Filosofía en español 
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Punto segundo · De la conciencia recta

P. ¿Obliga siempre la conciencia recta? R. Que no; porque puede ella dictar una cosa, o como de consejo o como de precepto. Si lo primero es cierto, que no obliga, aunque si obligara, si lo segundo. P. ¿Peca el que obra contra la conciencia preceptiva real? R. Que sí; porque siendo pecado obrar contra la ley eterna de Dios, también es preciso lo sea obrar contra la conciencia recta, que es participación de ella. Mas no cometerá el que obra contra esta conciencia pecado diverso del que comete contra el precepto: v.g. el que deja de ayunar en un día de precepto, no comete sino un pecado contra éste, aunque se oponga al dictado de su conciencia; porque la intimación de la ley eterna no es diversa ley de la intimada, sino antes bien su complemento, como lo es en las demás leyes, que sin la promulgación no tienen fuerza de obligar.

P. ¿Cómo peca el que obra contra la conciencia recta, que le dicta la cosa como mala? R. Con distinción: Si le dicta la cosa como pecado mortal, será el obrar contra ella pecado mortal: Si como venial, será pecado venial. Si tan solamente propone la malicia en común o en confuso, será sin duda culpa grave obrar contra su dictamen, por el peligro a que se expone, de que sea grave; y en la verdad él de su parte abraza toda la que haya en el objeto de malo.

Arg. contra esta resolución en cuanto a su última parte: El objeto no puede comunicar más malicia al acto, que la que él contuviere en sí; es [25] así, que cuando el objeto se propone sólo como malo en común, no contiene malicia grave; luego &c. Respóndese: Que aunque el objeto propuesto de la manera dicha, no explique malicia grave, tampoco la excluye positivamente; y así el que de esta forma obra, se determina a abrazar cuanta malicia haya en el objeto, sea grave o leve.

P. ¿Qué pecado será, y de qué especie este acto: quiero en todas las cosas obrar contra la conciencia? R. Que el tal acto no es más que un pecado, y por consiguiente tiene especie determinada. La razón es; porque aunque sea indeterminado el objeto, se determina por el modo particular, con que acerca de él procede el agente, así como en este acto: quiero en todo obrar honestamente, no hay más que una específica y determinada bondad: así tampoco la hay en su acto contrario. Uno y otro no pertenecen a determinada especie, sino que la variarán, según el motivo con que se hacen. Véase S. Tom. q. 19. art. 5. ad. 9.

P. ¿Estamos por precepto natural obligados a seguir la conciencia recta? R. Que lo estamos; porque ella es la misma ley natural que nos dicta lo que debemos hacer, u omitir. Por lo mismo se infiere legítimamente, que la conciencia propia obliga más fuertemente, que toda otra ley humana.

[ Compendio moral salmaticense · Pamplona 1805, tomo 1, páginas 24-25 ]