Filosofía en español 
Filosofía en español


[ Juan Martínez Villergas ]

El Tío Camorra

Profecía del Tío Camorra

Desde que circularon las noticias del banquete que debía verificarse en París, conoció el Tío Camorra que Luis Felipe, como rey, estaba herido de muerte, y eso es lo que el ciudadano de Torrelodones quería decir cuando escribía:

Cuidado no se constipe
Luis Felipe.

En efecto, el constipado es una enfermedad muy peligrosa en el invierno, y por eso era de temer que el rey de las barricadas sucumbiese, tanto mas, cuanto que ahora se ha presentado con carácter epidémico en toda Europa, y aunque el resfriado físico parece que nada tiene de común con el resfriado político dinástico, sin embargo, esta vez han caminado paralelamente, arrancando el primero la vida a muchos magnates y el otro la corona a muchos reyes. Digo que el segundo ha arrancado la corona a muchos reyes, porque aunque solo Luis Felipe ha perdido la corona de resultas del constipado político, la ha perdido al mismo tiempo el conde de París y la han perdido muchos sucesores de Luis Felipe, menos afortunados en esto que Hugo Capeto, cuya descendencia ha reinado por espacio de muchos siglos en Francia, aunque en sus últimos tiempos haya visto a Luis XVI guillotinado y a Carlos X huyendo de la quema.

Lo más extraño de todo, es que una cabeza tan bien organizada como la de Luis Felipe, haya visto venir la epidemia sin tomar aquellas medidas de precaución que la prudencia aconseja en circunstancias tales, como por ejemplo, el cordón sanitario; y es más extraño todavía esto en un hombre amaestrado por la experiencia, en un ciudadano que ha visto sucumbir a su tío y a su padre y a su predecesor el conde de Artois, y que ha nacido en el país de las epidemias dinásticas. ¿Dónde está ese talento profundo del ex-monarca de julio? ¿Dónde ese tacto diplomático tan cacareado por sus aduladores? Ya veo que también en otros países hay reputaciones usurpadas, y que Luis Felipe, cuya inteligencia tanto se ha encomiado, no dejaba de ser un pobre Juan Lanas, que es como si dijéramos una cabeza de chorlito. Así lo ha considerado siempre el Tío Camorra, y por eso a los primeros amagos de la enfermedad reinante, temió por la salud del Napoleón de la Paz, seguro como estaba el paleto de que Luis Felipe ni aun sabría adoptar aquellos medios higiénicos que se alcanzan a cualquier zarramplín, y por eso el paleto decía con grande sentimiento:

Cuidado no se constipe
Luis Felipe.

Y no se diga que Luis Felipe ha adoptado tales medios preservativos, no es cierto, porque el prohibir las demostraciones de la opinión pública, el hacer alarde de sus bayonetas y de sus fortificaciones no bastaba para impedir la propagación de ciertos males. El cordón sanitario que Luis Felipe debía haber establecido, se reducía a arrojar de Francia a Guizot y a todos los doctrinarios, rodearse de los liberales progresistas, dar garantías a los ciudadanos, favorecer la libertad en vez de escarnecerla, hacerse amar del pueblo que le dio una corona sin haber hecho nada para merecerla, seguir en fin una conducta diametralmente opuesta a la que ha seguido, y en ese caso, no diré que hubiera perpetuado su dinastía, porque la Francia no podía sostener por muchos años una institución contraria a sus instintos democráticos, pero hubiera muerto con el consuelo de legar el poder real a su nieto, y acaso con la esperanza de trasmitirlo a muchos de sus descendientes. Se equivocó, a pesar de su gran talento creyó que la política de resistencia, era la política de salvación, a pesar de su incomparable inteligencia, no conoció que los doctrinarios son los enemigos más temibles de las monarquías; a pesar de su indisputable perspicacia no comprendió que todos sus apóstoles eran otros tantos judas; a pesar de su incuestionable tacto diplomático provocó la pelea con el pueblo, que es el más poderoso de todos los soberanos, y desde entonces el Tío Camorra echó la bendición a la espirante monarquía francesa, que ha caído de espaldas para no levantarse nunca. Tal era el suceso que presentía el ciudadano de Torrelodones cuando decía hace dos semanas:

Cuidado no se constipe
Luis Felipe.

Sí; este constipado que el Tío Camorra presentía, era la revolución que ha tenido efecto, la más santa de las revoluciones, la más justificada y quizá la más gloriosa para la Francia, cuya libertad va a ser asegurada para siempre. Al decir el Tío Camorra que Luis Felipe corría peligro de constiparse, no quería decir, como es fácil comprender, que no tomara un resfriado de esos que se curan con un sudorífico y dos días de cama. El paleto, a quien los decretos de imprenta vigentes no dejaban hablar con toda la claridad que le es propia tratándose de un hombre que era a la sazón rey aliado, tuvo que usar un lenguaje figurado que le pusiera a cubierto de una persecución injusta, y le fue preciso enmendar su pensamiento que estaba mejor expresado en su borrador de esta manera:

Cuidado no vaya a pique
Luis Felipe.

Si; el Tío Camorra, conocía bastante al pueblo francés, sabía que el pueblo de 1789 no podía haber degenerado tanto que se sometiera servilmente a los caprichos de un Guizot y a las consecuencias de un poder viejo y viciado; sabía que la Francia acostumbrada a derribar a los tiranos siempre que tiene voluntad de hacerlo no se expondría a los azares de una revolución solamente para derribar un ministerio, sino para cortar de raíz el árbol de los abusos; que con Guizot debía caer su amo y con este los restos de la revolución de julio; y por último que estando el daño en las cosas tanto o más que en las personas, debían sucumbir al mismo tiempo y bajo un mismo golpe las personas y las cosas. Los vaticinios del paleto parecerían increíbles cuando el Heraldo trataba con desdén a los liberales franceses; el Heraldo que se las prometía tan felices allende del Pirineo; el Heraldo que se burlaba del banquete y de los reformistas; el Heraldo para quien todo había concluido felizmente el día 22 de febrero; el Heraldo que el día 27 del mismo nos dio con harto dolor de su corazón el siguiente parte telegráfico.

Establecimiento de la República en Francia

París 24 de febrero a las diez de la noche.

El delegado del gobierno provisional a los señores prefectos.

Composición del gobierno provisional.

Señores. Dupont de l'Eure, Presidente.
   Arago, Marina.
   De Lamartine, Relaciones exteriores.
   Crémieux, Justicia.
   Bedeau, Guerra.
   Ledru Rollin, Interior.
   Marie, Comercio.
   Garnier Pagés, corregidor de París.

——

El ministro de lo interior a los prefectos:

París 25 de febrero a las once de la mañana.

El gobierno republicano ha sido constituido. Se va a apelar a la nación para que lo sancione. Adoptaréis inmediatamente todas las medidas necesarias para asegurar al nuevo gobierno el apoyo de las poblaciones y la tranquilidad pública.

Dad parte al gobierno con la posible brevedad del estado de la opinión, y comunicadle las medidas que habéis adoptado.
 

Triunfó la libertad en Francia: los nombres más gloriosos y respetables figuran al frente del gobierno republicano. El sabio Arago, el divino Lamartine, el virtuoso Dupont de l'Eure, el brillante orador Ganier Pagés y los puros demócratas Ledru Rollin y Crémieux, no reproducirán las escenas sangrientas de 1793. Al contrario, semejantes ciudadanos, sin faltará la energía que deben desplegar para sostener la santa causa que han proclamado, harán amar la república a todos los franceses que se interesen por el bien de su patria. Cuando la revolución de nuestros vecinos no fuera santa por el hecho de derrocar la tiranía doctrinaria, lo sería por los venerables nombres que se han encargado de conducir a puerto seguro la nave de la libertad.