Filosofía en español 
Filosofía en español


[ José Cadalso ]

Carta 57. Gazel a Bem-Beley

Hay una secta de sabios en la república literaria que lo son a poca costa. Estos son los críticos. Años enteros, y muchos, necesita el hombre para saber algo en las ciencias humanas; pero en la crítica (cual se usa) desde el primero día es uno consumado. Sujetarse a los lentos progresos del entendimiento en las especulaciones de la física, en los laberintos de la historia, en las confusiones de la jurisprudencia, es no acordarnos de la cortedad de nuestra vida, que por lo regular no pasa de sesenta años, rebajando de éstos lo que ocupa la debilidad de la niñez, el desenfreno de la juventud, y las enfermedades de la vejez, se humilla mucho nuestro orgullo con esta reflexión. El tiempo que he de vivir, comparado con el que necesito para saber, es tal, que apenas merece llamarse tiempo. Cuanto más nos lisonjea esta determinación, si no puedo por este motivo aprender facultad alguna, persuado al mundo, y a mí mismo que las poseo todas, y pronuncio extripode, sobre cuanto oiga, vea y lea.

Pero no creas que en esta clase se comprehende a los verdaderos críticos. Los hay dignísimos de todo respeto. ¿Pues en qué se diferencian, y cómo se han de distinguir, preguntarás? La regla fija para no confundirlos es ésta: los buenos hablan poco sobre asuntos determinados, y con moderación; los otros son como los toros que forman la intención, cierran los ojos, y arremeten a cuanto encuentran por delante, hombre, caballo, perro, aunque se claven la espada hasta el corazón. Si la comparación te pareciere baja por ser de un ente racional con un bruto, créeme que no lo es tanto, pues apenas puedo llamar hombres a los que no cultivan su razón, y solo se valen de una especie de instinto que les queda para hacer daño a todo cuanto se les presente, amigo o enemigo, débil o fuerte, inocente o culpado.