Palabras de aliento
El ideal hispanoamericano

El cardenal arzobispo de Burgos, monseñor Benlloch, que ha realizado en América, con el mayor éxito, una labor de aproximación hispanoamericana, y que ha honrado a REGIÓN, por intermedio de los señores D. Donato G. Abella y D. Bernardo Aza, con la hermosa carta que aquí publicamos.
Su Eminencia el Cardenal arzobispo de Burgos, don Juan Bautista Benlloch y Vivó, alienta y bendice la obra regional y patriótica de REGIÓN
Al documento que el Consejo de Administración y la Dirección de este periódico elevaron a Su Eminencia el Cardenal Benlloch, felicitándole por el éxito de su misión en América, cuando fue a aquellos países, mensajero de amor y embajador de dos gloriosas entidades, la Iglesia y España, el propio eminentísimo señor se ha dignado contestar con la hermosa y alentadora carta que a continuación publicamos.
En ella, como verán los lectores, brilla, no sólo el príncipe de la Iglesia, deseoso del triunfo del bien, de la virtud y de la verdad, sino el escritor brillante, el sociólogo profundo, el patriota insigne, que supo, en tierras americanas, estrechar más y más el lazo de amor entre España y sus hijas las Repúblicas hispano-americanas, “corona de gloria de España”, como, con feliz expresión, pudo decir el mismo Cardenal en Buenos Aires.
Los sabios consejos de Su Eminencia en pro de la labor de hispano-americanismo que REGIÓN cultiva y fomenta, porque con ello hace patria y hace regionalismo sano, ya que son muchos miles de asturianos los que en América laboran por el progreso y el buen nombre de Asturias y, por consiguiente, de España, serán siempre norma de cuantos se sacrifican y trabajan por la vida de este periódico, que es como decir por el lema que tiene, sostiene y defiende “Todo por Asturias, para España”.
Y ahora lean atentamente los lectores el hermoso y autorizado documento:
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Señores don Donato G. Abella, presbítero, y don Bernardo Aza.– Dirección del diario REGIÓN.– Oviedo.
Muy distinguidos señores míos: Lo he experimentado en mi reciente viaje por la América española. En todas las Repúblicas hispanoamericanas se siente un vehemente deseo de estrechar más y más sus relaciones con la Madre-Patria.
La Religión y la Lengua, que han de presuponerse en toda unión espiritual, la cual es raíz de los acercamientos firmes, y estables, se mantienen allí como base inconmovible para la mutua compenetración en las relaciones de todo género del comercio de los pueblos. No hay hipérbole en afirmar que “están en alto todos los brazos”, como ustedes escriben en la exposición que a Nos elevan, y que de veras agradezco, esperando que España concrete y lleve a la práctica con toda la firmeza y continuidad un programa completo de aproximación efectiva con el inmenso Continente que ella descubrió y colonizó.
La Madre-Patria ha de ir con los brazos abiertos a los de sus Hijas, para tomar parte en todas sus venturosas prosperidades, bendecirlas y alentarlas, pues sobre los horizontes de su porvenir fulguran destinos de gloria en el comercio mundial de naciones y de pueblos.
Si la unión espiritual de los países de lengua española se completase en el orden de los grandes intereses modernos con bases firmes y efectivas, ¿quién será capaz de medir los provechos que redundarían de Hispano-América a esta vieja Madre creadora de pueblos, y de España al Continente americano que Colón descubriera?
Yo no puedo menos de alentar y bendecir, de proteger y amparar cuanto se enderece a la mutua inteligencia, al acercamiento y mutuo amor de los países americanos y de España. Sin olvidar mi carácter y el de la Misión que cumplí cerca de Sur-América, hago votos porque los intereses espirituales y materiales sean atendidos en las generosas iniciativas que por doquiera brotan aquende y allende los mares, y que en todas las formas de expresión acuden a Nos, pidiendo consejo, dándonos cuenta de propósito y solicitando orientaciones.
Al aceptar y emprender el viaje, que tuvo para Nos sorpresas inesperadas por la magnitud de los homenajes a la Patria y agasajos recibidos, aceptamos por anticipado todas las derivaciones fecundas y trabajosas que el viaje por la América española nos había de reportar. Solamente por la Religión y por la Patria, por acatamiento al Sumo Pontífice, a nuestro augusto Monarca y a ESPAÑA, eché sobre mis hombros tamaña empresa que tras cuatro, meses de constante fatiga, sin descanso ni holgura, ha traído al ánimo graves solicitudes y nuevas preocupaciones sin cesar. Pero la labor comenzada no puede interrumpirse.
Y para que se obtengan frutos eficaces, no he de regatear continuados esfuerzos y sacrificios. Ha de forjarse en la cantera viva de los espíritus, el ideal hispano-americano, que en ningún pecho español de acá o más allá de los mares ha de cesar de sentirse, despertando las energías de la raza y encauzándolas hacia nobles y generosos fines.
Yo bendigo y aliento iniciativas particulares, tan levantadas como son las de ustedes, intérpretes de la orientación del diario REGIÓN. En esta cruzada, ¿por qué no llamarla así?, de aproximación hispanoamericana, no ha de esperarse todo del Gobierno. Bastantes problemas gravitan sobre él con preferencia acuciadora e inaplazable. Tiene ciertamente el Gobierno en este asunto deberes de cuya responsabilidad no puede exonerarse, actuando en la suprema dirección que le compete. Tienen también sus deberes las entidades y los particulares. Y no hay duda que personas de la cultura de ustedes, con un órgano de publicidad de la importancia de REGIÓN, pueden y deben ejercer influencia eficacísima en la sana y recta ejecución del ideal hispano-americano, señalando el camino positivo y práctico, y entrando por él con todos los entusiasmos de que sean capaces.
Punto de apoyo no despreciable para tan magna empresa puede ser la simpatía con que recibirán este movimiento los pujantes Centros asturianos que llevan próspera vida en principales Repúblicas americanas, cuyo florecimiento en algún país pude observar, lleno de orgullo patrio. Ni que su órgano de publicidad vea la luz en la capital asturiana, será obstáculo para que las colonias españolas de América dejen de prestarle su apoyo en el triunfo de los ideales hispanoamericanos. Cuanto redunde en pro de la Patria es acogido allí con fervores no sospechados, sin recelos y con amplio entusiasmo. Mucho más, si la iniciativa parte de la región Astur, que guarda en el Auseva la Cueva bendita donde dio comienzo la gloriosa secular Reconquista del propio suelo. A nadie es lícito empequeñecer sus miras: y al volver los ojos a la región amada, póngase la mira en los horizontes de nuestra Patria única, ESPAÑA, que no está limitada por el Pirineo, ni por el gaditano Estrecho, sino que, traspasando los mares, alienta y vive en gloriosos y prósperos países, forjando la raza poseedora de una cultura excelsa y de gloriosísima historia, dispuesta hoy a continuar su marcha en el concierto del progreso de los pueblos.
Cuando se recorren los extensos y ricos países de la América española, sacase la convicción de que se conoce muy poco a España. Ese ha de ser el primer supuesto y el primer fruto también en la aproximación, en la unión espiritual de América y España. Conocer lo que España ha sido, lo que es y lo que debe ser. Agitase en los pueblos de raza española, y hierve en su entraña un impulso poderoso, instintivo, de estrechar sus relaciones con la madre Patria. Existe también en España una simpatía irresistible, una correspondencia profunda hacia aquellos retoños pujantes del secular tronco hispano. A nosotros incumbe dar forma concreta y encauzar provechosamente tales sentimientos: mereceremos bien de la Patria y del Cielo. Quien necesite altos ejemplos, puede fijar su mirada en nuestros augustos Monarcas, dignos sucesores en el Trono de Fernando e Isabel, aquellos gloriosos Reyes que, limpio el suelo español de la morisma, después de rea la unión de los diversos reinos, bajo la Corona de Castilla, realizaron la unidad geográfica del planeta con el descubrimiento del Nuevo Mundo.
Mis bendiciones y mis aplausos acompañarán siempre a los que trabajen en tal sentido. Y junto con la bendición, a medida de mis fuerzas, pueden también contar con la coopetación decidida de su afectísimo,
† El cardenal BENLLOCH
Arzobispo de Burgos
Burgos, 7 de mayo de 1924