Filosofía en español 
Filosofía en español


Hoy, igual que ayer

Leyendo la Prensa inglesa parece que nos hallamos en aquellos días de la heroica batalla militar y política contra el enemigo rojoseparatista, asistido por los seculares adversarios de España. En los mismos periódicos –concretamente, el “Daily Telegraph”, y quizá por los mismos hombres– continúa abordándose el tema español de la manera aviesa que es peculiar en las plumas y prensas anglosajonas, cuya independencia está subordinada a los mandatos de las fuerzas imperiales. Vuelven a aparecer los tópicos de ayer y tórnase a encarecer iguales dificultades internas, que, según los periodistas británicos imposibilitan la lógica e irresistible consolidación de la Victoria de Franco. Como ya no se puede especular sobre las fantásticas sublevaciones, que en la Prensa inglesa se referían con todo pormenor, hoy se habla de las deficiencias en el abastecimiento de la población, y no se vacila en describir casos de hambre parecidos a los de las carestías tremendas de la Edad Media. Reconócese que las epidemias no tienen gravedad, pero se asegura que la alcanzarán. En el fondo de todas estas cosas, se advierte una perversidad que nos parecería inconcebible en los que se proclaman defensores de la civilización cristiana. Estamos curados de espanto por el ejemplo que la Prensa británica dio durante la guerra de reconquista de la unidad y de liberación del genio español.

Reaparecen asimismo los conocidos “slogan” sobre el mantenimiento de la integridad territorial española. Se les ha olvidado a los corresponsales anónimos del “Daily Telegraph” argüir con las islas Baleares, tema predilecto de ellos y de sus colegas de otros países plutodemocráticos durante la batalla gloriosa ganada por el Caudillo. Como España no hipotecó sus territorios metropolitanos, de soberanía o de protectorado, durante la guerra, los periodistas ingleses tienen decidido empeño en que la hipoteca se lleve a cabo en este tiempo. La decaída moral de los isleños británicos y de los Dominios quizá pueda rehacerse con las patrañas vulgares, de triste elementalidad –¿se ha terminado la imaginación inglesa?–, que se urden sobre los temas españoles. Quizá el isleño, que debe atenerse hoy a restricciones alimenticias jamás conocidas en la Gran Bretaña, se consuele –sempiterno y clásico egoísmo– con las falsas descripciones de la miseria, de la enfermedad, de la gravedad interior de España.

Han perdido el tino los periodistas encubiertos que corresponden con el “Daily Telegraph” y otros periódicos del mismo tipo. Al referirse a nuestra Patria, observaban hasta ahora una cierta discreción en cuanto a figuras y jerarquías se refiere. Profesaban en esa vaguedad peculiar del idioma inglés, en esos giros y circunloquios que lo hacen impreciso, salvo cuando se trata de cuestiones comerciales. Mas hoy, se encuentran en la misma situación que la de los “leales” españoles, a los que el Imperio ayudaba solícitamente, y que, a pesar de tan importante apoyo, perdían irremisiblemente la guerra. Les falta, en una palabra, el “self-control”. Perdida aquella relativa discreción sobre las figuras y jerarquías de nuestra España, la reacción falangista, la reacción nacional contra los incoherentes y estúpidos propósitos de agravio de la Prensa británica, debe ser la del más absoluto desprecio. La unidad de España y de los españoles en torno a su Jerarquía es absoluta, y nos llevará, si preciso fuera, a los extremos límites del arrojo y del sacrificio humanos. La fuerza interior de la Nación consiste precisamente en que todos nos hallamos vinculados para cualquier trance, en el Poder conquistador, libertador y organizador de España.

Pocas palabras tenemos que añadir a la enérgica repulsa y desprecio de la nueva maniobra de unas gentes desesperadas que desearían arrastrar al mundo a una honda y terrible sima. Pueden seguir, hasta que el Derecho de la nueva Europa se lo impida radicalmente, esa labor de mistificación, de atroz mendacidad en la que están empeñadas. Siguen practicando lo que sus antiguos aliados llaman expresivamente, “le bourrage de crane”, esto es, la tortura de los cerebros. Pero tomamos nota de sus procedimientos –continuación de los que iniciaron durante la guerra española–. Cierto periodismo inglés, falta abiertamente a las correctas convenciones internacionales. El “cierto lugar del oeste del Mediterráneo”, el “de un corresponsal neutral”, el “en algún lugar de España”, estampados al frente de los despachos telegráficos, revela que hay una clase de periodistas que dejan de serlo para convertirse en agentes secretos. Y la situación del mundo explica suficientemente el porvenir de los agentes secretos que se dedican a difamar a una Nación…