Filosofía en español 
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4 de enero

Buda

Con el nombre de Buda o Budha, designaban los primitivos indios la Inteligencia absoluta o Razón suprema y también las diversas encarnaciones de esta razón suprema; mas por antonomasia llamaron Buda al hombre extraordinario que fue la cuarta de dichas encarnaciones. Según las tradiciones religiosas del Budismo, el fundador de esta religión, antes de recibir el nombre que va al frente de esta página, tenía el de Siddarta y era hijo de un rey, y, como encarnación de la Inteligencia absoluta, llegó a ser el más hermoso y el más sabio de todos los hombres; pero acerca de la época en que vivió reina gran confusión, fijándola unos hacia el siglo VI antes de nuestra era, otros en el XI del mismo cómputo, y algunos, entre ellos Klaproth, la hacen remontar hasta mil años antes de Jesucristo. Tan enormes diferencias cronológicas provienen sin duda de que, antes del personaje cuya biografía tratamos de hacer, hubo otros designados con el mismo nombre por ser tenidos también como encarnaciones de la Razón suprema.

Buda, para cumplir su misión divina, renunció, cuando tenía 29 años a los honores reales de su familia; y, dejando a esta, se retiró a un desierto, donde permaneció seis años haciendo una vida penitente y contemplativa, regresando luego solemnemente a Benarés, su patria, donde fue ya reconocido y adorado como encarnación de la Inteligencia absoluta; esto es, como Buda. Recorrió después todas las provincias del Indostán, predicando su doctrina y arrostrando las persecuciones de los bramanes o sacerdotes del Bramanismo, que era la religión primitiva del país; y, cuando llegó a la edad de 80 años, subióse a un árbol, donde permaneció en oración dos meses y medio, al cabo de los cuáles cesó de vivir como hombre. Su espíritu pasó entonces a otro, designado por él, y así sucesivamente; de suerte que el actual Dalai-Lama, o gran sacerdote del Tibet, es la última encarnación de Brama o de la Inteligencia absoluta hasta el presente.

La doctrina enseñada por Buda o sea el Budismo, es una especie de protestantismo o reforma del culto bramánico, pues rechaza la autoridad de los Vedas o libros sagrados y condena la división de castas, proclamando la igualdad de todos los hombres y la fraternidad universal.

Por esto muchos orientalistas han creído notar ciertas analogías entre el Budismo y el Evangelio; y, extremándolas Jacoliot, compuso la obra titulada El Catolicismo antes de Cristo, con el fin preconcebido de probar que casi todos los dogmas y ritos cristianos se encuentran en el fondo de la religión fundada por Buda.

La concepción del mundo en este sistema abraza dos partes, a saber: el universo material visible, llamado Sansara, en que viven todos los seres animados, y el invisible o sea lo inmaterial absoluto, que se designa con el nombre de Nirvana, y constituye el estado de perfección que debe ser el fin del hombre. Para mostrar la senda que a tan alto fin conduce, vienen de tiempo en tiempo los Budas. El hombre pasa por todos los grados de la vida, esto es, por la metempsicosis o transmigración del alma, a través de todos los cuerpos y de todos los astros, conforme a sus méritos, hasta llegar a absorberse en la Sustancia eterna y absoluta; de suerte que el Budismo termina en un panteísmo, del cual se halla enteramente desterrada la idea de una creación primitiva. Para alcanzar el supremo bien y evitar la metempsícosis eterna, es preciso mantener constantemente el espíritu en lucha con los sentidos, procurando emanciparle de las necesidades y leyes del elemento material o sea el cuerpo. Esta enseñanza produjo la secta de los Gimnosofistas o sabios desnudos, que mortificaban la carne incesantemente y renunciaban a los goces de la vida.

Tal era la doctrina fundamental del Budismo, que luego ha sufrido grandes modificaciones; pues sus sacerdotes, llamados Bonzos, la han desnaturalizado con multitud de supersticiones y ceremonias extravagantes. Los budistas, arrojados al principio de toda la India por los bramanes, extendieron su religión por la isla de Ceilán y más tarde por la China, el Tíbet y el Japón: de suerte que llegó a dominar toda el Asia oriental. Hoy mismo es el culto que cuenta mayor número de sectarios. La historia del Budismo ha sido hecha por los eminentes orientalistas Burnouf y Saint-Hilaire.