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Comentarios críticos al Diccionario soviético de filosofía

Racionalidad

Racionalidad en el Diccionario soviético de filosofía


 

Racionalidad · Carmen Baños Pino · 24 de junio de 2019

Este término no figura ni en el Diccionario filosófico marxista de 1946, ni en las versiones de 1959 y 1965. Sí lo recoge el Diccionario de filosofía de 1984 que define la “racionalidad” como el rasgo característico según el cual unos procesos llegan a un determinado resultado, es decir, a un fin. Esta racionalidad se manifestaría tanto en el mundo natural (en forma de la adaptabilidad al medio de los organismos), como en la esfera social (se extinguen aquellos órdenes sociales que han perdido su función y se sustituyen por otros nuevos) y en las acciones humanas. De manera amplia se nos dice que todas las acciones humanas ejecutadas con un fin, son “racionales”, y el grado más alto de racionalidad se alcanza cuando en una relación causal el nexo entre la causa y el efecto es un “fin consciente”.

Este modo de definir la racionalidad, muestra la perspectiva finalista de los autores del Diccionario soviético, que se sitúa en la línea de las corrientes defendidas por muchos biólogos que, iniciadas durante los años 40 y 50 del pasado siglo, reivindicaron la noción de finalidad llegando a interpretarla como un hecho biológico (p.ej., Edward Stuart Rusell en La finalidad de las actividades orgánicas, 1948). Por eso, ven en el darwinismo la prueba para reconocer las categorías teleológicas, que no se dan sólo en Biología sino también en Sociología, Economía e Historia: “Los hechos de la racionalidad orgánica utilizados por la teleología encontraron una explicación científica en la teoría de la selección natural de Darwin, y la racionalidad de las formas de la vida social, en la teoría económica y el materialismo histórico de Marx”.

Sobre estas apreciaciones, cabe observar que la idea de fin, finalidad o teleología tiene muchas acepciones, y puesto que la noción de racionalidad implica unos fines (los procedimientos racionales siguen siempre unos fines prolépticos o teleológicos), lo primero que hay que precisar es el modo en el que en esta entrada del Diccionario se sobreentienden las ideas de “teleología” y de “fin consciente”. Porque en función de cómo se entienda el fin, como propositivo o no propositivo, así se interpretará la racionalidad. En este sentido, tal y como podemos comprobar en la voz “teleología”, el Diccionario soviético niega la versión proposicionalista del idealismo que vendría a decir que todo ha sido creado conforme a un fin. Frente a ella, el materialismo dialéctico restringe la tendencia finalista al ámbito de la actividad del hombre.

Ahora bien, pese al desacuerdo con el modo idealista de entender la teleología, la idea que el Diamat defiende no es otra que la doctrina tradicional de finalidad como algo que procede de una mente o conciencia que se propone un fin, en primer lugar, y lo realiza después. En la definición de “fin”, leemos: “anticipación en la conciencia del resultado que intenta obtener”.

Vemos, pues, que el “fin consciente” a través del que definen la racionalidad es un fin propositivo que proyecta un objetivo que luego cumple. Este modo de entender la finalidad proléptica supone la sustantivación de una mente que tiene fines y que planifica un futuro. Así, por ejemplo, desde esta posición, la racionalidad del neandertal cuando fabrica una hacha musteriense se pondría en la planificación o representación de ese hacha antes de haberla fabricado, o en el famoso ejemplo de Marx, la diferencia entre la abeja y el arquitecto es que éste actúa según un “fin consciente”, racional, que le lleva a “representarse el edificio antes de construirlo”, en cambio, la abeja al carecer de tal fin no se representa el panal. La idea de racionalidad que se está suponiendo desde estas coordenadas es la de ser cualidad de una mente, facultad, conciencia, entendimiento, inteligencia o capacidad psicológica derivada de la estructura cerebral.

Desde el materialismo filosófico rechazamos la perspectiva del Diamat y criticamos, por infundada, esta finalidad proléptica que supone un “fin consciente” que más tarde será proyectado. Por el contrario, desde nuestras coordenadas, no es el “fin consciente” el que guía las acciones humanas, porque no hay proyección de un fin previo de una razón o entendimiento, sino que el fin aparece, respecto al objetivo y la actividad del sujeto, como una conexión de identidad entre el comienzo de un proceso y el término del mismo, es decir, hay una serie en la que se concatenan episodios sucesivos que terminan en un objetivo, que de algún modo es similar al principio (de ahí que hablemos de “identidad”). En el ejemplo del hacha musteriense, la racionalidad del neandertal no la ponemos en la representación intencional del “hacha futura”, que se supone que guía las operaciones de construcción, sino en la serie de secuencias de operaciones ejecutadas por las manos del neandertal, dirigidas por el recuerdo de otras hachas anteriores. Es por esto que decimos que las prolepsis proceden de anamnesis.

El fin, o la causa final, es la disposición de las causas eficientes compuestas operatoriamente en la anamnesis. Por eso, el fin como fin proléptico, alcanza aquí un significado causal, puesto que es un factor causal que interviene en la conformación del resultado. Y la racionalidad la hacemos consistir en todo el proceso de operaciones que según esquemas materiales de identidad llegan a ese resultado.

Desde el materialismo filosófico consideramos la racionalidad como construcción, como “racionalidad de las manos” que ejecutan operaciones prácticas, quirúrgicas, orientadas a conseguir la satisfacción de las necesidades biológicas y sociales más urgentes. En este sentido, la racionalidad tiene que ver con todo aquello que ha sido construido operatoriamente, mediante composiciones y separaciones de partes que conducen a una estructura identificable. Dichas composiciones implican una conducta que es capaz de discriminar unas maneras de proceder, frente a otras; es decir, lleva a cabo operaciones de clasificación. Por eso, la característica fundamental de la racionalidad humana la ponemos en la clasificación, en la operación de clasificar, en la cual reside uno de los usos más positivos de los conceptos de entender, razonar y pensar.

Carmen Baños Pino

 
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Las cuatro versiones soviéticas del Diccionario filosófico de Rosental e Iudin
Diccionario filosófico marxista · Rosental & Iudin · Montevideo 1946
Diccionario de filosofía y sociología marxista · Iudin & Rosental · Buenos Aires 1959
Diccionario filosófico abreviado · Rosental & Iudin · Montevideo 1959
Diccionario filosófico · Rosental & Iudin · Montevideo 1965
Diccionario marxista de filosofía · Blauberg · México 1971
Diccionario de comunismo científico · Rumiántsev · Moscú 1981
Diccionario de filosofía · Frolov · Moscú 1984