Crónicas
El Instituto de Pedagogía
Un nuevo Instituto de investigación ha surgido en estos días, como otro fruto maduro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que está llamado a transformar totalmente la alta cultura española. Un nombre del más puro sentido tradicionalista hispánico se ha impuesto como lema a la nueva Institución: el de San José de Calasanz, que con razón se ha dicho significó en nuestro Siglo de Oro una verdadera revolución docente, anterior a todas las innovaciones pedagógicas extranjeras, que con tanta necedad como ignorancia exaltaron en España los hombres de la Institución Libre. Recalquemos una vez más de pasada que la pedagogía calasancia fue la anticipación genial de nuestra Patria a todas las filantropías y tendencias humanitaristas en la esfera de la enseñanza y el mejor ensayo de pedagogía social de los tiempos nuevos. Mucho antes que Basedow y Pestalozzi crearan la doctrina fría y laica de la conmiseración por el niño desvalido, había sentido en su alma la ráfaga de la caridad aquel Don José, que dejó la carrera de las armas para formar parte de una más alta milicia en los suburbios de Roma.
Pero prescindiendo de la digresión que el título sugiere, el nuevo Instituto de Pedagogía abre ante nosotros una ruta necesaria y de eficacia prometedora. Bien comprendieron la Institución Libre de Enseñanza y los hombres que de ella salieron para realizar la revolución roja que, como decía Windthorst, la batalla capital entre la Iglesia y el mundo radicaba en el campo de la escuela. Puso un especial esmero en organizar instituciones pedagógicas con depurada técnica, excelente material y maestros formados en centros extranjeros, para educar en sus filas a una “elite” susceptible de difundir los principios disolventes en todos los sectores de la enseñanza del Estado. Así surgieron la Escuela Superior del Magisterio, el Museo Pedagógico, las Misiones Pedagógicas, &c. Esta labor, si bien nos trajo en algunos casos un conocimiento más completo de la técnica y de la legislación escolar extranjera, fue totalmente anti-española, pues complacíase sobremanera en el divorcio más absoluto de nuestra verdadera tradición docente. En España sigue aún desconocida y olvidada la historia de su Pedagogía, la que nace con firme nervio de originalidad en las doctrinas de Quintiliano, se continúa gloriosa a través del Medievo, tanto en el pensamiento isidoriano como en la práctica de las escuelas parroquiales, monacales y catedralicias, para llegar, en el período del Renacimiento, a la excelsa figura universal de Luis Vives y a las fundaciones humanitarias y populares de las Escuelas Pías de la Madre de Dios.
Apuntamos tan sólo este panorama, porque el nuevo Instituto va a consagrarse, ante todo, a rehabilitar por la investigación la historia de nuestro pensamiento pedagógico, que nada tiene que envidiar al de ningún país del mundo. Y piénsese en la utilidad y servicio de esta investigación para enlazar y vincular el nuevo régimen docente de la actual España con nuestro glorioso pasado, armonizándolo al mismo tiempo con las directrices modernas que la realidad y la técnica del día nos aconsejan e imponen.
Pero hay otras razones que han impulsado la creación de ese Instituto y que entrañan un alcance político y cultural extraordinarios. En primer término, el magisterio primario español necesita elevar su nivel cultural, lo que sólo se consigue bajo la inspiración y mando de una aristocracia intelectual formada en la mejor ciencia pedagógica. Pero, además, es preciso exaltar a la Pedagogía y destruir el tópico de que son sólo pedagogos los hombres de la primera enseñanza. Una nueva savia pedagógica necesita también la enseñanza toda, particularmente la Media e incluso la Superior. Porque mal de España, durante muchos años, ha sido la exclusión de la Pedagogía en la formación del maestro y del profesor, a quien sólo se exigía un nivel de preparación científica, las más de las veces reñido con el sentido de la vocación, de la técnica y de la práctica escolar.
Finalmente, el Instituto puede ser un poderoso instrumento de colaboración con la política docente del Estado, al que proporcionará los elementos necesarios para la gran revolución docente que exige el porvenir de España. Labor de asesoramiento por el cultivo de la ciencia pedagógica y por la preparación de hombres capacitados para el gobierno de los grandes centros, donde se reclute el Magisterio y el profesorado. En este sentido no dudamos en afirmar que el nuevo Instituto de Pedagogía del Consejo Superior de Investigaciones científicas es otra pieza maestra en el camino de la auténtica revolución de los espíritus.