Filosofía en español 
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20 de enero

Columela

Escasísimas son, por desgracia, las noticias que poseemos acerca del más notable escritor de agronomía que presenta la antigüedad, y con cuyo nombre honramos esta efeméride.

Lucio Junio Moderato Columela, a quien nos referimos, es natural de Cádiz, la hermosa cuna de tantos y tan preclaros varones: él mismo lo declara así en el verso de su inmortal obra, diciendo: «Et mea quam generant Tartesis littore Gades», pero lo que no consta por documento alguno, es la fecha de su nacimiento, si bien se conjetura que debió ser a principios de la era cristiana.

Sábese que poseía extensos territorios en toda la Bética, y que en ellos aprendió prácticamente desde joven los conocimientos de agricultura que luego había de extender, en forma tan bella como científica, por todo el mundo. A fin de ver y comparar las diversas prácticas que suelen tener los países sobre el cultivo de los campos, viajó por todos los que baña el Mediterráneo, y por fin se estableció hacia el año 42, como Balbo y tantos otros gaditanos ilustres, en Roma, su segunda patria, pues ya no salió de ella mas que para hacer breves y cercanas excursiones. Algunos creen, sin embargo, que estuvo mucho tiempo en diferentes comarcas de Asia, tal vez desempeñando cargos públicos o al lado de un pariente que ejerció el gobierno de Siria; pues en un pasaje de su obra habla de haber visto en aquel país ciertas particularidades relacionadas con la viticultura.

Consta igualmente que, como todos los romanos ricos, tenía en las inmediaciones de la ciudad del Tíber granjas o casas de campo, donde pasaba largas temporadas ensayando los métodos de labranza que había tenido ocasión de ver en todas partes o que consideraba como mejores. Gozaba por consiguiente fama de ser el más sabio agrónomo y tenía valimiento en la corte imperial; más no se determina la época en que murió.

La obra que escribió sobre la ciencia en que era tan versado lleva el título De Re rústica y consta de 12 libros, a los cuáles va unido como apéndice o suplemento otro que se denomina De Arboribus: todos estos libros se hallan escritos en prosa, menos el décimo que está en verso, sin duda porque tratando de los jardines, –De cultu hortorum, se titula– la materia convidaba a lucir las galas poéticas, que nuestro gaditano, como casi todos los andaluces, atesoraba en su meridional fantasía. Por esta razón muchos incluyen a Columela en el número de los grandes vates latinos, a más de considerarle todos como uno de los mejores prosistas. Él supo evitar la aridez que es propia en toda composición didáctica, y aun elevar en ocasiones el estilo a la esfera de las obras puramente artísticas. Así lo reconoció la Academia greco-latina de nuestro país en 1840, diciendo en su informe sobre el tratado De Re rústica: «El lenguaje de Columela es castizo y puro en cuanto el asunto lo permite. La obra se halla escrita en un estilo medio, excelente en su línea y siempre sostenido, de modo que Columela supo dar a toda la composición y a cada una de sus partes el tono que les correspondía, atendidas las circunstancias.» Y el erudito Teodoro Beza consagró a tan peregrino ingenio unos versos latinos que finalizan con este apóstrofe.

«¿Cuál fue entonces, ¡oh Roma! tu alta gente,
si hubiste un labrador tan elocuente?»

Ello es que la obra de Columela fue sin segunda en España, hasta los tiempos en que otro ingenio andaluz, el árabe Abu-Zacaria, natural de Sevilla, compuso su famoso Tratado de Agricultura. Cádiz ha rendido un homenaje de admiración a su ilustre hijo elevándole una estatua.