Filosofía en español 
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[ Ramiro de Maeztu Whitney ]

El socialismo de corbata y la Fabian Society

(de nuestro redactor en Londres) II y último

La Fabian Society es una Asociación de intelectuales más o menos socialistas, como el Cobden Club, cuyos folletos de propaganda solían llegar hace años a los periódicos de España, es una Asociación cuyos miembros simpatizan con el individualismo económico y la doctrina del laissez faire, que todavía tiene arraigo en Inglaterra porque supone que no ha agotado su programa.

Los fabios o fabianistas creen, por el contrario, que hay que hacer algo en beneficio de los pobres, que hay que levantar su nivel intelectual y moral, que mejorar su condición y que aumentar, al mismo tiempo, la capacidad de trabajo, y piensan que esa obra redentora no puede confiarse únicamente a la iniciativa individual, sino que la sociedad organizada, es decir, el Estado, ha de realizarla en gran parte.

Ello quiere decir que la Fabian Society no es marxista, aunque haya en ella algunos marxistas. El marxismo, por su concepción materialista de la historia, apenas deja hacer nada a los hombres. Proclama un automatismo ciego, que por sí mismo acumula los capitales en grandes trusts, aplasta a la pequeña burguesía, une a los proletarios y a los burgueses desposeídos y precipita el cataclismo social que precederá a la socialización de los medios de producción.

La mayoría de los fabios no creen en ese automatismo. En vez de suponer que los hombres son resultado de los fenómenos económicos, opina que los fenómenos económicos son obra de los hombres. Y en lugar de cruzarse los brazos ante la creencia fatalista de que “no puede hacerse nada” –esa creencia es la que mata a España– opina que “algo puede hacerse” y, consiguientemente, se dispone a hacerlo.

Los hombres de la Fabian Society pertenecen en su casi totalidad a las clases intelectuales del país. En ella figuran numerosos médicos, abogados, escritores, funcionarios, pastores, &c.

Bernard Shaw, el autor dramático, es uno de sus miembros más distinguidos; Wells, el novelista de las anticipaciones sociológicas, es otro; el Dr. Clifford, que es el pastor que ha organizado la cruzada contra la enseñanza religiosa denominacional en las escuelas públicas, es otro, aunque la Fabian no le haya ayudado en su campaña.

Y hay también numerosos diputados y miembros de los Consejos de Condados y de los Ayuntamientos del país.

La filiación política de la Fabian Society no puede determinarse con precisión. Hay en ella socialistas radicales, templados, evolutivos, y aun numerosos miembros de la izquierda radical gobernante. Si hubiese en España una Sociedad análoga pertenecerían a ella algunos socialistas obreros, los elementos de la Institución Libre de Enseñanza, el Sr. Salmerón (probablemente), el Sr. Azcárate (de seguro), el Sr. Canalejas (en la vanguardia militante) y aun algunos elementos conservadores, y el Sr. Sanz y Escartín, por ejemplo, y acaso el Sr. Dato. Es seguro que la Fabian Society habría apoyado al Sr. Dato cuando redactó las leyes de accidentes del trabajo, &c., aunque no fuese uno de sus miembros.

La Fabian no es, en el fondo, sino una de las innumerables debating societies de Inglaterra, donde se discute todo lo humano y lo divino. En Inglaterra ya os he dicho que se habla más, pero mucho más en público que en España, aunque, como no hay tertulias –¡pensad, oh, amigos míos, en el tiempo que perdéis en cafés!– se habla mucho menos en privado. La diferencia entre la Fabian y las otras, sólo consiste en la altura intelectual de sus miembros, en el mayor número y en sus tendencias socialistas.

En las discusiones de la Fabian los más tontos se sintieron aislados y acabaron por irse, y lo mismo hicieron los que no participaban de las ideas generales de la Sociedad.

Además, la Fabian publica a menudo folletos en que resume sus opiniones sobre las cuestiones palpitantes de actualidad. Cuando la guerra del Transvaal, por ejemplo, publicó uno muy notable, titulado Fabianismo y el Imperio, que le concitó las iras de los liberales que defendían a los boers. El punto de vista de la Fabian era que mientras las minas de oro fuesen propiedad de los capitalistas, importaba muy poco que mandase en el país Kruger o lord Milner, Kitchener o De Wet. La Fabian se declaró contra Kruger porque dejaba sin votos a los trabajadores de las minas, como después se declaró contra Inglaterra por permitir la esclavitud china, como ahora mira sin entusiasmo el rasgo de los liberales al convertir al general Botha en primer ministro del Transvaal, por advertir que las minas siguen estando en poder de los mismos grupos de millonarios.

Actualmente, y con motivo de haber perdido los progresistas las elecciones para el County Council, el elemento liberal clásico echa la culpa de la derrota a la Fabian. Un artículo publicado días atrás en el Daily News acusaba a la Fabian de haber confiado con exceso en el sistema de conceder a los peritos la Administración comunal, de no haber apelado con el necesario entusiasmo a la democracia, y de haberse burocratizado, en una palabra, olvidando que es imposible realizar reformas importantes en Inglaterra sin recabar con energía el apoyo de las masas electorales.

A esa acusación contestó inmediatamente Bernard Shaw que la Fabian era democrática por esencia, y que los causantes de la derrota eran los liberales clásicos. El partido liberal gobernante es una mezcla de liberalismo a la antigua y de fabianismo.

«En las elecciones del County Council –dice Shaw– fue la fracción whig (liberal clásica) la que salió derrotada. En cambio, los miembros de la Fabian, como Sidney Webb y William Crooks, contra los cuales habían concentrado su oposición los moderados, salieron elegidos por grandes mayorías.»

Wells, el novelista, que no le quiere mucho a Bernard Shaw, aunque pertenezca también a la Fabian, le ha contestado con una carta, en que dice: «Mr. Shaw no es la Fabian Society, y su costumbre de hablar como si lo fuera es descaminadora y su exposición del irreconciliable abismo que separa el liberalismo de la Fabian Society es justamente un capricho intelectual, del que no somos responsables. No hay tal abismo, sino estrechos lazos de simpatía y de personalidad entre la izquierda liberal y la Fabian Society.»

Wells, ya lo habrán ustedes reparado al leer lo de «abismo irreconciliable» y «lazos de personalidad», escribe muy turbiamente, aunque piensa con claridad. En el caso actual tiene y no tiene razón, como ya os he dicho.

Bernard Shaw, si te digna contestarle, le podría decir que la izquierda liberal inglesa no es liberal más que de nombre, como no lo son los radicales franceses, como no lo eran los progresistas españoles, como no lo fueron los jacobinos franceses.

En realidad, de la Fabian ha surgido el movimiento socialista municipal, que se ha manifestado hasta ahora por la adquisición y administración municipal de los tranvías, traídas de aguas, generadoras eléctricas, etcétera, &c. Ese movimiento ha sido derrotado en las elecciones últimas de Londres, acaso, como dice Shaw, porque los liberales clásicos se negaron a secundarlo; pero continúa triunfante en la inmensa mayoría de los Ayuntamientos de Inglaterra.

Gracias a ese movimiento han mejorado los servicios municipales en todo el país, los problemas comunales han cobrado una importancia que antes no tenían, la salubridad urbana ha mejorado y los salarios de los obreros empleados en esas empresas han aumentado considerablemente.

Esa es la obra realizada por una Asociación de intelectuales que, en apariencia, no hace más que hablar…

…Pero es una cosa hablar de la wagnerización de la poesía y otra distinta enfocar el pensamiento en el estudio de las realidades concretas de un país.

Ramiro de Maeztu.