Filosofía en español 
Filosofía en español


Crónicas

El Museo de América

La iniciativa del Ministro de Educación Nacional de crear en Madrid un Museo de América, no sólo llena un vacío importante en el aspecto de nuestra Museografía, sino que puede reputarse de interesante medida política y cultural. España necesitaba, evidentemente, un Museo de América, ante todo, por la razón imperiosa de que, habiendo sido ella la descubridora y civilizadora de aquel nuevo continente, mientras varios países europeos se habían preocupado de instalar un Museo de esta índole, con el fin de conocer los pueblos americanos y utilizar esos conocimientos para sus relaciones políticas, culturales y aún comerciales, en nuestra Patria no existía una institución semejante. En estos Museos se dio preferencia a lo pre-colombino. Los objetos más diversos de las antiguas civilizaciones americanas aparecieron expuestos, aunque sin un sistema y método científico e histórico, las más de las veces, con olvido de toda la historia posterior, como si las civilizaciones aborígenes de América no hubieran sido despertadas de su sueño secular y bárbaro por el influjo benéfico de nuestra Madre Patria. No hace muchos años, tanto Francia como Alemania, como Norteamérica, se esforzaron en organizar sus Museos americanos, clasificando minuciosamente los objetos naturales y artísticos de los pueblos pre-colombinos. De este movimiento museográfico ha estado, en verdad, ausente España; pues, fuera del esfuerzo que supuso la Exposición de 1892, cuyo resultado fue la creación de una sección en el Museo Arqueológico Nacional, con cuyo motivo recibimos algunos valiosos donativos de países hispanoamericanos, nula ha sido nuestra obra y bien escasos los frutos de una labor americanista en tal sentido.

Por fortuna, la nueva España se ha dado cuenta de la necesidad de instalar un Museo consagrado a lo que representa como la sustancia histórica de nuestra Patria: la Hispanidad; esto es, su obra colosal, única en la historia de todos los pueblos, del descubrimiento, conquista y civilización del Nuevo Mundo. Museo que represente vivamente la gran misión Imperial que nos asignó la Providencia, y sea símbolo de nuestro supremo destino.

Es verdad que ya existe entre nosotros una cantera histórica de primera magnitud, en la que se encierra todo el tesoro espiritual de nuestra mejor hazaña, escrita documentalmente en millares de legajos, que reflejan, contra todas las negras leyendas, la grandeza y excelencia de nuestra epopeya americana. Pero el Archivo de Indias, como subraya el Decreto de creación del Museo, no basta. Los documentos están como mudos; sólo hablan al investigador y al estudioso; no transcienden al gran público. Y España necesita una Exposición permanente y viva –que a diario entusiasme a todos de una manera plástica y emocional– de lo que fue su mejor afán en los siglos y de lo que representa la más excelsa de sus galas históricas.

Sin olvidar lo pre-colombino, cuya exhibición es necesaria y útil, y de lo cual puede ser un gran fondo inicial la riqueza que atesora nuestro primer Museo Arqueológico, el Museo de América ha de abarcar también la Historia de nuestro Imperio colonial. Acertadamente dispone el Decreto que se expongan, con rigurosa fidelidad científica, la historia del descubrimiento, conquista y colonización de América; las manifestaciones de civilización de los pueblos indígenas, antes y después de la conquista; el arte colonial y la labor de las misiones. Más concretamente, el Museo nacerá con las colecciones de Etnografía y Arqueología americanas del Museo Arqueológico Nacional, que podrán incrementarse en lo sucesivo con objetos de arte americano o de interés arqueológico, pero, a la par, con colecciones de reproducciones, vaciados, croquis, planos, fotografías, dibujos y maquetas y con cuantos medios puedan servir para hacer más expresivas las instalaciones.

Percíbese con todo ello el afán de crear un Museo original y distinto al tipo de Museos coloniales del Mundo. Porque no se busca la repetición de los objetos, sino una exposición sistemática de la Historia de nuestro Imperio. Quiérese una representación plástica de la Historia de América, cuya contemplación, a la par que dé idea exacta de la evolución de aquellas civilizaciones, despierte en el visitante el conocimiento y el amor a la gran obra de nuestra Patria. El Museo de América ha de ser un Museo esencialmente docente, en el que, a falta de objetos, se utilicen maquetas, mapas y fotografías, pero que, en su conjunto panorámico, dé un valor total a cuanto interese subrayar históricamente, para la visión íntegra de la gesta heroica de España en el Nuevo Mundo.

Por la sencillez y viabilidad con que el Ministerio de Educación Nacional ha afrontado la creación de este Museo; por las personas que integran el Patronato que lo rige, del que serán vocales de honor los representantes diplomáticos de las naciones hispanoamericanas, el Museo está llamado a ser rápidamente una realidad entre nosotros, llenará las exigencias culturales, servirá, a la par, a un hispanoamericanismo auténtico, alentará para el estudio histórico al gran público y será, finalmente, una satisfacción para los pueblos americanos.