Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Capítulo IX: 5

5. La filosofía en Rumanía durante el siglo XVIII y principios del XIX.


A lo largo de los siglos, la historia del pueblo rumano se caracteriza por una lucha casi ininterrumpida en pro de su independencia nacional y de su liberación del yugo feudal. Esta lucha adquirió una intensidad especial a partir del siglo XV, época en que el desarrollo político y cultural rumano se vio detenido por las continuas invasiones turcas, y más tarde por el yugo impuesto por los turcos tanto al pueblo rumano como a los pueblos vecinos (búlgaros, servios, etc.).

Los primeros trabajos teóricos aparecieron en Rumanía en el siglo XVII.

Eminente sabio y pensador rumano fue Dimitri Cantemir (1674-1723), hospodar de Moldavia y uno de los hombres más cultos de su tiempo que se dedicaron a la filosofía y a la sociología.

En el primer período de su actividad escribió en latín un tratado de lógica.

Desde sus posiciones patrióticas, Cantemir criticó acerbamente en sus obras la política proturca seguida por una parte de los boyardos y por algunos gobernantes. De ellos decía Cantemir: “Trenzan coronas de espinas para el pueblo y brazaletes de cadenas.”60 Afirmaba también la “necesidad de tratar con simpatía a los pobres” y comparaba la vida de los siervos con la de los mártires devorados por las llamas: “La vivienda del pobre es como el fuego y su vida parece una llama ardiente.”61 Los campesinos eran para él “las abejas que cargan con el duro trabajo de mantener a la sociedad.”62 Y a los boyardos los caracterizaba como alimañas, es decir, como insaciables opresores o, dicho con sus propias palabras, como “causantes de incurables heridas”. Consideraba, por último, que debían ser castigados en la forma más severa, pues “es contra natura e inadmisible que se salve el opresor y defendamos al ofensor”.63

Fue en su juventud cuando Cantemir dedicó más atención a los problemas filosóficos; en la fase ya madura de su actividad se ocupó preferentemente de cuestiones histórico-sociales. En su Historia jeroglífica (1705), novela política en forma alegórica, trazaba un cuadro realista de su época, a la vez que planteaba y resolvía una serie de problemas filosóficos, especialmente los relativos a la teoría del conocimiento, a la lógica, a la sociología, etc. También abordaba en dicha obra cuestiones relacionadas con la teoría del Estado, las libertades públicas, la situación de los campesinos, etc.

En su Descrieria Moldovi (“Descripción de Moldavia”), al examinar la situación económica de Moldavia, señalaba Cantemir que la opresión turca era el principal obstáculo para el desarrollo económico y para la explotación de las riquezas del país. Su Chronicul vechimei Romano-Moldo-Vlahilor (“Crónica de la antigüedad de los romanos-moldavos”) era un vasto trabajo que ponía de manifiesto el ardiente patriotismo de Cantemir. [571]

Sus contemporáneos apreciaban en alto grado su Historia del ascenso y de la caída del Imperio Romano, obra de gran valor científico. Este trabajo, que revelaba la amplia formación de Cantemir, fue uno de los primeros que se escribieron en aquella época en Europa sobre el Imperio turco.

En un fragmento de dicha obra que llevaba el título de Indagación sobre la naturaleza de la monarquía, Cantemir presentaba erróneamente a la historia universal como una continua sucesión de monarquías; sin embargo, aspiraba a esclarecer el “carácter natural de la aparición, del florecimiento, de la decadencia y, finalmente, del hundimiento de ellas”. El último Estado con el que llegaba a su cima del desarrollo histórico era, a juicio suyo, la “monarquía del norte”, es decir, la Rusia de Pedro I.

En el terreno filosófico, Cantemir adoptaba, en general, una posición religiosa e idealista, pero a la vez formulaba algunas ideas materialistas. Así, por ejemplo, desarrollaba la idea de que tanto en la naturaleza como en la sociedad rige el determinismo: “Cada cosa –afirmaba– tiene una causa originaria, verdadera y natural.”64 También en su teoría del conocimiento se encuentran algunas ideas materialistas, como la de que los datos sensibles y las experiencias son de gran valor para el conocimiento. “Todos los conocimientos derivan de lo que nos enseñan los sentidos.”65 La experiencia sensible, el estudio de las cosas y la argumentación basada en los datos inmediatos empíricos; he ahí, según Cantemir, la vía del conocimiento verdadero. “La experiencia y el examen de las cosas pueden ser más verdaderos que cualquier especulación y el testimonio de la observación de las cosas mismas es más firme que todas las conjeturas.”66

Cantemir reconocía la cognoscibilidad de los fenómenos del mundo real. “No hay ningún hombre que dude de que el conocimiento y la mente sagaz ponen al descubierto, basándose en los principios ya conocidos, todo lo creado y todo cuanto puede crear la corriente incesante de la naturaleza de acuerdo con sus propias leyes.”67

Por sus ideas avanzadas y por su actividad científica, Cantemir ocupa un lugar preeminente en la historia del pensamiento social progresivo de Rumania y Moldavia.

Durante el período de desintegración del feudalismo y del nacimiento de las relaciones capitalistas de producción –es decir, desde la segunda mitad del siglo XVIII–, se fortalecieron las tendencias progresivas del pensamiento político y social en tierras rumanas. Dicho período se prolongó largo tiempo y se caracterizó asimismo por la aparición de vigorosos movimientos de los campesinos siervos, en los que la lucha contra el sistema feudal se combinaba con la lucha por la liberación nacional y la independencia política, que constituían una condición muy importante para el desarrollo ulterior de las tierras rumanas.

En el siglo XVIII, a la opresión y a la explotación ejercidas por la aristocracia rumana y húngara se agregaba también en Transilvania la dominación [572] absolutista de los Habsburgo. Por otra parte, el desarrollo de las relaciones capitalistas contribuía a que se intensificara la explotación de los campesinos siervos, lo que condujo a la lucha común de los siervos rumanos y húngaros contra sus opresores. En este aspecto tuvo una significación ideológica especial el programa que inspiró a los insurgentes encabezados por Jora, Closka y Crishan (1748-1785). En el ultimátum dirigido por los sublevados rumanos y húngaros a los nobles se exigía concretamente la abolición de la servidumbre. En dicho ultimátum se presentaban entre otras las siguientes reivindicaciones:

“a) Que no haya más aristocracia y que cada noble, si puede obtener un empleo del Imperio, viva de él;
b) Que los terratenientes nobles abandonen para siempre sus tierras patrimoniales;
c) Que paguen impuestos como los pagan las gentes sencillas;
d) Que las tierras de los nobles se repartan entre el pueblo.”68

Engañados por su fe en la “bondad” del emperador, estando como estaban mal armados y faltos del apoyo de la burguesía urbana, los campesinos fueron derrotados.

Durante el juicio a que fue sujeto, Crishan criticó audazmente las instituciones feudales al describir la vida insoportable de los siervos, obligados a trabajar para los nobles “sin recibir siquiera un pedazo de pan”.69

La formación de las relaciones capitalistas en Transilvania dio lugar, a fines del siglo XVIII y primeros decenios del XIX, al vigoroso movimiento ideológico conocido por el nombre de Escuela Ardeliana, entre cuyos principales representantes figuraban Samuel Micu-Clain (1745-1806), Jorge Sincai (1754-1816), Pedro Maior (1760-1821) y Juan Budai-Delianu (hacia 1760-1820). En sus trabajos, los representantes de dicha escuela se afanaban por dar un fundamento teórico a las demandas de la burguesía rumana encaminadas a que se le concediera los mismos derechos que a las clases feudales dominantes, que disfrutaban de una serie de privilegios en la nación transilvana. Desde posiciones ilustradas criticaban a las instituciones feudales y a la ideología imperante. Sus concepciones filosóficas eran diferentes. Micu-Clain, Sincai y Maior sustentaban un eclecticismo semejante, en el terreno filosófico, al idealismo de los wolffianos, mientras que en sus ideas políticas se inclinaban hacia una política de reformas, compatible con el absolutismo “ilustrado”. Por lo que se refiere a Budai-Delianu, autor del poema épico Ziganiada (La Gitaniada), escrito en los años de 1800 a 1812 e imbuido de un espíritu anticlerical y teísta, sus ideas se aproximaban a las de los ilustrados franceses. La parte final del poema era un ardiente llamamiento a la lucha contra la opresión feudal y nacional: “¡Libertad o muerte!”70 Micu-Clain, Sincair y Maior esperaban la libertad de manos del emperador “ilustrado” y Budai-Delianu expresaba en su poema la idea de que la culpa de los males de aquel tiempo [573] no había que buscarlos en la época, sino en el hombre mismo, ya que por estar dotado de razón y de fuerza nadie le oprimiría, si él no quisiera.71 Budai-Delianu denunciaba a los opresores de todas las nacionalidades –a los seglares como a los eclesiásticos– y expresaba su indignación y su dolor por la miseria y la falta de derechos de las masas. Junto a estas ideas ilustradas, en los versos del poema resonaba también un eco del espíritu revolucionario de los campesinos sublevados bajo la dirección de Jora.

Micu-Clain, Sincai y Maior adoptaron una actitud crítica hacia el feudalismo. Según Micu-Clain, la servidumbre es una “forma de esclavitud pagana”,72 bajo la cual el pueblo es “siervo y esclavo, oprimido e ignorante, pobre y desdichado”.73 Sincai asumió la defensa de quienes “gimen bajo el duro yugo de los señores de la tierra”,74 al mismo tiempo que denunciaba a las altas capas del clero. Los representantes de la Escuela Ardeliana propugnaban la instrucción del pueblo y publicaron muchos libros: manuales de filosofía y obras históricas, filológicas y literarias, así como trabajos de divulgación científica, etc.

Arremetiendo contra el oscurantismo religioso y contra el Papado, escribía Maior que la infabilidad del Papa no era más que una “superstición o fábula”, ya que “si el Papa fuera infalible, para qué nos atiborramos el cerebro de tantas doctrinas...; bastaría escribir a Roma para recibir de allí, por carta o bula, todas las ciencias”.75 Oponiéndose a las supersticiones, Sincai señalaba que todo lo que acaece tiene una causa natural y que “todos los cuerpos tienen sus cualidades, sus fuerzas y efectos propios”.76 El principal atributo de las cosas es el movimiento: Sin movimiento, todo este mundo sería un caos total, en el que no habría vida, fuerzas, perfección ni belleza.”77

Aunque los representantes de la Escuela Ardeliana no llegaron a liberarse por completo de la concepción teológica del mundo, los elementos ilustrados, materialistas y anticlericales contenidos en sus ideas demuestran el carácter avanzado de su concepción del universo.

El proceso de desintegración del feudalismo, que a fines del siglo XVIII se inició en tierras rumanas, se intensificó desde principios del XIX. La resistencia de los campesinos valaquios y de la incipiente burguesía al régimen feudal, así como al yugo turco, dio origen a una aguda lucha por la liberación social y nacional, que se reflejó brillantemente en la insurrección popular encabezada por Teodo Vladimirescu (1780-1821). Los llamamientos y las cartas de este jefe de la insurrección de 1821 expresaban el programa ideológico de los participantes en dicho movimiento. Vladimirescu [574] escribía que “la causa de nuestras constantes desdichas y de nuestros terribles tormentos está en la alianza de los boyardos locales con los hospodares enviados hace ya largo tiempo a nuestra tierra”.78

El odio de Vladimirescu hacia los boyardos se manifestaba con una claridad especial en su primer llamamiento al país (20-25 de enero de 1821), en el que no sólo estigmatizaba el saqueo y la explotación practicados por los boyardos, sino que exhortaba al pueblo a incorporarse a la lucha, afirmando que no hay ninguna ley que pueda prohibir “devolver mal por mal”. Vladimirescu atribuía al pueblo un papel decisivo en la vida política del país y nos ha legado esta admirable definición: “La patria es el pueblo, no la banda de expoliadores.”

La lucha contra la explotación boyarda se vinculaba en Vladimirescu a la lucha por la liberación nacional y esta posición jamás la abandonó. En los momentos críticos vividos por el país, al entrar los turcos en Bucarest para aplastar la insurrección, Vladimirescu escribió: “... Debemos aliarnos con nuestros hermanos campesinos preocupándonos ahora y en el futuro de nuestra salvación y de la de nuestra patria, hermanos míos panduros...,79 búlgaros, servios, es decir, compatriotas nuestros...”80 Vladimirescu inició la lucha del pueblo rumano por su liberación nacional y social en el siglo XIX. Conocía personalmente a algunos de los organizadores del movimiento decembrista ruso, y en su ideología se daban no pocos rasgos propios de los decembristas.

En vísperas de la insurrección acaudillada por Teodoro Vladimirescu, y también en el transcurso de ella, Jorge Lazer luchó apasionadamente por el fortalecimiento de las bases de la cultura nacional.

Poco después de su llegada de Transilvania, de donde había salido a causa de las persecuciones del absolutismo de los Habsburgo, Lazer abrió una “academia de ciencias filosóficas y matemáticas” con el apoyo de algunos boyardos avanzados. Al inaugurar la escuela: (en 1818), distribuyó un manifiesto en el que planteaba la necesidad de fomentar la cultura nacional y, sobre todo, de enseñar en lengua rumana.

“Es vergonzoso –escribía Lazer– que un pueblo y una nación tan antiguos y renombrados, tan gloriosos y dotados de todos los frutos de la tierra... no dispongan de buenas escuelas y academias en las que se enseñe en su propia lengua y que sean más débiles e inferiores y estén sujetos a mayor escarnio que todos los demás pueblos y lenguas del globo terrestre.”81 En su actividad social y literaria, Lazer mostró reiteradas veces interés por la filosofía y, especialmente, por la ética. Pero sus ideas filosóficas tenían, en general, un carácter ingenuo o reveleban la influencia de concepciones religiosas.

Los escritores avanzados de Moldavia, Constantino Negruzzi y otros, conocían las ideas de los decembristas y tradujeron las obras de Alejandro [575] Pushkin y de otros escritores rusos. El escritor valaquio Dinicu Golescu, autor de unos Apuntes de viaje en los que mostraba una vehemente compasión por los sufrimientos de los siervos, se hallaba influido por Radíschev.

En las postrimerías de la década del 20 y principios de los años 30 creció en las provincias rumanas el interés de las personalidades públicas de espíritu ilustrado por las ciencias naturales. Esta corriente ideológica de carácter científico-ilustrado se desarrolló principalmente en torno a la Sociedad de médicos y hombres de ciencia, fundada en Iasi en 1833 por un grupo de médicos (Miguel Zota y Jacobo Chijac) y de científicos-naturalistas (Jorge Asaki, Teodoro Stamati y Federico Bell).

Así, pues, a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX se difundieron por las tierras rumanas ideas antifeudales ilustradas y concepciones científico-naturales próximas al materialismo.




{60} D. Cantemir, Obras, t. VI, pág. 329 (en rumano).

{61} Ibídem, págs. 153 y 154.

{62} Ibídem pág. 165.

{63} Ibídem, págs. 26 y 108.

{64} D. Cantemir, Obras, t. VÍ, pág. 198, 1883, Véase también Textos acerca del desarrollo del pensamiento político-social en Rumania, t. I, pág. 55, 1954 (en lengua rumana).

{65} Ibídem, pág. 34.

{66} Ibídem, pág. 49.

{67} Revista Estudios, Núm. 1, 1951, pág. 219 (en rumano).

{68} Textos acerca del desarrollo del pensamiento político-social en Rumanía, pág. 76.

{69} Ibídem, t. I, pág. 76.

{70} J. Budai-Delianu, Ziganiada, pág. 430, ESPLA RNR (en lengua rumana). Bucarest.

{71} J. Budai-Delianu, Ziganiada, pág. 240.

{72} Breve relación de la historia rumana (manuscrito), pág. 493.

{73} Cita tomada del libro de N. Iorga, Historia de la Breton rumana, t. III, pág. 197, Bucarest, 1933 (en rumano).

{74} G. Sincai, Anales del pueblo rumano y de otros muchos pueblos, t. II, págs. 239, 1866 (en lengua rumana).

{75} P. Maior, Procanon, Bucarest, 1894 (en lengua rumana). Véase también Textos acerca del desarrollo del pensamiento político-social en Rumanía, t. I, pág. 92.

{76} G. Sincai, Doctrina natural para combatir la superstición popular. Véase también Textos acerca del desarrollo del pensamiento político-social en Rumanía, t. I, pág. 85-87.

{77} Ibídem.

{78} C. Arichescu, Documentos relativos a la historia de la revolución rumana de 1821, págs. 139-140, Craiova, 1874 (en rumano).

{79} Así llamaban a los soldados insurgentes de las tropas de Tudor Vladimirescu.

{80} C. Arichescu, Documentos relativos a la historia de la revolución rumana de 1821, pág. 33.

{81} Textos acerca del desarrollo del pensamiento político-social en Rumania, t. I, 133. Véase también Convorbiri literare (“Conversaciones literarias”), tomo XXX, pág. 1142 (en lengua rumana).