Quiénes somos nosotros y qué queremos
(Madrid, 15 de marzo de 1942.)
A la primera promoción de alumnos de la Escuela Nacional-Sindicalista de Capacitación Social de Trabajadores
Nos encontramos la primera vez en las calles, a tiros por las esquinas y al margen de todas las políticas de palabrería.
Estamos arriba –no necesitamos nada de vosotros para mantener este estado de cosas–, pero sí para convertirlo con mayor celeridad en aquel que propugnamos –justo y duro–, del cual estamos, como podéis apreciar, tan lejos.
La guerra no fue para nosotros un medio de defensa contra el enemigo social.
Nuestro odio y nuestro encono contra el marxismo arranca principalmente de su matiz antinacional.
Como españoles, odiamos la dependencia de poderes extraños, a hombres o naciones de fuera de la Patria, y esta consigna es hoy también buena para nosotros.
Practicamos la violencia como sistema necesario.
Creemos poco en las palabras.
Los hombres de acción son siempre bien acogidos en nuestros cuadros.
Porque «un pueblo es un gran barco donde todos se salvan o todos perecen».
Como forma económica de la Patria, el sindicalismo por ramas de la producción.
Forma de que el Estado controle empresarios y obreros e imponga a rajatabla la justicia.
Estamos luchando para conseguir esto contra muchos enemigos, tantos de los cuales estuvieron a nuestro lado en la guerra y la hicieron por motivos diferentes al nuestro (conservar privilegios).
En el panorama político español no hay más que dos frentes: el nuestro y el de los que quieren volver al viejo régimen derribado el 14 de abril.
Tienen mucha fuerza.
Vosotros debéis pensar, como trabajadores españoles, si tienen derecho a permanecer ausentes de la lucha.
Con nosotros está toda la gente aguerrida y noble de la guerra, que no les guarda rencor porque no peleó contra unos hombres, sino por una idea.
Hombres que llevan heridas en la carne y que se jugaron la vida muchas veces.
Del otro lado está el dinero.
Venís aquí para que nos conozcáis y para que nos ayudéis; para que cuando volváis a la mina o al mar hagáis ver claro a vuestros compañeros lo que pasa en España.
El que tenga dudas o vea dificultades, que pregunte sin miedo.
El que no esté dispuesto a ser un agitador nuestro, que lo diga noblemente.
Se le agradecerá y se le dejará en libertad.
En lo político, la Falange es lo que la Legión en el Ejército: vanguardia y comprensión.
Aquí nadie pregunta lo que ha sido en su vida anterior al camarada que hoy está sinceramente luchando con nosotros.
Toda la rebeldía, toda la amargura que sintáis, es vuestro primer deber manifestarla.
Debéis exponer sin recelo lo que penséis en cada cuestión, única manera de entendernos.
Muchas veces, bajo un caparazón de tipo marxista se encuentra una justa intolerancia que tiene cabida perfectamente en nuestro pensamiento.