Filosofía en español 
Filosofía en español

Zeferino GonzálezHistoria de la Filosofía, Madrid 1886


Filosofía novísima

§ 42
Crítica de Lamennais

La concepción filosófica de Lamennais contenida en el Bosquejo de una Filosofía, es una concepción esencialmente sincrética, cuyos elementos fundamentales y primarios son el panteísmo y el Cristianismo, pero combinados y modificados por otros elementos secundarios, entre los que sobresalen el neoplatonismo y el tradicionalismo o fideísmo.

Que el panteísmo o la unidad real de substancia entre Dios y el universo constituye el fondo y como la trama de la concepción del filósofo francés, cosa es sobrado evidente por lo que dejamos indicado, y cosa que resalta a cada paso{1} en las páginas de su Bosquejo.

Las ideas cristianas, mejor o peor interpretadas y aplicadas, desempeñan también papel importante en su concepción, y principalmente en la teoría acerca de la Trinidad, teoría tomada evidentemente de la teología católica, aunque más o menos desfigurada. Porque conviene no perder de vista que en la Trinidad de Laraennais las tres personas divinas están constituidas, no por relaciones personales, según enseña la teología cristiana, sino por propiedades, por energías esencialmente distintas. En las teorías acerca de la industria, la ciencia, y, sobre todo, en la referente al arte, así como en la teoría déla creación, abundan también las ideas cristianas, pero desfiguradas y amalgamadas con ideas extrañas al catolicismo. La doctrina de Lamennais acerca de la materia reducida al papel de límite y que carece de verdadera realidad, la que se refiere a la intuición o visión directa de Dios, de la verdad, de las ideas y de las causas externas{2} en Dios, intuición que, en ocasiones, reviste los caracteres de contemplación y de éxtasis{3}, así como la doctrina referente al Ser uno, a la substancia absolutamente primordial, entrañan evidentes y claras reminiscencias de Platón y del neoplatonismo alejandrino, aunque siempre algo modificadas con ideas cristianas.

Si a esto se añaden sus ideas acerca del origen del conocimiento humano, acerca de la tradición y acerca del consentimiento común como criterio último de la verdad, bien puede decirse que la concepción de Lamennais correspondiente a su segunda evolución intelectual, es una síntesis de panteísmo y cristianismo, de platonismo y tradicionalismo, pero síntesis concebida y desenvuelta a priori, y según el método idealista. En esta gran síntesis filosófica, lo que en nuestra opinión tiene más mérito y lo que más se acerca a la verdad, es lo que pudiéramos llamar Filosofía de la industria, del arte y de la ciencia; son sus teorías acerca de estas tres esferas y manifestaciones de la actividad humana, y principalmente las que se refieren a la industria y el arte.

De todas maneras, la concepción filosófica de Lamennais, considerada en conjunto, prescindiendo de sus desviaciones anticristianas y de su carácter racionalista, es una concepción relativamente grandiosa, una concepción sistemática, que no carece de elevación y profundidad, y una concepción que se distingue por la unidad y enlace de sus partes. Si el panteísmo no fuera un sistema esencialmente erróneo y anticristiano; si alguna concepción panteísta pudiera ser aceptable, lo sería antes que todas la concepción de Lamennais, porque es, a no dudarlo, la que se aparta menos de la razón y de la verdad cristiana.

Así es que siempre hemos extrañado y no comprendemos por qué la concepción filosófica del autor del Bosquejo tuvo y tiene tan poca resonancia en el mundo científico, y especialmente entre sus compatriotas, tratándose de un sistema que, por lo menos, vale tanto como los de Fichte, Schelling y Krause. Sólo podemos explicarnos este fenómeno, en parte por la preocupación racionalista cada día más dominante contra las ideas cristianas que abundan, como hemos dicho, en la concepción de Lamennais, y en parte por la reacción anti-idealista que en la época de la aparición del Bosquejo de una Filosofía (1840-46) había adquirido ya grande impulso y fuerza, que, lejos de decrecer, se afirman y suben a la sombra del materialismo y de la llamada ciencia positiva. Es muy probable que si Lamennais hubiera publicado en Francia su Bosquejo cuando Cousin publicaba sus Fragmentos, otro hubiera sido el destino de su obra, y diferente también la impresión producida en los espíritus por su concepción filosófica.

Es igualmente, no probable, sino casi cierto, que si Lamennais hubiera sabido resistir a las sugestiones del orgullo y la soberbia, manteniéndose dentro de la esfera de la humildad y de la verdad del catolicismo, hubiera podido ser y hubiera sido acaso el gran filósofo cristiano del siglo XIX, porque era grande, a no dudarlo, su talento y era poderosa su inteligencia.




{1} Por si alguien abrigare alguna duda sobre este punto, citaremos algunos pasajes, además de los apuntados en el párrafo anterior: «O Dieu! oui, tout est de vous, et n'est pas de vous uniquement comme l’effet, le produit de votre opération toute puissante; mais comme un écontement de votre être indivisible et immuable.» Esquísse d'une philos., tomo I, pág. 145.

«Il n’existe et ne peut exister qu’une seule substance primordiale, laquelle, sous des modes divers d’existence, est le fonds commun, la racine nécessaire de tout ce qui est.» Ibid., pág. 111.

«La création, du coté de Dieu, est l’acte par lequel il se reproduit perpétuellement au-dehors de lui-mëme… L’acte par lequel Dieu crée ou se reproduit lui-mème par une limitation effective de son être, n’est pas comprehensible en soi,» &c. Ibid., t. IV, pág. 49.

«Au commencement Dieu était. En limitant sa propre substance, il créa; car créer, pour lui, c’est se reproduire… sous la condition du fini, et l’être fini ne diffère de l’Être infini, que par le limite qui éternellement le sépare de lui, restant d’ailleurs uni à lui, un avec lui par tout ce qu’il possède de positif.» Ibid., pág. 71.

{2} «Il perçoit encore intérieurement la pure lumière qui manifeste ce que les sens ne peuvent atteindre, la lumière essentielle, identique avec la Parole, le Verbe infini, et dans cette lumière il voit Dieu, et en Dieu l’immuable, le nécessaire, le Vrai, les idées, les causes éternelles.» Esquisse, &c., tomo III, pág. 70.

{3} «Mais l’intuition a divers degrés. Plus vive et plus étendue, on la nomme contemplation. Et lorsque l’intelligence se dégageant de l’organisme… nage et se dilate, et se perd dans la pure lumière du Verbe, la contemplation elle-même se transforme en quelque chose de plus sublime et qui semble être comme l’essai momentané d’une autre vie, elle devient l’extase.» Ibid., tomo II, pág. 233.