Filosofía en español 
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6 de Marzo

Krause

El racionalismo armónico, última evolución de la filosofía moderna y que en España tiene distinguidos representantes, reconoce por fundador a Carlos Cristian Federico Krause, que nació en Nobitz (Ducado de Sajonia-Altemburgo) en 6 de Marzo del año 1781; siendo de complexión tan débil y enfermiza, que hasta los once años puede decirse que no salió de su cuarto ni casi de los brazos de sus padres. Como compensación a naturaleza tan delicada, mostró desde muy niño un talento y una seriedad de juicio verdaderamente precoces. Comenzó sus estudios en la escuela de Dondorf, y el nuevo método de vida fortaleció algo su cuerpo, dándole agilidad y desarrollo. Paralelamente desenvolvía sus felices disposiciones intelectuales y daba pruebas de tanta aplicación, que a los trece años poseía el francés, el latín y el griego, habiendo traducido para su estudio la Odisea, al propio tiempo que hacía en la música progresos admirables. De 1795 a 97 cursó en la escuela de Altemburgo, y desde este año al de 1800 en Jena, donde estudió teología por complacer a su padre; pero su vocación le inclinaba a la filosofía, y mucho más desde que oyó a Fichte y a Schelling, que por entonces regentaban cátedras en la Universidad de dicha población.

En ella dio también Krause celebradas lecciones sobre matemáticas, derecho y filosofía; pero la invasión francesa dispersó en 1804 a la Juventud estudiosa de Jena, y el joven profesor, cuya salud estaba tan resentida que los médicos le juzgaron tísico, pasó a Rudolstadt y luego a Dresde, en cuya ciudad se fijó hasta 1813, y en ella se afilió a la Franc-masonería; pero habiendo publicado algún tiempo después una obra titulada Los tres primitivos momentos de la Sociedad de los hermanos masones, en la que proponía reformar sus estatutos abandonando el misterio y las vanas ritualidades de aquella institución, convirtiéndola a fines más elevados, fue expulsado de las logias y perseguido por sus afiliados, que eran poderosos en toda la Alemania.

Así fue que, habiéndose trasladado a Berlín, y deseando obtener en su afamada Universidad la cátedra que acababa de dejar vacante el fallecimiento de Fichte, fue desairado en su pretensión por influencias masónicas. Regresó entonces a Dresde, invitado por el gobierno, de cuyo favor también le privaron luego sus implacables enemigos. Por esta razón hubo de trasladarse en 1823 a Gothinga, en cuya Universidad enseñó hasta 1830 como profesor libre, a fin de proporcionarse, los recursos que exigía su cada vez más apurada situación económica. La masonería le fue privando de medios de vivir en Gothinga, por lo cual se estableció en Munich en 1831; mas tampoco aquí le dejó parar aquella implacable asociación, que obtuvo contra él una orden de destierro, aunque se revocó luego por la mediación de personas influyentes e imparciales. Convertido así el ilustre pensador en Judío errante, hallando obstáculos de todo género en su camino y arruinada su naturaleza con el trabajo y los disgustos, llegó al término de sus desdichas y principio de su gloria el día 27 de Setiembre de 1832 a las nueve y media de la noche, después de haber trabajado hasta una hora antes y pasado la última en conversación con su familia, de la cual se despidió con estas palabras: «Se me oprime el corazón: quedad con Dios, hijos míos.»

Sus obras filosóficas son: Ideal de la Humanidad; Sistema de la Moral; Sistema de la ciencia, que es la principal de todas; Mandamientos de la Humanidad y varios tratados de Matemáticas y de Filología. En estas obras, como dice un ilustre expositor de la doctrina de Krause, «sintetiza este gran pensador todo el movimiento filosófico de los últimos tiempos en Alemania, y aspira a resolver el problema de la verdad más comprensivamente que sus antecesores.» Tiberghien en Bélgica y Sanz del Río en España han propagado el sistema de Krause, que hoy tiene a su devoción inteligencias privilegiarlas.

Una de estas, el Sr. D. Nicolás Salmerón, honor y gloria de nuestro profesorado, dice del mencionado sistema que «aspira a considerar el problema de la verdad bajo un aspecto superior a los términos en que le colocó Kant, y procura resolverle intentando hallar en la conciencia racional la unidad del Ser y del Conocer, que ha de concluir de una vez para siempre con todo pensamiento escolástico y con la separación arbitraria de la ciencia y la vida. A este sistema debe nuestra patria el renacimiento de su espíritu y cultura a las ideas modernas, que, requiriendo recibir siempre la verdad, aun la ya producida, como verdad viva, necesitan ante todo reflexión y libertad en la conciencia individual que ha de percibir y ver propiamente los principios universales de la verdad y del bien.» Y el eminente Sanz del Río se expresa así. «El racionalismo armónico de Krause completa y concierta bajo un principio superior los sistemas inmediatos y todos los precedentes, y viene a ser como el socratismo moderno, que funda una nueva época en la ciencia humana; y por eso adquiere cada día en Alemania crédito y profundo reconocimiento que los contemporáneos ingratos negaron a su autor en vida.»