Zeferino González
Filosofía novísima
§ 46
El materialismo
En más de una ocasión hemos indicado que el materialismo contemporáneo se halla íntimamente enlazado con el positivismo de que acabamos de hablar en los dos párrafos que anteceden. Esta fue también la razón principal porque hicimos caso omiso del movimiento materialista en Alemania, a pesar que a ella pertenecen sus más notables partidarios, sin que por eso deje de tenerlos también muy importantes y numerosos en otras naciones.
Porque la verdad es que de todos los puntos del horizonte levántase hoy, y crece, y se desarrolla, y se afirma un movimiento materialista, que amenaza apoderarse por completo de la sociedad en todas sus partes y elementos. Universidades y ateneos, libros y periódicos, escuelas y parlamentos, ciencias y artes, todo se halla minado, saturado y corroído por las ideas materialistas que invaden todas las esferas de la vida, y penetran, y se infiltran, y marchan en silencio a la conquista del mundo por medio de la conquista paulatina y latente de todas las capas sociales.
Y en verdad que a primera vista apenas se concibe la razón suficiente de esa fuerza avasalladora del materialismo de nuestros días. Porque, después de todo, y si se prescinde de sus relaciones con el darwinismo y del aparato científico que éste le presta, el materialismo de hoy no se distingue del materialismo vulgar de Lametrie, Cabanis y Broussais. Que si nuestros materialistas dicen que el alma humana no es más que un producto o aspecto de la organización de la materia, y el pensamiento una secreción del cerebro, ahí está Broussais, que en su libro De l’irritation et de la folie, había enseñado idéntica doctrina: ahí está también Cabanis afirmando explícitamente «que no hay alma y que el entendimiento no es más que un efecto del cerebro», añadiendo que éste hace orgánicamente la secreción del pensamiento.
Muchas y muy complejas son las causas que contribuyeron y contribuyen al desarrollo sorprendente y universal que presenta el movimiento materialista; pero hay dos que figuran entre las más poderosas y eficaces. La primera y principal es el principio de secularización religiosa adoptado y practicado por reyes y gobiernos, bajo la forma regalista antes, y bajo la forma liberal después; porque desde el momento que la sociedad deja de recibir la influencia perenne, viva, divina y eficaz de la Iglesia de Dios; desde el momento que rechaza el reinado social de Jesucristo, colocándose fuera de la corriente esencialmente espiritualista y divina de la Iglesia católica, esa sociedad, arrastrada fatalmente por el elemento naturalista, desciende, y desciende hasta el fondo del materialismo. La segunda causa principal del movimiento absorbente e impetuoso del materialismo contemporáneo es la estrecha alianza establecida entre éste último y el radicalismo político: porque el ardor febril de propaganda que caracteriza a los partidos políticos, y con especialidad a los más radicales, refluye, se comunica y se deja sentir en las ideas profesadas por la generalidad de sus adeptos, en armonía con sus aspiraciones y costumbres, a la vez que éstas preparan el camino y facilitan el triunfo de los partidos revolucionarios. De aquí la solidaridad que por lo común se observa entre el radicalismo político y el radicalismo religioso y anticristiano, entre la idea revolucionaria y la idea ateo-materialista, considerada en el orden práctico, ya que no siempre sucede en el orden teórico.
Aunque principales e importantes, no son estas las únicas causas que influyen en el origen y desenvolvimiento del materialismo contemporáneo. Indicado queda ya en páginas anteriores que las exageraciones del panteísmo idealista, que las construcciones a priori de Fichte, Schelling y Hegel, debían precipitar los espíritus en el positivismo materialista por espontánea y natural reacción. Schopenhauer, afirmando que el pensamiento es una función orgánica que depende del cerebro, como la digestión del estómago, y negando a la vez la libertad y la inmortalidad personal, preparaba el camino a las ideas y concepciones del materialismo. Ni son cosas extrañas al crecimiento y desarrollo de este sistema la facilidad relativa de los goces, el sensualismo y afeminación de las costumbres públicas y privadas, los progresos y descubrimientos realizados en las ciencias físicas y naturales, los cuales sirven de pretexto a deducciones y aplicaciones en que tiene más parte la preocupación antirreligiosa que las reglas de la lógica; la esterilidad relativa del espiritualismo ecléctico y racionalista, que pretende establecer un equilibrio o conciliación imposible entre el materialismo y el espiritualismo cristiano, y, finalmente, el movimiento darwinista, auxiliar poderoso del materialismo, con el cual presenta relaciones íntimas de afinidad, por no decir de identidad real y perfecta.
Excusado parece advertir que lo dicho aquí se entiende de las causas indirectas, externas y ocasionales del movimiento materialista, pues por lo que hace a su causa directa, principal y genética, por decirlo así, ésta debe buscarse en el positivismo, o sea en la Filosofía positiva de Comte, antecedente lógico y premisa natural de la concepción filosófico-materialista.