeting, held at San Francisco, California, July 8-14, 1911, Winona, Minn., 1911, pág. 89.)

Cuatro años después el también norteamericano Alfred Owen Crozier (1863-1939), en su librito Nation of nations, the way to permanent peace; a supreme constitution for the government of governments (Stewart & Kidd Company, Cincinnati 1915, 130 págs.), y en 1919 en League of nations. Shall it be an alliance, or a nation of nations? (Must be one or the other!) (Lecouver Press Co., New York 1919, 196 págs.), recurre a nation of nations más bien en la línea del “Carnegie Endowment for International Peace”, gestionado desde 1910 por James Brown Scott, motor en 1919 de la Conferencia de Paz de París, la Sociedad de las Naciones, &c.

La consideración de los Estados Unidos de Washington como nación de naciones se lee en español en 1917, traducida del inglés:

1917 «Los Estados Unidos y la guerra. La mayor participación de los EE.UU. en la guerra. […] Los dos primeros meses de la movilización han demostrado cuán equivocados estaban los que así olvidaban el papel hecho en la historia por esta nación de naciones, y está hoy admitido en todas partes, con excepción de Alemania y de los países sujetos a su dominio, en donde se pretende hacer creer al pueblo que los Estados Unidos no tomarán parte activa alguna en la lucha armada.» (“Del Exportador Americano de New York”, La Voz de Menorca, diario republicano, Mahón, viernes 17 agosto 1917, pág. 1.)

1912 «Guerra en los Balcanes. La desaparición de los pueblos musulmanes. El El Mundo, de La Habana, habla Luis Morote, nuestro ilustre colaborador, de la crisis que atraviesa Turquía. Contestando a las manifestaciones que hizo Cambó, al regresar de su viaje a Oriente, dice: “En Turquía la lesión orgánica que padece el pueblo, la larga esclavitud en que vivió por espacio de siglos, se complica con la cuestión de nacionalidades y razas que es el más formidable problema que puede plantearse en una sociedad humana. Allí se entremezclan varios países que no tienen nada de común, que están afligidos hasta por la guerra de razas y de religiones. Un político español, Cambó, al volver de reciente viaje al Oriente, exclamaba: ¡Quién sabe si hicimos mal en dolernos como nos dolíamos de la expulsión de moriscos y de la expulsión de judíos! Ahora tendríamos sin la unidad hecha a sangre y fuego problemas análogos a los de Turquía. ¿Pero es que no los tenemos a pesar de aquellas bárbaras expulsiones? ¿Cambó y con él todos los regionalistas no nos están hablando a cada rato de que la unidad española es un mito porque somos en nuestra rica variedad una Nación de Naciones? Alemania tiene tantas razas y nacionalidades como puede tener Turquía y todas se han fundido dentro del alma prusiana; Inglaterra es una federación de repúblicas semi independientes y todas acatan la soberanía de una pequeña isla; los Estados Unidos están formados por la aleación más estupenda de todas las emigraciones del planeta… No; con razas y naciones diversas puede haber y hay Estados fuertes. Lo que importa es que la religión no se sobreponga a todo, no mate, no extinga las energías de los pueblos. En el espejo musulmán debíamos mirarnos para contemplar los estragos del fanatismo, de la intransigencia. De tanto laborar para el cielo se pierde la tierra y eso es lo que ha sucedido en los míseros pueblos musulmanes llamados a desaparecer de la faz del mundo.”» (La Publicidad, Barcelona, sábado 16 noviembre 1912, pág. 5.)

1913 «Album poético. La Oración a la Patria. A don Pedro Marroquín, nobilísimo autor de Amor a España.
  Noble Abuela mía; Madre soberana
de Boscán, Berceo, Lope y Santillana;
Musa de Cervantes; Cuna de Isabel:
Depongo a tus aras mi lírica ofrenda,
por tu grande historia, tu sin par leyenda
y tu limpia fabla, toda ritmo y miel.
  ¡Deja que te cante, Nación de Naciones,
jardín de las musas, Tierra de Leones,
alma de Numancia, de Sagunto prez,
titán cuyo impulso tal potencia tiene,
que hallando a su planta pequeño el Pirene
sobre todo el orbe posó su altivez!»
(Manuel Jiménez de Sandi, Méjico 1913, La Voz de Liébana, Potes, sábado 31 de mayo de 1913, pág. 3.)

1916 “Nación de naciones” según Melquiades Álvarez

Desde que el diputado Emilio Junoy (de Solidaridad Catalana) comenzase a manosear en Cortes desde 1907 el rótulo “nación de naciones”, sus señorías fueron escuchando tal fórmula sin mayores aspavientos, hasta que Melquiades Álvarez González-Posada (1864-1936), diputado por Oviedo y fundador en 1912 del Partido Reformista, en una brillante intervención en el Congreso, por alusiones, el primero de julio de 1916, desvela con claridad meridiana las pretensiones del vidrioso Cambó y otros diputados al servicio de los intereses de oligarquías herederas de piratas y negreros, interesadas en seguir arañando ventajas particulares incluso en el contexto de la Gran Guerra… Melquiades Álvarez describe nación de naciones en esa intervención como “superfetación monstruosa”:

1916 «Por cierto, Sres. Diputados, que no sé si era el Sr. Cambó o el Sr. Rodés, me parece que era el señor Rodés, quien afirmaba, dirigiéndose a la mayoría: «Yo quisiera que me demostrarais por qué es incompatible el reconocimiento de la nacionalidad catalana con la unidad de la Patria». Y yo me decía: ¿cómo se puede preguntar esto?; ¿cómo podrían coexistir la unidad nacional y la pluralidad nacional? Porque yo conozco en la Historia nacionalidades cuya estructura está formada por Estados: es el caso de Suiza después de la Constitución de 1841; el de los Estados Unidos después de aquella Constitución que hizo decir a Hamilton: «Antes no éramos nada, y ahora somos una nación»; es el caso del Imperio alemán, donde la nación está simbolizada por el Imperio, y los diferentes Estados particulares, que antes tenían una sustantividad soberana, han ido perdiendo en aras de una patria mayor su soberanía y completamente su independencia. Yo conozco Estados de naciones, como aquella Monarquía dualista austro-húngara, que citaba el Sr. Ríu, aludiendo con ello a la idea probable que tenían los catalanistas de la futura organización política de España; lo que no conozco, ni vosotros seguramente tampoco, es una nación de naciones, porque esto es una superfetación monstruosa, y en la Ciencia, como en la Naturaleza, los monstruos no pueden vivir.» (Melquiades Álvarez, “Intervención en el debate de contestación al discurso de la Corona”, Diario de las Sesiones de Cortes, sábado, 1° julio 1916, pág. 1014.)

Tiene su interés revivir algunas de las distintas crónicas que de esta intervención ofrecieron los resúmenes de la prensa burguesa, y compararlas con la versión “oficial” del discurso realizada por los redactores del Diario de las Sesiones de Cortes, o por la versión revisada por Melquiades Álvarez publicada días después por la prensa reformista. Adviértase cómo la calificación “superfetación monstruosa” está ausente en las crónicas de los plumillas, que sin embargo propagan el confuso rótulo “Nación de Naciones”, &c.:

«Sesión del día 1.° de Julio de 1916. Se abre a las tres y treinta y cinco, bajo la presidencia del Sr. Villanueva. (Gran concurrencia en escaños y tribunas.) (En el banco azul los señores ministros de Hacienda y Gobernación.) […] Proyecto de contestación al discurso de la Corona. El Sr. ÁLVAREZ (D. Melquiades) […] Se os escucha con prevención, porque vuestro egoísmo os obliga a concentrar toda la atención en Cataluña, olvidando que el resto de España es más desgraciado. Como decía el Sr. Maura, esa es una política perturbadora y estéril. El partido nacionalista irlandés no es local, señor Cambó, porque se solidariza con los demás. Los güelfos, los daneses, los polacos, representan en el Reichstag alemán una protesta, que supongo no trataréis vosotros de representar. Habla extensamente de las nacionalidades para deducir que no se ha visto nunca una Nación de Naciones. No se puede reivindicar el título de Nación para Cataluña, ni la integridad de la autonomía. Para muchos catalanes, el hecho de no haber nacido en Cataluña basta para reputar a un individuo como extranjero. Por eso no me extraña que vayáis al separatismo, aunque no lo seáis en la intención y en vuestro interés.» (La Época, últimos telegramas y noticias de la tarde, Madrid, sábado 1 de Julio de 1916, pág. 3.)

«Sesión del 1 de Julio de 1916. A las tres y treinta se abre la sesión. Se aprueba el acta de la sesión anterior. […] Discusión del Mensaje. El señor ÁLVAREZ (D. Melquiades): […] Los partidos no deben ser agrupaciones locales. Porque contra lo dicho por el Sr. Cambó, el partido irlandés y los partidos alemanes no sólo representan el interés local, sino que se suman e incorporan a la política general. Decís que España es un territorio formado por diversas nacionalidades, y eso es absurdo. Tal como planteáis el problema tenía razón el Sr. Maura al decir que sólo se resolvería con sangre. Pero además habrá que resolverlo y combatirlo entre vosotros y los catalanes. Porque los diputados catalanes miran a Cataluña con un amor grande; pero no coinciden con vosotros. Sería volver al siglo XIII, y esto es una política de demencia. No es éste el caso de Alemania ni de Austria. No conozco ningún caso de una nación de naciones. Estoy conforme con los Sres. Lerroux, Maura, Mella, Romanones y con la Comisión. No puede recabarse la soberanía para Cataluña, porque tras una dejación vendría otra y daríais en la independencia. No sois separatistas, porque vuestro interés os une a España: pero llegaría fatalmente.» (La Correspondencia Militar, cinco ediciones diarias, Madrid, sábado 1 de Julio de 1916, pág. 3.)

«Congreso. El señor Álvarez (don Melquiades) […] Preguntaba el señor Cambó, dirigiéndose a la mayoría, que le dijera, cómo podía ser incompatible la nacionalidad catalana con la unidad de la patria. Pues yo no me explico la pregunta. Ved cómo Alemania y otros países han formado la gran nación, para lo cual las pequeñas naciones han cedido parte de su soberanía. No concibo una nación de naciones y estoy conforme con todos los oradores de que no se puede reconocer la nacionalidad de Cataluña. Con vuestras propagandas no me extraña que en Cataluña se considere extranjero al que no es catalán.» (El Diluvio, Barcelona, domingo 2 de Julio de 1916, pág. 21.)

«Congreso. La sesión de ayer. Reanúdase este debate. El Sr. ÁLVAREZ (D. Melquiades) habla para alusiones. […] En España la opinión casi no existe, pero el poder tiene una fuerza extraordinaria pudiéndose con ese poder conseguir el Parlamento necesario. Necesitamos ideas, no ambiciones. La cuestión magna que se debate es el regionalismo. El Sr. Cambó ha padecido al plantearla un error fundamental de táctica. Las mayorías y minorías de los partidos monárquicos y republicanos estamos de acuerdo en que en los momentos actuales restar poder a la soberanía nacional es peligroso. Todos los partidos son hostiles a la forma de plantear el problema. Las palabras no asustan; lo que asusta es lo que se oculta tras ellas. Más dijo Costa cuando afirmó que el punto final de la historia de España era el desastre. El Sr. Maura, al hablar de España, tenía ayer apóstrofes a los que no pueden compararse las palabras del Sr. Cambó, cuando aquél hablaba del partido conservador. El resto de España es más desgraciado que Cataluña. Bien decía el Sr. Maura: La política que se divide por regiones es perturbadora. En Francia, Irlanda y Alemania no hay partidos locales, sino partidos que protestan contra la violencia. Si este es vuestro criterio, sois unos perturbadores de la vida nacional. Se os escucha con prevención porque la gente se ha percatado de que no sentís un amor por España como nosotros. En vuestros discursos aparece España como un trozo de tierra que no puede despertar nacionales exaltaciones. Hay un abismo entre los catalanes y vosotros. Los catalanes sienten el amor que sentimos por España todos los españoles. Vuestro interés es ajeno al del resto de España. Las corrientes modernas se oponen a una nación de naciones. No hay quien pueda entenderse con vosotros. No cabe acuerdo. La cuestión de la lengua catalana hay que resolverla sin pasión. Los regionalistas persiguen cercenar el alma del pueblo. Quienes más han hecho por Cataluña no hablaban catalán. Pretendéis el desahucio del castellano de Cataluña y eso es apartar a la región catalana de la vida y del espíritu español.» (El Noroeste, La Coruña, domingo 2 de julio de 1916, pág. 2.)

«Por cierto, señores Diputados, que no sé si era el Sr. Cambó, puede que me equivoque, o el señor Rodés, me parece que era el señor Rodés, quien afirmaba, dirigiéndose a la mayoría: «Yo quisiera que me demostrarais cómo puede ser incompatible el reconocimiento de la nacionalidad catalana con la unidad de la Patria». Uno de los dos era, lo recordaréis. Yo me decía: ¿Cómo se puede preguntar esto? ¿Cómo podrían coexistir la unidad nacional y la pluralidad nacional? Porque yo conozco en la Historia nacionalidades cuya estructura está formada por Estados; es el caso de Suiza después de la Constitución de 1841; el de los Estados Unidos después de aquella constitución que hizo decir a Hamilton: «Antes no éramos nada, y ahora somos una Nación»; es el caso del Imperio alemán, donde la nación está simbolizada por el Imperio, y los diferentes Estados particulares, que antes tenían una sustantividad soberana, han ido perdiendo en aras de una patria mayor su soberanía y completamente su independencia. Yo conozco Estados de naciones, como aquella Monarquía dualista austro-húngara, que citaba el Sr. Ríu, aludiendo con ello a la idea probable que tenían los catalanistas de la futura organización política de España. Lo que no conozco, ni vosotros seguramente tampoco, es una nación de naciones, porque esto es una superfetación monstruosa, y en la Ciencia, como en la Naturaleza, los monstruos no pueden vivir.» (“Discurso pronunciado en el Congreso el día 1 de Julio por el jefe del partido reformista, Don Melquiades Álvarez, en la discusión del proyecto de respuesta al Mensaje de la Corona”, El Día, diario reformista, Almería, viernes 7 de julio de 1916, pág. 1.)

«¿Puede existir más claridad en las palabras? ¿más concreción y firmeza en las manifestaciones? Combate rudamente a los regionalistas catalanes en todo aquello que significa pretensión de nacionalidad propia, cuya política califica de política de demencia. Dice a este respecto: “Hacer una nación de naciones es una superposición [sic] monstruosa, y en la Ciencia, como en la Naturaleza, los monstruos no pueden vivir. Si se os concediese –insiste– esa autonomía, con el mismo derecho podríais pedir el día de mañana algo que es inherente al Poder soberano”.» (“Melquiades Álvarez en el Congreso. Otro gran discurso de nuestro Jefe”, El Reformista, órgano en la provincia del Partido de su nombre, Cádiz, 10 de julio de 1916, pág. 1.)

Un catedrático de historia de la universidad española del presente, desde cierto confuso filocatalanismo socialfascista que le lleva a equiparar “españolismo” y “catalanismo”, con la vergonzosa indigencia doctrinal propia de su académica condición, asume sin más explicaciones la consistencia del concepto “nación de naciones” desde el momento en el que excreta frases como las siguientes:

«Para empezar, los liberales de todos los matices coincidían en una máxima: Cataluña, contra lo que aducían los catalanistas, no era una nación. Pues, como sentenciaba Alcalá-Zamora, “en España puede haber regiones muy definidas, muy grandes, muy vigorosas, pero hay una sola Nación”. No cabía tampoco en las cabezas liberales una nación de naciones, que para Melquiades Álvarez era “una superfetación monstruosa”. La compatibilidad entre ambas naciones les resultaba inconcebible.» (Javier Moreno Luzón [Hellín 1967], “Hacer Patria, defender la Nación. El españolismo de los liberales monárquicos en el reinado de Alfonso XIII”, en Izquierdas y nacionalismos en la España del siglo XX, Fundación Pablo Iglesias, Madrid 2011, pág. 100.)

Años después, entrevistado por El Mundo, este funcionario desvela su ignorancia al responder, aceptando, pregunta tan despistada:

«Pregunta. Anselmo Carretero [1908-2002], que fue un socialista, federalista y castellanista, acuñó la idea de “nación de naciones” para definir a España. ¿Tiene bases históricas sólidas el concepto de plurinacionalidad?
Respuesta. Si asumimos que las naciones las erigen los nacionalistas, y que estos han tenido un gran éxito en algunas zonas, tenemos que aceptar que, además de la nación española, existen otras realidades nacionales.» (Raúl Conde Suárez [Hospitalet 1981], “Los intelectuales y España. Javier Moreno Luzón: ‘Es malo para el sistema que Ciudadanos renuncie a ser bisagra’”, El Mundo, Madrid, sábado 20 julio 2019.)

1916 «A la hora en que se escriben estas líneas se hallará probablemente el presidente del Consejo en La Granja poniendo a la firma del rey el decreto de suspensión de sesiones. […] La discusión de la contestación al Mensaje de la Corona, que podía y debía haber traído un rayo de luz a las lobregueces de estos días, que podía y debía aclarar los horizontes de nuestros destinos hoy cubiertos de negras y temibles cerrazones, no ha servido para maldita la cosa. La discusión se atascó en un bache del cual se la sacaba trabajosamente para caer en él de nuevo: este bache ha sido el catalanismo. Y he aquí que mientras Francia, Inglaterra, Italia y Rusia de una parte y Alemania y Austria de otra celebran conferencias y departen animadamente para ensanchar la concepción del Estado, para fundir sus pueblos, para crear federaciones político-económicas que vengan a ser nación de naciones, nosotros, nuestros parlamentarios, emplean horas mortales en dilucidar si puede constituirse un nuevo Estado dentro del actual Estado, si cabe dentro de la nación otra nación que cuenta sus 50.000 kilómetros cuadrados de superficie, sus dos millones de habitantes y una lengua muy respetable y gloriosa sin duda, pero que empieza por no leerse ni escribirse por el noventa por cien de los mismos catalanes.» (J. Cea [José Juan Carbonell Alsina, Reus 1873≈1936], “Balance. Total nada”, Progreso, diario independiente, Pontevedra, viernes 14 julio 1916, pág. 1.)

1922 «El vino –voy a decir una perogrullada– es una bebida alcohólica y todas las bebidas alcohólicas sufren hoy en el mundo una grave crisis, causada por una campaña moral. Izó la bandera y la mantiene en alto los Estados Unidos y mientras ésta siga ondulando en el pabellón de esa nación de naciones, se corre el riesgo de que otros pueblos hagan suya la prohibición.» (Manuel Chacón Sánchez [1892-1942, profesor e inspector de enseñanza], “¿Exposición? ¡Exposiciones!”, El Guadalete, Jerez de la Frontera, sábado 30 de diciembre de 1922, pág. 1.)

1923 “Nación de naciones” según Luis de Zulueta

Luis de Zulueta Escolano (Barcelona 1878-1964), perteneciente a un entorno republicano, anticlerical y anticatalanista, aunque buen conocedor de las actuaciones de esas bandas (en 1908 el Dictamen del Presupuesto Extraordinario de Cultura le proponía como Comisario de la nonata “Institución de Cultura Popular”), mira con distancia la voluntad regionalista de una España nación de naciones… (adviértase que en este artículo de 1923 se refiere a “soluciones de concordia” años antes de que Francisco Cambó, que acuña en 1927 el rótulo “hecho diferencial”, publique Por la concordia en 1930).

1923 «No podrá haber para la cuestión catalana soluciones de concordia sin que antes se produzca, en la esfera ideal, una recíproca corriente de comprensión y de simpatía. Los espíritus unitarios han de habituarse a pensar que las diversidades comarcales o regionales no deben ser anuladas ni absorbidas, ni simplemente toleradas, como un mal inevitable, sino amorosamente respetadas y favorecidas, como un fruto exquisito de la vida y de la Historia. Más grande es la patria cuando en su seno cobija a muchos y muy diferentes pueblos. Pero, por otra parte, las mentalidades regionalistas deben, a su vez, comprender que si quieren una España que sea nación de naciones, no basta concebirla como una mera entidad legal, administrativa, el antipático Estado, ante cuya necesidad hay que resignarse, sino que es preciso sentirla y amarla como la gran comunidad fraterna en que todos, cordialmente agrupados, extendiendo también el pensamiento hasta las Españas de América, tejernos juntos, con hilos diversos, la trama indisoluble de un porvenir fecundo.» (Luis de Zulueta, “Soliloquios de un español. El nacionalismo catalán”, La Libertad, Madrid 24 julio 1923, pág. 1.)

«Glosa a un artículo de Zulueta. La unificación nacional. […] Pero hay algo en este artículo sobre el catalanismo que no sólo desentona de la concepción moderna de las nacionalidades sino que contraviene abiertamente hechos históricos que tienen una secuela palpitante en las realidades presentes. Cuando Zulueta dice que “fue un bien la unificación nacional de España” creemos que se ha omitido involuntariamente una interrogante. Con este signo gramatical lo escrito abriría al juicio de la Historia anchas perspectivas. No se nos oculta que Zulueta califica de un bien la unificación nacional de España prescindiendo del aspecto político-administrativo, contrayéndose a su punto de vista de un nacionalismo peninsular, mejor dicho de una gran nacionalidad, “nación de naciones”, con una fuerte cohesión moral. ¿Y por qué no existe esa cohesión moral? Cuatrocientos largos años de unificación y de convivencia ¿han logrado unir en un solo haz las diversas espiritualidades de la península? Teóricamente la doctrina del ilustre escritor nos parece aceptable, siempre que no se esterilizasen las eficiencias autóctonas de cada pueblo en holocausto de una uniformidad que, por otra parte, no creemos asequible.» (La Zarpa, diario de los agrarios gallegos, Orense, miércoles 27 de junio de 1923, pág. 1.) [editorial atribuible a Basilio Álvarez Rodríguez (Orense 1877-1943), presbítero católico desde 1902, quien tras preñar feligresas siendo párroco rural y engendrar al menos dos hijos es trasladado prudentemente a Madrid en 1907, como capellán del Marqués de Urquijo, donde en 1910 dirige El Debate (antes de su compra por La Gaceta del Norte, Ángel Herrera, ACNP &c.); cofundador de la Liga de Acción Gallega, autor en 1912 del radical Manifiesto de Orense, ya vuelto a su provincia como párroco rural; suspendido a divinis como clérigo entre 1914 y 1926, fundador en 1921 de La Zarpa, órgano de un catolicismo social agrario de derecha socialista superador del socialismo marxista, uno de sus hijos al que no reconoció legalmente ejercía de secretario particular suyo, &c.]

1924 «Hora es ya de que comprendáis vuestro error, de que sacudáis el yugo a que os somete vuestra idólatra ley de oposición, de que sanéis de vuestra ceguera. Si tal hacéis, la Patria será salvada y no añoraremos tímida y vergonzosamente los días en que nuestros abuelos gozaban con legítimo orgullo viendo nuestra España grande y próspera, reina de reinas, nación de naciones. Termine esa lucha asesina de la Patria. Vénganos la paz con la “Unión”, que nos dará la fuerza.» (“Todo por la Patria. El ‘oposicionismo’ perjudicial y el ‘unionismo’ beneficioso. Se impone la lógica”, La Opinión, diario independiente de la mañana, fundado el año 1923 por Juan García Revenga, Madrid, 20 septiembre 1924, pág. 1.)

Eduardo García Nielfa (1883-1953), el patriótico periodista (nacido en Filipinas) que con más continuidad hizo uso del término “hispanidad” entre 1914 y 1925, no tiene inconveniente en titular Nación de naciones, en 1926, una glosa del último libro del profesor cordobés Antonio Jaén Morente (1879-1964): quiérese decir que el rótulo no lo tenía por sucio ni contaminado de asquerosas miasmas secesionistas más o menos embozadas, por lo que podía concluir con poética óptica hispanoamericana: “Reina de Repúblicas, Nación de Naciones es España”:

1926 «Nación de naciones. ¿Cuántas carreras ha cursado? ¿En cuántas oposiciones ha vencido? No lo sabemos con exactitud, porque Antonio acostumbra a no hablar de sí. Es un educador: esta palabra resume sus títulos. Comenzó de maestro de escuela y es catedrático de Instituto, habiéndolo sido de Universidad. Así como de algunos militares se procura que por méritos de guerra alcancen todos los empleos, de él se puede decir que por oposición obtuvo cuantos puestos ha ejercido. […] Esta producción disfruta de antecedentes sabrosísimo, en los cuales se acusa la enérgica personalidad de Antonio Jaén: son libros y folletos que tratan de Arte, de Geografía e Historia y concretamente relativos a Córdoba. Su preparación admirable le ha permitido componer este último en unos meses sólo. No extrañará esta noticia a quienes saben que un ingenio español producía comedias en horas veinticuatro. El talento, en diversas formas, ofrece en un instante el fruto del intenso trabajo de muchos años. Admira en el libro nuevo de Antonio Jaén su carácter netamente educativo, la claridad, el método acertadísimo, la síntesis magistral. Se trata de la Historia de América. ¡Cautivador motivo! […] Los libros descubren de nuevo a América y a España. Extremécense sus hojas a punto de convertirse en alas. Quieren ser gaviotas, aves del Atlántico, que es el mar que une a peninsulares e iberoamericanos. La Historia de América, cuyos libros antecedentes hemos mencionado, insinúa otras admirables obras: la Historia del Mar, aspecto singularísimo de la de España, y la de Ultramar también, comprensiva de la totalidad de la epopeya de los españoles en los Mundos Nuevo y Novísimo. Reina de Repúblicas, Nación de Naciones es España. Antonio Jaén le presta un relevante servicio, puesto que con su Historia de América, admirable de método, de ideas y de sentimientos, de patriotismo, prepara a la juventud para que en el porvenir las ideales exaltaciones que ahora se formula se conviertan en realidades provechosas.» (E. García Nielfa, “Acerca del libro de Jaén Morente”, Diario de Córdoba, Córdoba, sábado 23 octubre 1926, pág. 1.)

1927 «La Sociedad de Naciones aspira a reunir a los pueblos en una asociación pacífica, del mismo modo que los individuos logran asociarse en una nación. Trátase de hacer una gran nación de naciones: un organismo en que cada pueblo sea como un individuo dentro de una nación. Esto es todo. Y esto es mucho. El principio de la Sociedad de Naciones no puede ser más claro: igualdad de los pueblos ante el Derecho. Pero en la práctica el principio tropieza con la conformación todavía bélica del mundo.» (Alberto Insúa [1883-1963], “Perspectivas. El mecanismo de Ginebra”, La Voz, Madrid, 24 septiembre 1927, pág. 1.)

1928 «La interesante iniciativa de que cada país representado en la Exposición Iberoamericana envíe a Sevilla una mujer, como delicado y bello símbolo de las respectivas naciones, necesitaba, indudablemente, su complemento. Si la figura femenina representativa había de reinar como soberana de unas horas, o de unos días, sobre esa singular Nación, distinta y, sin embargo, armónica, que será el Certamen sevillano, era necesario preparar, además del Reino correspondiente, el reinado ideal, con toda suerte de prerrogativas y suntuosidades. El Reino lo forman, bajo el milagro del cielo de Sevilla, España y los países de su estirpe con esos espléndidos edificios que se alzan entre las frondas de los más bellos jardines del mundo, para contener en sí las demostraciones del alma y del esfuerzo de las naciones representadas y de nuestra propia nación, provincia por provincia. Por una sola vez, el mundo hispánico se junta sobre la tierra fecunda de la madraza progenitora, y crea, cordialmente, un solo pueblo ejemplar, exento y soberano, que durante un año entero dictará sus leyes de amor y paz, tan ungidas de idealismos como de realidades positivas. Estaba creado el Reino, pero no se había preparado el reinado ni discernido la soberanía. Era un problema de difícil solución: España, madre experimentada en todos los trances y susceptibilidades de índole familiar, no podía señalar como único príncipe a cualquiera de sus hijos, porque esto produciría disgusto entre los excluidos. Tampoco debía atribuirse el cetro, porque estimó necesario eliminarse del dominio efectivo y colocarse, mejor como hermana que como madre, en la fila, sin jerarquías, de los pueblos concurrentes. Era un problema..., pero ya dejó de serlo. Le ha resuelto con una feliz iniciativa –una más que acumular al innumerable historial acreditativo de su éxito–, el director de la Exposición, D. José Cruz Conde, con la sencillez de toda idea certera; que en el fondo de las iniciativas dignas del triunfo no hay nunca otra cosa que la sencilla claridad de la inspiración. Sobre la Nación de Naciones reinará con soberanía absoluta, por toda una semana, cada una de ellas. La idea fue expuesta por el Sr. Cruz Conde, en la comida que organizara en el Ritz, de Madrid, hace poco, en honor de los embajadores y ministros de los países que tienen pabellón o palacio representativo en el recinto del Certamen. El pensamiento del activo y perspicaz director, acogido con beneplácito por las citadas representaciones diplomáticas y transmitido inmediatamente a sus respectivos gobiernos, merece ser conocido en toda su integridad.» (José Andrés Vázquez Pérez [1884-1960], “Crónica de Sevilla. Homenajes a las Repúblicas durante la Exposición”, La Esfera, Madrid, 1 diciembre 1928, n° 778, págs. 8-9. Reproducido, por ejemplo, por El Diario Palentino, Palencia, 13 febrero 1929, pág. 4.)

1932 “Nación de naciones” según Melquiades Álvarez

Tras quince años de práctica ausencia en el catalanismo del recurso a la “nación de naciones” para envolver sus enfermizas pretensiones, tras el 14 de abril, “España, en uso de su soberanía, y representada por las Cortes Constituyentes, decreta y sanciona” en diciembre de 1931 la Constitución de la República Española, y de acuerdo a sus artículos 11 a 22, las Cortes Constituyentes comienzan en enero de 1932 la tramitación del proyecto de Estatuto para Cataluña presentado por la Generalidad (que, como había sido elaborado sin tener en cuenta la Constitución republicana, resultaba incompatible con ella). Tuvo que ser de nuevo el diputado Melquiades Álvarez quien denunciara, ante el estúpido silencio cómplice de tantos otros que también podrían haberlo hecho, el carácter contradictorio, doctrinalmente monstruoso por inconsistente y puramente ideológico del concepto político filosófico “nación de naciones”.

1932 «Pues sobre este supuesto, que nadie puede negar, la conclusión que yo voy a recoger va a ser lógica: si afirmáis la existencia de la nacionalidad catalana, frente a esa nacionalidad habrá otra nacionalidad; no puede ser que la nacionalidad catalana constituya toda la nacionalidad española; habrá una nacionalidad determinada por los límites y confines de su territorio, que será la nacionalidad catalana, y habrá, no otras nacionalidades, pero por lo menos otra nacionalidad, que será la nacionalidad española, con la cual vosotros vais a establecer relación. Y yo digo a la Cámara, pregunto a la Cámara: ¿No comprendéis que tiene derecho a alarmarse el país cuando ya se habla de dualidad de nacionalidades? ¿No comprendéis que tiene derecho el país para suponer que ese Estatuto, defendido por los partidos catalanes, quebranta la unidad nacional de España, y que, precisamente en este punto, España no puede tolerar que nosotros la desgarremos, consciente o inconscientemente, accediendo a las pretensiones de Cataluña?» «La enseñanza es hoy una función esencial del Estado, función esencialísima del Estado, hasta el extremo de que algunos publicistas dicen que la cultura, y, por lo tanto, la enseñanza, es el único lazo de cohesión que puede servir para que en lo futuro se forme la nacionalidad. Si dejáis la enseñanza en poder de los catalanes, los catalanes, no tan sólo por utilizar su lengua, que a esto tienen indiscutible derecho, sino por desenvolver su cultura, prestarán la enseñanza que es peculiar suya, y si ahí se inhibiera el Estado español, o casi se inhibiera, dentro de unos cuantos años las generaciones que se formaran en Cataluña serían generaciones que sintieran ardoroso amor a su pequeña patria, a su patria, que era la única, pero serían generaciones divorciadas por el pensamiento de esta Patria española que les había concedido la autonomía.» (Melquiades Álvarez, Intervención en la discusión del Estatuto de Cataluña, Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes de la República Española, 2 junio 1932, págs. 5983 y 5988.)

«¿Es que puede existir una nación de naciones? No me presentareis un solo ejemplo de que exista semejante concepción. Una nación de naciones es un concepto contradictorio, porque la nación representa la plenitud del Poder y, por tanto, estarían en pugna constante los poderes que ejercieran cada una de estas nacionalidades, sin que por ello pudieran desenvolver su misión histórica. Esto, Sres. Diputados, es imposible. Yo he dicho en una ocasión aquí, discutiendo con el señor Cambó, que esto era una superfetación monstruosa y que los monstruos, lo mismo en la naturaleza que en la ciencia, no pueden vivir. Por tanto, comprenderéis que mal pude hacer esa afirmación de coexistencia de nacionalidades diversas, en el sentido que me atribuía el Sr. Presidente del Consejo de Ministros.» (Melquiades Álvarez, Intervención para rectificar en la discusión del Estatuto de Cataluña, Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes de la República, 3 junio 1932, pág. 6012.)

Tiene su interés revivir algunas de las distintas crónicas que de esta intervención ofrecieron los resúmenes de la prensa republicano burguesa, y compararlas con la versión “oficial” del discurso realizada por los redactores del Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes de la República Española:

«La sesión de Cortes de hoy. Sesión del día 3 de junio de 1932. Abre la sesión, a las cuatro, el señor Besteiro. Escasísima animación en escaños y tribunas. En el banco azul los ministros de Marina y Obras públicas. […] Orden del día. En las tribunas hay mucha animación; los escaños de van poblando poco a poco. […] El debate sobre el Estatuto. Rectifica D. Melquíades Álvarez. Rectifica el Sr. ÁLVAREZ (D. Melquíades). Comienza por justificar que no rectificase ayer mismo, por cansancio de la Cámara. Le interesan dos rectificaciones: la de la supuesta contradicción entre su pensamiento de hoy y el de antes sobre la nacionalidad española. Yo no he afirmado –dice– que fuera incompatible la soberanía nacional con las autonomías regionales. Precisamente he dicho que la vitalidad de la nación depende de la de esas regiones. El procedimiento empleado por el señor Azaña se aparta de los cánones de la buena fe. Desde el momento en que discutamos la existencia de la nacionalidad española se quebranta la unidad de la patria; pero esto nada tiene que ver con las autonomías, con cuya existencia puede subsistir la España única y grande. La unidad española es incompatible, pues, con la existencia de varias nacionalidades, y no hay posibilidad de sostener otra cosa. ¿Hay medio de que exista una nación de naciones? No es posible, porque la nación representa la encarnación del Poder. Cosa distinta sería una monstruosidad, y los monstruos no pueden subsistir.» (Luz. Diario de la República, Madrid, 3 de junio de 1932, año I, n° 128, pág. 11.)

«Estatuto. Azaña, el “gran estadista”, patina… Pero, seamos indulgentes, tiene disculpa: no llevaba notas. Y, sin embargo, la opinión pública le ha otorgado una merecidísimas ¡Suspenso!… […] El Estatuto de Cataluña. El señor Álvarez (don Melquiades) rectifica dos conceptos del Jefe del Gobierno. Dice que siempre defendió y defenderá el régimen autonomista contra el sistema centralista que nos trajeron los reyes de las casas de Austria y Borbón. Atribuirme otra cosa se sale de los cánones de la buena fe. Combate el nacionalismo catalán, porque dice que quebranta la unidad, ya que ésta no es posible coexistiendo varias nacionalidades. También dice que tiene que rectificar una inconsecuencia doctrinal que el señor Azaña le ha atribuido. Dice que una nación de naciones no puede existir porque eso es monstruoso, y los monstruos no pueden existir en Derecho Político.» (El Imparcial. Diario liberal, Madrid, sábado 4 de junio de 1932, págs. 1-2.)

«Sesión del Congreso. Madrid 4 a la 1'20. Besteiro abre la sesión a las 4. Hay alguna animación en tribunas y escaños aun cuando no tanta como el día anterior. […] Reanúdase el debate sobre el Estatuto. Don Melquíades Álvarez rechaza la afirmación gratuita que le atribuyó el señor al decirle ayer que encontrábase en contradicción consigo mismo al afirmar que la concesión de la autonomía es completamente incompatible con la unidad nacional. Asegura don Melquiades que jamás ha dicho eso. Lo que sostiene es que no puede existir unión nacional con una nación de naciones.» (El Bien Público, Mahón, sábado 4 de junio de 1932, pág. 3.)

«En el Parlamento. Melquiades Álvarez da la réplica al jefe del Gobierno. Lerroux ratifica su posición y su opinión y Azaña pierde la ecuanimidad. […] No puede existir la unidad si se reconoce otra nacionalidad. No existe, ni ha existido, ni puede existir una nación de naciones.» (El Pueblo, Valencia, sábado 4 de junio de 1932, pág. 5.)

«La discusión del Estatuto. La Cámara se anima y se pueblan rápidamente escaños y tribunas. El Sr. Álvarez (D. Melquiades). […] Es muy fácil sentar una afirmación sobre una argumentación falsa del contrario; pero eso es faltar a los cánones de la buena fe y a la costumbre parlamentaria. Si reconocemos la política catalana como aspirante a que se reconozca la nacionalidad catalana, y si ésta se reconoce por nosotros, evidentemente se ha roto la unidad. España única puede subsistir, no con las cinco autonomías de los cinco reinos, sino con veinte, si hay regiones con vitalidad suficiente para ello. Suiza y los Estados Unidos, que eran pueblos distintos, son naciones con varios estados, pero con una sola nacionalidad. No puede existir la unidad si se reconoce otra nacionalidad. No existe, ni ha existido, ni puede existir una nación de naciones. La coexistencia de nacionalidades expuesta por el presidente del Consejo de ministros está en pugna con la realidad.» (El Sol, Madrid, sábado 4 de junio de 1932, pág. 3.)

«Terminó la discusión de la totalidad del Estatuto habiendo intervenido los Sres. Álvarez, Lerroux y Azaña. Rectifica Don Melquiades Álvarez. […] Yo decía que, reconociendo la existencia de la nacionalidad catalana, se quebranta la unidad nacional. Esto nada tiene que ver con que haya una España única que subsista con cinco o con treinta autonomías. No podrá subsistir una nacionalidad con varias nacionalidades. No podrá subsistir una nación de naciones.» (El Pueblo Gallego, Vigo, sábado 4 de junio de 1932, pág. 2.)

«El señor Lerroux ratifica los puntos de discrepancia con el criterio del Gobierno sobre el Estatuto catalán. […] Rectifica Melquiades Álvarez. […] Yo decía que, reconociendo la existencia de la nacionalidad catalana, se quebrantaba la unidad nacional. Esto nada tiene que ver con que haya una España única que subsista con cinco y con treinta autonomías. No puede subsistir una nacionalidad con varias nacionalidades; no puede subsistir una nación de naciones.» (La Libertad, Madrid, sábado 4 de junio de 1932, pág. 7.)

«La discusión del Estatuto. Continúa el debate sobre la totalidad del Estatuto de Cataluña. Hace uso de la palabra don Melquiades Álvarez, para rectificar. Afirma que el señor Azaña interpretó mal lo referente a la preexistencia de la nacionalidad española en el período de los Reyes Católicos. Dice que la vitalidad de la nación depende de sus regiones y que reconociendo la existencia de la nacionalidad catalana se quebranta la unidad nacional. Nada tiene que ver que haya una España única y subsista con varias autonomías, porque no puede subsistir una nación de naciones.» (La Prensa. Diario republicano, Santa Cruz de Tenerife, sábado 4 de junio de 1932, pág. 8.)

«Notas del día. Tres discursos. Con tres discursos de importancia ha terminado la discusión de la totalidad del dictamen sobre el Estatuto catalán. Han corrido a cargo de Melquiades Álvarez, Lerroux y Azaña. Los tres han sido de rectificación; pero ya se sabe que lo importante y decisivo suele dejarse para las rectificaciones. Poco podemos decir del de Álvarez, ya que la agencia ha sido parca en el extracto. Álvarez se cuidó mucho en su discurso de anteayer de no atacar para nada al Gobierno; no era eso lo que le interesaba, sino destacar la enormidad de las concesiones que se le querían hacer a Cataluña. Su tesis era doctrinal y no personal. De ahí la enorme sorpresa que hubo de producirle el hecho de que Azaña le saliera al paso con argumentos “ad hominen” que, naturalmente, no habían de quedar sin contestación. Así, pues, lo que a Álvarez le interesaba era desvanecer la impresión de contradicción que ayer quedó flotando en la Cámara. Por eso se ha esforzado en probar que Azaña había mutilado textos para obtener conclusiones contradictorias. Regiones autónomas ha dicho Álvarez sí; porque al engrandecerse, engrandecen a España. Naciones autónomas, no; porque no se concibe una nación de naciones.» (La Voz de Asturias, Oviedo, sábado 4 de junio de 1932, pág. 8.)

«Las sesiones de las Cortes constituyentes. Servicio telegráfico (Agencia Prensa Asociada). Discurso de don Melquiades Álvarez. Se reanuda el debate del Estatuto, interviniendo don Melquiades Álvarez, quien rechaza la afirmación que le atribuía el señor Azaña, en el sentido de que la concesión de autonomías era incompatible con la unidad nacional. Dijo que siempre se ha manifestado en favor de esa concesión, sosteniendo que no puede existir la unión nacional con una nación de naciones.» (Gaceta de Tenerife. Diario católico · Órgano de las derechas, Santa Cruz de Tenerife, Canarias, domingo 5 de junio de 1932, pág. 6.)

1934 «Desde allende los mares. ¡Salve, España republicana! (Del Diario Español.) A la España nueva, madre sacrosanta de nuestras patrias, en el tercer aniversario de su segunda República, rendimos sincero homenaje los hombres libres americanos.– No fue un huracán. No fue la desecha tempestad de las pasiones políticas, que roto el dique de la opresión, se abate con furia incontenible en violentas represalias y en rastreras venganzas. La llama de la Libertad se elevó tranquila y majestuosa sobre los escombros del régimen que fue destruido para siempre. Fue la voluntad de la pujante juventud española que arrolló en lucha de civismo, franca y leal, a las huestes impotentes que sostenían el bamboleante trono del último rey que ha tenido España. […] ¡España, nación de naciones, cual bajel perdido en la inmensidad de los mares, ha avistado la tierra salvadora, el puerto abierto a todos los navíos que conducen a hombres libres y dignos; aún capea el temporal pero bajo la dirección de un piloto experto ha de arribar con felicidad. ¡Así sea! Laufredo Moreno.» (La Voz de Menorca. Diario republicano desde su fundación, Mahón, martes 29 de mayo de 1934, pág. 1.)

1935 “Nación de naciones” según Francisco Cambó

Escuchemos a Francisco Cambó Batlle (1876-1947), confundador en 1901 de Liga Regionalista, diputado en Cortes desde 1907, ministro de Fomento en el “Gobierno Nacional” de Antonio Maura en 1918, impulsor en 1920 de la Compañía Hispano-Americana de Electricidad (vía corporación Sofina, Bruselas 1898; controlada por la AEG alemana y dineros yanquis), ministro de Hacienda en el efímero gobierno Maura de 1921-22, pujante administrador de capitales durante la dictadura de Primo de Rivera mientras surcaba el Mediterráneo en su yate Catalonia, introductor del rótulo “Hecho diferencial”, autor de Per la concòrdia | Por la concordia (1930) y cerebro de la operación de agitprop catalanista por la que una gavilla de “hombres representativos de la intelectualidad y del espíritu castellanos” aceptaron ir de Madrid a Barcelona para unos “actos de homenaje de los catalanes a la intelectualidad castellana”…

«A últimos del mes de marzo un suceso extraordinario vino a aumentar las actividades de don Francisco. Me refiero a la famosa visita de los intelectuales castellanos a Barcelona. Recientemente aparecido el libro de Cambó, Per la concòrdia, con éxito tan extraordinario que en dos días se vendieron 5.000 ejemplares, aquella visita adquiría una significación particularísima. Formaban parte de aquel grupo de intelectuales representantes de distintas ideologías políticas, aunque en general con marcada inclinación a la izquierda. (Formaban parte de aquel grupo de intelectuales los señores Lasso de la Vega, Gutiérrez de Abascal, “Juan de la Encina”, Ossorio y Gallardo, Fajardo, “Fabián Vidal”, Luis Bello, Féliz Lorenzo, Ramón Pérez de Ayala, Nicolás M. de Urgoiti, E. Giménez Caballero, Ledesma Ramos, Ramón Menéndez Pidal, Pedro Sainz Rodríguez, J. A. de Sangróniz, Lorenzo Luzuriaga, Victoriano García Martí, Enrique Díaz Canedo, Gregorio Marañón, Gustavo Pittaluga, Manuel Azaña, Luis Araquistain, Julio Álvarez del Vayo, José Castillejo, Luis de Zulueta, Giménez de Asúa, Pedro Salinas, Fernando de los Ríos, Ramón Gómez de la Serna, César M. Arconada, Claudio Sánchez de Albornoz, José Ortega Gasset, Agustín Millares, Antonio Ballesteros, Alberto Insúa.)» (Joaquín María de Nadal, Seis años con don Francisco Cambó (1930-36), Alpha, Barcelona 1957, págs. 45 y 321.)

1935 «Editorial. En contacte amb el poble. Dintre de les limitacions que imposa l'estat excepcional en el qual vivim, Lliga Catalana í els seus homes han reprès a casa nostra les activitats polítiques que interromperen els fets luctuosos del 6 d'octubre. Francesc Cambó, verb i cabdill del nostre poble, torna a posar-s'hi en contacte directa, de viva veu. Diumenge passat era a l'Ateneu Autonomista del Districte II, al Paral-lel de Barcelona. Diumenge vinent serà, si Déu vol, a Terrassa. Cada discurs nou de Francesc Cambó és sempre un esdeveniment polític. Sempre té alguna cosa nova a dir, i sempre la diu en una forma escaient. Amb els discursos del nostre il-lustre i volgut amic s'esdevé sempre el prodigi que el darrer sembli el millor. I és que “sempre” és el “millor” que podría pronunciar-se en aquell moment.» (La Veu de Catalunya, Barcelona, dissabte, 9 febrero 1935, pág. 1.)

Fragmento en audio de 146 segundos de la intervención de Francisco Cambó en Tarrasa, el domingo 10 de febrero de 1935.

“Todos los grandes castellanos han sido grandes amigos de Cataluña y fervorosos simpatizantes del catalanismo. El más grande de todos, Menéndez y Pelayo, lo tiene proclamado docenas de veces, él que ha hecho por la cultura castellana más de lo que han hecho generaciones enteras. Hoy mismo, la primera autoridad de la cultura castellana, el presidente de la Academia de la Lengua Castellana, el señor Menéndez Pidal, no habla de Cataluña como ha hablado el señor Gil Robles. Y es que entre los hombres que tienen por su tierra un amor afirmativo y desean para ella la excelsitud, nosotros nos entenderemos siempre, porque nosotros no queremos para nuestra casa más de lo que todos los españoles deberían desear para la suya. Y cuando se nos habla a nosotros en nombre de España, yo siento encenderme de ira. ¿Con qué derecho nos hablan a nosotros en nombre de España, si somos nosotros más España que ellos? ¡Si nosotros representamos una nación hispánica, más viva que todas las demás naciones hispánicas! Y España no será nada, y será el país invertebrado, camino de todas las decadencias que describe Ortega y Gasset, mientras que España no vuelva a tener un ideal imperialista, mientras que España no se sienta nación de naciones, mientras que en nombre de España no se sienta envidia por cada manifestación particular española, porque el conjunto de estos particularismos es lo único que puede formar una gran España. (Muy bien, aplausos.)”

«Todos los grandes castellanos han sido grandes amigos de Cataluña y simpatizantes del catalanismo. Lo tiene proclamado docenas de veces Menéndez Pelayo, en otros tiempos; hoy, el señor Menéndez Pidal, que no habla de Cataluña y del catalanismo como lo ha hecho el señor Gil Robles. Y es que con los hombres que tienen por su tierra un amor afirmativo y desean para ella la excelsitud, nos entenderemos siempre, porque no queremos para nuestra casa más que aquello que todos los españoles habrían de querer para la suya. (Aplausos.) ¿Con qué derecho, en nombre de España, nos hablan a nosotros los que tienen a España sin ideales, si somos nosotros una nación hispánica más viva que todas las demás naciones hispánicas? (Aplausos.) España será el país invertebrado, camino de todas las decadencias que describe Ortega y Gasset hasta que no vuelva a tener un ideal imperialista y no se sienta nación de naciones, ni ninguna celosía por manifestación particularista española, porque el conjunto de este particularismo es el único que puede formar una España grande. (Muy bien. Aplausos.)» (Francisco Cambó, “En Tarrasa. Inauguración de la Juventud Escolar de Lliga Catalana”, Hoja Oficial del Lunes de Barcelona, lunes, 11 de febrero de 1935, pág. 3.)

«Cambó, malabarista. Este señor Cambó está resultando para Cataluña algo estrafalario, con sus genialidades y su portentoso talento. Miren Vdes. lo que dijo hace unos días en una conferencia política: “Lo que ocurrió el 6 de octubre fue casi una calaverada infantil…” Muy bien, señor Cambó: Los vergonzosos sucesos revolucionarios que, según las notas oficiales, han ocasionado 1.335 muertos, 2.951 heridos, incendios, destrucciones, ruinas morales y materiales, páginas que afrentan la historia de Cataluña y de España, actos de barbarie, de incultura y de incivilidad: a todo esto lo califica usted de “calaverada infantil”, cosas de niños, y todo ello lo dice para venir a la conclusión emboscada de que los radicales en Cataluña somos malos catalanes y poco autonomistas. Si el señor Cambó se decidiera a hablar claro y afirmara esta tesis, nosotros, con nuestra modestia, le diríamos que está obrando como un perfecto estúpido, un politiquillo de barriada y como un mal patriota. Si el señor Cambó quiere ser el amo de Cataluña y para ello le precisa fundirse con los restos de la Esquerra, y hacer una política catalanera de agravio a las demás regiones, de actuar con disimulo de neto separatista, hágalo de una vez, hable claro y alto para que Cataluña y España conozcan una vez más sus habilidades y sus “juderías”.» (Penedès Republicà, Villafranca Penedès, 11 febrero 1935.)

«¿Amb quin dret parlen en nom d'Espanya els que tenen Espanya sense ideals? I quan se’ns parla a nosaltres en nom d'Espanya, jo sento encendre’m d’ira. ¿Amb quin dret parlen en nom d'Espanya els que tenen Espanya sense ideals? Si som nosaltres mes Espanya que ells, si nosaltres representem una nació hispànica, més viva que totes les altres nacions hispàniques. (Molt be.) Espanya serà el país invertebrat, camí de totes les decadències que descriu l'Ortega i Gasset, fins que Espanya no torni a tenir un ideal imperialista, fins que Espanya no se senti nació de nacions, fins que en nom d'Espanya no se senti gelosia per cap manifestació particularista espanyola, perquè el conjunt d'aquests particularismes és l’únic que pot formar una gran Espanya. (Molt bé. Aplaudiments.)» (La Veu de Catalunya, Barcelona, 12 febrer 1935, p. 14.)

«Continúa diciendo el señor Cambó que España no será nada hasta que vuelva a tener un ideal imperialista, hasta que vuelva a ser nación de naciones, porque estos particularismos son los únicos que pueden formar una gran España. Vuelve el señor Cambó a referirse a su discurso del domingo anterior y dice que sus palabras sobre una necesidad de unión han sido interpretadas como una declaración de solidaridad, que significa un anuncio de coalición con la Esquerra en unas elecciones cuando las haya, y dice que nadie se haga esta acariciadora ilusión. La Esquerra hará su camino y la Lliga Catalana el suyo y añade que desea que Esquerra, Lliga Catalana y los demás partidos que amen a Cataluña coincidan en todo lo que representen intereses espirituales y materiales de Cataluña.» (El Diluvio, diario republicano, Barcelona, martes, 12 febrero 1935, pág. 13.)

Discurso del Sr. Cambó en Tarrasa. “No debemos buscar medios extraordinarios de fuerza para resolver la crisis de España” […] “Todos los grandes castellanos han sido grandes amigos de Cataluña y simpatizantes del catalanismo. Lo tiene proclamado docenas de veces Menéndez y Pelayo. ¿Con qué derecho, en nombre de España, nos hablan a nosotros los que tienen a España sin ideales, si somos nosotros una nación hispánica más viva que todas las demás naciones hispánicas? España será el país invertebrado, camino de todas las decadencias, que describe Ortega y Gasset, hasta que no vuelva a tener un ideal imperialista y no se sienta nación de naciones.”» (El Sol, Madrid, martes, 12 febrero 1935, pág. 3.)

Como Cambó había decidido reverdecer, veinte años después, el cuento de la “nación de naciones”, no debe extrañar que fuera Antonio Royo Villanova (1869-1958), catedrático y administrador de El Norte de Castilla, quien volviera a responder de forma precisa y contundente a los mismos desatinos conceptuales (recuérdese la ya mencionada sesión del Senado de 24 de noviembre de 1915):

«La Patria española. El señor Cambó habla nuevamente de las naciones hispánicas. España no es más que una nación, y no cabe mayor ataque a la unidad nacional que decir que España es una nación de naciones. España es una nación única, políticamente indivisible. Los particularismos regionales, que nadie ataca en lo que tienen de real, de vivo y verdadero en sus caracteres geográficos, económicos y espirituales, no pueden tener nunca carácter político. España no es una suma de naciones, España no es una suma de particularismos. España es una síntesis, España es un espíritu, España es una alma colectiva y, sobre todo, España es una cosa que ni Cambó, ni Companys, ni ninguno de sus amigos y corifeos se atreven a decir, como decimos a voz en grito los españoles de Cataluña y los españoles de Castilla, y los de Valencia, y los de Aragón, y los de Andalucía, y los de todas las regiones: “España es una Patria”. Antonio Royo Villanova.» (La Tierra, Huesca, sábado, 16 de febrero de 1935, pág. 1. Heraldo de Castellón, Castellón de la Plana, 4 de marzo de 1935, pág. 2.)

«La Patria. El senyor Royo Villanova ha tingut un altre atac de rabia de les páginas de “Informaciones” estant, i ha escrit aixó: “Fué precisamente Ortega y Gasset quien dijo en las Cortes Constituyentes que el problema catalán, planteado en terreno del nacionalismo particularista, no tiene solución. Y en ese terreno lo sigue planteando el señor Cambó, quien habla nuevamente de las naciones hispánicas. España no es más que una nación, y no cabe mayor ataque a la unidad nacional que decir que España es una nación de naciones. España es una nación única, políticamente indivisible. Los particularismos regionales, que nadie ataca en lo que tienen de real, de vivo y verdadero en sus caracteres geográficos, económicos y espirituales, no pueden tener nunca carácter político. España no es una suma de naciones, España no es una suma de particularismos. España es una síntesis, España es un espíritu, España es una alma colectiva y, sobre todo, España es una cosa que ni Cambó, ni Companys, ni ninguno de sus amigos y corifeos se atreven a decir, como decimos a voz en grito los españoles de Cataluña y los españoles de Castilla, y los de Valencia, y los de Aragón, y los de Andalucía, y los de todas las regiones: “España es una Patria”.» (La Rambla, Barcelona, 18 de febrero de 1935, pág. 10.)

El entonces secretario político de Cambó, Joaquín María de Nadal Ferrer (1883-1972), prefiere olvidar en 1957, en sus interesantísimas memorias de esos años, esta intervención de “don Francisco” en Tarrasa, pero aprovecha para hacer una glosa de Royo Villanova, con quien Cambó habría coincidido en el tren, precisamente el 16 de febrero de 1935 (es decir, ya publicada en la prensa “La Patria española”, respuesta de Royo a la intervención de Cambó del día 10 de febrero):

«En aquella atmósfera de pesimismo, constituían excepción su participación y sus estímulos de actuación. Recuerdo que dirigiéndonos hacia Barcelona el día 16 de febrero, coincidimos en el tren con los señores Martínez de Velasco y Royo Villanova. Era el primero un caballero bajo, triste, hombre de pocas palabras y aun éstas dichas en voz tan baja y ritmo tan uniforme que requería un esfuerzo escucharle. Su cutis oscuro y sus lentes negros entenebrecían más su figura. Había algo de inexplicablemente trágico en él que le hacía aparecer como una encarnación de la desgracia. Predicarle optimismo era perder lastimosamente el tiempo. Tipo muy distinto, Royo. A pesar de ser más viejo que su compañero de viaje, tenía un aire de robustez que contrastaba con la blancura de su barba y la de sus escasos cabellos, siempre despeinados, que intentaba poner en orden, sin conseguirlo, con unos manotazos muy peculiares. Hablaba siempre con entusiasmo y en voz alta, con entonaciones de discurso, y en su conversación, salpicada de interjecciones, resonaba a menudo como un cañonazo en plena batalla, un substantivo muy común en boca aragonesa. Su fobia anticatalanista hallaba siempre excusas para manifestarse en largas parrafadas agresivas, a las que acompañaba el gesto violento de sus manos. Era, sin embargo, en el trato social, un hombre cordial con los amigos aunque fuesen... catalanes. Haciendo referencia a su fobia y a su amistad, recuerdo que hubo de decirle don Francisco Cambó: “Desengáñese, amigo Royo: usted no será ministro hasta que lo sea conmigo”. Royo acogió sonriendo la festiva indicación y, bajando de su caballo de batalla, contestó sonrientemente: “En efecto... y no tendría nada de particular que fuese así”. Se equivocaron ambos: Royo fue ministro sin Cambó, y le fue confiada, andando el tiempo, la cartera de Marina: indudablemente porque era el menos marino de los parlamentarios de su partido y porque, como Cataluña no tenía escuadra, no había probabilidades de que organizase ningún combate naval contra ella.» (Joaquín María de Nadal, Seis años con don Francisco Cambó (1930-36). Memorias de un secretario político, Alpha, Barcelona 1957, páginas 218-219.)

El 18 de julio de 1936 el Catalonia singlaba el Adriático con su dueño… Cambó hizo público su apoyo al general Francisco Franco tras su exaltación como Caudillo y colaboró activamente con la Cruzada desde su residencia suiza. En 1941 dona parte de la colección artística que había acumulado al Museo del Prado (por ejemplo, “La historia de Nastagio degli Onesti” de Botticelli), y se establece en Buenos Aires, donde dirige la Compañía Argentina de Electricidad (CAE, propiedad desde 1921 de CHADE, Sofina, &c.).

1936 «Pero ¡Castilla!… No ha sido una región, sino un reino, una nación de naciones en el ámbito de Europa, y con el imperio colonial más grande que se ha conocido en América y en Oceanía. Con el idioma propio más extendido por el mundo.» (“El Estatuto de Castilla”, El Sol, Madrid, viernes 29 de mayo de 1936, pág. 1.)

1949 «Flushing Meadows, 26. El delegado de la Argentina en la Asamblea General de las Naciones Unidas, doctor Arce, ha hecho hoy un llamamiento en su discurso ante la Asamblea para que se establezca una tregua con el fin de que las Naciones Unidas puedan proseguir su lucha en favor de la paz. El doctor Arce manifestó, refiriéndose a la noticia de que la URSS posee la bomba atómica, que no hay motivo para alarmarse ya que si se trabaja al amparo de una tregua de la O. N. U. podrá llegarse a un entendimiento sobre la fiscalización de las armas atómicas y no atómicas […] “Y en segundo lugar porque si desgraciadamente la paz se viese interrumpida, será mucho más fácil restablecerla cuanto mayor sea el número de naciones congregadas. Y es asimismo necesario que los posibles agresores sepan que esta vez tendrán que habérselas con una nación de naciones, previamente establecida.” EFE.» (“Más peligrosas que las armas atómicas –dice el doctor Arce– son los rumores, las intrigas y los celos políticos”, El Correo Gallego, Santiago de Compostela, 28 septiembre 1949, pág. 3.)

1950 «¿Acaso debemos pensar en los Estados Unidos como en un país católico? Todavía no. Veamos el ambiente general en el cual viven los 26 millones de católicos, tan numerosos como los habitantes de España, pero que allí sólo son la quinta parte de la población del país. Los Estados Unidos son una “nación de naciones”, una mezcla racial y nacional extraordinaria a la cual la vida y las costumbres americanas han sabido imponer una uniformidad que constituye la base de la unidad inquebrantable del gran país. Los negros, cada año más numerosos, son para el Gobierno uno de los mayores problemas de actualidad. Importantes grupos prolíficos son los asiáticos, filipinos y chinos. Nueva York sólo tiene una colonia italiana de un millón doscientos mil y una comunidad judía de dos millones de miembros. Luego están los contingentes más o menos numerosos de alemanes, polacos, rusos, griegos, españoles, &c.» (“Miradas hacia U. S. A.”, Betania, Órgano diocesano de la rama de mujeres de Acción Católica, La Laguna de Tenerife, 1° de enero de 1950, pág. 8.)

1954 «Dinero éste, créditos éstos, que llegan al Noroeste Atlántico, a la Región Suratlántica, al Cantábrico y al Mediterráneo, y, sobre todo, muy reveladoramente, a esas dichas zonas africanas del Sur o Mediodía, de este Pueblo de Pueblos, de esta Nación de Naciones, de esta Patria de Patrias. En el Marruecos Español, la zona de Larache con su Cofradía de Pescadores moros, indígenas, a la usanza española, con la solera hispana, formando e integrando en el todo de unidad de unidades, tan excepcionalmente nuestro a través de los siglos y de las edades de la Historia, se ve ahora beneficiada grandemente con los referidos créditos marítimo-pesqueros.» (Teófilo G. Calatrava, “Realizaciones de la Conferencia Nacional Pesquera”, Falange, Las Palmas de Gran Canaria, 13 de octubre de 1954, pág. 6.)

1960 «Sólido cimiento de esa nueva España, profundamente española y universal a la vez, ha de ser la firme unión de todos sus pueblos. Unión, decimos, mejor que unidad. Porque de lo que se trata es de unir y articular, no de fundir o machacar en un gris monótono lo que es un conjunto de rico colorido. Unión de unidades (como dice Irujo). No la empequeñecida España Una, que no es España (por lo menos no sería una España consecuente con su natural condición y desarrollo histórico), sino las Españas unidas, la Comunidad o Unión Ibérica, que sí será una patria cabalmente española: de todos sus hombres y de todos sus pueblos (sin excluir a Portugal). Porque España, la nación española, nación de naciones o comunidad de pueblos, es el resultado de un largo, difícil y doloroso proceso histórico en el que han tomado parte todos ellos. Todos. Pues no es verdad eso que, con desafortunada frase, escribió Ortega –lo manifestamos con el respeto que su figura merece– de que España es una cosa hecha por Castilla y que sólo cabezas castellanas pueden percibir el gran problema de la España integral. ¡Menguada España –hemos dicho en otra ocasión– la que sólo pudiera ser cabalmente concebida por cabezas castellanas!» (Anselmo Carretero Jiménez [Segovia 1908-México 2002], “La personalidad de Castilla en el conjunto de los pueblos hispánicos”, en Diálogo sobre las Españas, Ediciones de “Las Españas”, México D. F., 1960 [colofón 7 julio 1960], páginas 116-117. Se trata de la edición revisada [con dedicatoria “Ciudad de Méjico, junio de 1960] de una “Conferencia dada al ‘Institut Catalá de Cultura’ el 29 de julio de 1957 en el ‘Orfeó Catalá’ de Méjico.” Este librito, de 125 páginas, lleva además un “Prólogo” (páginas 11-24, “Ciudad de Méjico, mayo de 1960”) de José Ramón Arana [= José Ruiz Borau (Garrapinillos 1905-Zaragoza 1973), quien mantenía Ediciones de “Las Españas”, sucesora de Las Españas, revista fundada en 1946 por el otrora cenetista Borau y el comunista Manuel Andujar] y el texto de Pedro Bosch-Gimpera [Barcelona 1891-México 1974], “Cataluña, Castilla, España” (páginas 27-63, “Ciudad de Méjico, abril de 1960”).)

1966 «Sus fronteras con las naciones hispanoamericanas miden la friolera de 16.411 kilómetros. Es, en resumen, la cuarta nación del mundo por su superficie. Nuestra actual población sobrepasa a los 70 millones. Como Estados Unidos, Brasil es una “palpitante nación de naciones”, un crisol donde se funden razas y costumbres. Pase la frase algo estereotipada, pero Brasil es verdaderamente una tierra de contrastes.» (Amat, “Carnet de Ruta. Brasil”, Destino, Barcelona, 1° de enero de 1966, pág. 50.)

1972 «Washington, 4 (Efe). […] El presidente dijo que la invitación a todo el mundo era apropiada, porque los Estados Unidos es una “nación de naciones”, aludiendo a los diferentes orígenes étnicos de sus 200 millones de habitantes.» (“Para el 200 aniversario de la independencia U.S.A. Nixon invita al mundo entero”, El Eco de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 5 de julio de 1972, pág. 2.)

1973 «La Revista de Occidente ha dedicado al sueño de la Europa unida los números de febrero y marzo, integrados en uno solo. La magnitud de la pretensión, dirigida por Luis Díez del Corral, bien merecía esa conjunción del dos en uno. Sobre “La nueva Europa”, título ambicioso bajo el que comparece este número monográfico, opinan dieciocho solventes europeos de muy diversa extracción nacional e ideológica y de varia especialización intelectual. […] Al final de la lectura de “La nueva Europa” servida por Revista de Occidente, a uno le resta en el alma un escozor agudo. La mayoría de los caminos que se insinúan o se declaran, no conducen precisamente hacia una nueva Europa, sino a la congelación de Europa en la nevera de los viejos tópicos y de los aún más tristes neotópicos que hoy deslumbran a tantas gentes de buena fe. Una apreciación de Madariaga me ha impresionado profundamente: “Ni tratados ni reglamentos van a crear la Europa que ha de surgir como nación de naciones si ha de salvarse. Ha menester una conversación de los pueblos y de los individuos europeos”. A mi juicio, el gravísimo y mortal error de la mayoría de los europeístas actuales es el de haber creído que la nueva Europa o “nación de naciones”, como la prefigura con cordura Madariaga, puede venir por o a través del Mercado Común.» (Ismael Medina, “La Nueva Europa”, El Pueblo Gallego, Vigo, sábado 14 de abril de 1973, pág. 12. Proa, León, 12 abril 1973, pág. 16. La Voz de Almería, 12 abril 1973, pág. 15. El Correo de Zamora, 13 abril 1973, pág. 10.)

1976 «En esto de las federaciones hay dos posibilidades muy distintas. Estado federal (como es Alemania: Bundesrepublik) o Federación o Confederación de Estados, como es Suiza. Esta última posibilidad es la auténtica federación. Alemania pese a su gran tradición de ser una nación de naciones, podría ser un Estado unitario y quizá fuera mejor.» (“La democracia italiana no funciona”, Diario de Burgos, 8 julio 1976, pág. 16.)

1976 Sicariato político en Madrid

Cuarenta años después de la respuesta de Antonio Royo Villanova a Francisco Cambó (“no cabe mayor ataque a la unidad nacional que decir que España es una nación de naciones”), la víspera del Referéndum Nacional para la Reforma Política (celebrado el miércoles 15 de diciembre de 1976 –“Habla, pueblo, habla; tuyo es el mañana; habla sin temor… Habla, pueblo, sí; no dejes que nadie decida por tí”, “Tu voz es tu voto”…– en el que el 94,17% de los 17 millones y medio de los españoles votantes (se abstuvieron cinco millones) asumieron el proyecto de ley del gobierno de Adolfo Suárez para la reforma política), el catalanismo envía un mensajero a Madrid para trasladar un nítido mensaje de advertencia y amenaza de esa oligarquía. Aviso que, con toda la prepotencia y chulería de su contenido, difunde la prensa el mismo día del Referéndum Nacional, quedando así asociado al trágala de la “reforma política” con la que bombardeaban la televisión única (Suárez había dirigido RTVE de 1969 a 1973), las radios, la prensa del Movimiento y la otra.

1976 «“Cataluña quiere jugar un papel en el mundo. Modesto si se quiere, pero su papel. Y lo jugará a través de España con la vista puesta en Europa, si el Estado español quiere”, dijo esta noche en el Club Siglo XXI, Ramón Trías Fargas. […] Ramón Trías Fargas comenzó su exposición señalando que “a veces los catalanes nos sentimos indiscriminadamente acusados de separatismo traicionero, desde Madrid. Esto –afirmó–, realmente duele y nos parece injusto”. Explicó que para aportar a una España común, los catalanes necesitan que se les reconozca su personalidad española. […] Insistió en la idea de que Cataluña quiere contribuir a una España común, pero no ser parte de cualquier España, sino de una progresista, democrática y popular. Como prueba de sus tesis citó en varios momentos a los intelectuales catalanes Joan Maragall, Prat de la Riba, Cambó, Campalans y Josep Tarradellas. […] Concluyó al subrayar que la descentralización propuesta no despedaza, ni descuartiza nada; no desvirtúa la estructura de una España nueva, compuesta de pueblos libres, iguales y compenetrados. “De una España –dijo– que sepa ser una nación de naciones. Es un objetivo difícil pero también es una ambición renovadora, hermosa y grande”.» (“Cataluña no será separatista mientras no se la obligue”, El Pueblo Gallego, Vigo, miércoles 15 de diciembre de 1976, pág. 6.)

El mensajero había nacido en 1922, precisamente en la casa Fargas de Barcelona, y un año antes de comunicar a los españoles que “Cataluña no será separatista mientras no se la obligue” había cofundado Esquerra Democràtica de Catalunya (se murió en octubre 1989, mientras trasladaba otro mensaje en acto electoral de la Convergència i Unió presidida por el judicialmente corrupto Jordi Pujol). La catalanista “nación de naciones” reverdecía en oportuno ciclo: “La Corona y la nueva sociedad española ante un año histórico”.

1977 Peón de la transición

Miguel Herrero Rodríguez de Miñón (Madrid 1940, hijo de Miguel Herrero García, otrora redactor jefe de Acción Española) fue el peón de la “transición” –preparada desde hacía años por quienes tenían voluntad y capacidad de intervenir en el diseño del curso político que podría seguir España después del general Francisco Franco– que más se destacó en el apostolado de la ideología “nación de naciones”. Secretario General Técnico en 1976 del Ministerio de Justicia, se le reconoce como uno de los “siete padres” de la Constitución de 1978, y pronto comenzó a recibir agradecidos reconocimientos: en 1979 es incorporado a la Comisión Trilateral (impulsada por David Rockefeller), Premio Blanquerna 1988 de la Generalidad de Cataluña, Premio Sabino Arana 1998, Cruz de San Jordi en 2000, &c.

1977 «–Yo creo que en España hay varias nacionalidades, diversas nacionalidades. Porque España es una nación de naciones. Es decir, una nación es una voluntad de vivir juntos. Pero esa voluntad no es excluyente. Y entonces, los catalanes pueden sentir la voluntad de vivir juntos como catalanes, y además, el deseo de vivir juntos con los otros pueblos y regiones que componen España. España sería una especie de supernación. Y con el País Vasco sucede otro tanto. Y probablemente, Castilla otro tanto. Entonces, yo creo que eso no es una lacra. Al contrario. Es una especie de gloria ser capaz de integrar no solamente hombres, sino incluso nacionalidades. Pocos países lo han hecho como lo ha hecho España. Otros países, como Francia, han destruido la posibilidad de que en su seno hubiera otras Naciones. Y España ha hecho posible ser una Nación que, en su seno, además, tuviera distintas nacionalidades.» (José Cavero, “Miguel Herrero de Miñón, España es una nación de naciones”, El Eco de Canarias, Las Palmas, miércoles 9 de febrero de 1977, págs. 18-19; y demás periódicos de la Cadena de Prensa del Movimiento.)

1978 «Para Herrero de Miñón, el promotor más eficaz del separatismo es el centralismo, y la prueba de ello es que la reivindicación regionalista nunca ha sido tan fuerte en España como ahora, después de un período, largo período, rígidamente centralista y de una rígida persecución a las tendencias autonomistas. La nación es una voluntad de vivir juntos –siempre según el pensamiento de Herrero de Miñón–, que es articulable con una voluntad de vivir con otros. España puede convertirse en una nación de segundo grado, lo que algunos historiadores han llamado la supernación: es decir, una nación de naciones. Me parece lícito –decía– que el catalán sienta su nacionalidad catalana y que, además, quiera cohabitar con los demás pueblos. Y recordaba una frase de Prat de la Riva, a este respecto: “España, cuando articule a todos sus pueblos, será grande y poderosa”.» (Gil Blas, “En este país. Nacionalidades”, El Pueblo Gallego, Vigo, 6 abril 1978, pág. 6. El Eco de Canarias, Las Palmas, 7 abril 1978, pág. 13.)

1978 «El artículo segundo, conflictivo hasta el final a causa de la discusión sobre la inclusión o no del término “nacionalidades”, ha quedado así: “La Constitución se fundamenta en la unidad de España como Patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran la indisoluble unidad de la Nación española”. “Alianza Popular” mantiene su voto particular en favor de la supresión del término “nacionalidades”, si bien el señor Fraga piensa que la redacción actual del artículo está más matizada y más cerca de sus posiciones, “UCD” resalta en este artículo el reforzamiento de los conceptos de unidad e indisolubilidad de la Patria común, dado que se reconoce solamente “la Nación de naciones”, según ha manifestado a “Efe” un ponente centrista. Para la minoría catalana, que considera un triunfo propio el mantenimiento del término, fue fundamental la postura favorable a la palabra “nacionalidades” del presidente del Gobierno, que ofreció garantías a la citada minoría de que el término sería mantenido.« (“Primera Constitución desde 1808 que no se hace ni en una logia ni en una sacristía, según Fraga”, Diario de Burgos, Burgos, 18 de marzo de 1978, pág. 1.)

«En el mismo turno de rectificación hablaron seguidamente Joan Raventós, de socialistas de Cataluña, y Miguel Roca, de la minoría catalana, quien insistió en la idea de España como “nación de naciones”.» (“El proyecto constitucional, aprobado como texto de trabajo en la Comisión”, Diario de Burgos, Burgos, 10 de mayo de 1978, pág. 19.)

1978 Debates constitucionales

El 9 de abril de 1977 se legaliza el Partido Comunista de España; el 15 de junio se celebran elecciones generales, el 26 de julio el Congreso de los Diputados crea la Comisión que debe elaborar un proyecto de Constitución. El primero de agosto se constituye tal Comisión, que designa una Ponencia de siete diputados: Miguel Herrero Rodriguez de Miñon, José Pedro Pérez-Llorca Rodrigo y Gabriel Cisneros Laborda (por el Grupo Parlamentario de Unión de Centro Democrático), Gregorio Peces Barba Martínez (Grupo Parlamentario Socialista), Miquel Roca Junyent (Grupo Parlamentario de la Minoría Catalana), Jordi Solé Tura (Grupo Parlamentario Comunista) y Manuel Fraga Iribarne (Grupo Parlamentario de Alianza Popular). La Ponencia celebra 29 sesiones reservadas (agosto-diciembre 1977) y elabora un Anteproyecto (Boletín Oficial de las Cortes, n° 44, 5 enero 1978). Tras revisar las tres mil enmiendas al Anteproyecto publica la Ponencia su Informe (Boletín Oficial de las Cortes, n° 82, 17 abril 1978). Ni en las actas de la Ponencia (publicadas en 1984), el Anteproyecto, las Enmiendas, ni en el Informe, queda reflejado por escrito que se mencionase el rótulo “nación de naciones”.

El Informe de la Ponencia fue debatido por la Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas durante 24 sesiones (mayo-junio de 1978). En esos debates sí que se expresaron pareceres diversos sobre España como “nación de naciones”:

«Si el sistema político foral no impidió la integración en la Corona, tampoco el principio de las nacionalidades se opone a la convivencia plurinacional en una unidad superior. En su día tendremos ocasión de hablar del equívoco concepto de nación y del estado-nación, concepto que una voz autorizada como pocas daba recientemente en la Cámara por periclitada. Y no deja de ser paradójico que en estos tiempos de integraciones superestatales surjan polémicas de esta envergadura. Si hoy se habla de nación de naciones, mañana tendremos que hablar de nación de naciones de naciones. Un ilustre catalán hablaba ya hace muchos años de la nación de Europa. Es evidente que por encima de las denominaciones hemos de encontrar el encaje exacto de las realidades sin discutirlas, ensamblándolas convenientemente. Porque todo ello es posible.» (Xabier Arzalluz Antia [1932-2019], Partido Nacionalista Vasco, sesión 1, 5 mayo 1978, DSCD 59:2064.)

«Si España comprende todo el actual territorio del Estado, España no es una nación, sino un Estado formado por un conjunto de naciones, ya que el concepto de nación, de nacionalidad, me parece puro artificio verbal.» (Heribert Barrera Costa [1917-2011], Ezquerra Catalana, sesión 2, 8 mayo 1978, DSCD 60:2079.)

«Hemos oído también al mismo señor Diputado que es imposible la existencia de una nación de naciones o de nacionalidades. Nosotros entendemos que el concepto de nación no es algo que se pueda acuñar a voluntad, no es algo que sea una reflexión, porque si fuera una reflexión o una finalidad a cumplir estaríamos en el ámbito de las sociedades que, desde Tennis, se han distinguido perfectamente de las comunidades en las cuales las realidades comunitarias se crean por el transcurso del tiempo, por la realización de una serie de creencias comunes, en definitiva, por algo que es independiente de nuestro designio, por algo en lo cual nacemos, independientemente de nuestra voluntad. Creo que se debe tener en cuenta de ahora en adelante esa distinción entre comunidad y sociedad para que no se pueda insistir en la tesis, a nuestro juicio errónea, de que nación no existe más que una, como si eso fuera algo que se pudiera afirmar taxativamente. Naturalmente que la existencia de diversas naciones o nacionalidades no excluye, sino todo lo contrario, hace mucho más real y más posible la existencia de esa nación que para nosotros es fundamental, que es el conjunto y la absorción de todas las demás y que se llama España.» (Gregorio Peces-Barba Martínez [1938-2012], PSOE, sesión 3, 9 mayo 1978, DSCD 61:2107.)

«A mí me gusta la expresión “nación de naciones”, soy admirador de don Ramón Lázaro y de don Antonio de Capmany, que escribió en castellano clásico sus magníficos libros sobre Cataluña. Yo afirmo lo que ellos afirmaron en Cádiz: que todas las regiones y provincias españolas tengan el mismo régimen, unas buenas Diputaciones provinciales, aunque si queremos las llamamos “Generalidad”.» (Manuel Fraga Iribarne [1922-2012], Alianza Popular, sesión 3, 9 mayo 1978, DSCD 61:2111.)

«Yo diría que en todas las intervenciones que se han producido en el debate se han alcanzado unos puntos de coincidencia sobre muchos aspectos y que, no obstante, ha afluido, yo diría, quizá desgraciadamente y tardíamente, una polémica en torno a una cuestión que nos parecía superada, que era la relativa a la configuración de España como una nación de naciones.» (Miquel Roca Junyent [1940], Minoría Catalana, sesión 3, 9 mayo 1978, DSCD 61:2113.)

«Esto me permite, al hilo de la defensa, y oponiéndome a la enmienda del señor Carro, observar que la existencia de España como nación no excluye la existencia de naciones en el interior de Espada; naciones-comunidades, pero que la existencia de estas naciones-comunidades no debe llevarnos a una aplicación rígida del principio de las nacionalidades tal como se formuló por los liberales en el siglo XIX, de que cada nación debe ser un Estado independiente. Esta formulación, que es, a nuestro juicio, regresiva y anticuada, no debe defenderse, y por eso está perfectamente establecida la comunidad superior, la nación de naciones que es España, que se organiza como un Estado social y democrático de derecho y se produce la vinculación de la comunidad que es España a la sociedad que es el Estado social y democrático de derecho.» (Gregorio Peces-Barba Martínez [1938-2012], PSOE, sesión 4, 11 mayo 1978, DSCD 64:2170.)

«Estas naciones sin Estado es lo que modernamente ha venido en llamarse “nacionalidades”. Cuando en el debate general inicial en esta comisión yo sostenía ya la idea de la nación de naciones y me apoyaba para ello en viejos precedentes que se remontaban incluso a don Antonio de Capmany en 1808 –cita después reproducida en las Cortes Constituyentes de Cádiz–, es evidente que ya se estaba en esta línea de definir un nuevo Estado que haría a su vez, y hoy también ha creado un grado de conciencia colectiva, una identidad, y ésta es la nación-Estado, y se había creado a su vez, y mantenido sobre todo ese concepto de nacionalidades, este concepto de una nación sin Estado como personalidad cultural, histórica y política propia.» (Miquel Roca Junyent [1940], Minoría Catalana, sesión 5, 12 mayo 1978, DSCD 66:2275.)

«Nación de naciones es un concepto nuevo, es un concepto –se dice– que no figura en otros Estados o que no figura en otras realidades, quizá sí; pero es que, señores, ayer ya se decía que nosotros tendremos que innovar.» (Miquel Roca Junyent [1940], Minoría Catalana, sesión 5, 12 mayo 1978, DSCD 66:2276.)

«Nosotros el lenguaje lo utilizamos aquí y allá igual que lo hacemos, en todo caso, ante los 36 millones de españoles cuando hablamos ante la televisión; pero, en todo caso, lo que es cierto es que hoy Cataluña espera, el país vasco –y no hablo en nombre de él– espera, espera Galicia, espera España entera que, a través de la solución que demos a este problema, no se va a dar una solución disgregadora, sino una solución potenciadora, una solución que, asumiendo todo lo que la Historia no supo asumir hasta esta fecha, sea capaz de proyectar un futuro mucho más estable, un futuro mucho más permanente, en el que esta realidad, insisto, de la nación española como nación de naciones, esta realidad de España sea ya, no el fruto de unas imposiciones, de unas incomprensiones, de unas vejaciones en muchos casos, sino que sea el fruto de la expresión libre de todos los ciudadanos españoles que quieran, a través de esta nueva estructura, definir un Estado que pueda durar por muchos siglos y contribuir a una tarea común, a una tarea colectiva española común y forjar una meta común a esta España; a una España que sea realmente respetuosa, y que encuentre en estas nacionalidades y regiones autogobernadas –sí, autogobernadas– la expresión de una unidad en la libertad.» (Miquel Roca Junyent [1940], Minoría Catalana, sesión 5, 12 mayo 1978, DSCD 66:2277.)

«Yo creo que eso es un pensamiento importante que hay que valorar en toda su significación y trascendencia. Si, efectivamente, prospera esta doctrina del Estado de nacionalidades, dentro de este término extraño de «Nación de naciones», que a mí me parece muy poco racional, pragmático, muy triunfalista y grandilocuente, pienso que vamos lógicamente a un federalismo.» (Alberto Jarabo Payá [1928-2016], Alianza Popular, sesión 5, 12 mayo 1978, DSCD 66:2284.)

«En segundo lugar, la idea del sinónimo de nación y nacionalidad, con la afirmación del principio de unidad nacional, nos podría llevar a una fórmula de convergencia, que yo creo que es verbal, y a la cual se ha aludido también en el seno de esta Comisión y que quisiera analizar muy brevemente. Ello sería considerar que nuestro país es una nación de naciones, formulación, desde luego, inédita, formulación novísima y que yo quisiera someter a una disección, no rigurosa, pero sí suficientemente aproximativa, para llegar a la conclusión de lo que esta afirmación entraña. Nación de naciones es una afirmación sociológica, puesto que se refiere a realidades sociológicas que tendrían que tener luego una traducción política, una traducción jurídica. Una de las traducciones posibles que puede tener nación de naciones es reino de reinos, que es la figura del imperio, y no creo que realmente éste sea el supuesto en que nosotros configuramos el futuro de España. La segunda traducción jurídico-política que podría tener la expresión sociológica de nación de naciones, podría ser Estado de Estados. Ahora bien, éste es el Estado federal. Y precisamente esto, aunque sí está en el ánimo de algunos legisladores, creo que no está en el ánimo de la Comisión y desde luego no en el de Alianza Popular. Pero si éste fuera el estado de ánimo de la Comisión y de las Cortes, habría que afrontarlo con claridad. Si vamos a una nación de naciones que se va a reflejar en un Estado de Estados, es decir, configurándolo en la Constitución como un Estado federal, al que yo me opondría, por lo menos, ello me parecería valiente, diáfano, transparente, siendo capaces los legisladores de asumir el sentido de responsabilidad que tienen con su pueblo, diciendo claramente a dónde van y qué es lo que claramente desean. Finalmente, la idea de nación lleva al principio de nacionalidades, y esto en la tradición jurídico-política de la nación de naciones llevaría o al Estado federal o a los Estados independientes.» (Gonzalo Fernández de la Mora y Mon [1924-2002], Alianza Popular, sesión 5, 12 mayo 1978, DSCD 66:2290.)

«Por eso entiendo que la fórmula que aducía el señor Fernández de la Mora, cuando hablaba de que forzosamente una nación de naciones culmina en Estado de Estados, es absolutamente impropia. Puede culminar en eso o en otras cosas. Dependerá de la forma de articulación del poder político.» (Jordi Solé Tura [1930-2009], Grupo Parlamentario Comunista, sesión 5, 12 mayo 1978, DSCD 66:2292.)

«Creo que el concepto de nación de naciones es un concepto rico y, efectivamente, estoy de acuerdo con el señor Fernández de la Mora en que, en cierto modo, se corresponde a reino de reinos, que es exactamente lo que este país fue y ha sido, sin perjuicio de que ese concepto pueda ser más o menos racional; pero históricamente es una realidad. Entonces, la versión nación de naciones me parece que se corresponde casi linealmente con eso que está en la Historia de España, y que de ninguna manera creo que podamos negar, en base a unos conceptos unidireccionales históricos, que en este momento tenemos que reformar, porque nos hace falta reformarlos para recoger la realidad.» (José Manuel Paredes Grosso [1934], Unión de Centro Democrático, sesión 5, 12 mayo 1978, DSCD 66:2294.)

«Y hemos dicho que los socialistas no podemos, en ese aspecto, ser acusados de separatistas, pero tampoco de separadores; que España es una nación de naciones y esto no es nuevo, porque esto es el Reino Unido de Gran Bretaña y del Norte de Irlanda, esto es Bélgica, esto es Checoslovaquia, esto es Yugoslavia y no se puede decir que no sea esta realidad una realidad sin peligro ninguno de separatismos, sin peligro ninguno de ruptura de esa unidad.» (Gregorio Peces-Barba Martínez [1938-2012], PSOE, sesión 5, 12 mayo 1978, DSCD 66:2304.)

«Y eso se debe a que entendemos que este problema de la bandera, en tanto en cuanto regula la enseña nacional o del Estado, de la nación de naciones, y al mismo tiempo regula la posibilidad de la existencia de las enseñas de las nacionalidades y regiones, nos deja suficientemente satisfechos.» (Gregorio Peces-Barba Martínez [1938-2012], PSOE, sesión 6, 16 mayo 1978, DSCD 67:2366.)

El soberano pueblo español aprobó en referéndum el 6 de diciembre de 1978 el Proyecto de Constitución, sancionada por el Rey el 27 de diciembre de 1978. En el texto de la Constitución española de 1978 no aparece el rótulo “nación de naciones”.

«Artículo 2. La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.»

Años después toda una colección de hermeneutas constitucionalistas, cebados desde bien nutridos y variados pesebres, se entretendrán procurando auscultar el verdadero pensar doctrinal –como si alguna vez lo hubiesen tenido claro y distinto– de una parte de quienes intervinieron en la composición de aquel texto de equilibrio, en un género de metapreconstitucionalismo ficción delirante.

Y como España es país católico, acostumbrado por tanto a glosar y anotar las ediciones de las Sagradas Escrituras, el Congreso de los Diputados difunde desde 2005 por internet una “sinopsis” del artículo 2 de la Constitución de 1978, dispuesta por su letrado Manuel Delgado-Iribarren García-Campero, que ofrece el estado de la cuestión de glosas tan interesadas y sus oportunas concordancias.

1985 «En esta configuración política de la unión europea es evidente que el Estado español desarrollará una política exterior acorde con su peculiar estructura. En este sentido, creo de la mayor importancia la sustitución que se está verificando en España del viejo Estado unitario y centralista por un llamado “Estado de las autonomías” de carácter federalista y descentralizado. La experiencia española es un ensayo histórico de gran importancia que ha de tener una influencia muy superior a la de la mera política interna, convirtiéndose en modelo posible para otros Estados nacionales. Si la idea de una “nación de naciones” que ha empezado a desarrollarse políticamente en España acaba implantándose con carácter definitivo, y se consolida como estructura política exportable, su traspolación al ámbito europeo podría hacer la Comunidad Europea una compleja red de naciones con distintos niveles de subordinación e integración entre sí, enriqueciendo en su conjunto al continente. España como “nación de naciones”, no sólo se encontraría cómodamente instalada en esa red, sino que habría hallado la fórmula para resolver las viejas frustraciones territoriales representadas por Gibraltar y Portugal.» (José Luis Abellán, catedrático de Historia de la Filosofía, “¿Qué aportará España a Europa?”, Economía y Marketing, Las Palmas, junio 1985, n° 19, pág. 51.)

José Luis Abellán García (1933), que en el tardofranquismo se había movido en el entorno del Congreso por la Libertad de la Cultura y en septiembre de 1977 firma en Cercedilla la “Presentación” a la tercera edición de Las nacionalidades españolas de Anselmo Carretero Jiménez (Hyspamérica Ediciones, San Sebastián 1977, págs. 9-16), nombrado en 1982 “catedrático extraordinario” de la Universidad de Madrid, tras haber suplido muchos años al opusita Rafael Calvo Serer (“era un reconocimiento tardío que se me hacía”, asegura en su autobiografía intelectual –Anthropos n° 21-22, Barcelona 1983–, donde también recuerda que en abril de 1982 “el PSOE me galardonó con el Premio ‘Pablo Iglesias’”), es un ejemplo arquetípico de temprano, sostenido, fiel y acrítico agente propagador de la ideología de la “nación de naciones”: «A la España ‘única’ y ‘dogmática’ contraponemos otra España plural y diversa, presidida por el concepto de ‘nación de naciones’» (José Luis Abellán, Hacia otra España, Del Laberinto, Madrid 2006, pág. 82.)

1993 Francisco González Navarro, España, nación de naciones. El moderno federalismo, Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona 1993, 335 págs.

1996 «Que “España es una nación de naciones” no es ocurrencia mía. Antes que yo la empleara, esa frase se ha manejado por otros muchos. Por ejemplo, por un historiador, Francisco Tomás y Valiente, que ha sido hasta hace poco Presidente del Tribunal constitucional de España. […] El riesgo de favorecer movimientos secesionistas no vendrá, por ello, del hecho de proclamar que España es una nación de naciones, sino más bien de negar a las que lo son de verdad su condición de tales.» (Francisco González Navarro [1930-2021], Universidad de Navarra, “España, una nación de naciones”, Actas del Primer Simposio de Historia Actual de La Rioja, Logroño, 14-18 octubre 1996, páginas 138 y 163.)

Quienes tengan leída esta página hasta aquí encontrarán entretenido y hasta pintoresco el inicio que transcribimos de un artículo firmado en 1995 por Juan Maldonado Gago, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense:

1995 «La expresión una nación de naciones es una síntesis que refleja el empeño y las vicisitudes que las distintas etnias y culturas emigradas a Norteamérica han sufrido en el crisol fundidor o melting pot norteamericano. La expresión ha tenido una aceptación ondulante desde la Primera Guerra Mundial, momento en que fue objeto central de controversia entre la defensa brillante que de la misma hicieran los intelectuales de izquierda, Horace M. Kallen y Rudolph Bourne, y el ataque que sufrió por estadistas de la talla de T. Rossevelt y W. Wilson. Es conocida la derrota de la tesis de aquellos que proponían la necesidad de conservar los orígenes, celebrarlos y no dar oportunidades a que en el crisol norteamericano quedaran fundidas las raíces de las poblaciones inmigrantes en beneficio de una nación uniforme y homogénea. La etapa xenófoba de los años veinte y el proceso de americanización posterior, darían paso a una nueva onda que invirtió la tendencia hacia la educación intercultural y hacia el optimismo, especialmente motivado por el hecho de que el país, los EE. UU., integrara a diversos pueblos en contraste con el fenómeno regresivo que el nazismo alemán llevaba a cabo en su criminal actitud de jerarquización de los pueblos en creadores, usurpadores o destructores de cultura. Al final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, Louis Ademic, escribirá un libro con el mismo título, Una nación de naciones, uno de los cantos más apasionados en defensa de una América transcultural. Con estos precedentes, la sugerencia de una colaboración con este título referida a España, suscita el hallazgo instantáneo del franquismo como situación paralela a la de los EE. UU. aludida anteriormente. Es difícil objetar que la miseria cultural del franquismo convirtiera a éste no en un crisol, sino en un pozo negro donde quedaban succionadas las culturas diferenciadas del hecho histórico español. La salida del mismo comportaba que una expresión como la de nación de naciones reflejara también aquí los mismos sentimientos que reflejó entre los seguidores de la América transcultural (1. J. Colomer, 1984, Contra los nacionalismos. Como corrobora este autor, es una expresión en la tradición izquierdista catalana, sin aducir más comentarios).» (Juan Maldonado Gago, “España, una nación de naciones”, Política y Sociedad, Universidad Complutense, Madrid 1995, vol. 20, pág. 23.)

Gustavo Bueno, España (1998)

Ahora bien, cabría objetar a todas las respuestas de este tipo, no tanto sus proyectos de homologación, cuanto su voluntad tecnocrática de reducir el problema de España a un conjunto de problemas específicos vinculados por el común denominador de la «entrada en Europa», como si España, en todo caso, se agotase en esta condición de miembro homologado de la clase de las naciones canónicas europeas. Hay un cierto papanatismo en esta actitud, y una petición de principio: el principio de homologación como único criterio práctico de identidad. La homologación será necesaria, pero ¿es suficiente? Desde luego, ni siquiera es necesaria para entrar en Europa o para sostenerse en ella, por la sencilla razón de que España está en Europa desde sus principios. No puede confundirse Europa con un club de naciones europeas, incluso con unos Estados Unidos de Europa que, en ningún caso, podrían formar una nación, menos aún una «nación de naciones», concepto tan absurdo como pueda serlo el de «círculo de círculos»; solamente si se diluyen las naciones o se reabsorben todas en alguna de ellas, cabría hablar en estos términos. Porque Europa no es una nación, ni siquiera pueden serlo, salvo retóricamente, dos naciones europeas unidas («ya no hay Pirineos, ya formamos unidos una sola nación»: pura retórica de la monarquía borbónica). Europa es una suerte de «biocenosis de naciones», una convivencia en común, pero una convivencia que, como la que constituye a las biocenosis biológicas, no implica sólo la paz sino también la lucha por la vida entre sus miembros, la guerra constante. Y si la guerra interior llega a conjurarse, en virtud de la solidaridad de sus socios, será debido no ya a la comunidad interna de sus intereses, sino a la solidaridad de ellos frente a terceros (frente al tercer mundo islámico, por ejemplo, o frente al continente asiático, a China principalmente). [pág. 34]

* * *

En primer lugar, el efecto de constitución de la nación española (una vez detenido el Islam y la reforma protestante), de la constitución (σύστασης) de España como nación canónica y, por cierto, la primera en constituirse como tal (antes que Inglaterra, Francia, Alemania o Italia). Mediante este «efecto», España pasó a ser, como tal, una parte formal de la Historia Universal, es decir, una nación histórica; de otro modo, acaso se hubiera convertido en el «extremo (desdibujado) del Occidente europeo», algo así como lo que hoy pueda ser Finlandia, es decir, un país sin historia (sin perjuicio de la riqueza de su etnología). Y no porque Finlandia no esté hoy incorporada «a la cultura internacional»: su arquitectura, sus conciertos sinfónicos, sus contribuciones científicas, o sus análisis filosóficos, circulan, como sus ordenadores, en la corriente de la civilización común internacional, pero no en calidad de cultura finlandesa, que hay que circunscribirla a su folklore. Es cierto que de un siglo hasta la fecha, el desarrollo de algunos «nacionalismos» que son, en rigor, subproductos fraccionarios de la propia nación española (aunque ellos pretenden obviamente atribuirse orígenes anteriores a la misma nación española, es decir, por tanto, orígenes pre-históricos), está ocultando a muchos españoles de nuestros días este «efecto» principalísimo de nuestro pretérito, a saber, la constitución de España como nación; porque estos nacionalismos pretenden ignorar a la nación española (a España como nación) reduciéndola a la condición, no tanto de un Estado de hecho, anterior a los consensos de un Parlamento determinado, sino a la condición de un Estado de derecho, el Estado español entendido como una «superestructura»; encontrando a veces suficiente la absurda redefinición de España como «nación de naciones». Se pretende descomponer (balcanizar) a España en múltiples naciones («capaces de darse su propia constitución»), sustituyendo la «nación española» por Castilla, a fin de poder alcanzar la equivalencia entre todas las «nacionalidades fraccionarias». Pero es imposible equiparar la «nacionalidad catalana» o la «nacionalidad vasca» con la «nacionalidad española»: son magnitudes de distinto orden (y no sólo por sus dimensiones demográficas o territoriales). España es una nación histórica porque es parte formal, como tal nación, de la Historia Universal; pero Cataluña, el País Vasco y desde luego Castilla, sólo pueden ser llamadas «regiones históricas» a través precisamente de España, en cuanto partes suyas; segregadas de España (aunque sea tras la ficción burocrática de un referéndum, incluso en el supuesto de que fuera mayoritariamente refrendado), estas regiones perderían su significado histórico y, como en el caso de Finlandia, sólo podrían recuperarlo a través de Francia o de Inglaterra, por ejemplo. En sí mismas consideradas, estas «nacionalidades», aunque se denominen «históricas», sólo pueden ofrecer, como muestra de su «identidad cultural propia», etnología o antropología. [pág. 48]

(Gustavo Bueno, España (Oviedo, 14 de abril de 1998), El Basilisco, número 24, abril-junio 1998, páginas 27-50.)

1999 I Jornades Jaume Vicens Vives. España, ¿nación de naciones?

Las I Jornades Jaume Vicens Vives ocurrieron en la Universidad de Gerona en abril de 1999, organizadas por la Asociaciación de Historia Contemporánea (Departamento de Historia Contemporánea, Universidad Complutense) y la Universidad de Gerona, bajo el título “España, ¿nación de naciones?”. Sus trabajos formaron un volumen (número 35 de la revista Ayer) publicado en Madrid a finales de 1999, en edición preparada por Anna María García Rovira (España, ¿nación de naciones? I Jornades Jaume Vicens Vives, Marcial Pons, Madrid 1999, 206+4 páginas). Obra interesante cual fractal para colegir la escala de análisis conceptual con la que opera el gremio de funcionarios historiadores autonómicodependientes. Este es su índice y un par de fragmentos que ameritan ser incorporados aquí:

Anna Maria Garcia Rovira [Sabadell 1948, Universidad de Gerona], Presentación, 11-20

Borja de Riquer i Permanyer [Barcelona 1945, Universitat Autònoma de Barcelona], El surgimiento de las nuevas identidades contemporáneas: propuestas para una discusión, 21-52

Juan-Sisinio Pérez Garzón [Gójar 1949, CSIC-CEH], El nacionalismo español en sus orígenes: factores de configuración, 53-86

«A modo de preámbulo: el historiador y las lealtades nacionales. Nos reunimos en Girona como historiadores en una convocatoria cuyo enunciado revela propósitos políticos, por más que se plantee como interrogante si España es nación de naciones. Semejante definición nos compromete, no por formularse como pregunta, sino por su propio carácter preformativo, y es honesto que vaya por delante, como preámbulo, el disentimiento ante la ambigüedad del concepto. Es cierto que, con tal expresión, se pretende encontrar el consenso historiográfico y político para facilitar la convivencia en nuestra sociedad. Pero también hubieran cabido otras formulaciones. Por ejemplo, ¿sería descabellado reunirnos para hablar sin tapujos de los fundamentos históricos de la organización de un Estado federal?, ¿acaso no sería más urgente salirnos de la conflictiva jerarquía de identidades nacionales entre las que nos movemos, y así poder debatir sobre la diversidad sin jerarquizar, y además avanzar en contenidos de solidaridad cosmopolita para la construcción de esa ciudadanía del mundo que sólo de tarde en tarde se enuncia como frágil utopía? […] Además, en las encuestas es habitual que se les obligue a los ciudadanos a definirse jerárquicamente si primero son españoles, luego vascos, catalanes, gallegos, o a la inversa. ¿Por qué tenemos que optar y contraponer, según unos, o armonizar y compartir, según otros? ¿Hay en tales casos dos nacionalismos en pugna, en convivencia o en yuxtaposición inestable? Es más, ¿en qué es provechoso ese poliptoton de nación de naciones, como si jugásemos al amor de los amores?» (Juan-Sisinio Pérez Garzón, págs. 53-54.)

Josep M. Fradera [Mataró 1952, Universitat Pompeu Fabra], El proyecto liberal catalán y los imperativos del doble patriotismo, 87-100

Stéphane Michonneau [Francia 1966, Université de Poitiers] Políticas de memoria en Barcelona al final del siglo XIX, 101-120

Joseba Agirreazkuenaga [Bilbao 1953, Euskal Herriko Unibertsitatea], Las oportunidades de construcción del Estado liberal español: La “España Foral”, 121-146

«1. Respuestas a la cuestión España «nación de naciones» Estas jornadas se articulan en torno a un interrogante. Una cuestión que no tiene una respuesta única sino plural, como la realidad misma. La elaboración de sistemas de respuestas alternativas y abiertas es una de las tareas propias del historiador frente a la tarea de otros investigadores sociales tentados por el determinismo y la razón inexorable. En la introducción historiográfica a la historia canónica de España, escrita por R. Menéndez Pidal en 1947, una coyuntura política en la que yacía media España, muerta por la otra, como un siglo antes describió Larra, encontramos un apartado titulado “El localismo como accidente morboso” con la siguiente conclusión: “Por el contrario, federalismo, cantonalismo y nacionalismo modernos vienen ellos por sí a destruir la unidad multisecular y no logran estabilizarse; lejos de representar la España auténtica (contra la tesis defendida por Bosch Gimpera en la Valencia de 1937) no responden sino a un momento anormal y transitorio, desmayo de las fuerzas vitales que no puede prolongarse sin grave peligro. Aparecen como una enfermedad, cuando las fuerzas de la nación se apocan extremadamente; pues toda enfermedad consiste en el autonomismo de algún órgano que se niega a cooperar al funcionamiento vital unitario del cuerpo” (R. Menéndez Pidal, Los españoles en la historia, ed. 1951, Madrid 1991, pp. 196-197). Sin embargo, José María Jover Zamora, consciente de la trascendencia intelectual de la empresa historiográfica que heredó, respondió positivamente en 1981, a la pregunta titular de estas Jornadas: “La nueva fisionomía de España apuntaba, tras la aventura intelectual frustrada de los iberistas y ante los renacimientos culturales de sus regiones, a la condición egregia de ‘nación de naciones’ visible, contemporáneamente, en la Gran Bretaña de la era victoriana o en la nueva Alemania creada, mediante un lazo federal entre sus Estados integrantes, en 1871” (2. J. M. Jover, Historia de España. La era isabelina y el sexenio democrático 1834-1874, Madrid 1981, p. 100). No obstante, el ambicioso y estimulante proyecto historiográfico no practica dicha concepción historiográfica de “nación de naciones” ya que, al parecer, dicha visión de nación de naciones era consecuencia de la “revolución cultural del romanticismo”. Por tanto debe circunscribirse a una “nación de naciones” culturales.» «Por último, una corriente historiográfica actual predica “el fin de la Historia de España”, ya que estamos en la mejor España posible, por lo tanto hemos llegado a la meta con el status quo actual, España va bien, como nación de naciones, mientras no se toque más el poder central. Se ha llegado al máximo del pluralismo político y cultural en su dimensión de episodio particular del fin global de la Historia. Pero en mi opinión habría por tanto que preguntarse y reflexionar sobre si nos hallamos en un punto de llegada o quizás de partida en la nueva configuración de una Europa en la que el regionalismo transnacional pudiera crear nuevas oportunidades de organización sociopolítica. Un sentido democrático del poder parece que debiera tender a la potenciación de los poderes locales como fórmula de legitimación y de participación y acceso, puesto que desde que el concejo abierto desapareció para defenderse de la presión social y se alejó hacia estructuras burocráticas lejanas, las oportunidades de participación e intervención de la mayoría social se desvanecieron. Una historia desde abajo vuelve necesariamente su mirada hacia los poderes públicos y privados cercanos. Pero este tema corresponde a otras jornadas.» (Joseba Agirreazkuenaga, págs. 121-122 y 146.)

Justo G. Beramendi [Madrid 1941, Universidad de Santiago de Compostela], Proyectos gallegos para la articulación política de España, 147-169

Manuel Martí [Castellón 1960, Universitat de València] & Ferran Archilés [Castellón 1971, Estudi General], La construcción de la Nación española durante el siglo XIX: logros y límites de la asimilación en el caso valenciano, 171-190

José Ramón Recalde [San Sebastián 1930, Universidad de Deusto], Convivencia ciudadana y sentimientos de identidad, 191-200

Miguel Herrero de Miñón [Madrid 1940, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas], ¿Qué es el nacionalismo? 201-206

Gustavo Bueno, España frente a Europa (1999)

Por consiguiente, será necesario explicar históricamente las causas por las cuales una España que se supone ya preexistente, como sociedad política, se constituyó (y no sólo en el plano de la constitución legal, una constitución de «segundo grado», sino en el plano de la constitución efectiva, una constitución de «primer grado», que corresponde al término systasis de la doctrina estoica) como nación histórica (canónica). España, como nación, tiene, sin duda, un origen, sólo que en este origen (tal es nuestra tesis) está España previamente dada, como una realidad histórico-política. Y esto significa que lo que precede a España como nación no es, por ejemplo, un supuesto conjunto de naciones políticamente constituidas en la época medieval, en la época visigótica, en la época romana, o incluso en la época prerromana (aun cuando las ideologías más radicales de los partidos políticos defensores hoy día de las llamadas «nacionalidades históricas» suelen retrotraerlas, a pesar de su denominación, más atrás de la historia, a la prehistoria: a las tribus o a las gentilidades prerromanas; a los celtas de Breogán –un personaje mítico–, a los vascones, a los layetanos, a los cántabros...). Pero semejante hipótesis exigiría, en primer lugar, retrotraer la categoría historiográfica o politológica de «nación» mucho antes de la época moderna (un anacronismo inaceptable, salvo en el terreno puramente lírico, si no se quieren confundir vergonzosamente las dos acepciones fundamentales del término nación de las que enseguida hablaremos, a saber, la nación étnica y la nación política); en segundo lugar, induciría a presentar a la «nación española», en sentido moderno, como una nación constituida en función de supuestas naciones políticas que, a su vez, habría que considerar como previamente constituidas (interpretando, por tanto, como naciones, en sentido político, a los Condados, Principados o Reinos medievales, tales como Galicia, Asturias, León, Castilla, Navarra, Valencia, &c.), ya fuera como resultado de un proceso de reabsorción de las naciones pre-españolas, en la nación hegemónica (el Reino de Castilla, según opinión muy generalizada: «Castilla hizo a España»), ya fuera como un proceso de constitución de una nueva «categoría» denominada, por los más armonistas, como «nación de naciones» (un término tan absurdo en política, como veremos, como pueda serlo, en geometría, el término «círculo de círculos», que sólo deja de ser absurdo en el límite dialéctico en el que los círculos alcanzasen un radio cero, es decir, se convirtiesen en puntos inextensos) y, por los menos armonistas, como «cárcel de naciones» (utilizando un concepto que Marx aplicó a la Rusia de los zares). [págs. 81-82]

* * *

Se trata, sencillamente, por nuestra parte, de sacar a la Idea de España, en el contexto de los debates de la Constitución de 1978, del tablero en el que los nacionalistas periféricos (y, por cierto, también buena parte de los que se consideran afectos a la izquierda más genuina y fundamentalista) la encierran de hecho, a saber, el tablero de las nacionalidades, y entre ellas la llamada «nacionalidad española». Proyectado (o reducido) el problema de España a planteamientos dados en semejante tablero, acaso nos viéramos condenados a tener que «elegir» entre disyuntivas tales como la siguiente: «España es una nación» (no siéndolo Cataluña, País Vasco, Galicia, &c.), o bien «España no es una nación» (o lo es sólo en un sentido ideológico o postizo), porque sólo podrían llamarse naciones a entidades tales como Cataluña, Euskalerría o Galicia; o dicho de otro modo, considerando legítimo y progresista, y aún de izquierda democrática, hablar de «nacionalismo catalán» o de «nacionalismo vasco» y, en cambio, ilegítimo, reaccionario o de derecha democrática, hablar de «nacionalismo español». Incluso apelando, en último extremo, a fórmulas disyuntivas tales como «España es una nación de naciones». [págs. 82-83]

* * *

La nación canónica no es una «nación de naciones»

Un corolario, de enorme significado práctico, hemos de señalar: mientras que la nación, en el sentido étnico, en cuanto parte de una sociedad política, implica una pluralidad definida en una convivencia política común, global y no excluyente, la nación, en el sentido político, es única: la nación política excluye a otras naciones políticas de su seno; sólo refundiéndose en la nación política las supuestas naciones políticas previas, es decir, sólo desvaneciéndose como tales, y englobándose como partes de la nación única, puede constituirse una nación política en sentido propio. Esto no significa que la nación única, en el ámbito de su esfera política, tenga, a su vez, el atributo de la unicidad. Por el contrario, la nación política sólo ha podido configurarse como tal frente a otras naciones de su entorno. Pero, a diferencia de lo que ocurrió con las naciones étnicas (que acudían a una plaza común, manteniendo sus diferencias en el tablero del juego colectivo), las naciones políticas comienzan por trazar sus contornos, constituidos por otras naciones, mediante fronteras visibles e impermeables, tendiendo a encerrarse en sí mismas, volviéndose mutuamente de espaldas, sin perjuicio de los pactos internacionales de conveniencia. Ninguna nación puede ser envuelta por otras; las naciones limitan con otras naciones de su vecindad. Pero la vecindad, por sí misma, no determina su «refundición» en una nación política común, sino acaso, más bien, la profundización de las líneas fronterizas.

Lo que no puede suceder, por tanto, es que la nación política, dada siempre en un entorno constituido por otras naciones políticas, pueda albergar en su seno a otras naciones. Un Estado puede ser plurinacional, pero una nación no puede ser multinacional, aunque se le llame «supernación». Por ello, la fórmula «nación de naciones», en genitivo replicativo, es contradictoria. Y no porque todos los genitivos replicativos lo sean. Lo que llamamos «genitivos replicativos» son construcciones en las cuales un término se reaplica, por medio de una forma genitiva, a sí mismo, pero en plural (por ejemplo, «rey de reyes»); quedan fuera, según esto, en principio, las construcciones reiterativas en singular, cuando correspondan a cuadrados, cubos, &c., de relaciones, tales como «hijo del hijo» (pero no «hijo de los hijos»), o bien «mitad de la mitad», o «triple del triple», porque las relaciones pueden reproducirse, aunque los productos relativos resultantes no se reproduzcan (el «padre del padre» no es padre, sino abuelo). En un genitivo replicativo podremos distinguir siempre la base (nación en nuestro caso) y su replicación. Y podríamos, lógicamente, poner en correspondencia los genitivos replicativos objetivos con objetos (estructuras) o con conjuntos de objetos; también los genitivos replicativos pueden estar referidos a relaciones. «Hexaedro de hexaedros» es un genitivo replicativo de objetos; «siglo de siglos», es un genitivo replicativo de conjuntos; «rey de reyes», es un genitivo replicativo de relaciones (y, acaso también, «Luz de luces», o «Cantar de los cantares»). Los genitivos replicativos pueden serlo en primer grado («siglo de siglos»), o en grados superiores («siglo de siglos de siglos»). Según la materia no siempre es posible la reiteración hacia el infinito: «parte de partes» no es reiterable al infinito, porque hay que detenerse en una parte átoma. Por otro lado, no toda estructura, ni todo conjunto, ni toda relación, son reiterables de este modo, ni siquiera en primer grado. La reiteración sólo es posible cuando los objetos (o los conjuntos de objetos) sean homólogos a sus partes, o cuando las relaciones sean reiterables. Un genitivo replicativo es inconsistente o imposible cuando el término base sea tal que, por su materia, no admita la formación de un plural tal, en el que sus elementos puedan mantener entre sí la relación que los componentes de la base mantienen entre ellos mismos. «Círculo de círculos» es construcción imposible, como hemos dicho (aunque gramaticalmente no haya ninguna dificultad en construir el sintagma), porque los círculos no reproducen la naturaleza de la línea circunferencia, cuyas partes son puntos y no círculos; «célula de células» es también una construcción inconsistente, porque la célula es una unidad que no se compone de otras células. En cambio, es consistente la construcción «triángulo equilátero de triángulos equiláteros», o «imán de imanes». La replicación genitiva es imposible, pues, cuando las partes sean heteroméricas: «catálogo de los catálogos» es un pseudogenitivo, porque yo hago el catálogo de los libros, no de los catálogos, salvo que éstos aparezcan desempeñando la función de libros. La «paradoja de los catálogos» de Russell no puede llevarse más allá de su planteamiento: una vez formulado éste habrá que proceder a «desmontarlo». Pero igual ocurre con la construcción «nación de naciones», porque una nación política supondría la refundición de las supuestas políticas, como hemos dicho. Ocurre con las naciones, como ocurre con los cerebros de los hombres o con las personas: dos cerebros no pueden formar un cerebro único, ni dos personas pueden formar una persona, aunque estén unidas «hipostáticamente», al modo de los hermanos siameses. Dos o más personas no pueden formar una persona, sino una sociedad de personas (y, sólo por ficción jurídica, podemos llamar a esa sociedad una «persona jurídica»). Dicho en la terminología de Durkheim: la unidad de la nación (en el sentido moderno, político) no es una unidad de tipo «segmentario» (la unidad de los grupos cuya estructura se reproduce en los subgrupos, como se reproduce una lombriz); la unidad de la nación (política) es de tipo «orgánico», porque no se asemeja a las partes de que consta, ni a las sociedades de radio más amplio en las que está inserta.

La nación canónica es, en resolución, una nación que ha sido establecida desde un Estado. Por eso, la nación política constituye, por sí misma, una categoría política, sin perjuicio de que la ideología tienda inmediatamente a presentar a la nación como si fuera una realidad previa al Estado. Un Estado concebido, a su vez, de modo metafísico, como la «autoorganización política de la nación». De hecho, la ideología nacionalista se opuso, desde su principio, a cualquier ideología pactista o federalista en lo concerniente a la cuestión del origen de la sociedad política. Mazzini entendía por nación «la universalidad de los ciudadanos que hablan la misma lengua, asociados, con igualdad de derechos civiles y políticos, en la intención común de despertar y perfeccionar progresivamente las fuerzas sociales». Por ello, la República (italiana, decía Mazzini) hará a la nación. Y, por eso, el federalismo, pensaba Mazzini, sólo puede ser sostenido por las envidias entre ciudades, provincias, municipios, «pequeñas pasiones abyectas y mezquinas que pululan en la Península (italiana) como los gusanos en un cadáver». Mazzini opuso también, en 1836, su concepto de nación al cosmopolitismo de algunos demócratas españoles que defendían los «derechos de la humanidad» contra las «exageraciones del sentimiento nacional»: «la humanidad es la asociación de las patrias». Y, años después, Mancini, desde Turín, defendió a las naciones «como fundamento del derecho de gentes» y concibió el principio de la nacionalidad («cada nación un Estado») como el «pienso, luego existo», de la filosofía política.

Ahora bien, las constituciones políticas que estas naciones canónicas se «fueron dando a sí mismas» se apoyaban en las constituciones previas (systasis) no escritas, o escritas parcialmente, de una sociedad política ya dada, a través de una vida institucional común. Las constituciones escritas de las naciones canónicas no podrían equipararse, por tanto, ni a un simple código convencional de normas revisables en cualquier momento, ni tampoco a un sistema axiomático (a una «ley de leyes») de las cuales pudieran derivarse ulteriormente las leyes como si fueran teoremas. Las constituciones escritas desempeñaron y desempeñan, más bien, el papel que las gramáticas de los lenguajes naturales desempeñaron y desempeñan en relación con estos lenguajes que son preexistentes a ellas. Los lenguajes naturales son «organismos vivientes», con una gramática (o constitutio) interna, no inmutable, pero tampoco cambiante caprichosamente. Si en un momento determinado de su vida se hace precisa una Gramática escrita de esos lenguajes naturales, ello no será debido a la «reflexión de la lengua sobre sí misma», o a la decisión que una lengua tomase de darse «su propia Gramática». La formación de una Gramática será debida, por ejemplo, a la necesidad de establecer las diferencias de una lengua dada con otra lengua y a la necesidad de regularizar muchas de sus partes internas (sin que con esto se pretenda agotar todas las leyes y las reglas por las que se rige el «organismo del lenguaje»). Las Constituciones políticas escritas se producen también en la perspectiva comparatista. Y, desde este punto de vista, cabría decir que una Constitución política escrita sólo se entiende plenamente cuando se determina contra qué otra Constitución se ha establecido (la Carta Magna, contra Juan sin Tierra; la Constitución española de 1978, contra las «constituciones» del franquismo –no contra todas: título III–, o contra la Constitución de 1931). [págs. 130-134]

(Gustavo Bueno, España frente a Europa [1999 octubre].)

2002 «Y en tanto que los globos o esferas pueden englobar a otras esferas, como ocurría con las esferas homocéntricas de Eudoxio que, con el centro en el globo terráqueo iban envolviéndose unas a otras y eran envueltas por la última esfera englobante o cielo de las estrellas fijas, formaban el Mundo, el cosmos, un sólo Mundo; porque si un Mundo mayor envolviese al Mundo efectivo, lo refundiría en él formando un único Mundo. No cabe hablar pues de mundo de mundos como tampoco cabe hablar de nación de naciones.» (Gustavo Bueno, “Mundialización y Globalización”, El Catoblepas, mayo 2002, EC 3:2.)

2004 «Dicen que el nuestro es un Estado laico, o que por lo menos lo intenta. A lo que yo respondo: si no creemos que Jesucristo fue rey de reyes, ¿por qué deberíamos creer que España es nación de naciones? Feo asunto, este de mantenerse juntos por obra y gracia de una retórica evangélica en la que nadie tiene fe.» (Jorge Casesmeiro Roger, “Sobre la deconstrucción española”, El Catoblepas, mayo 2004, EC 27:16.)

«Por lo tanto, acudiremos a los elementos históricos y políticos para analizar lo que sea España, más concretamente como nación canónica (en el sentido que el materialismo filosófico lo propone en España frente a Europa). Para tal fin habremos de regresar a algún momento histórico concreto. Por ejemplo, si partimos de las posiciones de los actuales constitucionalistas, el regressus culminaría en el estado de las autonomías, del que España surgiría “por consenso” como “nación de naciones”. Pero este regressus se torna problemático, pues no explica los orígenes de España como nación política, y sería tan artificioso como constituir España a través del mapa provincial que diseñó Javier de Burgos en 1833, tras la caída del Antiguo Régimen, cuando España ya existía efectivamente.» (José Manuel Rodríguez Pardo, “Sobre España como nación política (una aproximación histórico-filosófica)”, El Catoblepas, julio 2004, EC 29:19.)

«El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, abogó en Irún por no modificar la Constitución, ni siquiera su preámbulo, porque para su partido “España es una nación, no una nación de naciones”.» (Agencia EFE, La Voz de Lanzarote, 28 diciembre 2004, pág. 18.)

Gustavo Bueno, España no es un mito (2005)

No es lo mismo, por tanto, enfrentarnos con la proposición «España es una Nación» (o «¿España es una Nación?») desde la evidencia indiscutible de que España es una Nación (cualquiera que sea la naturaleza del terreno en el que apoyemos esta evidencia) que enfrentarnos a ella desde el supuesto de que no es una Nación, o desde la duda de que lo sea, o desde su menosprecio: «a lo sumo, será una Nación de Naciones.» Decimos menosprecio, pues bajo la apariencia de este título grandilocuente se esconde una simple vaciedad, porque el concepto de «Nación de Naciones» es imposible, y la mejor manera de menospreciar algo es tratar de reducirlo a la clase vacía.

En el primer caso, cuando partimos de la afirmación rotunda, obligaremos al que la niega o la pone en duda, a demostrar su concepción sobre la supuesta naturaleza superficial y efímera del terreno en el que apoyamos la afirmación, y que sin duda tiene que reconocer; porque, si así no lo hiciera, el debate sería imposible desde el principio, y habría que darlo por acabado. Es intolerable que nadie deje de admitir los fundamentos de nuestra respuesta afirmativa; otra cosa es que pretenda regresar aún más por debajo de tales fundamentos.

En el segundo caso, cuando partimos de la respuesta negativa, el que sigue negando o dudando, se siente dispensado, ya al empezar, de probar sus supuestos, a saber, que los fundamentos dados en el plano constitucional, o en el del derecho internacional, son todos ellos aparentes, superestructurales o puramente coyunturales, «porque la razón de fondo es que España no es una Nación política». Cualquiera de los nacionalismos históricos será considerado legítimo, pero no el «nacionalismo español».

Cuando partimos de la afirmación «España es Nación», apoyándonos en fundamentos jurídicos, históricos, constitucionales y de derecho internacional, lo que estamos dando a entender es que no tenemos por qué comenzar devaluando tales fundamentos. Dada la oscuridad de la idea de «superestructura», es completamente gratuita la tesis según la cual las superestructuras (las «Naciones de Naciones») flotan sobre la base (las «nacionalidades históricas»). [págs. 86-87]

* * *

Pero existen también nacionalistas secesionistas no tan coherentes. Y no porque apelen a una coherencia dialéctica, o de sindéresis, sino sencillamente porque son incoherentes al creer que es posible transformar las «nacionalidades históricas» del presente en Naciones políticas sin por ello destruir o eliminar a la Nación española. Algunos dicen: bastaría transformar la Nación española en una «super-Nación», o bien, dicen otros, en una «Nación de Naciones». Jordi Solé Turá, que participó en la ponencia constitucional como representante del Partido Comunista de España, definió a la nación «como un conjunto de clases sociales, un bloque [¿histórico, querría decir Solé, en el sentido de Gramsci?], que también mantiene relaciones con bloques exteriores: una Nación de Naciones puede culminar en Estado de Estados, o en otras cosas, según como se articule el poder político» (resumen, en Mundo Obrero, de 18-24 de mayo de 1978).

Ahora bien, la construcción «Nación de Naciones» o es una redundancia (cuando se interpreta la primera nación de la fórmula como nación política, y las naciones que comprende como naciones étnicas o culturales, y es una redundancia porque toda Nación política resulta de una «refundición» de naciones étnicas o culturales) o es una contradicción, si la fórmula se interpreta como «Nación política de Naciones políticas», que es a lo que se refiere sin duda la «culminación aclaratoria» de la frase: «...puede culminar en un Estado de Estados.» Probablemente aquello que estaba insinuando Solé Turá era que esas naciones eran ya «Estados en sí» (como se decía entonces, por los marxistas afrancesados, que bebían tanto de Sartre y Poulantzas como de Hegel) aunque no fueran aún «Estados para sí».

Las expresiones «Nación (política) de Naciones (políticas)» y su culminación, «Estado de Estados», son en realidad meras construcciones verbales, porque tras ellas no hay conceptos correlativos, sino sólo groseras y pedantes metáforas, tomadas de la albañilería más elemental («bloques», «articulación de bloques»).

Es muy fácil construir con palabras expresiones como las citadas («Nación de Naciones» o «Estado de Estados»). Pero es imposible construir con Estados un «Estado de Estados», salvo que se pretenda denominar con este nombre a una «Confederación de Estados», que ya no será un Estado. Y es imposible construir con Naciones políticas reales (que presuponen un Estado) otra Nación política. Pero esto es lo que pretenden quienes, desde Cataluña o desde el País Vasco, proyectan en 2005 reformar la Constitución de 1978 sobre la base de definir a Cataluña o a «Euskadi» como Naciones políticas.

Con palabras puedo construir muy fácilmente la expresión «dodecaedro de dodecaedros». Pero esta construcción es imposible cuando manipulamos no palabras, sino dodecaedros reales, de madera o de metal. Un dodecaedro de dodecaedros es construcción posible en el «espacio gramatical», pero es imposible en el espacio geométrico, por la sencilla razón de que es incompatible con la ecuación de Euler. En cambio un «exaedro de exaedros» ya tiene más sentido, como también lo tiene la expresión «nación étnica de naciones étnicas», que representaría no otra cosa sino la etnia resultante de aquella fusión; como –para poner un ejemplo convencional– la etnia o nación «celtíbera» resultó de la fusión de las etnias o naciones iberas con las etnias o naciones celtas.

Y cuando las etnias o naciones étnicas se funden en una Nación política, es porque aquellas han dejado de considerarse como proyectos de Naciones políticas: «Ya no habrá francos y galos –decía Renan–, todos se han refundido en la Nación francesa.»

¿Y por qué es imposible en el espacio político la construcción «Nación (política) de Naciones (políticas)»?

Porque la Nación política se define por la soberanía, y la soberanía es una e indivisible («Así como no caben dos Soles en el Cielo, tampoco cabemos en la Tierra Darío y Alejandro»). Esta es la razón por la cual es imposible hacer una Nación política (España) con otras supuestas Naciones políticas (Cataluña, País Vasco, Galicia, Aragón...). O, lo que es lo mismo, la razón por la que es imposible dividir una Nación política dada (España, en nuestro caso) en varias Naciones políticas (Cataluña, País Vasco, &c.). Tanto en el caso de la construcción de una Nación política nueva, como el en caso de la división de una Nación política en otras Naciones políticas, sería preciso practicar lo que algunos llaman «cesión de soberanías»: en un caso las Naciones deberían «ceder parte de su soberanía» a la pretendida Nación de Naciones; porque sólo así esa Super Nación podría disponer de algo de soberanía; en el otro caso, la Nación política originaria (España) debería ceder parte de su soberanía a las Naciones fraccionarias que resultasen de su descomposición, porque sólo así estas Naciones fraccionarias podrían tener también algo de soberanía.

Pero la soberanía es una e indivisible. Es «una magnitud» que se rige, como la vida de un organismo, por la «ley de todo o nada»: o el organismo está vivo, o está muerto. Como caso particular: o la muchacha está embarazada o no lo está –pero no cabe decir, con el espíritu de la transigencia, que está «un poquito embarazada»–. [págs. 93-95]

(Gustavo Bueno, España no es un mito, Madrid 2005.)

2005 «La ideología o utopía que está actuando en la propuesta de ANECA, relativa a la reforma de las titulaciones lingüísticas, es la ideología o utopía de España como Estado federal, o, según otros, como “nación de naciones soberanas”, en cuanto dotadas de historia, cultura y lengua propias. En la propuesta de ANECA hay referencias explícitas a cinco o seis (según se cuenten) naciones-culturas soberanas (¿“Comunidades nacionales” de Francisco Rubio Llorente, presidente del Consejo de Estado?): Cataluña-Valencia-Islas Baleares; País Vasco (es decir, Euskadi, descontando las tres supuestas provincias francesas); Galicia; Asturias; y una quinta, sin nombre propio, que correspondería a una España residual que englobaría a Navarra, Aragón, Murcia, Andalucía, Extremadura, islas Canarias, Castilla y León y Castilla-La Mancha. Esta supuesta España federal se acogería, desde luego, a la Unión Europea, dentro de la cual estas cinco unidades político culturales podrían formar una región de “Estados libres asociados”, según Tratados ad hoc, sin perjuicio de su pertenencia independiente a la Unión Europea.» (Gustavo Bueno, “Comentarios a la propuesta de ANECA relativa a los estudios de lenguas, literaturas y culturas”, La Nueva España, Oviedo, 13 marzo 2005, en EC 37:17.)

«El concepto mismo de Estado federal es contradictorio, si es que sugiere que el Estado federal es un “Estado de Estados”, porque “Estado de Estados”, como “Nación de Naciones”, es una contradicción in terminis, muy fácil de decir con palabras, pero imposible de “pensar” por los ciudadanos, por mucha libertad de pensamiento que les concedan los redactores del Tratado-Constitución.» (Gustavo Bueno, “Tratado o Constitución”, El Catoblepas, febrero 2005, EC 36:2.)

«No, sino porque unos voraces financieros han visto la oportunidad de ocupar el sector energético español en pleno río revuelto del desembarco de Zapatero en el palacio de la Moncloa, mientras sus compañeros políticos de viaje han empezado a decir que España no es una nación sino una colección de naciones o una nación de naciones, como dice Maragall, mientras su socio en el Gobierno de Cataluña y en la gobernabilidad de Madrid, Carod-Rovira, afirma que lo del Estatuto es sólo un primer paso para la independencia de Cataluña un objetivo maximalista que de figurar en un programa de gobierno debería contar con su propio sistema de autoabastecimiento energético nacional.» (Pablo Sebastián, “Ataque político contra Endesa”, Wadi-as, Guadix, 11 noviembre 2005, pág. 21.)

«Pero sobre todo parece mentira que los incontables motivos de amistad profunda que esa digna y dramática historia ha tejido en España entre catalanes y castellanos, entre demócratas, entre ciudadanos de un país cuyo Rey ha hecho de la reconciliación un lema y un arte, que todo eso, digo, no baste para que la España de la desconfianza haya bajado banderas y aceptado que es una nación de naciones, como defendió mejor que nadie Anselmo Carretero, también exiliado en México y asiduo a los Congresos del PSOE, donde defendía sus ideas a las tantas de la madrugada.» (Pasqual Maragall [1941], “Parece mentira”, El País, Madrid, 8 diciembre 2005.)

«La conjuración llega hasta el paternalismo desbocado que considera muy suyo el protegernos estatutariamente de esas nuestras intimas vicisitudes. La mejor protección que podríamos pedir sobre esto es que nos dejen tranquilos. “Es por todo esto que el presente Estatut establece: 1. Que Cataluña es una nación en el Estado español y que ha vivido en los últimos 25 años la primera etapa histórica larga y sin obstáculos de autonomía democrática y progreso. 2. Que la Generalitat restablecida en 1931, nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes. 3. Que Cataluña considera a España una nación de naciones y al Estado español un Estado de carácter federal...” Efectivamente hubiera sido demasiado que las flaquezas del redactor nos hubieran dicho que Cataluña es una nación en la nación española. […] ¿Debemos agradecer a estos conjurados que España es... “lo que Cataluña considera”? Si la cosa no fuese tan grotesca deberíamos dar las gracias a estos catilinarios por hacernos –gracias a su Verbo– una “Nación de Naciones” de tantas raigambres bíblicas. […] “Que Cataluña considera a España una nación de naciones y al Estado español un Estado de carácter federal” es una manera palurda de decirnos que estos catilinos en su desvergüenza y por las gracias y calvas de los coronados con espinas en Jerusalén, tienen alguna potestad para hacer tal consideración que valga para algo y no únicamente para hacer una vez más el ridículo.» (José María Rodríguez Vega, “Crítica al Preámbulo del Estatuto catalán”, El Catoblepas, octubre 2005, EC 44:1.)

«Claro que, bien mirado, todas estas cuestiones no son más que pseudoproblemas. Hasta tendremos que agradecer a los redactores del Estatuto de Cataluña la solución que nos ofrecen, a saber, que si Cataluña es una “nación”, España será una “nación de naciones”, solución que parecen estar barajando desde el gobierno de España para hacer encajar el Estatuto de Cataluña con la Constitución española. Y esta fórmula es para quedarse no ya atónito sino “hiperatónito”. No contentos con definirse a sí mismos, la osada mayoría de los políticos catalanes pretenden una nueva definición para España. El problema es que una nación política constituida (como es el caso de España) ha de ser excluyente con las posibles naciones políticas que puedan surgir en su seno. Por un lado, una nación política sólo puede configurarse como tal frente a otras naciones políticas (realmente existentes) de su entorno. En el caso de España, frente a Francia o Portugal. Por otro lado, del mismo modo que dos personas no pueden formar una persona, dos o más naciones políticas no pueden formar una nación política. La expresión “nación de naciones”, como la fórmula “célula de células”, es una expresión contradictoria, una construcción inconsistente. Es más, en el hipotético caso de que pudiera generarse en un instante tal “nación de naciones”, el siguiente instante debería consistir en su inmediata desaparición, o dicho de otro modo, una “nación de naciones” dejaría de existir en el momento mismo de su postulación como tal. […] Y cuando Cataluña sea una “nación”, ¿será nombrado el gorila albino Copito de Nieve ciudadano honorífico de Barcelona y de Cataluña a título póstumo por quien fuera su íntimo amigo, el Alcalde Sr. Clos?, ¿formará parte Cataluña (como nación) de la ONU, o de la Sociedad de Naciones?, ¿participará Cataluña (como nación) en los campeonatos de selecciones nacionales deportivas que tengan lugar? (cabe recordar aquí que ya lo hizo con su selección de hockey sobre patines). Y, cuando España se convierta en una “nación de naciones”, ¿entrará a formar parte de la ONNU (Organización de las Naciones de las Naciones Unidas)?, ¿y de la Sociedad de las Naciones de las Naciones?, ¿se enfrentará España a Cataluña en un torneo de selecciones nacionales deportivas o de selecciones nacionales de naciones deportivas? Si Kafka levantara la cabeza…» (Demetrio Pérez Fernández, “Lingüísticamente atónito: un comentario sobre el Estatuto catalán”, El Catoblepas, octubre 2005, EC 44:20.)

«A la cuarta pregunta, ¿España es una Nación?, Bueno comienza señalando el hecho fundamental de las constituciones habidas desde 1812 en adelante, donde es reconocida España como nación en su sentido político, no meramente étnico (los nacidos en Asturias serían “nacionales” de esa región, sin que su nacionalidad deje de ser española). De hecho, España es nación política desde la constitución de Cádiz, de la izquierda liberal, y los intentos por negar esa nación no provienen sino de aquellos que pretenden volver a la situación de privilegios propia del Antiguo Régimen. Así, del “¡Muera la nación y vivan las cadenas!” de la ominosa década se pasa al carlismo ultramontano, inspirador del secesionismo racista vasco de Sabino Arana y del actual PNV, y también de otros partidos como ERC. Desde la pretensión de convertir en naciones políticas a las distintas autonomías, se está produciendo un intento de balcanización y de destrucción de España, pues las nuevas naciones serían incompatibles con España, que nunca sería “nación de naciones” salvo en las fabulaciones de Solé Tura y otros.» (José Manuel Rodríguez Pardo, “Contraataque frente a las mitologías que amenazan a España”, El Catoblepas, noviembre 2005, EC 45:24.)

«En hablando de asuntos constitucionales, ya se ha repetido hasta la saciedad que lo que se ha dado en llamar en plan cursi como el hecho diferencial no debería –en teoría y en buena lógica– atentar contra la unidad de España, que es la nación europea que algunos llaman invariablemente este país, o el Estado, que es aún mayor disparate. Lo de este país, por fortuna, tiende a desaparecer, y ya hasta los mismísimos y siempre mal hablados psoecialistas hablan abiertamente de España, sin el complejo o el miedo infundado que les producía hasta casi ayer mismo esa palabra, que estúpidamente relacionaban con el franquismo, aunque de último, a cuenta del cuento del Estatuto de los c. (catalanes, se sobreentiende), el PSOE del Zapatero prodigioso ha creado otra falsa polémica sobre la nación de naciones, las nacionalidades históricas o histéricas y otras simplonadas, o boberías bobas, por decirlo en canario redundante.» (Miguel Ángel de León, “Otro cumpleaños”, Isla, Lanzarote, 7 diciembre 2005, n° 438, pág. 39.)

2006 «Los redactores del proyecto de Estatuto recogen la aprobación que tuvo lugar en el Parlamento de Cataluña y piden que se ratifique también en el Parlamento español, a pesar de que su normativa, aunque se haya modificado en algunos aspectos, va contra la soberanía de todos los españoles. La famosa expresión replicativa de España como “nación de naciones” sólo tiene cierto sentido si se presupone que las distintas regiones o autonomías son naciones étnicas, no políticas, pues la soberanía política sólo puede delegarse, no compartirse. Pero Cataluña ni siquiera es una nación “étnica” –homogénea–, aunque algunos pretenden apoyarse en cuatro rasgos culturales y en una de sus lenguas propias –el catalán, marginando al español– para forjar una nación política fraccionaria, como advierte don Gustavo Bueno: “Los gitanos, por ejemplo, forman una nación étnica muy clara. Y los aimaras, de Evo Morales, lo mismo. Ya es un lugar común que los catalanes forman una nación étnica o si se quiere cultural. Me parece, sin embargo, que es excesivo, porque la mitad son andaluces o murcianos. Y antes de esa emigración tampoco, porque estamos mezclados desde siempre. Pero supongamos que formaron una burbuja mendeliana. Lo cierto es que, en cualquier caso, eso se acabó porque están completamente mezclados. Por eso pretenden construirla por decreto basándose en la lengua, las sardanas y la butifarra”, La Nueva España, 26 enero 2006.» (Antonio Sánchez Martínez, “La ambigüedad calculada del término ‘nación’ en el Estatuto de Cataluña”, El Catoblepas, febrero 2006, EC 48:11.)

Gustavo Bueno, España, ¿nación de naciones? (24 marzo 2006)

Intervención de Gustavo Bueno en la mesa redonda “España ¿Nación de naciones?”, llevada a cabo en el aula magna de la Universidad de Oviedo el 24 de marzo del 2006. Los otros dos ponentes fueron José Manuel Beiras (Santiago de Compostela) y José Ignacio Lacasta-Zabalza (Zaragoza). Moderó Jacobo Bastida (Universidad de Oviedo).

«b) Por otra parte las razones que alegan los secesionistas, de Galeusca, brevemente, para celebrar, como paz de la victoria, tanto el Estatuto como la tregua de ETA, no es otra sino la interpretación de este armisticio como señal de la próxima segregación de Cataluña, País Vasco y Galicia respecto de esa nación de naciones “superestructural” que se llama España, y su transformación en Estados independientes, separados de la pretendida Nación española por su cultura y su lengua, eso sí, dentro de Europa; una segregación que no excluye la posibilidad de que Cataluña, País Vasco o Galicia mantengan relaciones de amistad con Castilla-León, con Castilla-La Mancha, con Aragón o con Andalucía, como puedan mantenerlas con Bretaña o con Baviera. Cada cual hablando su lengua, es cierto, en su casa; pero hablando inglés en la casa de todos.» (Gustavo Bueno, “El estatuto catalán y la tregua de ETA”, El Catoblepas, abril 2006, EC 50:2.)

2006 Institucionalización vía Fundación Campalans

«El miércoles, 15 de noviembre de 2006, se presentó, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el libro Más allá de la nación. La idea de España como “Nación de naciones”, de Fernando Domínguez García. El libro, editado por la Fundación Rafael Campalans, pretende recuperar el concepto “Nación de naciones” que, después de ser utilizado durante el proceso de elaboración de la Constitución de 1978, cayó, durante mucho tiempo, en el olvido. La intención de la Fundación al encargar este estudio, a finales del año 2005, fue precisamente reivindicar el concepto y su constitucionalidad, como ponen de manifiesto los debates constituyentes, que terminaron aceptando los conceptos de “Nación” y “nacionalidad”, para referirse a España y a las distintas comunidades nacionales que la integran. El libro de Fernando Domínguez no sólo ahonda en la historia del concepto, sino que proyecta su validez para el futuro, como pieza clave de la España plural que se reconoce en su diversidad, como concepto de síntesis que permite conciliar la pluralidad de identidades nacionales, superando las distinciones entre nación política y nación cultural. Con el objetivo de proseguir el debate iniciado con la publicación y difusión de este trabajo, presentamos, en este número 10 de la colección “Debats” de la Fundación, las intervenciones de Antonio García Santesmases, Juan José Solozábal, Fernando Domínguez e Isidre Molas en la mesa redonda de presentación del libro. Cuatro intervenciones que desde perspectivas distintas apoyan la vigencia de la idea de España como “Nación de naciones”, a pesar de las dificultades políticas que tiene su plena aceptación.» (Albert Aixalà i Blanch. Director de la Fundació Rafael Campalans, “Presentación”, Els debats de la Fundació, núm. 10: «La idea de España como “Nación de naciones”», Barcelona 2007.)

La Fundación Rafael Campalans, en su sitio de internet (dominio fcampalans.cat registrado el 21 de abril de 2006) se presenta como “El think tank del socialisme català”. Según sus Estatutos de 2014 su patronato está presidido por Miquel Iceta Llorens, tiene un patrimonio de seiscientos un euro con un céntimo, y estos fines (art. 3): «a) Fomentar el coneixement i la difusió del pensament socialista. b) Ajudar a l’estudi i a la investigació de la història del pensament i actuació socialista. c) Ajudar a l’estudi i a la investigació dels corrents actuals del pensament socialista. d) Elaborar i subministrar informació sobre els temes que signifiquin un progrés per a la classe treballadora. e) Fomentar l’estudi i investigació en l’àmbit de les ciències socials, històriques i jurídiques per al millor acompliment dels fins anteriors.» Según el artículo 8 de sus estatutos: «Además de los nombrados en el acto fundacional, se accederá al cargo de Patrón o Patrona, que tendrá en sus funciones carácter gratuito, por medio de elección en la Comisión Ejecutiva del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC- PSOE), alcanzando la duración de todos ellos a un período de cuatro años consecutivos con posibilidad de reelección.»

Fernando Domínguez García (Barcelona 1978), licenciado en derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona (2000) y doctor en ciencias jurídicas por el Instituto Universitario Europeo de Florencia (2004, con la tesis Las regiones con competencias legislativas. Estudio comparado de su posición constitucional en sus respectivos Estados y en la Unión Europea), cumple el encargo que a finales de 2005 le hace la Fundación Rafael Campalans, quien publica su libro Más allá de la nación. La idea de España como “Nación de naciones” (Barcelona 2006, 138 páginas), con un prólogo del senador Isidro Molas. El autor de este libro es, desde mayo de 2008, letrado del Parlamento de Cataluña y profesor asociado de derecho constitucional de la UAB.

«1.4. Interrogantes en torno a la idea de “Nación de naciones”. ¿Cuándo se acuñó la expresión “Nación de naciones” y a qué hacía referencia originariamente? Con toda probabilidad, la expresión “Nación de naciones” surge en tierras de América del Norte, defendida por intelectuales de izquierda y atacada particularmente por varios Presidentes. En Estados Unidos se ha utilizado la expresión “Nation of nations” para referirse a la historia americana y a su formación como una Nación que ha sido tierra de acogida de muchas poblaciones originarias de diferentes naciones. Los intelectuales progresistas defendían que se tenían que conservar los orígenes étnicos y no disolverse en el sueño americano sin más. […] En España se utiliza la expresión “Nación de naciones” para reflejar que el Estado español tiene, a la vez, elementos de unidad y de pluralidad: es uno pero está formado por unidades que históricamente tenían una personalidad diferenciada. Plantea un concepto no excluyente de Nación, con rasgos políticos y culturales no perfectamente delimitados, que coexiste con unas naciones que tampoco están perfectamente definidas ni política ni culturalmente. […] Anselmo Carretero y Jiménez (1908-2002) con su obra Las Nacionalidades españolas (1952), reeditado y reelaborado posteriormente como Los Pueblos de España (1992), será el principal promotor de la expresión “Nación de naciones”.» (Fernando Domínguez García, Más allá de la nación. La idea de España como “Nación de naciones”, versión actualizada kindle 2012.)

«También se ha apuntado en el apartado 3.2 (Redacción, discusión y aprobación de la Constitución) que la idea de “Nación de naciones” fue utilizada por varios de los denominados “Padres de la Constitución”, o sea, los ponentes del Texto constitucional, y por diversos diputados y senadores de diferentes grupos. Baste ahora decir una obviedad y formular una hipótesis. La obviedad, como su nombre indica, es clara: la locución “Nación de naciones” referida a España no aparece en el texto de la Constitución española de 1978. La hipótesis pretende precisamente matizar la afirmación anterior: si bien la expresión “Nación de naciones” no aparece en el Texto constitucional el espíritu que transmite una comprensión global de los artículos referidos a la organización territorial (en particular el artículo 2, el Título VIII y algunas disposiciones adicionales y transitorias) indica que tal fórmula está implícita y se puede leer entre líneas.» (Fernando Domínguez García, Más allá de la nación. La idea de España como “Nación de naciones”, versión actualizada kindle 2012.)

«En su vertiente académica, Miguel Herrero de Miñón no acostumbra a utilizar la expresión “nación de naciones”, aunque en los escritos realizados en su época política en la UCD la utilizara. Se queda con su idea de “fragmento de Estado” extraída de Georg Jellineck y su conexión con los derechos históricos. Además, ha sido uno de los autores que más ha insistido en la idea que la Constitución permite que las Comunidades Autónomas se autodenominen de forma adecuada para expresar su sentir histórico, y en que las expresiones “nacionalidades” y “regiones” son muestra de ello.» (Fernando Domínguez García, Más allá de la nación. La idea de España como “Nación de naciones”, versión actualizada kindle 2012.)

«Después de la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2010, a la que se va a hacer mención a continuación, la expresión “Nación de naciones” ha vuelto a la discusión política y mediática por un artículo conjunto de Felipe González y Carme Chacón en el diario EL PAÍS del 26 de julio de 2010 en el que afirman que “la concepción de España como ‘Nación de naciones’ nos fortalece a todos”. El hecho que fuera un ex-presidente del Gobierno el que la empleara llevó a diversos políticos y periodistas a dar vueltas sobre el tema. Incluso Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex-presidente socialista de la Junta de Extremadura, respondió en el mismo periódico que su experiencia no contemplaba a España como “Nación de naciones” y que consideraba la expresión “indefinible”.» (Fernando Domínguez García, Más allá de la nación. La idea de España como “Nación de naciones”, versión actualizada kindle 2012.)

«No se puede sostener, como hace Xacobe Bastida, que la expresión “Nación de naciones” implica la conjunción de un concepto político de “Nación española” con un concepto cultural de nación aplicado a las “nacionalidades”. Vuelve entonces la resbaladiza y decimonónica dicotomía nación política-nación cultural. El citado autor considera que “pero lo que jamás podrá ocurrir es que una nación política abarque a varias naciones culturales y sea, al mismo tiempo, una nación cultural”. Xacobe Bastida es esclavo de unas categorías excluyentes, que incluso no casan bien con ejemplos históricos de pretendidos Estados-nación (como Francia) que han producido una asimilación parcial de las culturas periféricas y que, al no ser absoluta, coexisten la cultura estatal y la cultura de las nacionalidades.» (Fernando Domínguez García, Más allá de la nación. La idea de España como “Nación de naciones”, versión actualizada kindle 2012.)

2007 «A esta corriente interpretativa se adscribirán los grupos que defienden la idea de nación política española unitaria, y por tanto, los que rechazan de plano una construcción tan huera como la de “nación de naciones” que tan hondo ha calado en algunos sectores que se pretenden izquierdistas. Esta postura ante el fenómeno de la Guerra de la Independencia deberá enlazar con el pasado de la nueva nación política, es decir, con la nación histórica llamada España sin la cual no tendría lugar dicha transformación. Esta conexión la consideramos necesaria pues sin una nación histórica preexistente, difícilmente se podría entender la sublevación “deslocalizada” que tuvo lugar en 1808. En cuanto a la proyección del fenómeno hacia el futuro, éste deberá abordar la disyuntiva izquierdista entre los afrancesados y los liberales.» (Iván Vélez, “De curas y somatenes”, El Catoblepas, octubre 2007, EC 68:12.)

2008 «Y eminentes historiadores, cuando tratan de encontrar fórmulas para dar cuenta de la unidad real que creen percibir en la España medieval, más allá del esquema del conglomerado de reinos o de condados, o de la “teoría de los cinco reinos” (incluyendo al Reino de Granada), recurren a conceptos anacrónicos o tautológicos que utilizan del modo más incontrolado. Así, Carlos Seco, recurre al “concepto” de “nación de naciones”, combinado con el “concepto orteguiano” de “proyecto sugestivo de vida en común” y concluye que la unidad de la España de Jaime I era la unidad de un “proyecto sugestivo de vida en común que entendía a España como una nación de naciones”; y Luis Suárez, incurriendo en notable anacronismo, encuentra en el concepto de “monarquía hispánica” una fórmula suficiente para definir la unidad de la España histórica.» (Gustavo Bueno, “Bernardo del Carpio y España”, El Catoblepas, febrero 2008, EC 72:2.)

«La aparición en el hemiciclo de los representantes de los partidos catalanes –Arturo Mas, Manuela de Madre, José Luis Carod-Rovira– tuvo mucho de teatral. En su discurso, Mas defendió la “soberanía” del Parlamento catalán para formular sus proyectos, expresando el deseo de que España se reconociera “tal como es y se acepte tal como es: plurinacional, pluricultural y plurilingüística”. De Madre denunció “la España franquista y de la miseria”, que la obligó, como andaluza, a emigrar a Cataluña. Como si el Principado no formara parte entonces de esa España. Defendió que Cataluña era “una nación”; lo que, según ella, no implicaba negar la nación española, por que ésta era “una nación de naciones”. Y, frente a las críticas de un sector de la opinión pública y del Partido Popular, dijo: “ni las infamias ni las mentiras podrán nunca contra la fuerza democrática de la razón”. […] El eco-comunista-catalanista Herrera acusó al Partido Popular de “catalanofobia”. Evocó ucrónicamente a “los defensores del Madrid republicano con los que se solidarizaba el pueblo catalán”. Sin recordar –o conocer– la amargura de Manuel Azaña con respecto a las actitudes desleales de los nacionalistas catalanes y vascos hacia el bando republicano. Abogó por un modelo de Estado federal y por el reconocimiento de Cataluña como nación; lo que, a su entender, era compatible con el contenido del texto constitucional, ya que éste en su preámbulo hablaba del “pueblo español, pero también de los pueblos de España, reconociendo ese carácter de España como nación de naciones”.» (Pedro Carlos González Cuevas, “Gonzalo Fernández de la Mora: una visión crítica de la transición”, El Catoblepas, abril 2008, EC 74:14.)

«Otros proponen, su conversión en una “Nación de naciones” como pretendiendo decir algo, pero el problema reside, cuando se tiene en cuenta que la “soberanía” es una e indivisa (y no puede, diríamos, “repartirse”), en que esta fórmula es un mero flatus vocis (como pueda serlo “triángulo rectángulo de triángulos rectángulos”); de otro modo: si las “naciones” (Catalunya, Euskadi, Galizia...) que componen la “super-nación” (España) se dotan de soberanía (tal y como aparece expresado, pongamos por caso, en el preámbulo del nuevo Estatuto catalán) entonces, y eo ipso, España se desvanece en su condición de Nación política, y esta es, en efecto, la verdadera cuestión. Véanse argumentos dirigidos a la línea de flotación de estas especulaciones gratuitas (propias por ejemplo de personajes como Jorge Sole Tura, o Gregorio Peces Barba, &c., &c.) en Gustavo Bueno, España no es un Mito, Temas de Hoy, Barcelona 2005, págs. 94 y ss.» (Iñigo Ongay, “Nación política y particularismos en España e Hispanoamérica”, El Catoblepas, agosto 2008, EC 78:12.)

2009 «Tal es el caso del concepto de ciudadano. Aplicado a Eslovaquia o a Islandia puede dar valores inconexos; pero aplicado a Atenas o a Esparta, o a Roma o a Cartago, da valores incompatibles entre sí (Delenda est Cartago). Para poner ejemplos más cercanos. La ciudadanía vasca –o catalana, o gallega–, que viene arrastrada por la idea de nacionalidad vasca –o catalana, o gallega–, es incompatible con la ciudadanía española, del mismo modo a como la nación vasca es incompatible con la Nación española, siempre que tengamos en cuenta que la expresión “nación de naciones” es una expresión vacía, para el caso de las Naciones políticas. Por la misma razón, la ciudadanía europea es incompatible con la ciudadanía española, porque para que la ciudadanía europea fuera posible debería desaparecer la ciudadanía española, reabsorbida en una Europa política unida que fuera algo más que un fantasma ideológico-administrativo-burocrático. […] La Unión Europea no es un Estado Nación, ni por tanto es una Nación política. Hablar de una nación de naciones, como algunos pretenden, es una alternativa todavía más confusa, puesto que no distingue las naciones étnicas o culturales y las naciones políticas.» (Gustavo Bueno, “Educación para la Ciudadanía, una crítica desde la izquierda”, El Catoblepas, marzo 2009, EC 85:2.)

«Para presentar en pocas palabras nuestra perspectiva, el ateísmo esencial propio del Materialismo Filosófico no se “conforma”, por así decir, con negar la existencia del Dios monoteísta, puesto que, sabida la diferencia entre la esencia y la existencia de un ente, quien dice “Dios no existe” está presuponiendo la esencia de eso cuya existencia dice negar. Sin embargo, hablamos de un ateísmo esencial, frente al ateísmo existencial, cuando no se admite siquiera la esencia de Dios, es decir su misma Idea como tal. La Idea de Dios de la Teología Natural, para el ateísmo esencial, es una construcción conceptual tan preñada de contradicciones que no es siquiera posible “pensarla” en sentido estricto. Es una “paraidea”, o una pseudoidea, como “decaedro regular” o “nación de naciones”.» (Atilana Guerrero Sánchez, “Un “bus ateo”, sí, pero ateo protestante”, El Catoblepas, marzo 2009, EC 85:11.)

«Pero también los autores aclaran y refutan conceptos oscuros y confusos de nuestro presente, como el denominado “patriotismo constitucional”, pues asumirlo es tanto como suponer que España nace con la Constitución de 1978 y no antes, seudoconceptos como “nación de naciones” (de entidad equivalente al absurdo “círculo de círculos”), “nacionalidad histórica” (usado para atribuirle Historia a Cataluña o al País Vasco y negársela a España) y otros muchos embrollos “semánticos” en los que se apoya el secesionismo para sus planes de segregación de España.» (José Manuel Rodríguez Pardo, “Un ideario para la ciudadanía y la nación española”, El Catoblepas, marzo 2009, EC 85:23.)

2010 «[Pascual Maragall Mira] Se trata, sin duda, de un hecho sorprendente porque, una vez convertido en el líder del PSC candidato a presidir la Generalidad, no tendrá otro norte que el de lograr que se reconozca a Cataluña como nación, de suerte que en una entrevista al diario Abc del 6 de Noviembre de 2005 confesaría que podría admitir cambios en el texto estatuario a su paso por las Cortes Generales, pero que entre los “temas sustanciales” está el de la nación y que considera irrenunciable la definición de Cataluña como tal: “No pasaremos por no ser nación”; y es también llamativo porque al final de su mandato como Presidente de la Generalidad, en la celebración de la Díada de 2006, anunció solemnemente que con el logro para Cataluña de un estatuto de nación ésta “ya ha conseguido lo que quería”, con lo cual se podía decir que él había cumplido con la misión histórica que se había trazado de conducir a Cataluña a la tierra de promisión del reconocimiento de su identidad nacional: “Este es un mes de Septiembre alegre, porque por primera vez celebramos una victoria; no sólo nos hemos rehecho de la derrota de 1714, sino que ahora tenemos la victoria del nuevo Estatuto. Cataluña vuelve a tomar aquello que entonces perdió: un estatuto de nación. Cataluña es hoy una nación dentro de la nación de naciones que es España, y eso nos ha costado mucho de conseguir”.» (José Antonio López Calle, “El golpe de Estado estatutario de José Luis Rodríguez Zapatero”, El Catoblepas, enero 2010, EC 95:10.)

«Lo conseguido hasta ahora, convivir en paz y libertad sin renunciar a lo que somos ni a lo que queremos ser, es lo que importa, a pesar de quienes se empeñan en atizar el enfrentamiento. Nuestro reto no se limita a restituir los preceptos del Estatut objetados que pueden recuperarse. Va más allá. Debemos demostrar que estos 30 años de convivencia y autogobierno no han sido un paréntesis, sino el inicio de una nueva etapa; hemos de poner de manifiesto que la Constitución de 1978 fue punto de encuentro y de partida; que la concepción de España como “Nación de naciones” nos fortalece a todos. Que no hay ninguna razón para rechazar la diversidad identitaria que caracteriza a España como una nación política y cultural, no como un mero armazón jurídico. Este reto exige perseverancia y energía, porque implica trabajar sobre una materia que no son solo preceptos legales, son emociones y sentimientos de pertenencia. Pero en este reto nos jugamos la convivencia libre, democrática, en paz.» (Carme Chacón Piqueras [1971-2017, entonces Ministra de Defensa de España, gobierno Zapatero] & Felipe González Márquez [Sevilla 1942, entonces miembro del Consejo de Administración de Gas Natural Fenosa], “Apuntes sobre Cataluña y España”, El País, Madrid 26 julio 2010.)

2012 «Según esto no constituiría un sinsentido hablar de nación de naciones en el plano étnico-cultural en cuanto con esta expresión se quisiera indicar una nación cuya génesis está en la íntima comunión o aun fusión de precedentes naciones asimismo étnico-culturales (Ésta sería natio ex nationibus = nación a partir de naciones que se funden y diluyen). En cambio, hablar de nación de naciones en el sentido político como realidad en la que se dieran actuales y actuadas diversas naciones (natio nationum= nación de naciones) sería como hablar de Estado de Estados, sería incurrir en una contradicción o construir una expresión equivalente a la de confederación de estados{4}. Y permítasenos advertir sobre la conveniencia de no perder de vista ni la historicidad y “evolución” o historia evolutiva de las naciones, ni el hecho de que la pluralidad de naciones llegará hasta el fin de la historia ¿y aun la traspasará? (Ap 7, 9-10)» (Teófilo González Vila, “Sobre la unidad de España”, parte III de V, Madrid, 10 de diciembre de 2012.)

2013 «La trayectoria de Beiras, en definitiva, se ajusta perfectamente al recorrido ideológico experimentado en España a partir de finales de la década de los años 50. Fruto de esta subvencionada y nebulosa nematología, cristalizó un enfermizo modelo político que permite, e incluso fomenta, amparada en su esquizofrénica legalidad, la existencia de organizaciones como la liderada por el histriónico Beiras, cuya nívea testa es capaz de albergar la imposible idea de “nación de naciones”.» (Iván Vélez, “Beiras, un español enfermo”, El Catoblepas, agosto 2013, EC 138:9.)

2014 «En cualquier caso, parece evidente que la acogida que tuvo en España, entre los políticos progresistas “de izquierdas” o adheridos, la idea de un “patriotismo constitucional”, no era una simple ocurrencia inocente para exaltar la nueva Constitución, convirtiéndola en un fetiche; era una tapadera imprescindible para encubrir las inconfesables tendencias de las corrientes virtualmente secesionistas que la Constitución de 1978 reconocía como “nacionalidades” vivientes en la “Nación de naciones” (para los más radicales: “prisión de naciones”).» (Gustavo Bueno, “La idea del ‘patriotismo constitucional’”, El Catoblepas, abril 2014, EC 146:2.)

2016 “Nación de naciones” según Miquel Iceta

El bachiller Miquel Iceta Llorens (Barcelona 1960), concejal por el PSC del Ayuntamiento de Cornellá (1987-1991), director del Departamento de Análisis del Gabinete de la Presidencia del Gobierno de España (1991-1995, mientras Narcis Serra era Vicepresidente del Gobierno de España cuando Felipe González), diputado en las Cortes Generales por Barcelona (1996-1999), diputado del Parlamento de Cataluña desde octubre de 1999 –durante esa campaña electoral “salió del armario”–, primer secretario del PSC Partido de los Socialistas de Cataluña desde julio de 2014, presidente del patronato de la Fundación Campalans (recuérdese, la institución que había decidido en 2005 recuperar el concepto de “nación de naciones”), candidato a la presidencia de la Generalidad en las elecciones del 27 septiembre 2015, resucita la ideología “nación de naciones” en el XIII Congreso del PSC (Palacio de Congresos de Barcelona, 4 a 6 de noviembre de 2016, bajo el lema “Cataluña, tiempo de cambio”) convencido de que había sido acuñada por Anselmo Carretero.

«El pacto constitucional de 1978 ha facilitado el periodo de mayor autogobierno, de libertad, de progreso, de paz y de estabilidad de nuestra historia reciente, pero evidentemente, no ha estado exento de crítica ni de problemas en su traslación a la práctica política, y en todo caso está dando muestras claras de agotamiento. En el contexto actual, resulta no sólo necesario sino también urgente la consecución de un nuevo pacto constitucional, que transforme en profundidad el Estado para construir una auténtica federación, y que sirva al mismo tiempo para profundizar en su carácter democrático y garantizar su carácter social. La nueva Constitución federal debe reflejar claramente, como parte del pacto constituyente fundamental, la opción por un modelo de carácter federal con sus consecuencias de reconocimiento y garantía de la autonomía política de los entes federados y de los sistemas de integración en las decisiones estatales. Debe permitir también la transformación del Estado en un Estado federal integrado por diversos entes federados (actuales comunidades autónomas), que adoptarán la denominación e instituciones que prefieran. El principio federal, a través de la mutua lealtad de todas las partes, debe inspirar la solución a los problemas existentes y debe resultar compatible con su carácter plural como nación de naciones, y con el reconocimiento de opciones políticas y legislativas propias de cada uno de los entes federados. Este nuevo pacto constituyente culminaría, tras un proceso en el que la voluntad de la ciudadanía se debería expresar en varias ocasiones mediante sus representantes, con una expresión directa, vía referéndum, de la ciudadanía catalana, junto con el conjunto de la ciudadanía española. En cualquier circunstancia, el PSC defenderá un planteamiento federal y democrático buscando un acuerdo que la ciudadanía pueda ratificar en referéndum. La consideración del Estatut como Constitución del ente federado, deberá ser refrendada por el pueblo de Cataluña, que así decidirá libremente su relación con el Estado en el marco del autogobierno iniciado por la ratificación de los Estatuts de 1979 y 2006.» (Socialistes de Catalunya PSC, Catalunya, temps de canvi, XIII Congrés [Barcelona 4-6 noviembre 2016], Resolución política –“versión castellano”–, pág. 12.)

«Ha de permetre també la transformació de l’Estat en un Estat federal integrat per diversos ens federats (actuals comunitats autònomes), que adoptaran la denominació i institucions que prefereixin. El principi federal, a través de la mútua lleialtat de totes les parts, ha d’inspirar la solució als problemes existents i ha de resultar compatible amb el seu caràcter plural com a nació de nacions, i amb el reconeixement d’opcions polítiques i legislatives pròpies de cadascun dels ens federats.» (Socialistes de Catalunya PSC, Catalunya, temps de canvi, XIII Congrés [Barcelona 4-6 noviembre 2016], Resolució política, pág. 12.)

«Nacionalidad y nación son conceptos sinónimos en la Constitución (…) Por eso algunos hablamos de España como nación de naciones y regiones» (Miguel Iceta Llorens, gorjeo del 7 noviembre 2016 a las 7:48 p.m.)

Fragmento audio de 63 segundos de la intervención de Miquel Iceta al clausurar el XIII Congreso del PSC, Barcelona, 6 noviembre 2016.

«Quiero compartir un fragmento de mi intervención en la clausura del XIII Congreso de @socialistes_cat sobre el concepto ‘nación de naciones’. [inserta un vídeo de 63 segundos de su intervención el 6 noviembre 2016, en catalán y en español, subtitulada así en español:] “Y sí, Catalunya quiere ser reconocida como nación, como lo que nos consideramos. Nadie ha de ver en esta afirmación de Catalunya como nación ningún riesgo, ni para la unidad de España, ni para la fraternidad entre los españoles. Es sencillamente que Catalunya pueda ser conocida y reconocida como lo que siente. Y es verdad que aquí también hemos trabajado muchas veces intentando encontrar la definición de nación que pueda ser suficientemente incluyente para que no levantara recelos innecesarios. Afortunadamente, Óscar [se dirige al senador Óscar López Águeda (Madrid 1973), Secretario general del PSOE de Castilla y León 2008-2012, Secretario de Organización del PSOE 2012-2014, Portavoz del Grupo Socialista en el Senado 2015-2016, luego Presidente-Consejero Delegado de Paradores de Turismo de España, hasta ser nombrado por Pedro Sánchez, el 10 de julio de 2021, jefe de Gabinete de su Gobierno en sustitución de Iván Redondo; cuando el reajuste que llevó a Iceta al ministerio de Cultura y Deportes], tenemos una referencia castellano-leonesa, bueno, de hecho, leonesa, para ser más exactos, que era la de Anselmo Carretero, que fue el primero en acuñar esta expresión de nación de naciones, y por lo tanto, Luis [se dirige a Luis Tudanca (Burgos 1978), Secretario general del PSOE de Castilla y León desde octubre de 2014], cuando nos digan esto es un invento de los catalanes yo os pido que saquéis un poco de pecho y digáis: No, esto es de Anselmo Carretero (aplausos)”].» (Miquel Iceta Llorens, gorjeo del 8 noviembre 2016 a las 11:54 a.m.)

«Felipe González y Carme Chacón en 2010: “la concepción de España como ‘Nación de naciones’ nos fortalece a todos” [incluye un enlace al diario El País de 26 de julio de 2010]» (Miguel Iceta Llorens, gorjeo del 8 noviembre 2016 a la 1:52 p.m.)

2017 «Desde nuestro catalanismo defendemos una relación federal entre Cataluña y España, precisamente porque no creemos que Cataluña y España sean realidades separables. Creemos que Cataluña es una nación plural y diversa, que la cultura catalana posee la riqueza de poderse expresar en diferentes lenguas, y creemos también que España es una nación de naciones en la que nadie tiene por qué negar o discutir su identidad a nadie. España es una nación de naciones que funda su unidad a partir del principio de igualdad de derechos entre todos los ciudadanos, y de la garantía del derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran. Por cierto, ¿acaso se ha olvidado que en 1978 nacionalidades y naciones eran sinónimos? ¿No fue por eso que la ultraderecha votó en contra de la Constitución? ¿No fue por eso que significados exponentes de la derecha votaron en contra del artículo 2 de la Constitución? En este sentido, resulta ilustrativo recuperar el debate constitucional como lo hace Fernando Domínguez García en su libro Más allá de la nación. El propio Gregorio Peces-Barba, padre socialista de la Constitución, en su libro La elaboración de la Constitución de 1978, recuerda: “Acepté desde el principio que el término nacionalidades era sinónimo de nación y que, en ese sentido, España era una nación de naciones y regiones, y señalé abundantes ejemplos históricos, claves en la formación del Estado moderno donde la ‘nación’ no había sido relevante” (p. 239).» (Miquel Iceta, La Tercera Vía. Puentes para el acuerdo, prólogo de Ángel Gabilondo, Los Libros de la Catarata, Madrid [1° abril] 2017.)

2017 «El candidato a liderar el PSOE Pedro Sánchez ha defendido hoy en Barcelona que Cataluña sea reconocida como “nación” dentro de una España “nación de naciones”, al ser la única vía para superar el “grave conflicto” territorial, y ha admitido sentirse identificado con la propuesta federalista del PSC.» (“Sánchez pide reconocer a Cataluña como nación en España ‘nación de naciones’”, efe.com, Barcelona 22 abril 2017.)

«El PSOE está en campaña y Pedro Sánchez, que ha concedido una entrevista a La Vanguardia, expone sus ideas sobre la llamada “cuestión catalana”: “Catalunya es una nación y España es nación de naciones”, asegura el candidato. La idea viene de lejos: el concepto “nación de naciones” fue empleado por el ponente socialista Gregorio Peces-Barba durante el debate constitucional e implica que la diversidad territorial española tiene una profundidad superior a la de otros países europeos. El término fue acuñado en el exilio mexicano por el intelectual castellano Anselmo Carretero, un socialista federalista autor de varias obras al respecto. En busca de rédito electoral en Catalunya, Sánchez decide ahora archivar su calculada ambigüedad sobre esta cuestión y retomar la idea de la “nación de naciones”.» (Enric Juliana [Badalona 1957], “Nación de naciones, ¿de dónde sale esa idea? El director adjunto de La Vanguardia, Enric Juliana, analiza la visión de Pedro Sánchez sobre la ‘cuestión catalana’”, La Vanguardia, 22 abril 2017.)

«Juan Carlos Merino: ¿Cómo valenciano y también como español puede entender a Catalunya como una nación cultural?
José Luis Abalos: Claro que sí, porque tiene un hecho diferencial clarísimo, tiene elementos de identidad muy claros que lo definen como una nación cultural y, sobre todo, tiene un sentimiento de su gente, una aspiración a ello. Por tanto, claro que sí. Ahora, aprecio tanto a Catalunya que no la quiero fuera de España. España debe ser acogedora, España debe ser una gran nación, y una gran nación es una nación de naciones.» (Juan Carlos Merino entrevista a “José Luis Ábalos: ‘Claro que Catalunya es una nación cultural’. El portavoz valenciano del PSOE en el Congreso es el hombre fuerte de Pedro Sánchez en su nuevo mandato al frente del PSOE”, La Vanguardia, Barcelona 4 junio 2017.)

«El secretario general, Pedro Sánchez, se mostró este sábado firmemente convencido de que la apuesta federal del PSOE es la única posible para afrontar el denominado problema con Catalunya, y proclamó: “La España, nación de naciones, va a llegar, porque el centralismo es el pasado”. Sánchez, que intervino en Barcelona en el acto de proclamación de Miquel Iceta como candidato del PSC a la Generalitat, recalcó que nadie se asuste por el concepto de “nación de naciones” recordó que es el mismo concepto que defendieron padres de la Constitución como Jordi Solé Tura o Gregorio Peces-Barba, “o el mismo que tenía Carme Chacón o Pascual Maragall”, añadió.» (Manuel Sánchez González [Cáceres 1967, periodista], “Sánchez: ‘La España nación de naciones va a llegar, el centralismo es pasado‘. Iceta pide la implicación de todos los socialistas de España en el proyecto del PSOE para Catalunya”, publico.es, Barcelona 15 julio 2017.)

«Hasta culminar hoy, lo cual aconseja una reforma que precise lo anunciado en el artículo 2 de la vigente Constitución, respondiendo a esa fórmula de “nación de naciones” y a la concepción de una España –no un Estado– plurinacional. Advirtiendo de paso, en contraste con el independentismo, que caben en democracia naciones sin Estado propio, o compartiendo un Estado: caso de Bélgica. […] La articulación en el marco de la “nación de naciones” requiere así el reconocimiento de Cataluña y de Euskadi como naciones, imbricadas con el tronco español, porque con la historia, la cultura y el comportamiento político, así lo refrendan una y otra vez las encuestas de identidad, según esa condición dual que los independentistas tratan de erosionar, y en Cataluña desde 2012, de eliminar traumáticamente.» (Antonio Elorza Domínguez [Madrid 1943], “La tercera vía. La solución democrática al independentismo catalán es federal, no de ruptura”, El País, Madrid, 17 julio 2007.)

«El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez ha participado esta mañana en un desayuno informativo. Allí, ha explicado su concepto de “nación de naciones”. Sánchez dice que hay que vivir con “normalidad” el hecho de que España es un país complejo. Además, sostiene que “hay que normalizar una realidad que es compleja en un mundo que acepta que la nación no se identifica únicamente con los límites de un Estado, sino que en un Estado pueden compartirse distintas identidades nacionales”. “La nación de naciones estaría formada por España, Cataluña, Galicia y País Vasco”, ha precisado.» (Redacción, “Pedro Sánchez: ‘La nación de naciones estaría formada por España, Cataluña, Galicia y País Vasco’”, ABC, Madrid, 5 septiembre 2017.)

2019 «En el redactado final [del programa definitivo que saldrá del XIV Congreso del Partido de los Socialistas de Cataluña], de una cuarentena de páginas, el PSC “se propone como la fuerza superadora de bloques y diferenciada de unos y otros”. Se subraya la necesidad de “rehacer pactos” e impulsar una “mejora del autogobierno y de la financiación”. Todo, partiendo del “reconocimiento de Catalunya como nación”, una premisa que, como recuerdan fuentes del partido “no es la primera vez que ponemos por escrito”. Sí que es nueva, en cambio, la coletilla del concepto de España como “nación de naciones”.» (Marina Fernàndez Torné [periodista, asesor de la Generalitad de Cataluña], “La tercera vía 2.0 del PSC: revisión del modelo de inmersión y nación de naciones”, elnacional.cat, Barcelona 14 diciembre 2019.)

Gustavo Bueno Sánchez, España, ¿nación de naciones? (1h 6m)

Vitoria, 12 de julio de 2021

gbs