Filosofía en español 
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[ Juan Martínez Villergas ]

El Tío Camorra

La anarquía y los anarquistas

Tres veces seguidas ha tenido que leer el Tío Camorra las palabras siguientes de un artículo de La España: «Es muy probable que si la Italia sigue marchando por la senda en que ha entrado caiga en los horrores de la anarquía, peores mil veces para ella que la dominación de los tudescos.» Tal es el privilegio del número 3. A la primera vez que uno lee ciertas cosas, no quiere creer sino que son increíbles; a la segunda, quedan algunas dudas, pero a la tres, va la vencida. [226] ¿Caerá la Italia en la anarquía? Falta saber lo que significa anarquía. ¿Será verdad que la anarquía es más temible que los tudescos? Buen remedio; el periódico La España tiene una receta para curar el mal, que consiste en decir a los tudescos: «venid acá, tiranuelos adorados, sacadnos el oro, robadnos el honor, atropellad a nuestras mujeres y asesinad a nuestros hijos, que todo lo daremos por bien empleado con tal de no ver el rostro a la anarquía.» Lo malo es que los italianos no han visto nunca la anarquía y conocen muy a fondo a los tudescos, por lo cual tengo por imposible que presten atención a los consejos de La España.

Así son tan tercos los tales italianos que acuden a bandadas a tomar las armas para exterminar a los tudescos. ¡Ignorantes! ¿Saben ellos las consecuencias que les puede acarrear su obcecación? Dentro de pocos días habrán batido a los tudescos (a) austriacos, los habrán destruido para siempre; pero la anarquía los acecha por la retaguardia y clavará sus acertados dientes en las entrañas de los vencedores.

En prueba de que la Italia corre a su perdición al combatir a los tudescos, ahí está lo que acaba de suceder en Nápoles; apenas los ciudadanos napolitanos salieron de su patria con el torpe objeto de perseguir tudescos, asomó nada menos que una puntita de la nariz de la anarquía en Nápoles, y ¡zás! no dejó casa ni calle donde no marcase de un modo espantoso su sangrienta huella. El rey Fernando II, atraído por los malos consejos de la anarquía, hizo degollar a un sin número de personas indefensas. En las calles quedaron tendidos más de mil trescientos cadáveres, y dentro de las casas fue mayor la mortandad, que tenía por objeto principal ejercer el robo y el saqueo sin importunos testigos. ¡Y luego habrá hombres tan temerarios que apetezcan la anarquía! ¡Estúpidos! ¿Y qué dirían los voluntarios napolitanos que iban a combatir a los tudescos bajo las órdenes de Carlos Alberto? ¡Tontos de ellos, que iban en busca de un tirano cuando se lo dejaban a la espalda! lo que ellos se dejaban a la espalda era la anarquía, la anarquía pícara que amenaza despedazar a los italianos desde que concibieron la bárbara idea de combatir a los tudescos. En el pecado llevarán la penitencia.

Por de contado que el rey de Nápoles se ha hecho célebre con esa hazaña que no tiene ejemplo en la historia de los héroes, y para prueba de lo bien preparados que están los ánimos a ceñir a tan excelente monarca la corona de la inmortalidad, allá va eso.

En Turín querían los diputados que se mandase guardar muchos días luto, y según el siguiente párrafo de La España, «el diputado Radice se opuso a esta demostración, diciendo que en vez de vestirse de luto debían usar todos los italianos coronas de laurel y mirto, porque las atrocidades de Nápoles habían concluido con la tiranía de los Borbones». ¡Qué pareceres tan encontrados! ¡Milagro será que los ciudadanos de Turín se vean libres de la anarquía! [227] Según La España también: «El diputado Ravina pronunció un largo discurso con el mismo objeto, concluyendo con estas palabras: Que se declarase a Fernando tirano de Nápoles y enemigo de la humanidad; que se envíe un mensaje a Carlos Alberto, para invitarle a que tome bajo su protección al pueblo napolitano; que se levante una columna en Turín y otra en Génova para que perpetúen y muestren a las generaciones venideras, el odio que han inspirado a todos las acciones del tirano.» Y por último, el marqués Pareto, ministro de negocios extranjeros y hombre templado, dijo, si no se equivoca nuestro colega La España: «Es necesario en circunstancias dadas, saber hacer uso de la moderación. Debemos examinar con detención y conocimiento todo lo acaecido en la capital de las Dos Sicilias. Es verdad que el Borbón ha cometido una infamia…» No más, no más: ¡vaya un lenguaje propio para quien empieza recomendando la moderación! Cuando el señor Pareto se exalte un poco ¿qué parecerá? Es claro, un anarquista.

Las embajadas napolitanas han recibido también en Génova y Turín muestras inequívocas del entusiasmo con que los pueblos han recibido las fazañas heroicas del Rey Fernando. En uno y otro punto fueron arrancadas y pisoteadas las armas de Nápoles. Ya, ya: si esto hacían con las armas, ¿qué hubieran hecho con los autores de tantas desgracias? ¿Quién sabe? Los anarquistas de todo son capaces.

En todo se prueba la necesidad que los italianos tienen de someterse al yugo de los tudescos, ¡ay del que no quiera comprenderlo! La Francia misma está dando muestras de caer en los horrores de la anarquía, según los periódicos moderados de España, ¡y quiera Dios que no tengan también nuestros vecinos que ponerse bajo la tiránica salvaguardia de los tudescos! Y no solamente los moderados han formado mala idea de la república francesa: ahí tenemos a Fray Gerundio, que siempre la ha puesto mal gesto, atacándola desde que nació; pues según deja traslucir, nuestro reverendo padre se hubiera contentado más con la regencia de la Duquesa de Orleans, y a fe que lo sentimos mucho, porque sabe nuestro amigo Fray Gerundio que le apreciamos, y tendríamos un placer en verle defender la forma de gobierno que la Francia, en uso de su soberanía, proclamó el 24 de febrero.

Nosotros hemos combatido también las tendencias anárquicas de los revolucionarios de mal género, porque no estamos muy avenidos con el desorden; pero de eso a los sueños fantásticos que se ha forjado Fray Gerundio hay gran distancia, y calificamos de sueños las ocurrencias de nuestro reverendo colega, porque no merecen otro nombre las suposiciones de que los obreros tratan de entregarse a todos los desmanes imaginables. Pláceme a mi, el Tío Camorra, dar garrotazos a los holgazanes y a los revoltosos; pero no me gusta ver que un escritor que dice ser liberal se ensañe contra todos los obreros, que no por ser obreros merecen los epítetos [228] de revoltosos, holgazanes y borrachos, que nuestro padre Fray Gerundio les prodiga. Tampoco me agrada eso de ver ridiculizar las palabras libertad, igualdad y fraternidad, máxime cuando no son una mentira, como puede conocerlo y debe confesarlo el mismo Tirabeque, dejando la tarea de hacer necesaria la vuelta de Luis Felipe a los enemigos de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad.

Insensiblemente nos hemos metido en el campo de la formalidad, que no conviene a nuestros trabajos domingueros; pero hay cosas que no pueden tratarse alegremente: tales son los tiros injustos que se disparan contra la heroica revolución de febrero, y los entretenimientos del rey de Nápoles.