Filosofía en español 
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Paz de Borbón

Calderón de la Barca, visto desde Alemania

Cuando mi nieta Mercedes me escribió que había aceptado con mucho gusto la presidencia de la Junta para la Reconstrucción de la iglesia de San Pedro de los Naturales, en Madrid, surgió ente mis ojos la excelsa figura de D. Pedro Calderón de la Barca, cuya tumba había visto allí, hace muchos años, cuando fui a pedir enfermeras para el hospital de Tarancón.

Entonces recorrí todo el edificio, admirando la fundación que acoge a los sacerdotes enfermos o con necesidad de descanso, tras sus largas fatigas al servicio de Dios y de los hombres.

Nunca pude creer que existieran corazones tan duros, capaces de destruir aquella casa-hospital y de profanar el sepulcro del sacerdote poeta.

Yo aprendí de él que toda “la vida es sueño” y, conforme fui avanzando por el camino de la existencia, fui comprendiendo mejor esa verdad.

Sus obras las he conocido en Alemania. Nuestro Arzobispo, el Cardenal Falhaber, dice: “Entre las estrellas de primera magnitud en la literatura mundial, al lado de Homero y de Firdusi, de Isaías y del poeta Job, al lado de Dante, de Shakespeare y de Goethe, se cita a D. Pedro Calderón de la Barca, el clásico más grande del drama español”. Estas palabras las pronunció el año 1908, en Boppard, ante las Maestras Católicas, a quienes dio una conferencia cuando él era catedrático y explicaba el “Nuevo Testamento” en la Universidad de Strasburgo.

Ahora que Calderón renace de nuevo, como el Fénix de sus cenizas, he pedido permiso al Sr. Cardenal para traducir íntegra aquella conferencia. Me lo ha concedido con sumo gusto; pero es demasiado larga para publicarla en circunstancias que escasea tanto el papel. Esperaré mejor ocasión. Hoy sólo quiero decir cómo se admira a Calderón en Alemania.

En Munich hay una agrupación denominada “Calderón Gesellschaft” (Sociedad de Calderón), que se reunía de cuando en cuando para saborear sus obras.

Al surgir de nuevo ante mis ojos la imagen de Calderón, pregunté al Profesor Karl Vossler, que tan a fondo conoce la literatura española, cuáles eran las obras de Calderón traducidas al alemán, y me contestó lo siguiente, copiado de su carta, escrita en español: “Está traducido al alemán todo el teatro religioso y profano de Calderón, por diversos autores y repetidas veces; que existen un sin número de trabajos alemanes sobre Calderón, siendo este gran poeta el que despertó nuestro interés con mayor entusiasmo, que todos los demás escritores españoles”. Es imposible enumerar, en un pequeño artículo, todas las obras aludidas, así es que hoy me limito a dos indicaciones, que quizá tengan alguna utilidad.

En la casa editorial Hesse & Becker, en Leipzig, se editó, hace unos diez años, “Calderón Ausgewahse Werke” (Obras escogidas de Calderón), en diez tomos, por Von Wurzbach. En el libro de Hermann Tiemann “Das Spanische Schrifttum in Deutschland” (La literatura española en Alemania), se encuentran, en las páginas 170-187, observaciones y noticias muy interesantes sobre la recepción de la poesía calderoniana en Alemania. Para “Das Grosse Welttheater” (El gran teatro del mundo), que se representó el año 1935 en Einsiedeln (Suiza), al aire libre, ante el Convento, se pusieron en escena obras de Calderón, y fue preciso pedir los billetes con tanta anticipación, como para asistir a las óperas de Wagner, en Bayreuth. El Profesor Vossler me dice también que en la Biblioteca Nacional existe una conferencia que dio el Padre Expeditus (franciscano) en el Centro de Intercambio Germano-Español, en Madrid, el año 1930, titulada el “Auto Sacramental de Calderón”, signatura Acd. 67-I-25. El Padre Expeditus hizo un segundo viaje a España, para ver si en el Archivo de Nuestra Señora de la Novena encontraba datos sobre el teatro de Calderón en los Autos Sacramentales. Quería averiguar impresiones tras el telón, entre bambalinas; pero no encontró nada; sin embargo, no había perdido la esperanza de encontrarlo, cuando le sorprendió la muerte.

Ha dejado innumerables papeletas para el libro que se proponía publicar sobre Calderón.

En el cielo se habrán encontrado los dos sacerdotes literatos, y quizá inspire a los que continúen investigando la obra de Calderón, tan admirada en Alemania, para que llegue un día en que, ante la excelsa figura del dramaturgo español, se incline el mundo entero.

Antes de terminar, suplico a cuantos lean estas líneas que aporten su granito de arena a la reconstrucción de la Casa-hospital para sacerdotes enfermos, donde estuvo sepultado el gran D. Pedro Calderón de la Barca.

Paz de Borbón