Filosofía en español 
Filosofía en español


El filósofo en su retiro

Describan otros en pomposos versos los soberbios jardines de los Reyes, las magníficas estatuas que animan los silenciosos sotos, y las obedientes aguas, que oprimidas en largos encañados se arrojan en los aires en garbas de diamantes, trasformándose luego en brillantes perlas en la pila de alabastro que las recibe; mientras que yo vivo en el obscuro retiro, y sólo veo de lejos los palacios de los Príncipes sin ambicionar colgar mis simples guirnaldas en aquellos dorados alambres: me contento en describir la naturaleza, expresando sencillamente los sentimientos de mi corazón, y recorriendo el humilde vergel en que pasé los días de mi infancia.

¡Ah! ¡qué delicia! ¡qué regocijo siento allá en el fondo de mi alma cuando me paseo por este vergel! una larga ausencia de mi patrio suelo me hace ver con inexplicable gozo el teatro de los juegos de mi niñez.

Este es el apacible lugar a quien debí el primer hospedaje. Este vergel fue la cuna en que mis flacos párpados cedieron a la luz del día.

Aquí fue donde una mano bienhechora, sosteniendo mi vacilante cuerpo, guió mis primeros movimientos, y excitó mis primeros pasos. Y donde respirando un aire puro, alimento saludable, crecí, semejante a un arbolillo, cuyos delicados tallos se fortifican cada día.

En estas calles de hermosos árboles, en oficioso perro, precedido de muchachos que jugueteaban, tiraba de un carrito en que yo iba, y que seguía a lo lejos el inquieto ojo de una tierna madre.

Jamás olvidare que en un ángulo de este terrapleno haciéndome admirar mi padre el Sol, y la vasta extensión de los Cielos , me hizo concebir la primera idea de la existencia de un ser supremo, de su grandeza y poder, e hizo nacer en mi tierna y atónita alma las primeras ideas de religión.

Allá fue, donde descorriendo el espeso velo que cubría mis ojos, me hizo concebir una idea de las maravillas del universo, y dándome un tierno cariñoso abrazo me dijo: ¡Ah! hijo mío! ¡qué consuelo será para mi, y para tu tierna madre, cuando veremos que todos los días das gracias a esta suprema inteligencia, por haberse dignado sacarte de la nada, llamándote para gozar de su vista por toda una eternidad! Créame, el enemigo del Cielo cada día es más infeliz: huye de él sin perseguirlo, y teme menos a la muerte que a sus falsos y perturbadores dogmas.

No puedo entrar sin conmoverme en esta cuna de laurel en que me leía mi abuelo los más selectos versos de Virgilio, y me hacía admirar con frecuencia el melodioso canto del ruiseñor.

¡Cómo me llenaban entonces las cariñosas dulzuras de Telémaco! ¡y cómo prefiero en el día esta obra maestra a la sublimidad de las pomposas odas del Pindaro celebrador de los triunfos de los Reyes de Siracusa y Agrigento, proclamados vencedores en sus carros triunfales! ¡Qué los retratos de Homero se hagan tan sensibles en mi corazón! ¡Qué me gusten tanto sus agradables pinturas! ¡Qué me encante su armonioso y puro estilo.!

¡Ah! si una dulce filosofía hace que un día se estimen mis producciones, si hallan en ellas sentimientos verdaderos las sentencias que las distinguen de la fabula, a ti divino pintor de la virtud, inmortal pontífice, a ti deberé mi gloria.

A ti, hermoso vergel, debo mi felicidad. [932] Tu me has inspirado este amor que tengo a la vida del campo, este gusto, esta dominante pasión que me inclina a examinar la hermosa naturaleza. Mi imaginación se complace en grabar en mi encantada alma la paz. Los ingenuos placeres de mis primeros años, y las vivas sensaciones de la infancia que renuevan nuestros gustos y placeres. Jamás se borrarán de mi memoria estas graciosas imágenes.

Amo todavía, lo que estimaba entonces.

Este antiguo parral, adorno de esta cerca, y sus densas sombras, este verde plátano orgulloso por sus hojas, estas colmenas cubiertas de paja, donde la industriosa abeja destila pacíficamente su oro líquido; esta higuera que me libertaba del calor de la ardiente canícula; este arroyuelo cuya agua pura apagaba mi sed; y estas frescas sombras que excitaban mi sueño, serán siempre el objeto de mi amor.

Amaré siempre a este fértil vergel donde mis padres, exentos del cúmulo de males que atormentan a los ambiciosos mortales, han gozado muchos años la recompensa de su vida frugal y activa.

Saliéndome con frecuencia de la esclavitud del lugar acompañado de mi fiel perro, vendré a visitar a la naturaleza en este plausible vergel, y respiraré en mi descanso. Vendré a coger el odorífero clavel, la deliciosa pesca, y las pomas de oro colgadas en las ramas de los naranjos. En mi vejez tendré el consuelo de hacerme llevar en este césped coronado de jazmines y rosales, mitigando los rigores de mi invierno, con la memoria de las inocentes alegrías, y tranquila felicidad de mi primavera.