Filosofía en español 
Filosofía en español


España y Europa

El español como súbdito europeo. –«La Palabra Libre», el verbalismo y la política. –Aclaraciones necesarias.


La política, entre sueño y sueño, es la obsesión de los españoles. Los discursos del Sr. Álvarez y las interrupciones del Sr. Soriano, son la actualidad palpitante. Vicente Pastor y el Gallito disputan popularidad y aun la superan, a nuestros políticos. El español pone ardor y pasión en sus pasatiempos, y se distrae de lo que debiera ser centro de su vida: su mejoramiento y perfección individual. ¡Aquí hace falta un hombre!, solemos decir en los momentos de debilidad o de melancolía patriótica o en los ratos en que los toros y los políticos nos causan un poco de enojo o alguna desilusión. Esa forma de mesianismo es una prolongación del caudillismo y meridionalismo de los españoles. Mientras esos puntos de vista, o esa estructura espiritual del íbero de hoy no cambie, los ferrocarriles continuarán llegando con retraso a los puntos de destino y ser español será desgracia divertida. Los viejos pueblos castellanos serán un motivo de distracción para los que amen la sensación y el recuerdo histórico; pero la leche a 25 céntimos litro, y la carne a peseta el kilo, continuará siendo un ideal tan remoto e irrealizable como el paraíso de nuestra religión.

Estas derivaciones de nuestra ignorancia, de nuestro atraso, de nuestra falta de permeabilidad y de nuestra estulticia y pesadez, incapacitan hoy al español para ser súbdito europeo, y para incorporar su orgullo y prosopopeya a la de los pueblos fuertes.

El verbalismo es nuestra debilidad –o produce en parte nuestra debilidad–, lo mismo quizá que la sobriedad es una cosa absolutamente necesaria cuando falta que comer. la palabra libre no aspira a confundirse con la turbamulta de verbalistas y charlatanes. ¡Qué sería de nosotros si nuestras aspiraciones se limitasen a pasar un rato charlando o a escribir incorrectamente sobre temas tan poco correctos también como la personalidad del Sr. Cobián, del Sr. Canalejas, del Sr. Lacierva! Nuestra pluma, una vez enraizada en la cosa pública, debe aspirar a algo menos vano y un poco más útil. Esos hombres no consiguen que el agua fecundice los yermos españoles, ni que los trenes nos sirvan de vehículo adecuado. O se es buen técnico, buen médico, buen político, buen concejal, buen maestro de escuela, o no se es. Si no conseguimos más que un poco de envidioso desprecio, abandonaremos nuestra tarea para ver si damos a este pueblo un poco de verbalismo más, o para distraer nuestros ocios presenciando el divertido simulacro de nación organizada a que asistimos.

Con estas breves líneas creemos salir al paso de los perezosos de entendimiento y a cuantos rutinariamente e ibéricamente vean en nosotros a un puñado de escapados o inadmitidos en el hampa periodística o en el hampa política.

Juan Guixe