Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Capítulo I:3

Nace y se desarrolla el pensamiento filosófico en la antigua China


El pueblo chino, uno de los más antiguos del mundo, posee una cultura elevada y ricas tradiciones revolucionarias. “En el proceso de desarrollo de su civilización –escribe Mao Tse-Tung– dio a luz a muchos grandes pensadores, hombres de ciencia, inventores, jefes políticos y militares, escritores y artistas, y creó gran cantidad de monumentos culturales.”52

La historia de China que atestiguan fuentes escritas comprende unos cuatro mil años.

En China, la desintegración del régimen de la comunidad primitiva y el nacimiento de la sociedad de clases se remontan al milenio II a. n. e. En [57] aquella época predominaba la agricultura en la antigua economía china. En algunas tribus se desarrolló considerablemente la artesanía: la fundición del bronce, la cerámica, &c. En el milenio I a. n. e. se difundió ampliamente en la agricultura la irrigación artificial de las tierras. Todo esto contribuyó a que se acelerara la diferenciación de clases en la antigua sociedad china.

En los siglos VII-VI a. n. e. comenzaron a formarse los grandes Estados o reinos. Los más poderosos de ellos, en aquel tiempo, eran los reinos Tsi, zin, Tsin, Chu y Sung. Estos antiguos Estados chinos, que revestían la forma de monarquías despóticas orientales, aseguraron el dominio de las altas capas explotadoras sobre los esclavos y los miembros de las comunidades a los que oprimían.

En el límite de los siglos VI y V a. n. e., se empezó a utilizar el hierro en China, lo que permitió abordar la construcción de grandes obras de irrigación, ampliar considerablemente la superficie de tierras cultivadas y perfeccionar la técnica agrícola. El progreso de la agricultura trajo consigo el desarrollo ulterior de la artesanía y del comercio.

El propietario jurídico de la tierra era el Estado, personificado por sus gobernantes, los vanas. Aunque las comunidades también poseían tierras. debían cultivar una parte de ellas en beneficio del Estado, y desde el milenio I a. n. e. tenían que pagar a éste una parte de la cosecha recosida en toda la superficie cultivada. Así surgió una nueva forma de explotación de los agricultores: el impuesto en especie.

El extenuante trabajo que realizaban y las durísimas condiciones en que vivían impulsaron a los agricultores libres arruinados, así como a los esclavos, a luchar contra los déspotas. Las crónicas registran una serie de levantamientos populares en ese período. Por esa misma época estallan conflictos y se libra una lucha por el poder entre las capas superiores aristocráticas de la clase dominante y las capas formadas por los hombres ricos de la sociedad, los mercaderes y usureros.

A mediados del siglo IV a. n. e., el reino Tsin se puso a la cabeza de todos los Estados relativamente poderosos e independientes de la antigua China. De esa época data la ampliación de las relaciones de compraventa de tierras, que trajo consigo la desintegración de las comunidades. Se implantó una nueva forma de usufructo de la tierra –el derecho de propiedad privada sobre ella–, y en vez del antiguo impuesto sobre la cosecha se estableció un nuevo sistema impositivo que hacía depender el impuesto de la extensión de las tierras. Con ello quedó abierto el camino para llegar a una concentración ilimitada de las tierras en manos de un puñado de propietarios privados. Las reformas de Shan Yan (358-348 a. n. e.) contribuyeron a la abolición de las relaciones comunales y patriarcales en el reino Tsin y al reforzamiento del poder estatal, que obtuvo así nuevos medios para engrosar el fisco. Esto influyó decisivamente en los éxitos alcanzados por el Estado Tsin en sus guerras con los reinos vecinos, guerras que condujeron a finales del siglo III a. n. e. a la unificación del país y a la creación del primer Estado centralizado de toda China, el imperio Tsin (221-207 a. n. e.).

Las continuas guerras y la movilización forzosa de centenares de miles de campesinos para la construcción de la Gran Muralla China fueron miando la vida económica del Imperio. Una vigorosa sublevación popular, [58] encabezada por Liu Ban, provocó el hundimiento de la dinastía Tsin y llevó al poder a otra nueva, la dinastía Han (206 a. n. e. - 220 de la era actual).

Empeñada en perpetuarse en el poder, la aristocracia dominante de la antigua China luchó encarnizadamente durante largos siglos contra las masas explotadas formadas por los esclavos y los agricultores libres, y contra la nueva capa social integrada por los hombres ricos de las ciudades, capa social que había surgido como resultado del desarrollo de las relaciones de cambio y que se pronunciaba en favor del florecimiento económico y de la unificación estatal y política del país. En ese proceso de lucha, la religión era una poderosa arma espiritual en las manos de la aristocracia dominante. Ya en la segunda mitad del milenio II a. n. e., en la época de Shan-Yin, habían aparecido ideas religiosas acerca del “Señor del Cielo” como ser supremo. Escudándose con la autoridad del “Señor del Cielo”, o sea Dios, y presentando ul rey de la tierra como un mensajero suyo, las clases dominantes explotaban implacablemente a las masas trabajadoras en la antigua China. Elló determinó que entre los hombres progresivos de aquella época apareciera cierta desconfianza hacia el “Señor del Cielo”. Así, por ejemplo, en unos antiguos versos se dice: “El Cielo no es bueno ni justo; sólo causa daño a los hombres.” (Chi-Tsin, cap. Da-ya, § Chyan-yan).

La aparición de las ideas materialistas en la antigua China contribuyó a impulsar el conocimiento científico-natural. Ya en la época de ShanYin aparece la astronomía. Los antiguos astrónomos chinos crearon un calendario lunar-solar; conocían la periodicidad de los eclipses de Sol y llevaban un registro sistemático de ellos. En el siglo IV a. n. e., el astrónomo chino Shi Shen compuso el primer catálogo estelar que se conoce en el mundo, incluyendo en él a 800 astros. Ya en ese tiempo, según cuentan las crónicas del siglo III a. n. e., los chinos empleaban la brújula en sus viajes.

Los conocimientos en el campo de las matemáticas, la medicina, la astronomía, la biología y en otras ramas del saber alcanzaron un nivel relativamente alto en la antigua China. Ya en esa época los hombres de ciencia chinos sabían que en un triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. El antiguo tratado de medicina Ney tsin es una obra valiosísima en la historia universal de las ciencias médicas.

En uno de los libros chinos más antiguos, el Shitsin (“Libro de las canciones”), en el que se mencionan más de doscientas plantas, se pone de relieve el progreso de los conocimientos biológicos. Basándose en su experiencia multisecular, los antiguos chinos implantaron una serie de métodos para labrar la tierra, entre los que figuraban el sistema del cultivo en tres hojas, rotación de cultivos en determinada parcela de tierra, el enriquecimiento del suelo con ayuda de los abonos, &c.

Los conocimientos científicos acumulados sobre la base del trabajo del pueblo contribuyeron, por un lado, al progreso sucesivo de la cultura material de la antigua China y, por otro, al nacimiento y desarrollo de la concepción materialista del mundo.

La forma más primitiva de concepción materialista de la naturaleza la constituía la doctrina de los cinco elementos primarios –metal, madera [59] agua, fuego y tierra–, doctrina surgida en el milenio I a. n. e., en la época de la dinastía Chou Occidental, como resultado del progreso científico-natural.

Al igual que en otros países, la aparición de la concepción materialista del mundo fue acompañada en la antigua China de una aguda lucha contra la religión. Así, por ejemplo, en los siglos VII-VI a. n. e., Fan VanTsi, Shen Sui y otros pensadores ateos denunciaron vehementemente a los místicos, es decir, a los defensores de la “voluntad del Cielo”. Al mismo tiempo, señalaron la inanidad de las esperanzas puestas en la ayuda de un inexistente “Señor del Cielo” y subrayaron que la dicha y la felicidad aquí en la tierra dependía de los hombres mismos.

Posteriormente, la lucha entre el ateísmo y la mística, entre el materialismo y el idealismo, se reflejó en el desenvolvimiento de diferentes corrientes ideológicas: confucianismo, laotsismo, mohismo, sofismo y otras. Esa lucha se libraba, por un lado, entre las principales corrientes del pensamiento social de la antigua China y, por' otro, entre los diversos grupos de cada una de esas corrientes.

Eminente pensador de la antigua China fue Confucio (551-479), que gozó de extensa fama como fundador de una doctrina ético-política. El libro Lun-Yü, redactado por sus discípulos, contiene diversos pensamientos del sabio chino; dicho libro constituye el material que permite conocer, en sus rasgos generales, la vida y las ideas de Confucio.

El concepto de yen (hombría de bien) es fundamental en la ética confuciana; yen es el principio moral que determina las relaciones humanas en la sociedad y en la familia e inculca el respeto a los que son superiores a nosotros bien por la edad, bien por la posición social. Confucio exigía que cada hombre se comportara en rigurosa consonancia con su posición social. Los hombres, decía también, deben ser mutuamente generosos y observar como un santo deber el culto a los antepasados.

A juicio de Confucio, al frente del Estado debían hallarse los hombres más sabios, quienes debían proponerse como tarea fundamental educar con su ejemplo personal a sus súbditos.

Pensaba asimismo que la función de gobernar equivalía a una “rectificación de los nombres”, es decir, a poner a cada quien en el lugar que le corresponde dentro de la sociedad, de acuerdo con su posición social. En el Lun Yü (cap. XII) se dice: “El soberano debe ser soberano; el súbdito, súbdito; el padre, padre, y el hijo, hijo.” Sostenía también que cada hombre debe instruirse hasta donde sea posible y perfeccionarse moralmente. Los gobernantes están obligados a educar e instruir al pueblo y a exhortarle a seguir las enseñanzas de hombres más perfectos.

Oponiéndose a las querellas entre los gobernantes de los reinos, Confucio reclamaba la unificación de la China desmembrada de su tiempo mediante el sometimiento de los gobernantes de los reinos beligerantes a la dinastía Chou.

Confucio fue el primero, en la historia de China, que fundó una escuela privada. A él le corresponde asimismo el mérito de haber recopilado y transcrito canciones populares, leyendas y documentos históricos.

Las ideas racionalistas de Confucio, sobre todo su idea de la educación moral de la personalidad, desempeñaron un papel fecundo en la historia de la cultura china. Sin embargo, su doctrina tiene un carácter [60] contradictorio; en ella se mezclan ideas progresivas con el culto a los antepasados y la defensa de los ritos religiosos tradicionales. No es casual, por ello, que la doctrina de Confucio fuese aprovechada posteriormente por las clases dominantes para infundir en el pueblo un espíritu de servil sumisión y tratar de perpetuar el régimen feudal con su orden jerárquico de castas y su rígida reglamentación de las relaciones sociales.

Al morir Confucio estalló una aguda lucha entre sus numerosos secuaces. Unos discípulos impulsaron su doctrina hacia el misticismo y el idealismo. Reflejando los intereses de las fuerzas sociales reaccionarias, sentaron las bases ideológicas para convertir el confucianismo en la ideología religiosa dominante en la sociedad china. Otros discípulos que defendían los intereses de las fuerzas sociales progresivas desarrollaron sus ideas racionalistas (sus dudas con respecto a la “voluntad del Cielo”, su idea de que todos los hombres son semejantes entre sí por lo que toca a su naturaleza, &c.) y se situaron en las posiciones del materialismo.

Uno de los más grandes pensadores de la antigua China fue el adversario de Confucio, Mo-tsé o Mo Ti (479-381 a. n. e.). Por su origen social, Mo-tsé y la mayoría de sus discípulos se hallaban relativamente cerca del pueblo trabajador. Al enjuiciar los fenómenos, Mo-tsé tomaba como criterio los intereses reales de las masas populares. Combatía a la aristocracia, criticaba la vida ostentosa, así como los sacrificios que predicaban los confucianistas; consideraba injusto el comportamiento de quienes, sin participar personalmente en el trabajo, se apropiaban de sus frutos; por último, se pronunciaba activamente contra la guerra y en favor de la creación de condiciones pacíficas de vida para el pueblo.

Mo-tsé se oponía a la doctrina confucianista que dividía a los hombres en “nobles” e “inferiores” y establecía diferentes normas de conducta (li) para los diversos grupos sociales.

El principio fundamental de su doctrina moral es la afirmación del “amor universal” (tsian-ai); dicho principio se contraponía al yen, concepto ético central del confucianismo. Sin embargo, Mo-tsé admitía la existencia de un ser espiritual supremo (el Cielo), que, según él, instituye la justicia. Finalmente, partiendo del principio de la división social del trabajo, consideraba necesaria la existencia de una clase dominante.

Mo-tsé enseñaba que en el conocimiento de la verdad hay tres factores decisivos, a saber: la experiencia de las generaciones anteriores, la opinión del pueblo y la aplicación práctica del saber en la gobernación del país.

Las ideas de Mo-tsé sirvieron de punto de partida a sus discípulos, los mohistas, al elaborar una teoría materialista del conocimiento. Por sus ideas, el sabio Siu Sin se hallaba emparentado con Mo-tsé. Siu Sin sustentaba el punto de vista de que todos los hombres debían realizar un trabajo físico y que incluso el jefe del Estado debía labrar la tierra junto con los campesinos para tener derecho a recibir sus frutos.

Las ideas de Mo-tsé y de Siu Sin fueron objeto de ataques por parte de los discípulos de Confucio.

Men-tse o Mencio (372-289 a. n. e.), que desarrolló la ética confuciana, fue el discípulo más eminente de Confucio, Su doctrina se expone en los libros del Men-tse, constituidos por las notas de sus discípulos acerca de su vida y sus actividades. [61]

Men-tse afirmaba que, por su naturaleza, los hombres se dividen en dos categorías, según que se consagren al trabajo intelectual o al trabajo físico, El que los primeros gobiernen a los segundos y vivan a costa de éstos, y el que éstos se hallen sometidos a aquéllos y los mantengan, se debe, a juicio del filósofo, al principio de la división del trabajo y es ley universal del desarrollo social.

Men-tse sostenía que el soberano gobierna al pueblo acatando la “voluntad del Cielo” y que aquél debe aplicar una política que asegure al pueblo medios suficientes de existencia. De no ser así, el soberano puede ser derrocado.

Según Men-tse, las cualidades morales de los hombres son dones del Cielo; de ahí que encontremos la bondad en la naturaleza humana. El camino del perfeccionamiento de la personalidad estriba en desenvolver al máximo esas cualidades morales innatas.

Men-tse fue uno de los filósofos idealistas de la antigua China que intentaron imprimir una dirección mística a la doctrina de los cinco elementos. Afirmaba, por ejemplo, que cada quinientos años aparece forzosamente un gobernante sabio, gracias a la rotación cíclica de los cinco elementos originarios. La doctrina de Men-tse influyó considerablemente en el desarrollo ulterior del confucianismo.

Las concepciones místicas de Men-tse fueron desarrolladas posteriormente por la escuela filosófica de la que se consideraba fundador a Chou Yan (340-305 a. n. e.). Los pensadores de esta escuela creían que el mundo está formado por cinco elementos –agua, fuego, madera, metal y tierra– y que los cambios que se producen en la naturaleza y en la sociedad se deben a la disminución o aumento mutuos de esos cinco principios materiales. Posteriormente, esa interpretación de la doctrina de los cinco elementos fue adquiriendo, poco a poco, un acento cada vez más místico.

Entre los adversarios ideológicos de Men-tse figuraba Yan Chu (aproximadamente 395-355 a. n. e.). Yan Chu sostenía que el hombre debía seguir el curso natural de la existencia, dejando de hacer todo lo que estuviera dentro de sus posibilidades y prestando una atención primordial a su propio bienestar. Este pensador formuló la idea de “todo para sí” con el fin de “mantener la naturaleza humana en su integridad y pureza” (Huainan-tsi, cap. XIII).

La doctrina de Yan Chu se esclarece en el libro llamado Lao-tse, escrito en los siglos IV-III y conocido posteriormente con el título de Tao te king. Los especialistas aún no se han puesto plenamente de acuerdo acerca de si esta obra se relaciona directamente con Lao-tse (según la tradición, el hombre llamado Lao-tse era contemporáneo de Confucio e incluso vivió un poco antes). Algunos investigadores sostienen que el Tao te king está formado por los apuntes tardíos de los discípulos de Lao-tse acerca de su doctrina. Semejantes fenómenos se daban con frecuencia en la antigua China.

El libro Tao te king contiene una crítica de las concepciones relisiosas y político-sociales de aquel tiempo. La tesis fundamental del taoísmo es la de que la vida de la naturaleza y del hombre se halla sometida a la voluntad del Cielo, a la ley del tao, que como ley universal pone orden en el caos de las cosas. El tao existe independientemente de la conciencia [62] y la voluntad de los hombres y es el “fundamento último de todas las cosas” (§ LXII).




{52} Mao Tse-Tung, Obras escogidas, trad. rusa, t. III, pág. 137, Moscú, 1953.