Filosofía en español 
Filosofía en español


12 de Octubre

Sanz del Río

«No han echado raíz en España los sistemas de la filosofía moderna... Descansa aquí el espíritu en la tradición histórico-religiosa, que le da fabricado, sin trabajo propio, el sistema de las leyes superiores del mundo, y huye con desconfianza de acercarse al fuego sagrado, aun a pesar de la voz de la razón y de las nuevas necesidades intelectuales, que la nueva vida nos pone todas las días delante, y a las que no satisface ya hoy la voz creyente sólo, hallándonos por ello cada día en deuda mayor con la razón y en vacío y retraso respecto al siglo... Estos hechos son la funesta herencia que hemos recibido del servilismo intelectual y político a que estuvimos sujetos bajo una dominación extranjera, teocrática, inquisitorial, en los tres últimos siglos.» El hombre que escribió las anteriores líneas, es también el que ha despertado a nuestro país del letargo intelectual en que yacía, llamándole a participar de la vida del pensamiento moderno mediante la divulgación de la filosofía novísima o alemana y principalmente del sistema armónico de Krause, que por espacio de muchos años enseñó en su cátedra y dio a conocer en sus libros. La generación por él educada, y que ya hoy se halla al frente del movimiento científico de nuestra patria, le considera como el Sócrates español; y nosotros, que también tuvimos la fortuna de contarnos en el número de sus discípulos, queriendo rendir a su memoria algún homenaje de veneración y cariño, hoy que es aniversario de su muerte, vamos a consignar los principales hechos de su vida.

Don Julián Sanz del Río, nació en Illescas, provincia de Toledo (1815): en el seminario de esta ciudad hizo sus primeros estudios; mas no sintiéndose con vocación para la carrera eclesiástica, determinó seguir otra más adecuada a sus inclinaciones, trasladándose para ello a Madrid. Hízose, pues, abogado, aunque tampoco eran los negocios de la curia los que merecían la predilección de su espíritu, sino las materias filosóficas; en que bien pronto se distinguió de tal manera, que habiendo tratado el gobierno español, allá por los años de 1843, de enviar a Alemania una persona de reconocida aptitud para que estudiase y luego diera a conocer entre nosotros los sistemas de filosofía elaborados en aquel cerebro de Europa, eligió para esta comisión a Sanz del Río pensionándole por dos años. El Sr. D. Manuel de la Revilla ha publicado recientemente algunas cartas inéditas de aquel docto maestro, entre las cuáles hay una, fechada en Heidelberg, que da cuenta circunstanciada de su viaje; y por ella vemos que, habiendo conocido en Bruselas al célebre Arhens, infatigable propagandista del sistema de Krause, dirigióse luego a Heidelberg, donde había dos ilustres discípulos directos de aquel filósofo, Roeder y Leonardhi, a cuyas lecciones asistió nuestro compatriota, que poseía también el alemán, habiendo llegado a penetrar en el fondo de aquel sistema, asimilándose por último su doctrina y disponiéndose a ser su apóstol en España, por hallarse plenamente convencido de su verdad. «Y tal convicción –escribe Sanz del Rio– no nace de motivos puramente exteriores, sino que es hija de la conformidad que hay entre aquella doctrina y la que yo encuentro dentro de mí mismo.» Sin embargo, cuando regresó a nuestro país, lejos de lanzarse precipitadamente a divulgar la nueva filosofía, mantúvose por mucho tiempo retirado en Illescas, su pueblo natal, madurando en lento examen sus ideas, antes de exponerlas en la cátedra que al efecto creó el gobierno en la Facultad de Filosofía y Letras. En ella, cuando ya se decidió a ocuparla, comenzó a desarrollar ese sistema a que se dá el nombre de armónico, porque tiende a concertar todos los anteriores, sintetizando todo el movimiento de la filosofía novísima o contemporánea. Ridiculizado al principio, fue poco a poco haciéndose accesible a las inteligencias más privilegiadas hasta que, al fin tuvo la suerte de formar escuela y de contar en ella hombres como Canalejas, Salmerón, Giner y tantos otros pensadores profundos. Mas llegó un día en que los gobernantes miraron ya con recelo y aun con temor la obra realizada por el sabio expositor del krausismo, y le arrojaron de su cátedra (1867) juntamente con otros ilustres profesores de la universidad Central. La Revolución de Setiembre (1868) les volvió a ella, y nombró decano de la Facultad de Filosofía y Letras a Sanz del Río, que no gozó mucho tiempo este honor, pues descendió a la tumba en 12 de Octubre de 1869.

Murió como había vivido, en plena filosofía, sin haber querido recibir los auxilios espirituales de ninguna religión positiva, y disponiendo que su cadáver fuera sepultado en el cementerio civil, dando así con sus obras, hasta el último instante, vivo testimonio de la fe con que profesaba sus doctrinas. Dejólas consignadas en las siguientes producciones: Analítica, primera parte del sistema de la ciencia, habiendo dejado también algunos apuntes para la Sintética; Ideal de la Humanidad, que él atribuyó modestamente a Krause, pero del cual solo tiene el pensamiento general; Historia Universal de Weber, traducida, anotada y ampliada por él en muchos puntos y con especialidad tocantes a España; Filosofía de la muerte, obra póstuma ordenada con manuscritos de Sanz del Río por su discípulo el Sr. Sales y Ferré; y las Cartas dadas a luz por el Sr. Revilla.