Filosofía en español 
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2 de Julio

Hahnemann

Los partidarios del sistema médico a que da nombre este que sirve de epígrafe al presente artículo, solemnizan en muchas partes el día de hoy, aniversario de la muerte del ilustre fundador de la Homeopatía, el cual dejó por otro mejor este mundo, –en que solo recogió vituperios y amarguras como recompensa de su anhelo por el bien de la Humanidad,– el 2 de Julio de 1843, en París, cuyo cementerio de Montmartre recibió sus cenizas en una modesta sepultura situada a la izquierda de la puerta de entrada y junto a la pared, número 690.

Samuel Cristóbal Federico Hahnemann, que es de quien hablamos, nació en Meissen (Sajonia) el 10 de Abril de 1755: era hijo de un pobre pintor de porcelanas, que notando su gran aptitud para el estudio, trató de darle una carrera literaria; mas después, no pudiendo sufragar los gastos, se vio en la triste necesidad de retirarle de las aulas. Entonces los mismos profesores del joven Samuel, que estaban orgullosos con tan aventajado discípulo, --pues le habían visto en poco tiempo dominar el latín, el griego, el francés, el italiano y el ingles, y hacer notabilísimos progresos en las ciencias naturales,-- creyeron y con razón, que era una gran esperanza para la ciencia, y determinaron dispensarle del pago de honorarios y matrículas, abriéndole gratuitamente la entrada en todos los cursos. Terminados los que podía seguir en Meissen, y habiéndose decidido a estudiar medicina, tuvo que trasladarse a Leipzig, (1775) donde, para continuar su carrera, le fue preciso dedicarse a la enseñanza de los idiomas que poseía a traducir al alemán obras del francés e inglés. Hecho ya médico, quiso ampliar sus conocimientos en Viena, asistiendo a la clínica del Dr. Quarin; y por recomendación de este fue luego (1778) a prestar asistencia facultativa al gobernador de Hermanstadt, quien, además de instalarlo en su misma casa, le confió la dirección de su biblioteca y museo, llegando por todo esto a reunir una numerosa clientela en aquella ciudad. Al año siguiente fue a doctorarse a la Universidad de Erlangen; pero poco después renunció a la práctica de la medicina alopática, y consagrándose enteramente a la química, llegó a descubrir el precipitado conocido bajo el nombro de mercurio soluble de Hahnemann, y dio principio a sus estudios homeopáticos (1790), cuyos resultados ensayó en el hospital de dementes de Georgenthal, puesto bajo su dirección por el Duque Ernesto de Gotha. Entonces comenzó ya a escribir diferentes opúsculos en favor de su sistema, cuyo fundamento es la creencia de que los “específicos más propios para curar una enfermedad son las mismas sustancias que en un hombre sano producen aquella enfermedad;” principio formulado más brevemente en el conocido aforismo similia similibus curantur. Por esta razón dio a su método el nombre do Homeopatía, palabra compuesta de las dos griegas omoios, semejante y patos, mal. Pero, aplicando Hahnemann los medicamentos en dosis infinitesimales, por estar persuadido de que aquellos obran en razón inversa de la cantidad, tuvo que arrostrar desde luego las iras de los farmacéuticos y médicos alópatas, que principiaron a ridiculizar el nuevo sistema haciendo chistes sobre los glóbulos y prodigando a su autor los epítetos de loco, impostor, mentecato y otros análogos. La lucha revistió un carácter tan personal y sañudo contra Hahnemann, que este se vio citado ante los tribunales por emplear tales medicamentos, y no podía vivir tranquilo en parte alguna, mas ya en 1821 se dieron reales órdenes autorizando el uso de la homeopatía, y en 1829 se celebró la primera reunión o congreso de homeópatas. Pero el fundador del nuevo sistema, molestado por los continuos cambios de residencia a que se veía expuesto en Alemania, fijó definitivamente su morada en París desde 1835, pasando allí el resto de sus días. Ocho años después de su muerte, esto es, en 1851, la ciudad de Leipzig le erigió una estatua que le representa escribiendo el Organon de la medicina racional, que es la mejor de sus obras.

El número de estas subo a setenta originales, a las que hay que añadir más de veinte que tradujo de otros idiomas al alemán. Esta fecundidad no debe asombrarnos, si tenemos en cuenta que de los 88 años que vivió el ilusre sajón, puede afirmarse que 80 los consagró al estudio con asiduidad verdaderamente alemana, y de ellos 53 a la creación de su escuela. Sus escritos más importantes, después del Organon, son: la obra que sirvió a este de ensayo y llevaba por título: La Medicina de la experiencia; Ensayo sobre el nuevo modo de llegar al conocimiento de las propiedades medicamentosas; Materia Médica pura; Doctrina y tratamiento homeopático de las enfermedades crónicas; De la manera de obrar los medicamentos homeopáticos; El amigo de la salud; Diccionario de Farmacia; Manual para las madres o principios de la educación de los niños; Curación y preservación de la fiebre escarlatina; El café en sus efectos; y otras muchas.

Sea favorable o adverso el fallo que dicte algún día la ciencia médica sobre el sistema de curación ideado por Hahnemann, este nombre debe merecer eternamente las bendiciones de la Humanidad, reconocida a los esfuerzos que, para mitigar sus padecimientos, hizo aquel sabio por medio de una terapéutica menos dolorosa que la alopática.