Filosofía en español 
Filosofía en español


[ José Deleito y Piñuela ]

Vicisitudes y anhelos del pueblo español, por S. Valentí Camp. Prólogo de Pedro Dorado Montero. (De la «Biblioteca Moderna de Ciencias Sociales».) Un tomo de 301 páginas. Barcelona, 1911.

Los libros de terapéutica social para curar los males de España vuelven a ponerse de moda, como en los días subsiguientes al año terrible de 1898.

El Sr. Valentí Camp, que con la dirección de publicaciones sociológicas y la construcción de libros propios, está realizando en Barcelona una persistente labor en pro de los estudios sociales, y sacando a luz obras que de otra suerte quedarían inéditas, lanza ahora al público un volumen más de diagnósticos y recetas.

Creo que en tal linaje de empeños es mucho más excelente la intención que el resultado. Y así lo reconoce el mismo prologuista Dorado Montero, con la austera sinceridad y el acerbo pesimismo peculiares en él. Recuerda la llamada literatura del desengaño, las campañas de Vida Nueva, todo el griterío regenerador que, a raíz del desastre colonial, clamaba por una renovación absoluta en nuestro pueblo; y advierte con ironía que al cabo de trece años todo está igual, que el quietismo no se perturba, a pesar de las exaltaciones y quejas de unos cuantos. Buscando la razón de que fracase toda gestión renovadora, la encuentra en la incapacidad de todos los elementos (tales como la juventud, la prensa, la Universidad, la política, &c.), a quienes forzosamente había de confiarse la empresa. Más aún: cree Dorado en la impotencia orgánica de nuestro país para conducirse de otro modo. No admite que podamos ser de nuevo, porque, según él, no hemos sido nunca. Estima pura leyenda la antigua grandeza española, y hace notar nuestra nulidad en materias de ciencia, trabajo perseverante y callado, prudencia, exactitud, moderación, fortaleza espiritual, sindéresis, ecuanimidad y demás virtudes sociales.

«La grandeza española –añade– no ha sido nunca sino de caballeros y picaros –que son una misma cosa, según los maestros de las erudición–... España ha sido la sede por excelencia del hampa, la cual ha revestido en ella las más proteicas formas. Pero la cantera de todos los bloques ha sido la misma siempre. El soldado, el aventurero, el fraile (sin excluir al místico); el estudiante, el pícaro jacarandoso o astroso..., todos fueron golfos de las más diversas especies y cataduras. Y esto es lo realmente hondo y característico de la interna estructura del alma española...»

En opinión de Dorado, son inútiles las lamentaciones sobre nuestros males, y vano empeño el querer curarlos con emplastos de cultura, pues «aun sabiendo leer y escribir, y hasta siendo bachilleres y licenciados todos los españoles de cierta edad, seguirán siendo lo que son: holgazanes y hampones». La europeización es para él problema de «poner un alma en lugar de otra». Esta operación le parece de dudosa posibilidad, y acaso tardía. Y aun vislumbra como más probable y hasta más beneficioso el que, lejos de renovarnos, desaparezcamos como nación, siendo absorbidos por cualquier gran potencia extranjera.

No puede irse más allá en la negación de nuestra importancia nacional, cosa que hará botar de cólera al Sr. Antón del Olmet, empeñado en considerar a España como el primer pueblo de la tierra{1}.

Mas el Sr. Valentí Camp no se desanima por ese nihilismo del Sr. Dorado, y acomete la tarea de contarnos lo que es el pueblo español, lo que ha sido en sus épocas diversas, los rasgos culminantes de su espíritu, sus actuales aspiraciones y los más eficaces medios de realizarlas.

Tiene él puesta toda su fe en la Sociología, como lo demuestran sus empeños de editor y escritor, y cree que los progresos de esta ciencia y la aclimatación definitiva de ella y de sus métodos investigadores positivos en España, son los mejores medios para despertar la conciencia colectiva de la nación.

Después de unas palabras preliminares sobre el atraso general de nuestro país en relación con otros, incluye una introducción que titula Sociografía analítica, donde diserta sobre los estudios sociológicos, su genealogía científica, sus sistemas de investigación, su desarrollo y diverso carácter en algunos pueblos, y su estado particular en España.

Entrando ya en el tema, divide su libro en cuatro partes: 1.ª Génesis de la sociedad española, que comprende el medio geográfico, el medio psíquico, la herencia y la selección; 2.ª Estructura y dinamismo del pueblo español, subdividida en dos grandes capítulos: manifestaciones regresivas (supervivencias del pasado y circunstancias coadyuvantes al estancamiento), y manifestaciones embrionarias (fuerzas dispersas y mal encauzadas, que pudieran operar la renovación); 3.ª Las concepciones sociológicas contemporáneas y los problemas de la regeneración española, donde trata de educación, crítica, intelectualismo español y renovación espiritual de nuestra raza; 4.ª Hacia el resurgimiento, en que examina el modo de encauzar las energías difusas, el tratamiento de anormales, infancia abandonada y juventud delincuente, la cuestión feminista, el sindicalismo, y la iniciativa privada y la acción popular como recursos para la transformación apetecida.

Apúntanse en el libro multitud de cuestiones geográficas, psíquicas, biológicas, morales, económicas, jurídicas, políticas, pedagógicas, religiosas, estéticas y sociológicas, referentes a España, en su génesis como Nación y en su estado actual.

Apenas hay aspecto de nuestro vivir presente, que no aparezca anotado en estas páginas, desde el clima a la Universidad o el periodismo; desde la herencia histórica de caudillaje, autoritarismo y superstición, hasta la misión de la mujer en el hogar; desde la psicología de nuestro pueblo, individualista, apático, falto de curiosidad, de comprensión, de tolerancia, de estímulo para la acción y de solidaridad colectiva, hasta los problemas obreros planteados hoy. Al lado de la miseria del país o el analfabetismo, la mala condición de la crítica literaria.

Pero la pluralidad de temas, a veces mezclados entre sí con sobrada heterogeneidad, aparecen en cinematográfico desfile, esfumándose antes de que el lector haya tenido tiempo de fijarse en ellos. A cada uno se le dedican muy contados renglones, los precisos para anotar su existencia y bosquejar con un par de trazos su boceto; nunca para hacer de ninguno un verdadero cuadro, un estudio detenido, documentado, con pruebas, con datos concretos, con estadísticas, como hacen su labor las modernas ciencias sociales. Más que un libro, parece la obra, en su mayor parte al menos, un sumario ilustrado de cuestiones. Más que demostrar, afirma; más que examinar casos, expresa juicios propios y generalizaciones, algo precipitadas algunas. El autor, que se encara con los Giner, Azcárate, Sales y Ferré, Posada, Buylla (es decir, con todos los maestros de la Sociología en España), para acusarles de superficialidad, incurre harto más que ellos en el pecado que les censura.

Su libro es un simple mariposeo en torno de nuestros problemas contemporáneos, sin desentrañar ninguno. Su concepto pesimista, sobre la estructura mental de nuestra raza y la constitución de nuestro organismo político-social; sus cargos duros a nuestras clases directivas, a nuestros gobernantes, a nuestros profesores, periodistas literatos y sociólogos, carecen de novedad, y, aun en lo que tengan de justos, no se hallan debidamente fundamentados. Su orientación, avanzada, más que la dirección impersonal del pensador y el filósofo, que sólo operan con ideas, parece revelar la empresa de un político de grupo, que persigue una finalidad de bandería. Sus ataques a los republicanos teorizantes y moderados, por colaborar con la monarquía, su preconización de los recursos radicales salvadores, y su enjuiciamiento severo contra el señor Azcárate, revelan la marcada influencia de las frondas lerrouxistas y el ambiente de las ramblas barcelonesas. Y no es que yo no tenga los mayores respetos para dicha agrupación política; pero creo, en verdad, que holgaba ese aparato sociológico para tal empresa, pues la Sociología es cosa que está muy por encima de las disputas y los personalismos de los partidos.

El Sr. Valentí Camp es hombre culto, revela mucha lectura de autores modernos, y probablemente hubiera podido hacer obra de más enjundia científica; pero creo que Vicisitudes y anhelos del pueblo español añadirá muy poca cosa nueva –salvo su excelente intención redentora– a la siempre oportuna y actual literatura del descontento y el pesimismo.

J. Deleito y Piñuela.

{1} Según su libro El Cuerpo diplomático español en la guerra de la Independencia, reseñado en el número de Abril último por La Lectura.