Filosofía en español 
Filosofía en español


Andrés Saborit

Creo que conviene esperar

A todos los jóvenes socialistas españoles

En el número anterior, el amigo Baeza expuso su criterio favorable a la tercera Internacional.

Y para hacerlo tomó como punto de partida rebatir algunas afirmaciones mías, que por error, sin duda de mi parte, no ha interpretado bien.

Yo estoy conforme con casi toda la crítica del artículo de Baeza. ¡Pero si yo creo firmemente que cuando cada uno de nosotros diga clara y concretamente su pensamiento no habrá posibilidad de discrepar!

Afortunadamente, durante los cuatro años que duró la guerra, yo me mantuve fiel a los principios del Socialismo. El partido italiano –tan alabado ahora por algunos extremistas de última hornada– tuvo en España pocos defensores como yo.

Si algunos documentos importantes de ese partido se publicaron en nuestra prensa, ¿quién se tomó en ello interés?

Acción Socialista, repudiada por muchos, fue la única publicación que defendió las teorías de Zimmerwald y Kienthal.

¿Cómo voy a hacer yo, teniendo estos antecedentes, un argumento fuerte de la distancia que hay de España a Rusia, para negarme a admitir la idealidad de los revolucionarios moscovitas?

Estamos de acuerdo en defender la obra de los Soviets. En España –entérense los jóvenes socialistas recién venidos a nuestras filas, se lo decimos de corazón– no hay dentro del Partido quien no esté conforme con la Revolución rusa.

Hubo al principio alguna oposición a esta Revolución, que muchos creyeron pagada por el kaiserismo; pero debe advertirse que los que hicieron esta campaña contra la Revolución rusa, cuando estalló, lo hicieron por exagerar su posición aliadófila, algunos de los cuales son los mismos que ahora exageran la defensa de los bolcheviques, dando lugar a que se crea por jóvenes sin experiencia de nuestros ideales que hay socialistas conservadores, opuestos a la transformación violenta del régimen capitalista.

¿Debe haber una sola Internacional? ¿Debe haber un solo Partido Socialista español? Esta es la cuestión. Si estamos conformes en que debe haber una Internacional solamente, el interés de todos ha de consistir en aunar voluntades y aspiraciones, procurando no se rompa la unidad ni la disciplina del Partido.

Si el bolchevismo es compatible con la acción política de clase, incluida la parlamentaria, como yo creo, no nos explicamos cómo en España ha habido socialistas que han escrito contra los procedimientos evolucionistas.

A eso da lugar escribir y hablar en términos nada claros.

Yo no soy bolchevista, como no era aliadófilo ni conjuncionista.

Soy socialista, pura y simplemente.

Dentro del Socialismo, acato los acuerdos de las mayorías; pero cuando no estoy conforme con ellos, expongo mi opinión, y creo que si todos procediéramos de este modo no habría conflicto posible.

Soy socialista antialiancista, enemigo de contactos con los partidos burgueses y defensor de la acción política en el seno de la organización obrera.

Quiero para las Juventudes una amplia autonomía. Si deseo incorporar la Federación al Partido no es para anularla, sino para que dentro de él pueda actuar en las cosas generales, con limitaciones que los Congresos habrían de determinar.

Si en Rusia no hay división entre los socialistas, como se dice, porque todos están defendiendo ahora la obra común de la Revolución, yo no he de contribuir a que los correligionarios del resto del mundo nos dividamos en defensores y en adversarios de los bolcheviques.

Por el contrario, en la segunda internacional tenemos el deber de recoger todo el pensamiento moderno del Socialismo y ponerlo, desde luego, al servicio de Rusia.

Si la Agrupación de Madrid invitó a Besteiro y a Largo Caballero para que diesen conferencias explicativas de su gestión en el extranjero y éstos no las dieron, no fue por no haber querido.

La carta siguiente lo demuestra:

Al Comité de la Agrupación Socialista Madrileña.
Estimados amigos y correligionarios:
Recibida vuestra comunicación de fecha 11 del actual y conociendo vuestra petición con la que hace días me ha hecho el Comité de la Juventud Socialista, forzosamente me veo precisado a una idéntica respuesta, o sea que como quiera que los documentos están en Berna, hasta que me sean remitidos nada puedo hacer sobre el particular.
Cuando éstos lleguen a mi poder será cuando pueda decidir.
Aprovecho esta ocasión para reiterarme vuestro y del Socialismo,
Francisco L. Caballero.
Madrid, 13, 3, 1919.

Besteiro estuvo fuera mucho tiempo. No hace aún un mes que está en Madrid, y todos sabemos cuánto trabajo pesa sobre los diputados.

Insisto en que no hay lugar a división por esta cuestión, que sepamos dónde está la izquierda del partido y lo que quiere. Que lo sepamos claramente.

Pero no se dejen ilusionar los jóvenes socialistas con etiquetas sin ningún contenido.

Si yo nunca he sido un sometido, si me he puesto frente a quien no ha tenido razón, no voy a pedir que los jóvenes de ahora se sometan sin discutir y acaten nuestros puntos de vista.

Ahora bien, creo tener derecho a pedirles cordialidad y serenidad.

¿Hemos de reñir porque no coincidamos en todo?

No olvidemos que tenemos el enemigo en casa. Los sindicalistas trabajan con ardor para restarnos fuerzas.

No reparan en procedimientos. Emplean todas las ramas, por reprobables y violentas que éstas sean.

Habiendo roto, además, con los republicanos, no es de esperar que éstos nos apoyen. Estamos entre dos fuegos. Nos odian los católicos, nos odia el maurismo, nos aplastarían los militares de salón que España paga para hacer política de derechas en conjuras con núcleos patronales, y nosotros, entretanto, divididos por pequeñas cuestiones…

A trabajar por la organización obrera y por el Socialismo, amigos de las Juventudes.

Hablemos menos de lo de Rusia y procuremos que en España haya cada día más lectores para nuestra prensa y más afiliados a nuestro Partido.

Me conformo con bien poco…

Andrés Saborit