Filosofía en español 
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14 de enero

Salomón

La personalidad histórica que va a ser objeto de estos apuntes biográficos es tan grande, que, desbordando sobre los estrechos límites del pueblo a que pertenece, toma carácter cosmopolita y entra en los dominios de la Historia Universal; porque, en efecto, su nombre ha venido a ser un tropo con que se designa a todos los sabios, y los monumentos, ya arquitectónicos, ya literarios, que dejó al mundo, figuran brillantemente en el inventario de las grandezas y las glorias de que se ufana la Humanidad.

Salomón, hijo de David, rey de los hebreos, sucedió a su padre, en el año 1025 antes de Jesucristo, y en su tiempo la nación judía vio realizado aquel deseo que la determinó a cambiar el gobierno de los Jueces por el de los reyes, esto es, el tener un príncipe guerrero y poderoso que, como los de Asiria y Babilonia, sus vecinos, llevaran a los israelitas por medio de las armas a la conquista de otros países con que dilatar y engrandecer el suyo. El nuevo monarca inauguró su reinado con guerras en que obtuvo como premio de sus victorias la anexión de varios territorios limítrofes; pues tomó a Damasco, sometió el reino de Hamath, el de los Heteos, el de los Amorreos y otros, llegando a poner como frontera de su poderosa y floreciente monarquía, por una parte el Éufrates, y por otra el Egipto.

Para asegurar estos límites, levantó en ellos fortalezas, y luego edificó a Palmira en un oasis del desierto de Siria, construyó el puerto de Asiongabert en el golfo arábigo, del cual salían sus flotas en busca de oro y de perfumes a la tierra de Ofir en la India; y por último erigió en la capital de su reino, Jerusalén, y sobre una colina del monte Moria, el grandioso templo que lleva su nombre y fue era una de las maravillas del orbe. Su amigo y aliado Hiran, rey de Tiro, le proporcionó artífices inteligentes y copiosos materiales: treinta mil carpinteros cortaban cedros en el monte Líbano para sacar sus olorosas maderas, y ochenta mil operarios hacían las demás faenas, habiendo invertido ocho años y medio en la terminación de esta obra colosal en que, según algunos, tuvo origen la Masonería, como organización gremial de obreros, que, haciendo un secreto de su arte y reconociéndose por signos determinados, establecieron entre sí lazos de fraternidad universal.

Además de esta suntuosa fábrica, levantó Salomón una ciudadela y un palacio en la colina de Sion, rodeó toda la ciudad de murallas, y la dotó de abundantes aguas traídas de muy lejos y que venían por soberbios acueductos. Dio a su corte el aparato deslumbrador y el lujo, verdaderamente oriental, de los imperios vecinos; y, como parte de ese lujo, se permitió tener hasta sesenta mujeres y ochenta concubinas. Los estragos que en su naturaleza producían el abuso de los placeres, fueron causa de que se anublase o extinguiese en su privilegiada inteligencia el sol de aquella sabiduría que Dios le había concedido como don especial y que le hizo el monarca más famoso del antiguo Oriente; pues de todas partes venían a visitarle y proponerle enigmas para medir el nivel de su ciencia. Entre los príncipes que con tal motivo fueron de luengas tierras a Jerusalén, se encuentra la reina de Saba, que tenía sus estados en el interior de la Arabia, y que permaneció mucho tiempo al lado de Salomón.

Los monumentos en que la sabiduría de éste ha quedado atestiguada, son, además de aquellas celebradas sentencias o fallas que dictaba en los juicios sometidos a su decisión, los Proverbios, de los cuales consta que escribió tres mil, aunque solo una pequeña parte ha llegado hasta nosotros; el Cántico de los Cánticos, a mas del cual compuso otros mil cantares; y el Eclesiastés o el Predicador, aunque la crítica duda modernamente en adjudicarle la paternidad de estos últimos libros a Salomón. Los Proverbios contienen ya sentencias y aforismos cortos, ya discursos largos y parábolas, donde está recogida toda la experiencia de un pueblo; el Eclesiastés trata de la vanidad de las cosas terrenas y empresas humanas, exhortando al goce tranquilo de la vida; y el Cántico de los Cánticos es una colección de cantares eróticos que enaltecen el amor y fidelidad a la patria y a la casa, guardados con espíritu moral, sobre el inconstante apetito que engendra el lujo de mujeres en el harem de los príncipes orientales.