Filosofía en español 
Filosofía en español


Prólogo al libro Dos años de actuación al frente del Ministerio de Trabajo

(24 de agosto de 1943.)


En una recopilación de disposiciones, en la que se concreta la labor del Ministerio de Trabajo –dedicada a los españoles a quienes interese el problema social–, es precisa una explicación previa que defina la orientación a veces difícil de percibir entre el mosaico de leyes, aparentemente inconexo, a que fuerzan las etapas de transformación.

La realidad legislativa ha tenido que ser el resultado de un encuentro entre los puros perfiles doctrinales definidos por los puntos de la Falange y el Fuero del Trabajo y una situación española delicada y convaleciente que obliga a poner en ella las manos con cautela y serenidad.

En el inmenso frente que las relaciones de trabajo han constituido para nosotros, a esta razón se debe el hecho de que hayan permanecido algunas líneas inmóviles, mientras otras constituyen entrantes avanzados obedientes a los nuevos sentidos. Y es que en el servicio de toda orientación, en la realización efectiva de cada consigna doctrinal, las difíciles circunstancias por que atraviesa nuestra economía fijan inexorablemente un campo de acción limitado por una línea de peligro. En muchos sectores es necesario avanzar con precauciones, teniendo presente que el ir demasiado lejos del primer salto puede dar al traste con muchos proyectos y forzar a nuestra inmediata impetuosidad a retroceder nuevamente al punto de partida, con el consiguiente descrédito de la orientación y el lógico desaliento de nuestros cuadros. En este juego de los márgenes posibles y de los avances seguros es preciso moverse manteniendo hasta el límite la presión de nuestro cerco; y las diferencias que en esta posibilidad de penetración presenta cada sector es la razón de que pueda aparecer, para el observador superficial, nuestra línea general caprichosamente recortada.

La transformación ha de ser servida en dos formas: modificando y creando. Si podemos crear un Seguro Social con sentido nuevo, no podemos modificar a nuestro arbitrio, en un sector determinado, la línea de salarios, por ejemplo, sin someternos a una matemática implacable.

La teoría general a que obedecen las disposiciones que siguen se basa, por lo tanto, en la necesidad de imponer con exactitud las consignas sociales de la Falange, sin entorpecer con experiencias arriesgadas ni radicalismos contraproducentes la vida de la Nación, lo que habría de redundar en desprestigio de la propia doctrina. Se ha tenido por más trascendental la formación de una sólida red protectora en torno del trabajador que el aumento directo de su línea de ingresos, entendiendo que la verdadera transformación revolucionaria no se asienta sobre alzas momentáneas de salarios, que pueden perderse con la misma facilidad con que se conquistan, sino en la creación de Instituciones de protección, cuya dificultad y lentitud compensan su estabilidad y permanencia y que afectan, más íntimamente, al nivel de vida, seguridad y consideración social del trabajador.

A la concepción del Estado como agente activo, ejecutor y definidor de la justicia en las relaciones de trabajo, responden las Reglamentaciones. Su entrada en vigor suprime de raíz todos los contratos privados de trabajo en los ramos que abarcan, resabio de un sistema de libertad teórica, esclavitud práctica de la economía más débil y origen de un sinnúmero de pleitos entre el obrero y el empresario.

Las Reglamentaciones constituyen, desde otro punto de vista, un elemento de control en la vida laboral, en cuanto van encaminadas a encuadrar en enumeraciones definidas todas las categorías de trabajo, fijando el Estado la justa escala de su jerarquía al margen de las apreciaciones privadas. Ofrecen también las posibilidades de modificar la unificación y el orden que representan en cada rama de trabajo. Su sistema de pluses nos ha permitido elevar, siquiera sea con apariencias de provisionalismo, los ingresos obreros en general, y servir nuestra consigna de protección del hogar, estableciendo las cuotas familiares de beneficio, que recientemente refuerzan por otro flanco los aumentos de percepción en el Subsidio Familiar.

La conquista de los Seguros Sociales, orden concreta del Fuero del Trabajo, significa una adscripción decidida de nuestra orientación a las teorías de la previsión contra los viejos sistemas de asistencia.

La protección social no puede consistir para nosotros en una reparación de males que nos vemos forzados a asistir después de haberse producido, sino en la existencia de un conjunto de Instituciones eficaces, para hacer frente a las posibles crisis de la comunidad trabajadora, que tenemos la obligación de prever. No ha de ser una beneficencia graciosamente otorgada por humanidad al pobre, sino una defensa obligatoria al trabajador, llevada a cabo por justicia. La cuota obrera en el Seguro despoja a sus beneficiarios de todo humillante perfil de limosna, porque los Seguros Sociales obedecen a un sentido revolucionario de transformación en la concepción de lo que el trabajador representa en la Patria, soldado que sirve con su trabajo en el ejército civil, al que ha de rodearse de la necesaria seguridad contra todos los riesgos previsibles.

El logro de un cuadro completo de Seguros Sociales es la primera meta que ha de conseguirse en el camino de la estabilidad de nuestras conquistas sociales –porque constituye una efectiva y permanente alza en el nivel de vida obrera, al margen de las episódicas oscilaciones del salario–, y que por sí misma aumenta su poder adquisitivo, restándole las detracciones necesarias de la previsión individual.

De aquí que haya constituido primordial preocupación el fortalecimiento económico del Instituto Nacional de Previsión, Organismo base del Seguro e instrumento específico de que disponemos para su puesta en marcha y gestión. Y si se ha acentuado la intervención y se ha procurado enmarcarlo en la disciplina de la directriz doctrinal, de la acción social y del estilo de la Falange, hemos entendido necesidad respetar la autonomía de su función financiera, para no mermar una potencialidad económica que sabemos directamente proporcional a la profundidad de los avances que tan eficazmente sirve.

La tendencia a su estatificación en este orden y su encuadramiento en la disciplina de la Banca oficial la hemos entendido como un grave peligro, no sólo por las razones apuntadas, sino porque podría desviar nuestro sistema de protección hacia las viejas concepciones asistenciales, una de cuyas principales características es su protección por Organismos del Estado. La trascendental misión de protección que cumplen las Instituciones de previsión obrera requiere una fuerza económica independiente y segura, para que no puedan afectarle las oscilaciones desfavorables de la Hacienda Nacional. En otra forma, una eventual crisis económica de la Nación paralizaría, en la medida de su importancia, todos los servicios de protección, aumentando la gravedad de la situación con las dificultades de la incomodidad social, cuya primera consecuencia son las bajas en la producción.

Las Escuelas de Capacitación de Trabajadores y la obligación impuesta a las Empresas de facilitar la labor del Frente de Juventudes con sus aprendices, sirven una consigna extraordinariamente interesante, como es la del proselitismo obrero para la vida nacional de la Falange.

Entendemos nuestro servicio como determinado por la necesidad de un avance en la dirección de nuestros sentidos, no sólo en lo objetivo de la modificación de las leyes, sino en lo subjetivo de la transformación de los espíritus.

Si la promulgación de una Ley obedece exclusivamente al cumplimiento de una consigna independiente de la desaprobación o de la simpatía que produzca en cada grupo de españoles, tenemos obligación de aprovechar el acercamiento y la comprensión que pueden facilitarnos en relación a muchedumbres de hombres, cuya inquietud española está todavía dormida en un mal sueño de rencores. La siembra de nuestra fe en espíritus elegidos, capaces de constituir individualidades activas y eficaces en nuestra lucha, constituye una orientación, que para nosotros es de máxima trascendencia servir como camino de la unidad española en la Patria y en la justicia, entre los hombres y entre las clases.

En la Jurisdicción de Trabajo se acentúa la tendencia a la simplificación de procedimientos y a la flexibilidad que las etapas de transformación legislativa aconsejan. Un sentido nuevo revolucionario intenta rebasar la rigidez de las juridicidades teóricas, amoldando a la realidad la norma preceptiva y obviando las dificultades prácticas que con frecuencia inutilizan la eficacia de la Ley en la defensa de las economías débiles.

Como determinante efectivo y directo del nivel de vida obrero, el mejoramiento del hogar es entendido como preocupación esencial. El Instituto Nacional de la Vivienda la sirven con la máxima eficacia y con una especial autonomía, que no podemos entender como alejamiento, sino como fórmula para el más libre desempeño de la función, dentro de una unidad interna de pensamiento.

La necesidad de introducir en nuestro sistema nacional-sindicalista de protección la esencia y morfología institucional específica de nuestra tradición marinera, enfrenta al Instituto Social de la Marina con el problema de transformación, común a todas nuestras unidades. La mayor dificultad que para él representan las actividades del mar, por su heterogeneidad, hace extraordinaria su ofensiva, apoyada en los principios de experiencia y serenidad.

En un Régimen como el nuestro no deben pasarse por alto los Servicios de Estadística, que no entendemos como labor adjetiva y secundaria, sino como base necesaria de todos los avances.

Con el mayor laconismo posible hemos estimado necesario subrayar, no todas las directrices a que ha obedecido la legislación de trabajo recopilada en las notas que siguen, sino las que estimamos más importantes o pudieran entenderse como más oscuras.

Pedimos a Dios que nos dé acierto y nos preste ayuda en el desempeño de nuestro servicio, mantenga viva la unidad de acción, de pensamiento y de afecto con los hombres que forman como realizadores eficaces en nuestra unidad, y guarde al Caudillo, que, como Jefe Nacional de la Falange, ordena y dirige la ofensiva en el frente social.

 
(24 de agosto de 1943.)