Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Introducción

Objeto de la historia de la filosofía


La filosofía1 es una de las formas de la conciencia social; comprende las ideas acerca de las leyes generales del ser y del conocimiento, y acerca de las relaciones entre el pensamiento y el ser. La filosofía ha sido siempre la concepción del mundo de determinados grupos o clases sociales. Su objeto, es decir, el círculo de problemas estudiados por ella en el curso de su trayectoria histórica, ha cambiado reiteradamente y, en ocasiones, de un modo radical. Sin embargo, pese a ello, el problema filosófico fundamental ha sido siempre, y sigue siéndolo hasta hoy, el problema de las relaciones entre el pensamiento y el ser, entre el espíritu y la naturaleza, la con ciencia la materia. Según como los filósofos responden a esta cuestión, se dividen en dos campos fundamentales. Los que reconocen la primacía de la materia, de la naturaleza o del ser forman el campo del materialismo; los que consideran que lo primario es el espíritu, la conciencia, el pensamiento o la sensación constituyen el campo del idealismo. Pero el problema fundamental de la filosofía tiene también otro aspecto: el de si podemos conocer el mundo, el de si nuestras representaciones, nuestros conceptos, tienen una validez objetiva. El materialismo filosófico se caracteriza por responder afirmativamente a esta cuestión. En cambio, muchos filósofos idealistas (entre ellos Hume, Kant y otros) niegan abiertamente o ponen en tela de juicio la posibilidad de conocer la realidad; o sea defienden el agnosticismo; sin embargo, algunos filósofos idealistas (como Hegel, por ejemplo), aunque admiten la posibilidad de conocer el mundo y se pronuncian contra el agnosticismo, no pueden resolver acertadamente el problema de la cognoscibilidad de lo real, puesto que consideran que la conciencia, el espíritu, es lo primario.

Desde sus orígenes, las dos tendencias filosóficas fundamentales y opuestas entre sí –el materialismo y el idealismo– libran una lucha constante, lucha que refleja, en última instancia, la que se libra en la sociedad dividida en clases.

Esta lucha de clases en la sociedad es la principal fuerza propulsora del desarrollo social, así como de todas las formas de la conciencia social, incluida la filosofía. Hay que agregar a ello que, por regla general (con pocas excepciones), el materialismo expresa la concepción del mundo de las fuerzas avanzadas, progresivas, mientras que el idealismo representa, [14] aunque no siempre, la concepción del mundo de las fuerzas ya caducas, conservadoras y reaccionarias de la sociedad.

La lucha del materialismo contra el idealismo ha contribuido siempre y, sigue contribuyendo hoy, a la lucha de la ciencia contra la religión. “Los enemigos de la democracia –dice Lenin– trataban con todas sus fuerzas de «refutar», minar, calumniar el materialismo, y defendían las diversas formas del idealismo filosófico, que se reduce siempre, de un modo o de otro, a la defensa o al apoyo de la religión.”2

La lucha entre el materialismo y el idealismo es el hilo que engarza todo el desarrollo filosófico y constituye el contenido fundamental de la historia de la filosofía.

En cuanto ciencia, la historia de la filosofía tiene por objeto el desenvolvimiento del pensamiento filosófico en las distintas fases de desarrollo de la sociedad y, ante todo, la historia del nacimiento, formación y desarrollo de las tendencias filosóficas fundamentales; es decir, el materialismo y el idealismo en su lucha recíproca.

La historia marxista de la filosofía estudia la trayectoria seguida por la filosofía marxista en su lucha contra el idealismo y el cambio de unas formas del materialismo por otras; pero dicha historia no se limita a estudiar la trayectoria histórica del materialismo y sus diversas formas, sino que investiga asimismo las transformaciones sufridas por el idealismo, el desplazamiento de unas corrientes idealistas por otras.

La historia científica de la filosofía aborda también el nacimiento, la formación, el desarrollo y la lucha mutua entre dos métodos de conocimiento opuestos recíprocamente: el método dialéctico y el método metafísico. La esencia del método dialéctico estriba en que examina todo fenómeno en sus relaciones mutuas, en sus cambios y desarrollo, en sus contradicciones internas. El método metafísico representa absolutamente lo contrario: sustrae los fenómenos y procesos a su concatenación universal, niega la existencia de sus contradicciones internas y rechaza absolutamente el desarrollo, o bien lo reduce a cambios puramente cuantitativos. La lucha entre la dialéctica y la metafísica ha revestido formas concretas distintas según que la dialéctica se haya opuesto a la metafísica desde posiciones materialista o idealistas y según que la metafísica se halle ligada, en una situación histórica concreta, al materialismo o al idealismo.

Por tanto, la historia de la filosofía comprende también la historia del nacimiento, formación y desarrollo de la dialéctica y de la metafísica y de su lucha mutua, vinculada íntimamente a la lucha entre las dos tendencias filosóficas fundamentales.

La historia científica de la filosofía no puede limitarse exclusivamente a registrar y describir, de un modo exterior, los hechos filosóficos o a exponer pura y sencillamente el contenido de los diferentes sistemas filosóficos. La misión de la historia de la filosofía en cuanto ciencia estriba en descubrir las leyes que presiden el desenvolvimiento de la filosofía como forma de la conciencia social que refleja el ser social.

Las necesidades impuestas por la vida material de la sociedad condicionan, en última instancia, la trayectoria histórica de la filosofía. Al [15] igual que otras partes integrantes de la supraestructura de la sociedad (el arte, la moral, el derecho, &c.), la filosofía o bien defiende los intereses de la base económica o bien lucha por la supresión de la antigua base y por su sustitución por otra nueva que responda al carácter y al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. Así, pues, en su trayectoria histórica, la filosofía se ajusta a la ley fundamental de toda la vida social, según la cual la conciencia social se halla determinada, en última instancia, por el desarrollo de la producción material.

El desenvolvimiento filosófico depende del carácter y de las peculiaridades que ofrece la lucha de clases en cada fase histórica del desarrollo social de un país dado, así como de la naturaleza y el nivel alcanzado por el progreso científico, particularmente en el campo de las ciencias naturales.

Pero la filosofía goza, al mismo tiempo, de una relativa autonomía en el curso de su evolución. Como forma particular de la ideología, posee sus rasgos específicos, sus propias leyes de desarrollo y cierta lógica interna, que expresa, de un modo generalizado, las leyes que rigen el conocimiento del mundo, leyes que reflejan, a su vez, las leyes objetivas de la naturaleza y del ser social.

La historia marxista de la filosofía pone al descubierto todos los aspectos del desarrollo del pensamiento filosófico en sus relaciones mutuas y concede una importancia decisiva a la dependencia en que, en última instancia, se halla la filosofía respecto del ser social y de la lucha de clases, sin la cual resulta imposible comprender acertadamente la esencia social de la filosofía, el papel que desempeña en la vida social y la significación que tiene en ésta.

Toda teoría filosófica, sea idealista o materialista, tiene siempre un carácter partidista. Esto quiere decir que cada pensador, cada filósofo expresa, de uno u otro modo, la concepción del mundo de tal o cual clase o grupo social. V. I. Lenin decía que el materialismo está impregnado de un espíritu de partido, ya que está obligado, al apreciar cualquier acontecimiento, a adoptar el punto de vista de determinado grupo social.

Lenin enseñaba que detrás de las diversas corrientes de la filosofía burguesa actual, disfrazadas frecuentemente con toda suerte de escolasticismos gnoseológicos, no se puede por menos de ver la lucha de los partidos en la filosofía, lucha que expresa, en última instancia, las tendencias y la ideología de las clases enemigas dentro de la sociedad moderna. La novísima filosofía está tan impregnada del espíritu de partido como la filosofía de hace dos mil años. En realidad –una realidad velada por nuevos rótulos seudocientíficos y charlatanescos, o bajo una mediocre no pertenencia a ningún partido–, los partidos en lucha son el materialismo y el idealismo.”3

Marx, Engels, Lenin y sus discípulos –entre ellos Stalin y otros– han criticado siempre a los partidarios del “término medio” en la lucha entablada entre las dos tendencias filosóficas fundamentales y han puesto al desnudo la absoluta inconsistencia de los intentos encaminados a situar. se por encima del materialismo y del idealismo y a abrazar las posiciones de una imaginaria filosofía sin partido. [16]

La filosofía marxista se halla ligada íntimamente a la política de los partidos comunistas y obreros y la defiende activamente, expresando franca y abiertamente los intereses de la clase obrera.

Siguiendo las enseñanzas de Lenin, el Partido Comunista de la Unión Soviética y los partidos comunistas y obreros hermanos luchan diariamente, en forma activa, en favor del espíritu de partido de la filosofía marxista y en pro del desarrollo creador de la teoría marxista-leninista.

El materialismo dialéctico e histórico es la concepción del mundo del Partido Comunista de la U.R.S.S. y de los partidos marxistas-leninistas de los demás países. Y el nervio revolucionario del marxismo, su método científico, es la dialéctica materialista, es decir, la ciencia de las leyes más generales del desarrollo de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento humano.




{1} La palabra filosofía es de origen griego y significa literalmente “amor a la sabiduría” (de φιλέω, amo, y σοφία, sabiduría).

{2} V. I. Lenin, «Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo», en Obras escogidas, en dos tomos, trad. española, t. 1, pág. 66, Moscú, 1948.

{3} V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, trad. española, pág. 415. Moscú, 1948.