Filosofía en español 
Filosofía en español


Premio Ruedo ibérico

1. Ediciones Ruedo ibérico crean un premio que será otorgado a una obra consagrada a la historia política española durante el periodo 1936-1971. Sólo serán admitidos a concurso los trabajos que estudien el periodo globalmente, o aquellos que estudien un aspecto esencial de la historia del periodo señalado.

2. Pueden concurrir al premio, sin distinción de nacionalidad ni de residencia, cuantos escriban directamente en lengua castellana.

3. Los trabajos concursantes deberán ser originales e inéditos y libres de cualquier compromiso editorial. Podrán ser obra individual o colectiva. La extensión de los manuscritos concursantes no podrá ser inferior a 600 folios dactilografiados a doble espacio.

4. Los manuscritos deberán ser presentados en dos ejemplares. En la página primera de cada ejemplar figurará un lema o cifra que corresponda al inscrito en un sobre cerrado conteniendo el nombre del autor o de los coautores y, eventualmente, el seudónimo que se pretenda utilizar. Será expedido el correspondiente acuse de recibo en la forma indicada por cada concursante.

5. El plazo de admisión de manuscritos quedará cerrado el 30 de noviembre de 1972.

6. El premio está dotado con un millón de pesetas. El premio no será divisible entre dos o más obras concurrentes. El concurso podrá ser declarado desierto. En este caso, volverá a ser convocado para el año siguiente con sujeción a las presentes bases.

7. El jurado estará compuesto de un mínimo de cinco miembros y un máximo de siete, escogidos entre los autores de Ediciones Ruedo ibérico. La composición del jurado será dada a conocer en Cuadernos de Ruedo ibérico en el curso de la primera quincena de diciembre de 1972.

8. El fallo del jurado será publicado en Cuadernos de Ruedo ibérico en el curso de la primera quincena de enero de 1973. La dotación del premio será entregada en París al autor o autores de la obra premiada.

9. Ediciones Ruedo Ibérico se reservan todos los derechos correspondientes a los 10.000 primeros ejemplares de la edición en lengua castellana de la obra premiada, así como a la mitad de los derechos de su traducción a cualquier idioma o por su adaptación cinematográfica o radiofónica. El autor recibirá un diez por ciento del precio de venta por cada ejemplar vendido que supere la cifra de 10.000 ejemplares de la edición en lengua castellana. Ediciones Ruedo ibérico se comprometen a la publicación en lengua castellana de la obra premiada dentro del plazo de un año a partir de la fecha del fallo.

10. El autor o los autores premiados decidirán libremente si la obra debe ser publicada con su nombre o con seudónimo. Ediciones Ruedo ibérico observarán en este último caso la discreción más estricta respecto a la personalidad del autor.

11. Ediciones Ruedo ibérico se reservan un derecho preferente sobre los manuscritos que merezcan mención del jurado, sometiéndose en este caso a las condiciones generalmente aplicadas en la edición en lo que concierne a propiedad literaria y derechos de autor.

12. Los manuscritos no reclamados en el plazo de dos meses a partir de la fecha de publicación del fallo serán entregados por Ediciones Ruedo ibérico a una institución pública o privada consagrada a la investigación histórica sobre España contemporánea.

 

No solamente excesivo sino escandaloso

Compañero Martínez: Tras la convocatoria del premio Ruedo ibérico de un millón de pesetas creemos se exige, por parte de los lectores y amigos de RI, una urgente reflexión crítica sobre las razones y planteamientos que han desembocado en el acuerdo de tal convocatoria y en la fijación de tal cantidad.

Una convocatoria que se lanza para atraer la atención de investigadores sobre la “historia del franquismo” para despertar, es de imaginar, del sopor, largo y denso, a esas potenciales plumas oxidadas sobre las que tanto se habla pero que, por unas u otras razones, optan por la inacción, seguramente, dirán, porque el “momento” aún no ha llegado. Es posible que tal convocatoria también haya sido motivada en función de esos centenares de originales encerrados con siete llaves, expectantes, en continuo proceso de mejoramiento, de puesta el día, de incorporación de nuevos datos y fuentes, de nuevos horizontes, &c., &c.

Y para aguijonear el sopor o la siesta inactiva, se presenta como polo de atracción revulsivo la suma, nada más y nada menos, de un millón de pesetas. Es decir, aproximadamente 16,5 veces la última cifra de renta per capita avanzada por el señor López Rodó…

Como dato último, un jurado seleccionador de antecedentes netamente, al menos, antifranquistas y antifascistas.

El premio Ruedo ibérico ya está en la vox populi. Suponemos que las críticas comenzarán a afluir progresivamente. No vamos a hacer un recorrido de los giros que muchas editoriales, digamos progresistas, han dado respecto a los sistemas de premios, con vistas a sustituirlos por otros incentivos, digamos más progresistas, simbólicos… (Casa de les Américas, Barral…).

1. Un premio, si ello priva de los derechos de autor, puede constituir una operación inteligente, sustitutoria, en donde el autor, desde el punto de vista económico, puede salir perdiendo. Y como generalmente el premio se suele conceder a un buen original, el autor sin duda sale perdiendo. Y el editor, ganando. Lo que parecería correcto sería lo siguiente: que se estableciera un premio simbólico, sea lo que fuere, y que el autor, conscientes todos de los mecanismos de la sociedad en que por el momento vivimos, recibiera sus derechos de autor. Así sí que sería un premio realmente, dado con carga a los beneficios generales de la sociedad Ruedo ibérico.

2. Nos parece, por ello, no solamente excesivo sino escandaloso que se fije en un millón de pesetas la “recompensa” por lo anteriormente expuesto. Nos parece también que si a un autor de un original sobre la “historia del franquismo” que se publicará en Ruedo ibérico (es decir, un original antifranquista) hay que moverlo con un millón de pesetas, mejor sería que Ruedo ibérico se asociara o se fusionase con Editora Nacional, pues si éste es el solo hecho de decidirse a investigar sobre el franquismo (un autor antifranquista, por lo menos) ya nos es suficiente para dudar de su rigor científico y de su honestidad en no manipular los hechos y fuentes históricas.

3. Creemos absolutamente necesario que el trabajo de investigación (sobre todo si tenemos en cuenta las negras sombras del paro intelectual en España o la necesidad de financiar a los diversos componentes de la oposición democrática y revolucionarla en el país) sea adecuadamente remunerado, vía derechos de autor (trátese de cualquier original que Ruedo ibérico decida publicar). Y si un original específico resulta objetivamente más riguroso, más completo, más necesario para clarificar el difícil camino de la lucha democrática y revolucionaria, nos parece lógico que la clase obrera y sus aliados considerarían oportuno unos “sobrederechos de autor” concretados en lo que podríamos llamar “premio”. Pero un premio austero, simbólico, pues no hay que olvidar que se trata de una “recompensa” a posteriori de la elaboración.

Esto nos parecería lo más aceptable. Sobre todo si se parte de los presupuestos que más arriba avanzamos.

4. Otra cosa sería que esa cantidad se estableciera a priori, a un equipo de investigación o a una organización que garantizaran, por su experiencia y por otros trabajos anteriores, y previa presentación de un plan de trabajo, y un calendario de realización de las diversas etapas del mismo, un original de gran interés para los fines anteriormente indicados que, a fin de cuenta, forman parte del patrimonio cultural de los pueblos de la península ibérica que han sufrido y sufren el terror franquista. Al tratarse de una obra colectiva, un millón de pesetas puede justificarse como base de financiación de la investigación.

5. También podrían establecerse unos sistemas de becas, fuera de España, para tratar de investigar algunos aspectos del franquismo a partir de la literatura antifranquista, de difícil acceso en España pero no tan difícil en algunos lugares allende los Pirineos. (U otros casos análogos.)

6. O establecer, escalonadamente, varios premios en cada convocatoria, y no acumulables, cuya suma representaría ese millón de pesetas. Dejando claros los objetivos de tal “competición”, al menos a guisa de “justificación escrita” cara a los nunca informados ni consultados lectores de los libros de la Editorial y de los Cuadernos de Ruedo ibérico.

7. Como apenas hay duda que a la convocatoria acudirá con el ya tradicional ropaje del seudónimo (necesario y sin comentarios), podría darse esa ya casi constante de algunos escritores “progresistas” ibéricos (que se censuran sistemáticamente para que su nombre aparezca impreso en las editoriales de Madrid, Barcelona y otras, manifestando y justificando sus palabras e individualmente su rigurosidad revolucionarle y la oportunidad de publicar en clave las “grandes aportaciones” al marxismo con un vocabulario heredado de la desolación franquista o, en el mejor de los casos, del cinismo tecnocrático, justificaciones y manifestaciones exponentes de sus profundos desgarramientos burgueses y de su continuada frustración, por no decidirse de una vez a colocarse en el humilde puesto de intelectuales al servicio de la revolución y sin pretensiones directivas), podría darse esa ya casi constante, decíamos, de que tales escritores (no militantes, pues de lo contrario razonaríamos de otra manera), logren que su otra personalidad, oculta casi siempre en España, elabore, bajo la firma del seudónimo, la clave de la destrucción franquista…, lo que, también bajo la firma de un seudónimo, podría conseguir un joven derechista (falangista, carlista… por no citar individuos de la calaña de Ricardo de la Cierva) que pretende hacer “nueva España” a partir de la “izquierda nacional”.

8. No. No se puede estar de acuerdo con el contenido de esta convocatoria. Comporta muchos riesgos. Y, realmente, vemos muy dificultoso encontrar una justificación para que un joven, no tan joven, u otro escritor se meta en el bolsillo, tras el fallo del jurado (sobre el que se podría aplicar algunos de los puntos críticos enunciados, sobre todo, en base a su selección, cosa que se hará, si no por escrito, al menos en el oral comentario implacable) un millón de pesetas…

9. En resumen, convendría que el comité de redacción de Ruedo ibérico reconsiderase los términos de la convocatoria de este premio. Reflexionase sobre la posibilidad del premio-financiación a un colectivo u organización. Reflexionase sobre la posibilidad de escalonar, si se mantiene el original individual, el millón en varios premios no acumulables. Reflexionase y reconsiderase al jurado calificador y a los métodos a seguir no solamente para su elección sino para su renovación en el futuro.

10. Y que para todo ello contase de una vez con los lectores y amigos. Y para ello acaso sea preciso romper con los obstáculos organizativos (desde el punto de vista de sociedad editora) que parecen mantener dos círculos concéntricos: editorial, de una parte; lectores y amigos de otra. Editorial y revista de una parte, realidad política cotidiana de España de otra.

Saludos democráticos y revolucionarios. Pilar Gutiérrez, Nemesio López, Ricardo Lorca, Eugenio Ramírez, Montserrat Clot, Oriol Valls, Nuria Catalá. Tarrasa, enero de 1972.

 

La cuantía del premio no nos parece excesiva

(NDR. La carta que precede contiene gran parte de las críticas que se nos han hecho, por diversos conductos y en general en forma oral, con motivo de la convocatoria del Premio Ruedo ibérico. Además de las críticas, esa carta descubre un malhumor en nuestros corresponsales que no nos parece merecer la cosa y cuyas razones no alcanzamos. Otra hubiera sido si ellos afirmaran que son o pueden ser un equipo de investigadores frustrado por las condiciones de nuestra convocatoria.

Es cierto que la convocatoria del Premio Ruedo Ibérico ha obedecido a una voluntad de despertar del “sopor, largo y denso, esas plumas potenciales” que ya hubieran debido atacar el estudio global del franquismo desde una óptica histórica, sociológica o política. Dentro y fuera de las fronteras, la bibliografía sobre el tema –contrariamente a lo que ocurre con la bibliografía de la guerra civil española– es más bien magra. Además de lo escasa, la mayor parte de ella nos parece mala. Los dos únicos estudios de conjunto sobre el franquismo, amplios y serios, que conocemos son debidos a dos franceses –Jacques Georgel y Max Gallo– y ya los editó Ruedo Ibérico en castellano. No apuran el tema, como no lo apuraron otros estudios de carácter parcial, bastante estimables. Siguen haciendo necesarios, unos y otros, nuevas investigaciones, nuevos análisis, nuevas conclusiones. Pero merecen más que la simple crítica verbal y genérica que hemos oído a muchos intelectuales de la “izquierda” española: los investigadores extranjeros no comprenden la realidad española. Al parecer el “somos diferentes” de Fraga ha calado hondo. No creemos, sin embargo, que existan “centenares de originales sobre el tema, encerrados bajo siete llaves”. Ni centenares, ni docenas, ni pares. Quizá ni siquiera exista uno.

No hace falta afirmar que hubiéramos preferido publicar un manuscrito que nos hubiera llegado espontáneamente. Sobre todo porque ya estaría publicado y no tendríamos que esperar. Pero en Ruedo Ibérico se sigue considerando necesario que los españoles investiguen y escriban sobre los 35 años de franquismo, considerados globalmente. Aunque no por ello demos por descontado que se halle “la clave de la destrucción” del franquismo. Ensayos sobre aspectos parciales del franquismo ya hemos publicado en gran número.

Nos parece natural que los miembros del jurado que debe conceder el premio sean de antecedentes netamente antifranquistas. ¿Cómo podría ser de otra manera? Si no se silencian hechos, si se manipulan fuentes históricas, los estudios sobre el franquismo han de resultar ineluctablemente antifranquistas. ¿Puede caber duda de esto en algún demócrata, cualquiera que sea su matiz? Si hemos decidido elegir el jurado entre autores –españoles y no españoles– publicados por Ruedo ibérico ha sido, principalmente, por dos razones: 1) Por su competencia acreditada, por su reputación, que garantizan, al menos a nosotros, que el premio no corre el riesgo de ser concedido a un mal texto ni, al amparo del seudónimo, “a un joven derechista” que pretenda “hacer nueva España” a partir de la “izquierda nacional”, como parecen temer nuestros corresponsales. 2) Para evitar cualquier sospecha de favoritismo a priori o a posteriori, de sometimiento a consideraciones ajenas a la finalidad pretendida, si Ruedo ibérico designaba un jurado –aunque fuese de notables– sin someterse a norma alguna.

El premio no priva de derechos de autor. Nos remitimos a la base 9 de la convocatoria. La cuantía del premio hace por lo menos problemático a priori las ganancias del editor, tratándose de Ruedo ibérico, a causa de las características de su mercado y de la escasa publicidad que puede dar a sus actividades, aunque se trate de un premio de un millón de pesetas. Vemos difícil que se pueda comparar por ello el Premio Ruedo ibérico a otros concedidos en circunstancias “normales”, como tampoco vemos posible la asociación en tal empresa con Editora Nacional, a la que también nos invitan, no sabemos por qué, nuestros corresponsales. De no ser para nuestra tesorería, la cuantía del premio no nos parece excesiva, sin embargo, si se tiene en cuenta los gastos de investigación necesarios. Un premio simbólico nos parece ridículo (y escandaloso) por esa razón, y nos hubiera valido otro género de críticas –o quizá las mismas– si lo hubiéramos propuesto. No nos parece más justificable cobrar un millón de pesetas (o más, si se acepta el razonamiento de nuestros corresponsales de que el premiado puede salir perdiendo en este asunto) en forma de derechos de autor, que en forma de premio. Tampoco hemos podido desdeñar la posibilidad de que la obra premiada sea colectiva, en cuyo caso lo de la cuantía exagerada… Hemos tenido que tener en cuenta que la brevedad del plazo de convocatoria –un año– puede multiplicar los gastos de investigación. (Esta brevedad es la que nos ha obligado a garantizar la convocatoria en 1973, con arreglo a las mismas bases, si el premio tuviera que quedar desierto en 1972.)

“La recompensa a posteriori” se ha impuesto de manera natural también. Nadie, ni individuo, ni colectivo, ni organización, nos ha propuesto investigar sistemáticamente sobre el tema. Esto sólo ya basta para excluir cualquier otra motivación a ese a posteriori criticado. Pero hay que confesar sinceramente que Ruedo ibérico es una editorial –pequeña– y no una fundación, y que no dispone de los medios económicos ni técnicos para poderse plantear el subvencionar y seleccionar becarios o equipos de investigación, ni para determinar su capacidad, ni para vigilar la utilización de las becas o subvenciones de investigación. Podemos, eso sí, constituir un jurado que ofrezca garantías a concursantes y lectores y que se dedique durante un corto periodo de tiempo a estudiar y discutir los manuscritos que sean presentados. Eso es lo que vamos a hacer. Pero no podemos mantener un equipo del mismo tipo que siga los progresos de las investigaciones a lo largo de un año por lo menos. Cabría alinear aquí dudas legítimas sobre la productividad intelectual de la mayor parte de las becas que en el mundo han sido y son: pero aun dejando tales dudas de lado, queda que el método de becas nos parece más condicionante para el investigador, excluyente a priori de posibles investigadores, y de menos garantía también a priori para el lector, sobre todo si la subvención fuese concedida a una “organización”, posibilidad que, incomprensiblemente, avanzan nuestros corresponsales. ¿Cuántas veces no se ha criticado en la “izquierda” las becas, las subvenciones, &c., aun cuando no dieran resultados “tangibles”?

El problema que plantea el uso del seudónimo en los escritos que pueden poner, más o menos, en peligro la seguridad de los autores, es algo que desborda el caso concreto del premio convocado, cuya finalidad no es la de crear mártires. Estamos aquí contra la autocensura, como parecen estarlo nuestros corresponsales. Estamos porque los autores den la cara. Pensamos que muchas veces podrían darla sin grave riesgo. Estamos con los que se arriesgan a darla. Pero todo ello es algo que sólo los interesados pueden resolver. Y por encima de eso para nosotros está el que digan lo que puedan decir. Mal pueden censurar el uso del seudónimo quienes firman una simple carta con nombres que verosímilmente también son seudónimos.

Ninguna de las razones apuntadas por nuestros corresponsales nos parecen imponer modificaciones en la convocatoria del Premio Ruedo ibérico, cuyas bases mantenemos íntegras y volvemos a publicar en este número. Contar con nuestros “lectores y amigos” en el desarrollo de nuestras actividades es algo que hemos buscado siempre. Con poco éxito, como ya hemos afirmado en repetidas ocasiones (véanse Cuadernos de Ruedo ibérico, 31/32, p. 134-136, y 33/35, p. 202-207). Quizá los dos círculos concéntricos (editorial, y lectores y amigos), a pesar de nuestro poco éxito, no sean tan impermeables como parecen serlo a nuestros corresponsales. Pero romperlos unilateralmente es algo que no está al alcance de Ruedo ibérico.

Esperamos otras críticas y otras proposiciones que puedan inspirarnos nuevas fórmulas en provecho de la investigación sobre el franquismo o, incluso, modificaciones en los fundamentos del Premio Ruedo ibérico en años venideros. JM.)


La imagen del exilio

¿Qué se esconde detrás del libro publicado por Calvo Serer?

Un editor que hace negocios: José Martínez, de Ruedo ibérico, sin que le importe traicionar su seudo-militancia anarquista.

Las maniobras continuistas de antiguos franquistas como Calvo Serer, llegan a ensuciar incluso a algunos sectores del exilio.

José Martínez, de Ruedo ibérico, al prestarse (gracias, claro está, a una buena suma de dinero) a editar “secretamente” el libro de Calvo Serer, hace dos cosas imperdonables:

—Dar un certificado de oposicionista a un capitalista franquista implicado en numerosas injusticias del régimen fascista.

—Y pretender ensuciar la imagen del exilio, es decir, de numerosos socialistas, anarquistas y comunistas, y otros revolucionarios, que desde hace treinta años mantenemos en alto la verdadera bandera del antifranquismo.

Calvo Serer no es más que un opusdeista ambicioso que quiere heredar el poder.

José Martínez no puede seguir pretendiendo ser un militante demócrata, y mucho menos anarquista, porque se ha convertido en un sucio comerciante, sucio porque comercia con nuestros sentimientos revolucionarios, con nuestras ideas y con nuestros sacrificios. Basta de maniobras franquistas. Basta de negocios sucios.

(Publicamos esta nota anónima porque ha sido enviada a numerosos órganos de la oposición antifranquista exilada. Es lástima que tras mantener “en alto la verdadera bandera del antifranquismo” durante treinta años no se sea capaz de más. Para disipar cualquier suspicacia que pudiera nacer en una o en todas las organizaciones anarquistas –y sólo por respeto hacia ellas–, afirmo que no milito en ninguna hace ya años. JM.)


Desautorización

Antonio Botey Serra. Economista. Abogado. Barcelona-6. 17 de abril de 1972.

EDITIONS RUEDO IBERICO, 6 Rue de Latran. PARIS 5 (Francia).

Muy Sres. míos: Me refiero al número 33-35 de octubre 7l/marzo 72 de la revista “Cuadernos de Ruedo ibérico” editada por Vdes.

Con enorme sorpresa e indignación observo que han utilizado mi nombre para publicar, en sus páginas 165 a 176, un artículo que no les he remitido. Tales atribución e inserción son totalmente gratuitas e injustificadas y constituyen, por su parte, un manifiesto abuso frente al que hago constar, por la presente, mi más formal y enérgica protesta.

En consecuencia y reservándome expresamente el ejercicio de cuantas acciones civiles o criminales puedan competerme, les requiero formalmente para que:

—Supriman en los ejemplares de la revista aún no vendidos o distribuidos la inserción de constante referencia.

—Se den por fehacientemente notificados que el supuesto artículo “El Noticiero Universal - Historia de su venta, contada por D. Antonio Botey Serra”, está totalmente desautorizado por mí.

—Publiquen en el próximo número de su revista la anterior desautorización.

Atentamente,

A. Botey.

Nota. Remitida por correo certificado, con acuse de recibo, según acta autorizada por mí, el día diez y ocho de los corrientes, bajo el número 635 del protocolo. Barcelona, 19 de abril de 1972. Doy fe. (Hay un sello notarial de Enrique Peña Belsa, Barcelona.)

(NDR. El documento a que alude la carta precedente nos llegó –como nos llegan otros muchos– por correo desde España, en este caso desde Barcelona, y en varios ejemplares diferentes, lo que para nosotros era prueba de su difusión previa. Reconocemos no tener relación alguna con don Antonio Botey Serra y, en consecuencia, autorización expresa del mismo para la publicación del texto aludido.)