Filosofía en español 
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San León III

León III (San). Papa (27, XII, 795-12, VI, 816), romano. De familia pobre, se dedicó a la vida eclesiástica e hizo carrera en la administración de la Curia pontificia, en la cual alcanzó el alto cargo de “vestararius”, al mismo tiempo que obtenía el cargo de cardenal presbítero de Santa Susana. A la muerte de Adriano I, fue elevado a la sede pontificia por el pueblo romano, que se opuso al deseo de la nobleza y de los sobrinos del Papa anterior, el “primicerio” Pascual y el secretario Cámpulo.

Apenas elevado a la cátedra de San Pedro participó su nombramiento a Carlomagno, prometiéndole obediencia y fidelidad, y le envió el “vexillum” de Roma. Carlomagno respondió deslindando de modo un poco simplista los dos poderes: a él le correspondía proteger a la Iglesia y defender la fe; al Papado, ayudar a la obra del rey por medio de la plegaria. Seguro de su potencia política, el rey franco se consideraba, no sólo en el sentido de la tradición imperial, sino también en el religioso, jefe político de la sociedad cristiana, mientras el Papado, para poder contrarrestar el poderío de Bizancio, aceptaba de momento la protección franca. Sin embargo, en aquel periodo de tiempo León hacía decorar el triclinio lateranense construido por él, con el famoso mosaico en el cual Cristo y San Pedro estaban representados en el acto de entregar el palio a Silvestre y a León, y el estandarte a Constantino y a Carlomagno. Las donaciones de Pipino se enlazaban idealmente con las de Constantino, de quien ya se había elaborado el falso “constitutum”, y tendía a situar a los dos poderes en un plano de igualdad.

El complot de los nobles romanos del 25 de abril del 795, acentuó de momento la posición de inferioridad del Papado respecto del rey. El Papa fue atacado y encarcelado durante la procesión de las letanías mayores, y aunque maltratado y herido, logró escapar de sus enemigos con la ayuda del conde de Espoleto y refugiarse en Paderborn, cerca de Carlomagno, que con todo honor le hizo acompañar a Roma (otoño de 799), siendo el Papa aclamado por todos; sin embargo, tuvo por este tiempo que vencer graves acusaciones calumniosas, de que había sido objeto.

La protección que el Papa encontró en Carlomagno, le indujo, sin duda, a restablecer la dignidad imperial en Occidente, y en la noche de Navidad del año 800, coronó a Carlomagno emperador, acto que fue la base de las concesiones teocráticas del Papado y que hizo arraigar el concepto de que sólo por coronación pontificia podía alcanzarse la restaurada potestad imperial. Después del 800, fueron buenas en general las relaciones de León con el emperador. Solamente en 809, tuvo que resistir la injerencia franca en el campo dogmático, cuando rechazó, por condescendencia con los orientales, la inclusión en el símbolo Niceano, de la fórmula de la procesión del Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, decidida en el Concilio de Aquisgrán, lo que no implicaba la negación de esta doctrina, que el mismo León afirmaba en carta dirigida al oriente. En los últimos años de su vida, nuevas revueltas de nobles romanos pusieron en peligro su poder, y fueron vencidas con el auxilio de Ludovico Pío, quien restableció el orden en Roma con sangrientas represiones. León III ligó su nombre a importantes afirmaciones dogmáticas, con la condenación definitiva del adopcionismo.

Fue enterrado en San Pedro, y su nombre, inscrito en el martirologio romano en 1673. Durante su pontificado es de notar además la muerte de Alcuino (año 802).