Filosofía en español 
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Bibliografía

Stalin, Las perspectivas de la Revolución China, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú.

Este folleto contiene varios trabajos de Stalin, de los años 1926 y 1927 acerca de la Revolución China.

Dichos trabajos, que cimentaron la táctica y la estrategia de los comunistas chinos sobre sólidos principios leninistas, son un aporte de gran interés para el conocimiento en profundidad de la revolución en aquellos países que como China y los países del mundo colonial, enfrentan la doble tarea de realizar la revolución contra los resabios feudales y contra la dominación imperialista extranjera.

Varios son los aspectos teóricos que abordan los trabajos de Stalin.

En polémica contra quienes sostenían que la Revolución China “sería una copia de la de 1905 en Rusia”, Stalin resalta una de las “peculiaridades específicas” de la Revolución China que consiste en que “siendo una revolución democrático-burguesa, es al propio tiempo, una revolución por la liberación nacional, enfilada contra el dominio del Imperialismo extranjero en China” (pág. 6).

Stalin analiza luego la manifiesta debilidad de la burguesía china por el hecho de que “los hilos fundamentales de la industria están concentrados en manos de los imperialistas extranjeros”. De esta deducción, tan apropiada para la mayoría de los países coloniales y semicoloniales, Stalin saca una conclusión inversa a la que sostienen los que reniegan de la hegemonía del proletariado en la lucha revolucionaria. En efecto, de la posición débil de la gran burguesía china frente a los imperialistas, él saca la conclusión siguiente: “De esto se infiere que el papel de iniciador y dirigente de la Revolución China, el papel de jefe del campesinado chino debe ir a parar, indefectiblemente, a manos del proletariado chino y de su Partido" (subrayado nuestro).

En el folleto se analizan cuestiones específicas de la Revolución China, la penetración imperialista, el carácter y el papel de la lucha armada en la Revolución, &c., llenas de profundas enseñanzas. Lo mismo puede decirse de la polémica aguda contra quienes pretendían desdeñar “el peso relativo del proletariado en China” y contra quienes, a pretexto del Frente Único Nacional, “no consideran conveniente que los obreros declaren huelgas por el mejoramiento de su situación material y jurídica y disuaden a los obreros de que lo hagan”. Stalin califica esta tendencia de gravísima, y llama a inscribir las “reivindicaciones económicas y jurídicas de la clase obrera” en lugar principal.

Un capítulo especial dedica Stalin a “El carácter del futuro poder en China”. En él, con gran precisión se establece la forma particular que, de acuerdo al carácter agrario y antimperialista de la revolución china, debe asumir el poder que emerge de la revolución victoriosa.

Polemizando con quienes volvían, en este problema, a las tesis que equiparaban el futuro poder en China a las fórmulas clásicas esbozadas para países desarrollados e imperialistas, Stalin afirma: “por su carácter, el futuro poder revolucionario en China guardará un parecido, en general, con el poder del que se hallaba en nuestro país en 1905, es decir: será una especie de dictadura democrática del proletariado y los campesinos, si bien con la diferencia de que, primordialmente, será un poder antimperialista” (pág. 12, el subrayado es nuestro).

Previniendo toda deformación oportunista, y subrayando el carácter de avance de ese poder nuevo, y su contenido de periodo de transición, Stalin reafirma: “Será un poder transitorio hacia un desarrollo no capitalista, o, má exactamente, hacia un desarrollo socialista de China”.

Muchas y grandes enseñanzas están contenidas en las 60 páginas de este valioso folleto: particularmente importantes son ellas para la actual discusión que los comunistas uruguayos están llevando a cabo en relación a su XVI Congreso que, precisamente tuvo su punto culminante en la polémica contra las desviaciones nacionalistas burguesas introducidas por el grupito de Gómez en el Partido; dichas desviaciones tenían como hilo de unión, la negativa del papel de vanguardia del proletariado en la revolución nacional, la negación teórico y práctica de la alianza obrero-campesina, y la prosternación ante la burguesía, a quien se adjudicaba, en la práctica, el comando de la lucha nacional-liberadora.

Como respuesta a ese mezquino nacionalismo burgués, que estrecha la revolución nacional en el marco de un país, envileciéndola y entregándola a la burguesía, Stalin afirma en la pág. 12: “Lenin tenía razón al decir que si antes, hasta el advenimiento de la época de la Revolución Mundial, el movimiento de liberación nacional era parte del movimiento democrático general, ahora, después del triunfo de la Revolución Mundial, el movimiento de liberación nacional es parte de la Revolución proletaria mundial”.

Estos y muchos otros tópicos, de absoluta actualidad para el estudio de las tareas de los partidos comunistas en los países coloniales semicoloniales están comprendidos en el inapreciable trabajo de Stalin, objeto de esta nota, que debe estar en toda biblioteca mínima de cada afiliado o estudioso del marxismo-leninismo.

Enrique Rodríguez