Filosofía en español 
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Punto cuarto · Del modo con que se debe decir la Misa, y de los defectos, que pueden ocurrir en ella

P. ¿Qué debe observar el Sacerdote en la celebración? R. Que las rúbricas prescriptas por la Iglesia. Por tanto, el Sacerdote está obligado a saberlas, y a leerlas algunas veces, para que no se le olviden, pues no basta haberlas sabido al tiempo de ser examinado en ellas. Debe, pues, el celebrante observar en la celebración de la Misa un modo grave y devoto al proferir las palabras; en formar los signos, en las genuflexiones, y en todas las demás acciones, de que conste este acto tan sublime de religión; considerando por una parte, que representa la persona de Cristo en el altar, y por otra que maneja con sus manos al mismo Señor. Peca, pues, gravemente el Sacerdote, que causa indevoción a los que asisten a la Misa por leer con precipitación, o hacer con priesa las ceremonias. Debe también usar de la diferencia de voces, que prescriben las rúbricas, profiriendo unas cosas en alta voz, de tal manera que lo puedan percibir los circunstantes, y no perturbe a otros Sacerdotes que celebren al mismo tiempo; otras en voz media; y finalmente otras en voz sumisa.

P. ¿Está gravemente obligado el Sacerdote a observar las rúbricas del Misal? R. Que las rúbricas son en dos maneras; unas preceptivas, y otras directivas. Llámanse preceptivas las que, o por razón de la materia, o del misterio que encierran, obligan gravemente. Directivas se dicen las que según la opinión más común, o probable obligan sub levi. Esto supuesto: el Sacerdote está gravemente obligado a observar las rúbricas preceptivas, y sub levi las directivas, a no ser grave también la inobservancia de estas por desprecio, u otro motivo extrínseco. Cualquiera Sacerdote está obligado a decir la Misa, conforme al rito público de la Iglesia en que celebra, aunque no convenga con su rezo; porque tiene obligación a conformarse con el rito público, y color de que ella usa en aquel día. No es lícito salir a dar la comunión con vestiduras negras, pero se podrán en la Misa de Requiem consagrar algunas formas, para distribuirlas a los que quieran comulgar. La sagrada Congregación. Vease a Merati tom. I, in 3, appendic. decret.

P. ¿Peca gravemente el Sacerdote que omite alguna parte de la Misa? R. Que las partes de la Misa unas son ordinarias, y que siempre se dicen, como la confesión, oración, epístola, y otras. Son otras extraordinarias; porque no se usa siempre de ellas, como la Gloria, Credo, diversidad de prefacios, tractos, y algunas adiciones al Canon. Pecará gravemente el que omite alguna de las partes ordinarias, y levemente, si deja alguna extraordinaria. Omitir en el Canon uno o dos nombres de los Santos, no será grave: mas si voluntariamente se deja alguna cosa, alias leve del Canon, pervirtiendo, o corrompiendo su sentido, será pecado mortal; porque quidquid alii dicant, hay en ello desorden grave. El que recibe estipendio para decir, Misa de Requiem, no pecará gravemente en decir la del día, y aún deberá decirla, si fuere doble el oficio. El decir Misa votiva, o de difuntos frecuentemente pro libito en día doble, o de Dominica, lo tenemos por pecado mortal. Otras muchas particularidades individuan los Autores en que habrá o no culpa grave por la omisión de esta o la otra parte de la Misa; las que sería muy prolijo proponer; y asó lo dejamos al juicio de los prudentes, supuestas las reglas generales ya dichas.

P. ¿Puede en alguna ocasión el Sacerdote interrumpir la Misa ya empezada? R. Que sin justa causa nunca puede, mas se dan muchas para hacerlo; como si fuese necesario para bautizar a un moribundo, oírle de confesión, darle el Viático, o la Extremaunción, si no pudiese recibir otro Sacramento, y no habiendo otro que lo hiciese. Todo esto se podrá hacer interrumpiendo la Misa, aunque sea después de la consagración; como también para ocurrir a alguna grave necesidad del mismo Sacerdote, quien pudiendo, volverá después a perfeccionar el Sacrificio. Y si ya consagró, y no puede volver, deberá otro perfeccionarlo, aunque no esté en ayunas, no habiendo quien lo esté. Si entrase en la Iglesia algún excomulgado vitando empezada la Misa, debe ser arrojado fuera; y si no quisiere salir, se deberá dejar la Misa, si aún no llegó el Sacerdote a la consagración; si entrare después de esta, avisaría el celebrante a los concurrentes que salgan fuera de la Iglesia, y quedándose con solo el ministro, perfeccionará el Sacrificio hasta la sunción, y luego se entrará en la sacristía para decir lo que resta, a no ser que el excomulgado le siga, que lo omitirá.

P. ¿Cuánto tiempo debe emplear el Sacerdote en decir la Misa? R. Que cada uno se acomodará en esta parte a los estatutos sinodales o de su religión. Generalmente hablando, se debe emplear a lo menos la tercera parte de una hora en cada Misa; pues este tiempo por lo menos, se requiere para celebrarla con la reverencia, gravedad, y decoro que pide obra tan sagrada. Véase a Lambertino Instit. 34, §. 6.

P. ¿Debe el Sacerdote suplir los defectos que ocurrieren en la Misa? R. Que si los defectos fueren substanciales; como si fuesen pertenecientes a la materia, forma, intención del Sacerdote, u otra cosa tocante a su esencia o substancia, deben siempre que se pueda suplirse. Mas si los defectos solo fueren accidentales; esto es: de aquellos que muchas veces ocurren, sin que por ellos falte la substancia del Sacrificio, no siempre se deberán suplir; como si el Sacerdote advierte cuando dice el Evangelio, que ha omitido la gloria, o algunas oraciones, no deberá suplir lo que dejó, sino arrepentirse de la culpa, si la hubo; pues sería invertir el orden de la Misa, volver otra vez atrás. Pero si advirtiere el defecto después de pocas palabras, lo suplirá, si pudiere hacerlo sin nota, y si no dejarlo. Siendo el defecto substancial siempre que se pueda se debe suplir, aun cuando el Sacerdote lo advierta después de haber consagrado, como lo iremos declarando.

P. ¿Qué deberá hacer el Sacerdote cuando advierte haber puesto agua por vino, u hostia que no sea de trigo? R. Que si lo advierte antes de la consagración, debe poner otro vino, y otra hostia, y si no se halla ha de dejar la Misa. Si la hubiere, la ofrecerá, y consagrará, empezando por aquellas palabras: qui pridie quam pateretur. Si lo advirtiere después de la consagración de la una especie, quitada la invalida debe poner, ofrecer, y consagrar otra valida; y si esta no se halla, ni aun esperando algún rato, procederá adelante hasta concluir la Misa, omitiendo los signos correspondientes a la especie que falta. Finalmente si advierte la falta después de haber sumido la agua por vino, ha de poner ambas materias verdaderas, ofrecerlas, consagrarlas, y sumirlas, aunque no esté en ayunas, por preponderar más la integridad del Sacrificio. O si la Misa se celebra en público y con mucha concurrencia, para evitar la nota, pondrá el vino con la gota de agua, y hecha la oblación, a lo menos mentalmente, la consagrará, empezando por las palabras: Simili modo, sumiéndolo después, y prosiguiendo lo demás. Cuando el defecto fuere acerca de la hostia, o por no ser verdadera materia, o por no haber tenido el Sacerdote intención de consagrarla, si se hizo la sunción del cáliz, deben ambas especies consagrarse de nuevo, para guardar el orden de la consagración.

P. ¿Qué se debe hacer en el caso que caiga algún animal en el cáliz? R. Que si el animal fuere venenoso, y lo advierte el Sacerdote antes de la consagración, echará el vino en algún lugar decente, y lavando el cáliz pondrá otro, mezclará la gota de agua, y lo ofrecerá, y consagrará. Si lo advirtiere después de haber consagrado, deberá apartar el primer cáliz, y echando en otro el vino, y mezclando el agua, ofrecerlo y consagrarlo, y sumirlo, según ya queda dicho; y el vino consagrado antes, ha de empaparse en algunas estopas, que después de secas se han de quemar, y arrojar las cenizas con la ablución en la piscina. Mas cuando cayere en el cáliz después de la consagración algún animal que no sea venenoso, deberá el Sacerdote sumirlo, si pudiere hacerlo sin peligro de vómito, juntamente con el vino; pero si no pudiere sin él, ha de sacarlo cautamente con alguna aguja u otro instrumento limpio, y después de la Misa lavarlo con diligencia, quemar el animal, y arrojar sus cenizas, y abluciones en la piscina. Y si aun hecho esto, no se atreve el Sacerdote a sumir el vino, en que cayó el animal, por causarle nausea, u horror, con peligro de vomitarlo, lo dejará para que lo suma otro Sacerdote, y él consagrará y sumirá otro, según lo que hemos dicho. Cuando un enfermo o sano vomitare las especies consagradas que recibió, si aparecen enteras, deben separarse, y depositarse en un vaso decente, hasta que se corrompan, y después echarlas en la piscina. Si no se pueden distinguir se quemará todo el vomito, haciendo lo mismo con sus cenizas.

P. ¿Está obligado el Sacerdote a decir en la Misa, lo que no se acuerda si ha dicho? R. Que si ciertamente le consta no haber dicho alguna cosa esencial, la deberá decir. Si duda probablemente de ello, lo dirá sub conditione. Si fuere una mera no recordación, no repetirá cosa alguna, aunque sea de la misma forma, porque apenas hay quien se acuerde de todo lo que dijo, o hizo; y así debe proseguir con serenidad, especialmente si es afligido de escrúpulos.

[ Compendio moral salmaticense · Pamplona 1805, tomo 2, páginas 80-84 ]