Filosofía en español 
Filosofía en español


Discurso del Comandante Fidel Castro el 26 de julio de 1970

XVII Aniversario del asalto al Cuartel Moncada

Discurso pronunciado por el comandante Fidel Castro Ruz, primer secretario del Partido Comunista de Cuba y primer ministro del Gobierno Revolucionario, en la concentración conmemorativa del XVII aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, efectuada en la Plaza de la Revolución el día 26 de julio de 1970. “Año de los diez millones”.


Compañero Todor Yivkov, primer secretario del Partido Comunista búlgaro y primer ministro de la República Popular de Bulgaria;

Delegaciones invitadas;

Compañeros macheteros héroes del trabajo, dos veces decimillonarios;

Compañeros macheteros decimillonarios;

Compañeros de las brigadas millonarias y compañeras de las brigadas millonarias;

Trabajadores ejemplares que fueron seleccionados para participar en este acto;

Trabajadores todos:

Quiero, en primer lugar, señalar el alto honor que significa para nosotros la presencia en este acto de la delegación de alto nivel de Bulgaria, presidida por el compañero Yivkov.

Quiero, asimismo, señalar nuestra profunda satisfacción por el numeroso grupo de delegaciones de alto nivel que se encuentran presentes procedentes de diversos países amigos.

Deseo, especialmente, mencionar nuestra satisfacción por la presencia de una delegación de alto nivel del Partido Comunista de la Unión Soviética, presidida por el compañero Katushev, secretario del Comité Central del Partido Comunista de la URSS.

La delegación de la República Democrática Alemana, presidida por el Compañero Werner Harowitsky, candidato al Buró Político del Partido Socialista Unificado Alemán.

La Delegación del Partido Socialista Obrero Húngaro, presidida por Arpad Pollai, secretario del Partido.

La delegación del Frente Patriótico de Laos presidida por Phoumi Vonvichit, secretario general del Comité Central del Frente Patriótico de Laos.

La delegación de los combatientes palestinos, presidida por Abu Iad, miembro del Buró Político y del alto mando de los comandos palestinos de Al Fath.

La delegación del Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde, presidida por Amílcar Cabral, secretario general del PAIGC.

La delegación de la República Popular Democrática de Corea.

Las delegaciones de la República Democrática de Viet Nam y del Gobierno Revolucionario Provisional de la República de Viet Nam del Sur.

La delegación de la República Argelina Democrática y Popular, de la República Árabe Unida, de la República Siria, de la República de Yemen del Sur, de la República del Sudán, de la República de Guinea, de la República Popular del Congo (Brazzaville).

La delegación de combatientes brasileños que representan al movimiento revolucionario de su país.

Se encuentra en camino también, aunque no ha podido llegar a este acto, una representación del movimiento revolucionario de los Tupamaros, de Uruguay.

Deseo mencionar igualmente distinguidas personalidades aquí presentes en este aniversario. A Henry Winston, presidente del Partido Comunista de los Estados Unidos. A Rodney Arismendi, secretario general del Partido Comunista uruguayo. Al arquitecto Ernesto Guevara Lynch, padre del comandante Guevara. La señora Selvira Leigue, madre de Inti y Coco Peredo, y del actual jefe del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, Osvaldo Peredo. Nadia y Erik Bunke, padres de Tamara Bunke (Tania). Isabel Restrepo, madre de Camilo Torres Restrepo. Jeannine Debray y Elizabeth Burgos, madre y esposa, respectivamente, de Regis Debray. La delegación de rectores y catedráticos de la universidad de Chile. La delegación del Comité Nacional de la Brigada “Venceremos”. El doctor Antonio Arguedas, exministro del Interior de Bolivia, que nos hizo llegar el Diario del Che.

Deseamos expresar también nuestro emocionado reconocimiento o las brigadas de macheteros internacionalistas que participaron con nosotros en la zafra gigante. La Brigada Nórdica integrada por jóvenes de Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega.

La Brigada “Victoria de Girón”, representativa de los países latinoamericanos; la Brigada de jóvenes trabajadores y combatientes de la República Democrática de Viet Nam, y de Viet Nam del Sur; la Brigada “Jinetes de Chullima”, de Corea; la Brigada “Hasta la Victoria Siempre” de Japón; la Brigada “Jorge Dimitrov”, de Bulgaria; la Brigada “Juventud Leninista”, de la URSS; la Brigada “23 de Agosto” de Rumanía; la Brigada “Ernest Thaelmann”, de la República Democrática Alemana; y la Brigada de Yemen del Sur.

No se encuentran presentes, aunque participaron también con nosotros largas semanas de trabajo en nuestro país; pero nos enviaron su mensaje caluroso desde Estados Unidos, que dice así:

“Fidel: desde las tristemente célebres entrañas del muy conocido monstruo enviamos saludos revolucionarios a nuestros hermanos y hermanas de Cuba.

”Al convertir el revés en una victoria, Cuba ha vuelto a demostrar una vez más la fortaleza de una humanidad que ha comenzado a recuperarse de la enfermedad de la opresión.

”Nosotros, quienes aún estamos infectados con esta enfermedad y quienes la sentimos extenderse desde Harlem, Augusta, Jackson y Kent hasta Playa Girón, Indochina y Puerto Rico, sabemos que tenemos que combatir esta enfermedad juntos; nosotros, quienes somos abortos del sistema que pare los asesinos de la humanidad, te saludamos, Cuba. Nos denominamos así porque Cuba, Viet Nam y nosotros venceremos.

”Firmado: brigada 'Venceremos'.”

Señores invitados y compañeros trabajadores:

En el día de hoy no vamos o hacer un discurso propiamente conmemorativo; quiero decir, no vamos a rememorar éxitos y logros de la revolución. Tampoco vamos a rememorar pasados heroicos. No es con la palabra sino con la acción y el trabajo que se rinde tributo a aquellos que lo dieron todo.

Tampoco en el día de hoy vamos a tratar problemas de tipo internacional, acerca de lo cual mucho podríamos y desearíamos hablar.

En el día de hoy vamos a hablar de nuestros problemas y de nuestras dificultades, y no de nuestros éxitos sino de nuestros reveses.

Y queremos hacer análisis, aunque sabemos que esta tribuna tan multitudinaria no se presta mucho para el análisis frío ni para los números.

No suelo venir a estos actos con muchos papeles, pero esta vez no me ha quedado más remedio que traer papeles, porque son muchos los datos y los números.

Y vamos, si se quiere, de la manera más sintética posible a expresar la esencia o lo esencial de nuestras dificultades.

Nos interesa sobre todo que las masas tengan información y que las masas comprendan y que las masas se dispongan a librar su batalla.

Porque nuestros problemas no serán resueltos en virtud de milagros de nadie, de milagros de hombres, de individuos, ni siquiera de equipos de individuos. Los únicos milagros en cualquier terreno los puede hacer el pueblo.

A modo de antecedentes, quiero expresar o informar algunos datos, como son los siguientes:

En 1958, vísperas del triunfo de la revolución, la población de Cuba ascendía a 6 547 000 habitantes. En 1970 se calcula que la población alcance una cifra aproximada a 8 256 000 habitantes. Somos un poco más. Y con exactitud lo sabremos después del censo que haremos en breves semanas, para que no quede nadie sin contar e incluso para descontar a los que quieran dejar de participar en este conglomerado.

Para ellos la “dolce vita” y la “sociedad de consumos”. ¡Nosotros nos quedaremos con otras cosas más duras, pero más honrosas y más dignas! Aunque en el orden moral la verdadera dureza de la vida sólo corresponde a los cobardes.

Es decir, que nuestra población ha aumentado en 1 709 000 habitantes.

De ese 1 709 000 habitantes más que tenemos 844 000 es el aumento de los niños menores que no están todavía en edad laboral; 188 000 son, por el contrario, personas, hombres y mujeres que rebasaron la edad laboral. En total, de este 1 709 000, 1 032 000, es decir el 60% son personas que o por no haber llegado a los 17 años, o por haber rebasado los 55 en el caso de las mujeres y los 60 en el caso de los hombres, son mayores de la edad correspondiente al trabajo. Es decir, 60% del incremento no participan de la producción.

Descontando del resto aquellos que por o estar estudiando o por incapacidades físicas o sociales hay que descontar, el incremento neto de los recursos laborales en estos doce años ha sido de 580 000 personas. En cambio, las necesidades de la economía para las nuevas actividades económicas y sociales, más la sustitución de personas que arribaron a la edad de jubilaciones, asciende a 1 200 000 personas.

Unidos los nuevos recursos laborales al número de desempleados que existía antes de la revolución, se ha podido cubrir en parte –pero sólo en parte–, esa creciente necesidad de fuerza de trabajo.

Claro, al principio teníamos, en 1958, 686 000 desempleados. Una gran parte de ellos hoy trabaja; otra parte también arribó a la edad mayor, no apta ya para el trabajo y quedan 75 000 que, no estando conceptuados como amas de casa o como estudiantes o como incapacitados, sencillamente no trabajan. Quedan 75 000.

Esos son los números de cómo ha crecido la población en estos años, y la estructura de nuestra población.

¿Y cómo será según las proyecciones entre 1970 y 1975? La situación será todavía más difícil. Se calcula que de 1970 a 1975 la población se incrementará en 660 000 personas. De estas 660 000, el incremento de menores, es decir, el incremento de personas que estarán por debajo de la edad laboral será de 280 000 más que ahora; el incremento de personas mayores de la edad laboral será de 108 000 más que ahora; el incremento de población en edad laboral será de 275 000 más que ahora. Cifra de la cual, descontando los incapacitados, los que tendrán que estudiar y otras causas, quedará un incremento neto de recursos laborales en los próximos cinco años de 167 000 personas.

De manera que nuestro problema con relación a la fuerza laboral y la estructura de la población continuará agravándose en los próximos cinco años, y sólo empezará a mejorar a finales de esta década, en las proximidades de 1980. Pues se calcula que de 1975 a 1980 la población aumentará en 828 000 personas. El incremento de personas menores de la edad laboral será de 160 000 más que en 1975; el incremento de personas mayores de la edad laboral será de 121 000 más que en 1975; y el incremento neto de recursos laborales entre 1975 y 1980 será de 535 000 personas.

De manera que la estructura de población, y estructura de población –lo entienden ustedes perfectamente– es la composición por edades de la población, es esta que nosotros les hemos señalado. Y esto será la tendencia en los próximos cinco años, y empezará o mejorar –repito– de 1975 a 1980.

Ahora bien: esta estructura de población implica –y ocurre no sólo en nuestro país sino por lo general en los países que han tenido explosiones de crecimiento de población, es decir, en casi todos los países subdesarrollados– que de la totalidad de la población sólo el 32% está ocupada en actividades económicas. Es decir, en la prestación de bienes y servicios algo menos de la tercera parte de la población. Y en ese 32% están incluidas las personas que tienen que prestar los servicios que son inversiones para el futuro, si se quiere, como son los servicios de salud, de educación, o las personas que tienen que prestar los servicios imprescindibles en defensa de la revolución y de la patria.

Es necesario que conozcamos esas cifras para estar, en primer lugar, situados, y conozcamos una parte de las dificultades a vencer.

Quiero señalar cómo han crecido algunos de los servicios, derivados de esta estructura de población, derivados también de medidas elementales de justicia que la revolución hubo de tomar y que eran, a nuestro juicio, insoslayables. En primer lugar la seguridad social.

Desde el triunfo de la revolución hasta 1970, se concedieron 379 842 nuevas jubilaciones y pensiones. Es decir, en el proceso revolucionario se les ha reconocido y se les ha hecho efectivo el derecho a la jubilación y a la pensión –repito– a 379 842 personas.

En adición a esto, se aumentó la pensión hasta un mínimo de 60 pesos mensuales a 198 260 pensionados y jubilados, muchos de los cuales devengaban hasta menos de 10 pesos al mes.

El gasto público de la seguridad social aumentó de 114,7 millones en 1958 a 320 millones en 1970.

Servicios de salud pública:

En 1958 prestaban servicios en la salud pública 8 209 trabajadores. En 1969 el número de personas que prestaban servicios en este campo ascendió a 87 646 trabajadores, ¡87 646! El gasto público por concepto de salud pública, que era en 1958 equivalente o 22,7 millones, en 1969 ascendió a 236,1 millones.

Gastos de educación, o en general servicios de educación:

En 1958 había inscriptas 936 723 personas en todas las escuelas del país. En el curso de 1969-1970 se matricularon 2 289 464; de ellas, 1 560 193 en la enseñanza primaria.

En 1958 prestaban servicios en la educación pública 23 648 trabajadores. En 1969 el número de trabajadores que prestan servicios en la educación ascendió a 127 526.

El número de becas, que era –en 1958– 15 698, es hoy 277 505.

Y no incluye en esta cifra el número de niños en círculos infantiles y en escuelas de seminternos.

En 1958 el gasto público por concepto de educación era de 77 millones de pesos. En 1969 se elevó a 290,6 millones.

Entre beneficiarios de la seguridad social –es decir, los que recibieron nuevas pensiones y jubilaciones–, trabajadores de la salud pública, trabajadores de la enseñanza y estudiantes becados, suman en 1970 no menos de 900 000 personas. Si a esta cifra se añaden los hombres involucrados en la defensa del país, la cifra pasa de 1 100 000 personas.

El gasto público por concepto de seguridad social, salud pública y educación –tres sectores–, que era en 1958 de 213,8 millones, asciende en 1970 a no menos de 850 millones. Si incluimos los gastos de la defensa del país a estos tres sectores, entre los cuatro se aproxima a los 1 200 millones de pesos cada año.

He querido expresar las cifras comparativas en pesos. He querido expresar las cifras comparativas en seres humanos.

El número de raciones dobles distribuidas como promedio en el primer semestre, entre trabajadores industriales y de servicios, becarios, círculos infantiles, escuelas de seminternos, movilizados en la agricultura y la zafra, personas hospitalizadas y combatientes del MINFAR y el MININT, ascendió a 2 250 000 raciones dobles aproximadamente cada día.

Y de más está decir que esos servicios no pueden, incluso, dejar de crecer. Basta decir que las mujeres trabajadoras aumentaron, de 194 000 en 1958 a 600 000 aproximadamente en 1970. Lo que naturalmente genera cuantiosas y nuevas necesidades no sólo de círculos infantiles, sino también de escuelas de seminternos.

A la vez, no obstante el número de trabajadores de la enseñanza señalados aquí y de los gastos en los servicios de la educación, debemos señalar que estos servicios están lejos todavía de poderse considerar plenamente satisfechos, tanto en cantidad como en calidad. Subsisten innumerables casos de alumnos que van a una sola sesión por problemas de maestros y problemas de aulas.

Y el número de maestros primarios que necesitamos entre 1970 y 1975 es de 7 000 por año, ¡7 000 nuevos maestros deben graduarse por año! Parte para las necesidades no satisfechas, parte para las necesidades de aquellos que no pueden proseguir en el magisterio por problemas de edad, y parte para satisfacer los incrementos y las exigencias tanto en cantidad como en calidad. Se necesitan, por tanto, 35 000 nuevos maestros en los próximos cinco años. Y se necesitarán por las mismas razones 4 000 nuevos profesores de secundaria básica o mejor dicho 4 000 nuevos profesores de secundaria básica por año hasta 1975.

Y se necesitarán 1 800 nuevos profesores de enseñanza media superior por año. Es decir, que necesitaremos graduar –y ello no quiere decir que vayamos a graduarlos porque desgraciadamente no podemos; todavía no podemos–, necesitamos graduar 12 800 nuevos maestros primarios, profesores de secundaria básica y de enseñanza media superior por año; y un número total de 64 000 en cinco años.

Me parece que cualquiera comprende lo que significa para este país resolver ese problema. Me parece que cualquiera comprende a lo que puede llegar o no llegar un país si resuelve o no resuelve el problema de la educación. Y tener que resolverlo en las condiciones que les expresaba anteriormente, y sacar todo eso de una población cuya estructura de edad empeora, y donde un 32% de la población –porcentaje que no crecerá en los próximos años– tiene que satisfacer esas necesidades.

A modo de comparación baste decir que los países industrializados de Europa, incluyendo los países socialistas con una productividad del trabajo incomparablemente más alta, con un desarrollo mucho mayor de sus fuerzas productivas, emplean un promedio, o empleaban en la década del 60 al 70, un promedio aproximado del 45% de su población total. Nosotros empleamos y tendremos que emplear, no sólo para el desarrollo, no sólo para las necesidades insatisfechas, no sólo para las necesidades crecientes, el 32% de esa población. Y en la medida que logremos emplear más mujeres, nuevas necesidades surgirán de escuelas, de círculos, de seminternados y de todo tipo.

Por concepto de la Ley de Reforma Urbana, han recibido los títulos y el usufructo gratuito de casas y habitaciones 268 089 familias, y el valor de esos inmuebles se calcula en 3 500 millones de pesos. De modo similar, más de 100 000 familias campesinas que antes de la revolución pagaban rentas recibieron el usufructo gratuito de las tierras que ocupaban.

El aumento del número de jubilaciones, servicios educacionales, médicos, los servicios imprescindibles de la defensa del país, unidos o los ahorros en pago de alquileres y venta de la tierra han elevado a 3 000 millones de pesos aproximadamente el dinero efectivo y las cuentas de ahorro en poder de la población.

Una política de precios para compensar este desnivel –y esto nos ayudará a comprender a nosotros, y también a los que se interesan por estas cuestiones en el exterior, los problemas de la libreta–, una política de precios para compensar este desnivel habría constituido un sacrificio despiadado para los sectores de menos ingreso de la población. Está claro: una política de precios para equilibrar la cantidad total de bienes y servicios que no recibe el pueblo –porque los que reciben gratuitamente no se cuentan en esta compensación–, es decir, una política de precios para compensar estos desniveles entre bienes y servicios y dinero, habría constituido un sacrificio despiadado paro los sectores de menos ingreso de la población.

Tal política podría ser utilizada con relación a productos suntuarios o no esenciales, pero jamás en los artículos de primera necesidad. Este es nuestro criterio, y esperamos que sea también el criterio del pueblo.

La devaluación o el cambio de moneda, como se hizo en los primeros años, es correcta cuando se aplica o los burgueses; pero sería repugnante con relación a los ahorros de los trabajadores. Ese es nuestro criterio, y esperamos que sea también el criterio del pueblo.

Y esto forma parte de algunos de los complejos problemas de nuestra economía que nos corresponde resolver.

Ahora bien: cómo se traducen estas cuestiones, como son estructura de la población, crecimiento de los servicios esenciales e imprescindibles… Porque no creo que haya nadie que dude de cuán imprescindible era darles el derecho a la pensión en la vejez a los hombres y mujeres que trabajaron explotados toda su vida. Y qué clase de pueblo sería éste, que con un sentido egoísta hubiese dejado de reparar semejante injusticia: qué clase de pueblo sería éste si hubiese permanecido insensible ante el machetero de 30 años con una jubilación de 7 pesos mensuales.

No creo que haya un solo cubano que albergue la menor duda del esfuerzo que se ha hecho por la salud del pueblo –tragedia que conocieron millones de personas en este país, familias que vieron morir a miles y decenas de miles y cientos de miles de sus hijos y se podrían calcular matemáticamente– no creo que haya nadie, y mucho menos quienes hayan tenido oportunidad de conocer el interior del país, que tenga la menor duda de la imprescindible necesidad de los servicios médicos establecidos por la revolución al precio de cualquier sacrificio. Y si algunos opinan, si hablan algunos de esto, es precisamente para decir que le hagan unos policlínicos de tantas camas, o que haya un médico allí en la fábrica o en el pueblo, o que haya uno por lo menos de guardia durante la noche. Y hay que decir que todavía miles de nuestros obreros que trabajan en la Marina Mercante, que transitan por los océanos del mundo, o de los miles y miles que pescan en nuestra Flota Pesquera, sólo en muy pocos de esos barcos hemos todavía podido introducir un médico que pueda salvar en caso de accidente o de enfermedad de urgencia una vida. Si algo podemos decir es que son insuficientes.

No creemos que haya un solo cubano que dude de la imperiosa, la dramática necesidad de sacar a este país del analfabetismo y del semianalfabetismo. Porque si analfabetos éramos un 30% de la población, semianalfabetos lo éramos un 95. Y las consecuencias de ese analfabetismo y de ese semianalfabetismo las estamos pagando y las estaremos pagando todavía durante muchos años. Y lo vemos, y tenemos ocasión de verlo incesantemente, cuando en cargos de dirección de una fábrica y al frente de muchas actividades nos encontramos compañeros llenos de la mejor buena fe en muchas ocasiones, pero cuyos niveles no rebasan los del sexto grado.

Y si hay ciudadanos que nos hablan de educación, no hemos conocido todavía ninguno que haya sido para decirnos que debimos hacer un poco menos de esfuerzo en la educación, de dar un poco menos de becas, de crear un poco menos de plazas de maestros, de hacer un poco menos de escuelas. Porque lo que nos encontramos incesantemente a lo largo y ancho del país son miles y miles de personas diciendo que aquella escuela es pequeña, que no caben, que hay que hacer una mayor, que hay que poner un doble turno, que hay que poner un comedor obrero; miles y miles que dicen que necesitan más maestros, y mejores maestros, y más libros y más papel y más material escolar; y pueblos que quieren secundaria básica y preuniversitarios y demanda de miles y miles de becas. Porque ya se están graduando no menos de 60 000 alumnos de sexto grado cada año, y en el futuro no lejano, si logramos ganar la batalla de la educación, deberán graduarse no menos de 150 000.

Y me pregunto si el destino de los hijos de este pueblo es llegar a sexto grado, y me pregunto si el destino de este pueblo en medio de un mundo que se revoluciona tecnológicamente con una increíble dinámica, si el destino de este país podrá ser destino alguno con un sexto grado por regla general. Porque ya hoy prácticamente un simple sexto grado equivale a un analfabetismo.

De manera que, no obstante esos gastos y esos esfuerzos, lo que nos encontramos hoy es todavía una inmensa demanda de nuevos y nuevos gastos y nuevos esfuerzos.

Y no creo que haya un solo cubano, no creemos que haya un solo revolucionario que entienda que este país debió permanecer desarmado y cruzarse de brazos frente al poderosísimo enemigo imperialista que tenemos a 90 millas de nuestras costas, frente a un enemigo que no vaciló en emplear todos los medios –de cualquier índole–, todas sus armas para destruir la revolución. No creo que haya un solo cubano que haya dudado que frente a las acciones de este enemigo, frente a cada amenaza, frente a cada peligro, nosotros, nuestro pueblo, hubiese permanecido desarmado, indefenso. Por el contrario: la inmensa mayoría del pueblo aprendió a usar armas conscientes de que no bastaría el número de cuadros y de hombres permanentes a la hora de defender el país frente a ese enemigo. Y también en esa imprescindible tarea de la revolución ha sido imprescindible emplear cientos de miles de hombres –se puede decir cientos, aunque no lleguen o 300 000 digamos y decenas y decenas de miles de cuadros. Que es cierto que, al igual que nuestros estudiantes participan en las tareas productivas en momentos críticos, es decir, en momentos del gran pico de la necesidad de fuerza de trabajo en nuestros campos, como son las zafras; pero también es cierto que en la medida en que nuestros estudiantes tecnológicos y de nivel medio han tenido que pasarse meses y meses cortando caña, en la misma medida tardaremos más y más años en tener los técnicos que tan urgentemente necesitamos. Y en la misma medida en que nuestros combatientes han tenido que participar meses y meses en la zafra, hemos tenido que sacrificar, también, su preparación combativa en caso de guerra. Y desgraciadamente, dado el nivel de nuestras fuerzas productivas, dado el nivel de la productividad de nuestro trabajo, tendremos que seguirlo haciendo.

Estas son realidades que nos impuso el hecho mismo de la revolución. Mas no las enumeramos a modo de excusa o a modo de pretexto, como una explicación o como única explicación de nuestros problemas; las brindamos simplemente como elementos de juicio para evaluar la situación global.

A todo esto hay que añadir una, y no de poco peso, que es nuestra propia ineficiencia, la ineficiencia, nuestra ineficiencia en el trabajo general de la revolución.

¿Y cómo se traduce esta tensión entre las necesidades de desarrollo? Porque si se quiere hacer una planta como la de Cienfuegos, capaz de producir casi medio millón de toneladas de fertilizantes nitrogenados por año –fertilizantes que hoy importamos, porque el que producimos aquí no es que se produzca sino que se mezcla, mezcladoras; importamos los elementos y los mezclamos–, hay que invertir más de 40 millones de dólares y pagarlos.

Y así, por el estilo en cada una de las industrias, en cada uno de los equipos, en cada una de las máquinas que este país trae.

Las tensiones derivadas de las necesidades del desarrollo, unidos a la satisfacción de esos recursos imprescindibles con la estructura de población que poseemos, unidas a la incuestionable ineficiencia de todos nosotros.

Acabamos de librar una batalla heroica. Y esto se puede llamar realmente una batalla heroica. Y los héroes están aquí representados. Héroe fue el pueblo de esa batalla, la batalla por los 10 millones, en la siembra y en la cosecha. Y se cortó caña prácticamente para 10 millones que se habrían podido traducir en 10 millones con una industria adecuada.

Héroe fue el pueblo no sólo haciendo esa tarea. Más héroe todavía cuando se empeñó en cortar hasta la última caña, sabiendo que no se alcanzaría los 10 millones. Y así lo hizo. Y sólo faltaba alguna caña en la provincia de Oriente, mas consideramos que ya no era por ningún concepto razonable, más allá del 23 de julio continuar la cosecha.

Naturalmente nuestra producción se incrementó de modo notable en azúcar. Más de cuatro millones de toneladas por encima del año anterior. Incrementos de producción que constituyen verdaderos récords, difíciles de superar como incremento –no quiero decir que sea imposible superar algún día estas cantidades de azúcar, sino dar saltos en la producción azucarera tan altos–, sobre todo si se tiene en cuenta, cuando hablamos de estructuras de población y cuando hablamos de necesidades de fuerza de trabajo, que no sólo ha habido aumentos cuantitativos de necesidades, sino que se han producido cambios cualitativos, dado que en el pasado cientos de miles de cubanos en nuestros campos tenían que trabajar 15, 16 y 17 horas, cortando la caña a mano, levantándola a mano, llevándola con los bueyes, que tenían que enyugar desde por la mañana, y sólo trabajando 15 ó 16 horas diarias podían hacer esas tareas.

Y hoy no hay cubanos en nuestros campos que, salvo como no sea para cumplir una meta, una palabra empeñada, una cuestión de honor –como estos compañeros, como estos héroes del trabajo… Las razones por las cuales un número de trabajadores hace esfuerzos extraordinarios, no son las razones del pasado, que eran el hambre y la muerte, sino el honor.

El hecho incuestionable es que no es ése, ni puede ser de ninguna manera, el parámetro de trabajo. Ni podía la revolución sencillamente decirles a los cubanos: sigan trabajando 16 ó 17 horas en espera de que este país se desarrolle. Si teóricamente, incluso, eso pudiera sostenerse, desde el punto de visto político habría sido sumamente conveniente enviar a Mazorra a quien pretendiera en la práctica hacerlo.

No nos olvidemos que al principio éramos sólo un pueblo rebelde, emocionalmente revolucionario, pero que de problemas políticos y sociales nos tenían realmente confundidos y nos tenían realmente adoctrinados los periódicos, las revistas, las películas, los libros y todos los medios de divulgación imperialistas.

No olvidemos, y digámoslo, no como un motivo de vergüenza, sino incluso de orgullo. Y como prueba de lo que pueden hacer los pueblos, y como prueba de las posibilidades de los revoluciones, hay que decir que la mayoría de nuestro pueblo a principio de 1959 no era siquiera antimperialista, no había conciencia de clase. ¡Instinto de clase!, que no es lo mismo.

Es necesario recordar que los primeros años fueron los años de grandes batallas ideológicas entre el camino capitalista o el camino socialista, entre el camino burgués o el camino proletario, y que el trabajo de la pequeña vanguardia revolucionaria fue conquistar primero que nada la conciencia de las masas.

En aquella época no se hablaba de producción –de la producción se ocupaban los capitalistas–, ni de cifras, ni de estadísticas, ni de estructuras. Eran las necesidades acumuladas por el desempleo, la explotación, el abuso, la injusticia de todo tipo.

Se combatía en el campo de los hechos y se combatía en el campo de la ideología contra los enemigos de la revolución.

De manera que han ocurrido no sólo cambios cuantitativos en las necesidades, sino también cualitativos. Y hay que seguir haciendo tareas como la de la zafra, ¡y hacerlas todavía en condiciones de trabajo manual! Cuando hace rato ya, en estos años, que muchos de los viejos que cortaban aquella caña están jubilados, y muchos de los otros cubanos que tenían que trabajar 15 ó 16 horas fueron hacia otras actividades, hacia otras posibilidades. Y nadie se lo iba a impedir. Y nadie se lo podía impedir. Y ninguna revolución le podía decir a un hombre: tú estás condenado toda la vida a este trabajo, sin la esperanza siquiera de aprender a manejar una máquina, sin la esperanza de ir a trabajar en otro frente.

Y hoy esas tareas las realizan no ya los que en aquel entonces tenían que hacerlas para no morirse de hambre, sino en su inmensa mayoría trabajadores de la industria y de otros servicios, estudiantes y soldados.

Y en estas condiciones nuevas decíamos que las tensiones se hacen evidentes, en estas condiciones libramos esta batalla heroica. Pero no fuimos capaces de librar la batalla simultánea.

Cuando se hablaba de batalla simultánea antes de la zafra de los 10 millones, y mientras se sembraba la caña para los 10 millones se repitió muchas veces batalla simultánea. Batalla simultánea significaba llegar o realizar ese imprescindible esfuerzo que como explicamos en una ocasión no era por razones deportivas precisamente sino por imperiosas necesidades de nuestra economía, para nuestro desarrollo, para vencer nuestra pobreza, para superarla.

No olvidemos que a pesar de todo y durante estos años hemos tenido grandes desbalances en nuestro comercio exterior, fundamentalmente con la Unión Soviética. No olvidemos que hay que importar casi cinco millones o algo más de cinco millones de toneladas de combustible, porque es un producto que hay que traerlo y porque la explotación y el descubrimiento y la puesta en producción de los pozos petroleros requiere serios y profundos estudios que no se realizan de un día para otro: que somos un país sin carbón, que somos un país prácticamente sin energía hidráulica. Nuestros ríos son pequeños y su mejor opción siempre será, en nuestro clima y en nuestras condiciones, el regadío.

De manera que nosotros importamos toda la energía de esas luces que nos iluminan, de cada torno que se mueve, de cada máquina que actúa, motores de todo tipo. En actividades de todo tipo esa energía sustituye el brazo del hombre, mueve un centro de acopio o mueve infinidad de máquinas o satisface necesidades esenciales.

Todavía no encontramos un solo ciudadano que nos haya dicho: ¿por qué tanta luz? ¿Por qué no un poco menos de luz? Sino ciudadanos que nos dicen: no hay electricidad, queremos más electricidad, necesitamos plantas eléctricas, necesitamos esto, necesitamos lo otro, necesitamos máquinas, necesitamos transporte; no tenemos esto, no tenemos lo otro.

Y aun así, importamos algo más de 5 millones de toneladas por año y el trigo que consumimos y la materia prima que empleamos en numerosas industrias y las máquinas que necesitamos. Y hemos estado invirtiendo algo más que lo que producimos.

Repito que fuimos incapaces de librar lo que llamábamos lo batalla simultánea.

Y, efectivamente, el esfuerzo heroico para elevar la producción, para elevar nuestro poder adquisitivo, se tradujo en descompensaciones en la economía, en reducciones de producción en otros sectores y, en fin, en un acrecentamiento de nuestras dificultades.

Claro está que el enemigo usó mucho el argumento de que la zafra de los 10 millones traería algunos de estos problemas. Nuestro deber era hacer el máximo para impedirlo. Y en la realidad no hemos sido capaces.

Nuestros enemigos dicen que tenemos dificultades, y en eso tienen razón nuestros enemigos. Dicen que tenemos problemas, y en realidad tienen razón nuestros enemigos. Dicen que hay descontento, y en realidad tienen razón nuestros enemigos. Dicen que hay irritaciones, y en realidad tienen razón nuestros enemigos.

Como ven, no tenemos el temor de admitir cuándo nuestros enemigos tienen razón.

Pero voy a dar más datos.

Esto que traigo aquí no es un discurso, no es un discurso, no señor; estos datos constituyen un informe altamente secreto de la economía. Y esto que traigo aquí no es un discurso, sino los secretos de la economía, de esas cosas que se escriben y se dicen en secreto para que el enemigo no lo sepa. ¡No! Aquí las tenemos. No las decimos para que el enemigo lo sepa. ¡El enemigo realmente nos importa un bledo! Y si algunas de las cosas que decimos las explota el enemigo y nos producen profunda vergüenza, ¡bienvenida sea la vergüenza!, ¡bienvenida sea la pena si sabemos convertir la vergüenza en fuerza, si sabemos convertir la vergüenza en espíritu de trabajo, si sabemos convertir la vergüenza en dignidad, si sabemos convertir la vergüenza en moral!

De manera que aquí están los secretos, para el pueblo.

Si analizamos los problemas por sectores, en el sector agropecuario explicamos la caña, el azúcar producido, los récords alcanzados.

Si explicamos las siembras de arroz, efectivamente ha habido una considerable ampliación en las siembras, incrementos en la producción; pero estamos muy lejos de podernos sentir satisfechos todavía, tanto en la cantidad como en la calidad, del desarrollo de los planes arroceros.

En los pastos, hasta junio 15 la siembra de pastos ha alcanzado un nivel de 2 753 caballerías, que resulta prácticamente similar al sembrado en todo el año de 1969. Las tierras en movimiento alcanzan 5 290 caballerías, lo que permite agrupar que las siembras del año deben sobrepasar las 10 000 caballerías, con lo cual se revierte la tendencia decreciente que tenían las existencias de pastos en los últimos años.

Carne de res. Las entregas de ganado en pie a la Empresa de la Carne son similares a las de 1969. Los pesos promedio se han mantenido bajos.

Entrega de carne, conceptos, en 1968. Miles de cabezas: 485. Es decir, en 1968 fueron 485 000 cabezas; en 1969, 466 000; en 1970 lleva un ritmo también de 466 000. En miles de toneladas: en 1968 era de 154 000; en 1969 fue de 143 000, y este año se calcula en 145 000. Promedio de peso en kilogramos. En 1968, 317 kilogramos por res; en 1969, 307 kilogramos; en 1970, 310 kilogramos.

La escasa disponibilidad de ganado cebado y los problemas en la transportación interna han hecho que se produzcan atrasos en la distribución en las provincias de Oriente, Matanzas y en La Habana.

Y eso no es todo. No basta el esfuerzo en la siembra de pastos que, como se informa aquí, va creciendo. Es necesario un esfuerzo tremendo en el número de gestaciones de vacas; es necesario un esfuerzo tremendo en la construcción de potreros para los pastoreos y para la ceba, puesto que sin ese esfuerzo las consecuencias pueden ser la reducción de la masa –porque con una población que crece es imprescindible no sólo hacer que cada vaca o el máximo de vacas traiga un ternero, que el máximo de terneros llegue a la edad adulta, que cada uno de ellos alcance en el mínimo de tiempo el máximo de peso–, o las consecuencias pueden ser lo de que una masa ganadera que creció por el no sacrificio de hembras se pueda ver en la necesidad de reducir la masa, sencillamente para no reducir niveles de consumo que, desde luego, hay que hacer todo lo necesario para impedirlo, ¡todo lo necesario para impedirlo!

Leche. El acopio de leche fresca de enero a mayo es de 71,3 millones de litros, lo que significa la reducción de un 25% sobre el mismo período de 1969, que fue de 95,1 millón de litros.

La caída del acopio se produce tanto en el sector estatal como en el privado. Pero en este último es relativamente mayor. Esta pérdida de acopio se origina en limitaciones constructivas y en la no recuperación de las capacidades perdidas; es decir, de las viejas lecherías de guano. Existe un desaprovechamiento del potencial lechero por falta de capacidad instalada.

De manera que el problema en el caso de la leche no es ya un problema de número de vacas y de novillas con capacidades potenciales de producir leche, sino de las capacidades requeridas para su explotación.

Esta disminución en el acopio implica incrementos notables en las importaciones de leche en polvo del área de moneda libremente convertible, para cubrir el consumo con las limitaciones establecidas.

Estas importaciones en 1970 suman 56 000 toneladas, con un importe de casi 12 millones de dólares. Para 1971 se proyectan importaciones similares. También se originan por este motivo importaciones de mantequilla sin sal.

Pesca. Aun cuando el cumplimiento del plan de captura en el primer semestre alcanza un 78%, esto representa aproximadamente 8 000 toneladas más que las logradas en igual período en 1969.

Cemento. La disponibilidad hasta junio es ligeramente superior a la de 1969, y un 23% menor que la de 1969 en ese mismo período, debido a dificultades en la transportación de arena y extracción del producto terminado.

Barras de acero. Las entregas hasta junio han sido menores que las de 1969 en un 38% por falta de transporte. En junio 30 se encontraban aproximadamente 25 000 toneladas en los patios de Antillana. Cerca del 60% de la producción del primer semestre todavía allí en los patios de la fábrica.

Fertilizantes. Nos referimos a ese fertilizante que se mezcla aquí. El plan de producción presenta un atraso hasta junio del orden del 32%, es decir, 130 000 toneladas, motivado fundamentalmente por limitaciones en la transportación del producto terminado.

Maquinaria agrícola. Las entregas a la agricultura del plan de producción de equipos nacionales se ha cumplido hasta mayo sólo en un 8%.

Níquel. Las exportaciones de este producto representan, de acuerdo con el plan, 217,8 millones de pesos en 1970. Hasta el mes de junio, las plantas de Moa y Nicaro han cumplimentado su plan del primer semestre al 96%.

De manera que en la producción de níquel, en general, no ha habido problemas.

En combustibles y lubricantes, es decir, en la industria de refinación de petróleo, tampoco han existido inconvenientes. Ese sector va cumpliendo su plan.

En energía eléctrica. La generación de electricidad hasta mayo es superior en un 11% aproximadamente a la de igual período del año anterior, manifestándose al propio tiempo un alto crecimiento de la demanda máxima de alrededor de 17%.

Es decir, la producción de energía eléctrica ha crecido un 11%, pero la demanda ha crecido un 17.

El déficit existente para cubrir la demanda máxima se traduce en interrupciones del servicio, que tenderán a agravarse, motivado por limitaciones de la fuerza de trabajo para el mantenimiento, y a los atrasos en la instalación de nuevas capacidades de generación.

La falta de fuerza de trabajo afecta la construcción de líneas y subestaciones. El tramo hasta Holguín de la línea de 220 kilowats Renté-Nuevitas no parece probable que se termine para finales de año, como estaba previsto. Es decir, es posible que se tarde algunos meses más.

Rayón. A causa de la situación crítica que se confronta con la fuerza de trabajo ha sido necesario reducir los planes de producción, afectándose fundamentalmente la línea de neumáticos. Se acometerá en breve la rehabilitación de la fábrica, para terminarla este propio año.

Esta fábrica, importantísima para la economía, base de la producción de neumáticos, que son a su vez tan importantes para un punto crítico como el transporte, confronta un tipo especial de problema, que es la contaminación en el ambiente del sulfocarbonismo. Esta contaminación se deriva de las materias químicas que emplea la planta.

¿Y qué ocurría en el pasado? En el pasado era tres veces mayor que hoy. Hoy se ha logrado reducir esa contaminación en un tercio. Sin embargo, los dueños de aquella planta, y los administradores, mantenían el secreto de las consecuencias nocivas para la salud de esta contaminación con sulfocarbonismo. Y, sin embargo, había demanda de trabajo y era considerado aquello como un empleo bueno, bien pagado. Hoy no constituye un secreto porque la administración revolucionaria no puede engañar a los obreros. Se trabajó en la reducción, se logró un tercio de reducción del problema; pero no resulta fácil el mantenimiento de la fuerza de trabajo, aun incluso en circunstancias racionales, que existe la manera: no prolongando la permanencia en la fábrica más allá de determinados límites, cambiando de taller, y otras medidas. La industria del país adonde se destinan los mejores recursos alimenticios, la que tiene más asignaciones alimenticias es ésa. De ahí que la dificultad ahí no haya sido por un problema de zafra, sino por este problema específico. Y se están acometiendo las inversiones por un valor de más de un millón de dólares en importación, para anular por completo el fenómeno de la contaminación de sulfocarbonismo. Pero este hecho ha estado incidiendo, por esta razón, en una industria importante.

Papeles y cartones. La producción se ha visto afectada en 5 900 toneladas en relación con el plan, por limitaciones en el suministro de bagazo y en la recepción tardía de las importaciones de sulfato de alúmina y sosa cáustica. El cumplimiento del plan de este año está en dependencia de la transportación de 30 000 toneladas de bagazo desde Camagüey a la papelera Damují, y a la llegada de la sosa cáustica importada. A su vez, las dificultades en la transportación de productos de las papeleras a las unidades de corrugado ocasionan incumplimientos en el plan de cajas de cartón que afectan los producciones de leche condensada, bebidas, pintura, productos farmacéuticos, etcétera.

Botellas. La producción se ha visto afectada por los problemas de la fuerza de trabajo y dificultades para la transportación de materias primas a las distintas unidades, y para extraer el producto terminado. Para cubrir los déficit en las entregas de frascos para medicamentos, se importan dos millones de dólares en moneda convertible. En 1971 se prevé una importación mayor.

Neumáticos y acumuladores. La producción de neumáticos se incumplirá en 216 000 unidades, es decir, un 50% del plan; de los cuales 150 000 corresponden a neumáticos de pasajeros. También se disminuirán las entregas a la operadora de fletes para el transporte ligero. Esto se origina por el bajo suministro de cuerda de rayón, motivado por los problemas en la rayonera de Matanzas. Aparte de lo anterior: las irregularidades en las llegadas de materias primas de importación ocasionan cambios en las fórmulas, mermando la calidad del producto terminado.

Desde luego, no se producían en el país todos los neumáticos que se consumen ni mucho menos. Se hacen importantes importaciones de neumáticos. Pero estas afectaciones en la producción de neumáticos son sensibles.

La producción de acumuladores también se ha afectado en un 33% del plan acumulado, aproximadamente 16 000 unidades, por demoras en las llegadas de óxido de plomo y las cajas para acumuladores. También ha incidido en el incumplimiento el bajo por ciento de recuperación de las cajas, por su uso excesivo y el mal estado de los equipos que requieren mantenimiento.

Calzado de cuero. El plan para el año fue ajustado de 15,6 a 13,9 millones de pares. Hasta mayo se han dejado de producir aproximadamente un millón de pares motivado por el atraso en la puesta en marcha de una nueva unidad en Manzanillo, el ausentismo y las movilizaciones a la agricultura. De ese atraso, unos 40 000 pares corresponden o calzado de trabajo. Existe –además– un deterioro en la calidad del calzado, fundamentalmente en el de trabajo, debido o la alteración de los procesos tecnológicos y del tiempo requerido para la salazón de las pieles.

En adición a esto se puede señalar que ya está casi a plena capacidad la fábrica de producción de zapatos plásticos, y que podrá producir en los próximos 12 meses no menos de 10 millones de pares; lo cual ayudará considerablemente a la satisfacción de las necesidades de zapatos de mujeres y de niños. No el zapato de trabajo de hombre, no el zapato cerrado, puesto que todavía ese tipo de material es impermeable. Existe ya un material que se está analizando llamado poliuretano, con el cual se pueden hacer zapatos cerrados, y se está estudiando esa tecnología.

Esas máquinas se adquirieron y se instalaron a una gran velocidad. Están manipuladas por 300 personas –su inmensa mayoría mujeres–, y esos 300 trabajadores producirán por año unos 12 millones de pares. En Santiago de Cuba se están echando los cimientos para una planta similar. De manera que mientras 600 trabajadores –una gran parte mujeres–, con cuatro turnos… Porque hay que decir que esa fábrica está ya, por vía de ensayo –y debido a su alta productividad– con un sistema en el cual las mujeres que trabajan de madrugada, trabajan cinco horas solamente; el máximo siete; el mínimo, cinco; dos turnos, seis horas. Es decir, dos turnos de seis horas, uno de siete y otro de cinco. Seiscientos trabajadores –casi todos mujeres–, con esas máquinas y ese producto químico, producirán 24 millones de pares por año. Actualmente, con el calzado, la goma y otros tipos de zapatos, 19 000 trabajadores producen unos 19 millones o 18 millones de pares. Esto quizás es un indicativo del camino, del único camino para la solución de los problemas que veníamos planteando anteriormente.

Tejidos y confecciones. Existe un atraso de 16,3 millones de metros cuadrados en la producción de tejidos hasta junio, debido principalmente a la falta de fuerza de trabajo, agudizada por movilizaciones a la agricultura. Esto implica una afectación a los tejidos de uso personal y doméstico, representando atrasos en las confecciones textiles y rebajas en la distribución directa a la población. Los atrasos en las confecciones se localizan fundamentalmente en ropa de colegial, ropa interior de hombre, sábanas, fundas y ropa de vestir, etc.

Pasta dental. El plan de producción se ha incumplido en un 11%, fundamentalmente por las limitaciones de tubos de aluminio, a causa de la movilización de trabajadores a la agricultura.

Jabones y detergente. El plan de producción presenta un atraso del orden de un 32%, motivado por las dificultades con la transportación externa de materias primas como el dodecilbenceno, y las demoras en entregas de sosa cáustica.

También en los jabones se ha incumplido el plan hasta junio, por retrasos en los embarques de materias primas, y la falta de transportación externa para las compras en el área capitalista.

Pan y galletas. La producción de pan en La Habana presenta un incumplimiento en el semestre de un 6% con relación al plan y un 2% menos que en igual período de 1969, por motivos de ausentismo, roturas en las panaderías y falta de fluido eléctrico. Las galletas de sal se han visto afectadas fundamentalmente por las movilizaciones a la agricultura.

El consumo. Se han restringido los siguientes aumentos en la distribución: Arroz: se aumentó la cuota a la población hasta 6 libras por persona nacionalmente desde abril, y a organismos desde enero. Pescado fresco: se aumentó la entrega a la población a partir de abril. Huevos: Aumentos en consumo indirecto.

Sin embargo, es notable la restricción y disminución en el consumo de otros bienes: viandas, vegetales y frutas, tanto en fresco como en conserva, por caídas en los acopios agrícolas. Carne de res y ave: restringido el consumo de algunas actividades priorizadas, presentándose además retrasos en la distribución a la población a causa del transporte. Grasas y frijoles: retrasos en las entregas por demoras en las importaciones, dificultades en los puertos, y con la transportación interna. Refrescos: disminución de la oferta a causa de la falta de botellas. Cervezas y bebidas alcohólicas: disminución en el consumo por la no rotación de los envases, debido a la limitación en la red de consumo y acumulación de existencia para los festejos de julio. Tabaco y cigarros: incremento de consumo e insuficiencias de las disponibilidades agrícolas obligaron al racionamiento de este producto. Además, han existido dificultades en la distribución de artículos industriales tales como detergente, pasta dental, tejidos y confecciones de todo tipo, ropa exterior e interior.

El comercio externo. En el comercio externo se han confrontado incumplimientos en la ejecución de las importaciones y exportaciones ocasionadas por lo siguiente: demoras en las contrataciones; dificultades en la disponibilidad de buques para el transporte de nuestra carga de importación y exportación; situación crítica de la carga y descarga en los puertos.

Lo anterior ha originado lo siguiente: problemas con el transporte de equipos procedentes de Europa; atraso en la importación de materias primas y productos alimenticios; demoras de los barcos en los puertos. Se mantienen las dificultades de mercado en el área convertible para la adquisición de pulpa de madera, afectándose la producción de envases. Es decir, dificultades aun con el dinero para comprar este producto que es pulpa de madera. Se han autorizado las cargas para 1971 y 1972 sin haberse logrado obtener las ofertas necesarias.

Situación de los puertos y transportes internos. Los volúmenes de carga seca movidos en nuestros puertos en el período de enero a abril superan en un 20% al de igual período en 1969. No obstante lo anterior, el número de buques en puerto aumenta, situación que se acentuará en el presente mes de julio, en que se esperan 450 000 toneladas de carga, cifra mayor que la de los meses precedentes. A partir de marzo, las existencias en puerto aumentaron de 100 000 o 140 000 toneladas como promedio.

En la solución de los problemas operacionales, deberá incidir favorablemente el proceso de mecanización que se está llevando a cabo. Deberá prestarse especial atención al rehabilitamiento, construcción y adquisición de patanas y remolcadores para asegurar los embarques que se contemplan en los planes de exportación de azúcar y mieles en 1971. A esto hay que añadir los trabajos de rehabilitación, dragados y construcción de importantísimas obras portuarias.

Transporte interno. Las dificultades se han manifestado tanto en el transporte ferroviario como en el automotor, determinado en parte por la atención preferente que se le concedió al transporte de caña y subproductos y a los déficit de piezas de repuesto, que redujeron la disponibilidad de equipos, lo que ha ocasionado problemas operacionales y fuertes afectaciones en las actividades económicas del período.

El transporte de cargo por ferrocarriles públicos en los meses de enero a abril, presenta un incremento del 26% con relación a igual período del año anterior. En este período, en el transporte cañero se llegaron a utilizar 60 locomotoras, es decir, el 27% del parque existente. En el transporte automotor la principal afectación de la actividad se origina por el déficit de piezas de repuesto, y el alto nivel de ausentismo que es uno de los mayores en los últimos años.

Las afectaciones más importantes por las dificultades de transportación interna fueron las siguientes: atrasos en la recepción de trenes con ganado procedente de Camagüey y Las Villas, lo que ocasionó pérdida de peso en las reses; incumplimientos en la distribución de manteca: incumplimientos en la transportación de pomos de leche a las provincias. Prácticamente todos los pomos de cerveza, de leche y de lo que sea, que no se importan se producen en Occidente; como casi toda la tela que no se importa se produce aquí, y eso origina transportaciones y más transportaciones de todos esos productos desde aquí hasta Oriente. De manera que incluso cada botella de cerveza que se envasa en la provincia de Oriente se produce en Occidente, se produce en La Habana.

Acumulación de productos industriales en los almacenes del MINCIN en La Habana; incumplimientos en transporte de materias primas para jabones y detergentes, así como de los productos terminados; insuficiente transportación de arena sílice para la producción de cemento y botellas; déficit en la transportación de barras de acero; insuficiente transportación de piensos, afectando la alimentación animal en granjas; insuficiente transportación de bagazo para las fábricas de papel en Las Villas; paralización de la fábrica de puntillas de Santiago de Cuba por déficit en la transportación de materias primas; incumplimiento del plan de producción nacional de fertilizantes por baja extracción del producto terminado. En el transporte de pasajeros por ferrocarril en comparación con 1969 se produjo una disminución de un 36% en el período de enero a mayo, provocada por el desvío de locomotoras para la zafra y a la retirada de circulación de coches motores por falta de piezas de repuesto.

He aquí señaladas las dificultades fundamentales en la producción agrícola e industrial. Y desde luego que no son todas. Hay también serias dificultades que vienen produciéndose desde hace rato en determinados servicios a la población, como es lavanderías, tintorerías y otros por el estilo. Es decir, que forman parte en cierto sentido de estas limitaciones y de otras no señaladas aquí.

En esta enumeración estadística diríamos que sólo aparecen parte de las causas. Hay que señalar la ineficiencia, hay que señalar la ineficiencia, es decir, el factor subjetivo entre las causas que han estado incidiendo en estos problemas.

Hay, sí, dificultades objetivas. Se han señalado algunas. Pero no estamos aquí para señalar las dificultades objetivas. La tarea es señalar los problemas en concreto. Y la tarea es sencillamente que el hombre ponga lo que la naturaleza o los hechos de la realidad de nuestros recursos y nuestros medios no han podido poner. Es el hombre. El hombre está jugando aquí un papel fundamental. Y fundamentalmente los hombres que tienen tareas de dirección.

Vamos empezar por señalar en primer lugar en todos estos problemas la responsabilidad de todos nosotros, y la mía en particular. No pretendo ni mucho menos señalar responsabilidades que pretendo que no me pertenecen también a mí y a toda la dirección de la revolución. Lamentablemente estas autocríticas no pueden ser fácilmente acompañadas de otras soluciones consecuentes. Mejor sería decir al pueblo: busquen otro. Incluso: busquen otros. Sería mejor. En realidad también por nuestra parte sería hipócrita.

Creo que nosotros, los dirigentes de esta revolución, hemos costado demasiado caros en el aprendizaje. Y desgraciadamente nuestro problema –no cuando se trate de sustituir a los dirigentes de la revolución, ¡que este pueblo los puede sustituir cuando quiera, en el momento que quiera, y ahora mismo si lo quiere!–, uno de nuestros más difíciles problemas es precisamente, y en eso estamos pagando una buena herencia, la herencia en primer lugar de nuestra propia ignorancia.

Cuando hablábamos de analfabetos ciertamente no nos estábamos incluyendo entre los analfabetos, ni siquiera entre los semianalfabetos. Para calificarnos sería mejor incluirnos en la categoría de ignorantes. Y eso éramos casi sin excepción –¡y la excepción por supuesto que no soy yo!– todos nosotros. El problema es todavía peor. Es decir, hay incluso analfabetismo o semianalfabetismo en muchos hombres con responsabilidad. Y uno de los problemas más serios es precisamente cuando se va a buscar al hombre.

Días atrás, reunidos en el parque “Céspedes” de Santiago de Cuba, después de visitar una por una numerosas fábricas y hablar uno por uno con miles de santiagueros, analizamos allí en concreto todos y cada uno de los factores de las distintas industrias.

La fábrica “Titán”, cómo dejó de producir unas 50 000 toneladas de cemento y se paraba a cada rato porque los silos se llenaban, mientras en la ciudad de Santiago de Cuba –como en todas las otras ciudades del país– había una tremenda demanda de cemento para reparar viviendas.

La fábrica de harina, que había dejado de producir 6 000 toneladas 31 –una fábrica ampliada– porque no se le sacaba la harina producida y tenía que parar la fábrica, mientras por otro lado podía ocurrir que una población amaneciera sin pan por falta de harina. ¡Y existiendo allí el trigo para producirla! Porque hay que decir que no fue la zafra; la zafra incidió en algunos problemas, pero no en todos. Y les estoy citando estos ejemplos.

Se realizó, con la mejor buena voluntad del mundo, una concentración del transporte que fue excesiva. De manera que de una base operativa tenían que depender en lo fundamental esas plantas.

La de cemento también tenía problemas con el equipo de las canteras. Y nosotros estuvimos horas discutiendo, hasta con los operadores de los equipos, toda una serie de especificaciones, su experiencia y su criterio a los efectos de entre los medios que están entrando en el país y que entran este año, y de los que existían ya… Porque están en camino ya hacia la fábrica “Titán” todos los equipos complementarios y un excedente incluso para poner la planta al ciento por ciento. Debe haber un exceso en la capacidad de canteras, porque si no por el ahorro que se haga en las canteras se puede subutilizar las decenas de millones de pesos invertidos en la industria y el trabajo de cientos de obreros.

Vimos los problemas de la cervecería “Hatuey”, la fábrica de cervezas y maltas. Ahí las transportaciones sí que incidieron muy seriamente. Oriente produce maltas y cervezas para su consumo. Las botellas –decimos– llegan de acá: atrasos en las transportaciones, atraso incluso en los regresos. Porque ocurrió también que al hacerse la distribución de algunos de los productos a través de las tiendas y no en centros de carácter público, se produjo un mucho más lento retorno de las botellas, que agravó el problema. En Santiago de Cuba se producían unas 5 000 a 6 000 cajas; se dejaban de producir unas 300 000 cajas por mes: unos siete millones y medio de botellas de maltas y cervezas que habría podido consumir la población en estos meses.

Analizando esos problemas veíamos cómo incluso hay que introducir rápidamente técnicas y sistemas, como es la distribución en tanques. Porque ya se empezó a hacer en algunos lugares con tanques fríos, que tienen el serpentín, que tienen el compresor, que tienen el medio caballo de fuerza necesario para conservar 100 cajas de cervezas o de maltas, que pueden ser transportadas por un camión de seis toneladas con un tanque de tres mil litros perfectamente, y hasta un poco más de litros. Un Zil 130 puede transportar el equivalente de mil cajas, es decir, de una sola vez cuando no lo lleva en forma de cajas.

Hoy en muchos comedores obreros, centros escolares, y en los centros de recreación, se puede llevar la cerveza en tanques, esos tanques fríos ahorrándose todas las botellas, todas las cajas, todas esas cosas. Aunque, lógicamente, una cantidad deba ser embotellada para los consumos domésticos. Pero los incrementos de producción en aquella fábrica incluso pueden ampliarse.

Y le pedí al compañero Risquet que, con el compañero ministro del ramo de la Alimentación, fuese allí a ver cómo, qué posibilidades hay de ampliación. Porque tenemos la materia prima: la malta, la cebada, incluso el arroz, que está participando en la producción ya de la cerveza en un 30%, y la logra de magnífica calidad. En las maltas, además de la cebada, el arroz, el azúcar. La cerveza lleva además el lúpulo.

Se puede, con relativamente pocas inversiones, aumentar hasta un 50% la producción de maltas y cervezas en Santiago de Cuba.

Y la producción hoy no la hacemos para la ganancia, la hacemos para el pueblo. La producción la hacemos para las necesidades. Y si allí puede aumentarse la producción para que más obreros, más jóvenes, más estudiantes, más familias tomen malta y tomen más cerveza, con relativamente pocas inversiones, si podemos distribuirlas, ¿por qué no hacerlo?

Es decir: visitamos numerosos centros. Los talleres… Los talleres de ómnibus de Santiago de Cubo, los problemas del mantenimiento de los ómnibus Skoda, que en Santiago había 103 ómnibus y había unos 35 prestando servicio, en una ciudad de casi 200 000. Con motivo de las importaciones de los Leyland interprovinciales se ha estado liberando un número de ómnibus que estarán ya en Santiago de Cuba más o menos el 15 de agosto.

Conversando con el compañero Faure, me decía que desde el 5 de agosto ya podían estar allí, y que ya podemos disponer no de 40, sino incluso de 53 de esos ómnibus. Esto puede contribuir a aliviar la situación. Pero sobre todo se aliviará más en la medida en que el taller de reparación mejore y en la medido en que las reparaciones se aceleren y se les pueda dar el mantenimiento adecuado a aquellos transportes.

Nosotros pudimos comprobar en muchos industrias algunos fenómenos como los siguientes: la falta de tornos, la falta de herramientas de trabajo, la falta de instrumentos de medición.

Es curioso, pero lo que nuestro país en este momento necesita más son microinversiones ¡microinversiones! Inversiones en tornos para el mantenimiento en los talleres industriales, de herramientas de trabajo que faltan en casi todas las industrias, de instrumentos de medición.

Entonces, ¿qué nos encontrábamos en el espíritu de aquellos obreros de Santiago de Cuba, sabiendo nosotros las necesidades que tenían en muchos órdenes –porque todas esas transportaciones, si en algún lugar afectaron más la distribución fue en Oriente, y dentro de Oriente a Santiago? ¡Una preocupación por la producción en primer lugar! De manera que aquellos obreros –los de la cantera, los de los talleres–, lo primero que planteaban eran los problemas de producción. Con un amor, un entusiasmo por la fábrica y por la producción tremendos. ¡Y sólo después de eso planteaban los demás problemas! ¡Y en ocasiones éramos nosotros los que les planteábamos los problemas!

Y veíamos a veces a los obreros con la ropa rota, o con los calzados rotos –que lo hemos visto. Porque estos problemas de calidad… No fue tanto la cantidad de calzado como el problema de la calidad: la introducción de una tecnología nueva, no suficientemente dominada, como son las suelas esas de caucho, que daba lugar a que se rompieran. Y los macheteros orientales, y los macheteros de todas partes, deben saber perfectamente bien cómo a veces a los diez días, a los cinco días, se caía una suela.

Y cuando se produce una afectación en calidad, lógicamente de qué vale –puede hacer 30 millones de pares, puede hacer 30–, si no resuelve.

En el calzado fue la calidad una de las cosas que más afectó.

Y los obreros con ropas rotas, y zapatos rotos, pidiendo tornos, máquinas- herramientas, instrumentos de medición, preocupados más por eso todavía que por los demás problemas. Incluso a pesar de lo mal que estaban los abastecimientos, preocupados más por la fábrica y la producción que por los abastecimientos. ¡Y eso sí que es una cosa impresionante! ¡Eso sí que es para nosotros una lección! ¡Eso sí que es confirmación en la vida y en la realidad de que es en el proletariado, de que es en el proletariado industrial donde está la clase verdaderamente revolucionaria, la clase más potencialmente revolucionaria!

¡Qué lección práctica de marxismo-leninismo! Nosotros que nos iniciamos en el camino de la revolución no por una fábrica, que buena falta nos habría hecho a todos, sino que nos iniciamos en el camino de la revolución por la vía intelectual del estudio de la teoría, del pensamiento. Y qué bien nos habría convenido a todos nosotros haber conocido mucho mejor y haber surgido de las fábricas, porque es allí donde realmente está el espíritu genuinamente revolucionario de que hablaban Marx y Lenin.

¡Y ese espíritu es el de la inmensa mayoría! No importan los pocos elementos lumpen que puedan existir todavía, recién arribados a la industria en algunas ocasiones; las excepciones de los ausentistas… Porque a veces las condiciones son tales, que lo admirable no son los que faltan sino los que asisten. Y el espíritu, el sentido del deber con que esa gente asiste a su trabajo. Y el repudio que sienten por el holgazán, por el vago.

Vaya a una fábrica y pregunte qué opinan los obreros que hay que hacer con el vago y el que no trabaja. Si se descuida le piden hasta que los fusilen, ¡si se descuida le piden hasta eso! Pero desde luego no pedirán eso. Ganas no les faltarán, pero comprenderán que lo que hay es que reducarlos con el trabajo.

Así que veíamos muchas de esas realidades, buena parte de las cuales tienen solución, buena parte de las cuales tienen solución. Con lo que hay que decir que nosotros mismos tenemos la culpa de una buena parte de esos problemas, y que sencillamente por falta de capacidad…

Nosotros –yo les empecé a expresar una idea–, conversando en el parque con los santiagueros, después de tres días de visita, explicábamos estos problemas y les decíamos a las masas: ¿conocen ustedes alguien eficiente que le podamos dar algunas de estas tareas? Le preguntábamos a la masa. Porque la tragedia, uno de las tragedias de nuestro país –lo cual no debe ser, ni mucho menos, motivo de resignación– son los cuadros, los hombres que sean capaces de desempeñar, con un nivel adecuado de preparación y de inteligencia, las complejas tareas de la producción.

Esas tareas parecen fáciles. La mayor parte de las veces incurrimos en el error de minimizar las dificultades. La mayor parte de las veces incurrimos en el error de minimizar la complejidad de los problemas. Y eso lo hemos visto muchas veces en compañeros preparados, compañeros que los conocemos bien por su voluntad de hierro y sus deseos –porque no hemos dejado de tener esas experiencias–, y cómo lo hemos visto en un frente determinado iniciar lo que es prácticamente un aprendizaje que dura, uno, dos y a veces hasta tres años antes de empezar a ser eficientes.

¡Si pudiéramos resolver los problemas simplemente con el cambio de hombres! Tenemos que hacer cambios. Es incuestionable que hay compañeros que se han gastado, se han achicharrado incluso, como dicen algunos. Hay algunos que han pagado por otros, porque las apariencias a veces caen sobre uno cuyas dificultades no está en sus manos resolver.

Nosotros nos encontramos que, por ejemplo, frente a una tremenda presión de las necesidades de vivienda, de reparación de viviendas que existe en todas las ciudades, pero especialmente en Santiago de Cuba, los compañeros que están allí en los distritos de la administración local y los del Partido no tienen un camión, una concretera con que hacer frente a aquellas demandas.

El cemento allí –como decía–, la fábrica, se paraba. Y mientras la fábrica se paraba allí al lado de Santiago, en Santiago hacía falta cemento.

Se estableció un tanto por ciento de la producción de aquel cemento para emplearla en Santiago; pero, además entregar a la población cualquier cantidad de cemento que por cualquier razón de transporte o incumplimiento de plan los organismos no busquen. Porque prácticamente con los mismos camiones que van a tener allí para el movimiento del material de las canteras, ellos lo pueden llevar fácilmente a Santiago. Y hay un problema: que si se saca de los silos el cemento y se envasa no puede estar más de tres meses en el saco. Por eso, cuando ya los silos están llenos, no se puede decir: vamos a envasar en los sacos de cartón para guardar.

Se les fue señalando los medios, porque ellos dependían para cualquier reparación de una base operativa de camiones y no tenían. Y a un hombre no se le puede exigir en verdad responsabilidad si no tiene nivel de decisión, porque de lo contrario nombramos a un hombre del partido, a un compañero le damos una responsabilidad y lo que convertimos su trabajo en una trituradora de hombres; se convierte en el rompeolas, se convierte en el infeliz al que todo el mundo le plantea el problema.

Listas de entrega de casas. Han hecho listas y no hay casas. Y entonces son unas pocas, o no se termina un plan de construcción de viviendas. Entonces un obrero que se está un año y medio en el primer lugar y no le toca una casa – y eso pasaba en Santiago–, pierde hasta la esperanza de conseguirla en cualquier momento.

Nosotros vimos, conversando con las compañeras de la fábrica de cervezas y de maltas, en la embotelladora de la fábrica de Santiago de Cuba, que de cada 10 mujeres 9 planteaban el problema de la vivienda como una de las cosas más apremiantes, ¡nueve!, más que los hombres.

En esto pasaba algo similar entre si se llevaba al comedor obrero cerveza o malta. Y las mujeres decían lógicamente malta y los hombres decían lógicamente cerveza.

En el análisis de los centros de recreación… Porque, ¿qué ocurrió en Santiago? Con motivo de la zafra hasta el último bar se cerró. Resultado de ello: una especie de ley seca. Como resultado de aquella situación empezaron a producir alcohol, el alcohol de reverbero, mezclarlo con otras cosas; y sacaron un producto por ahí de tipo…

Realmente, no creemos nosotros que era necesario eso. Y es una buena lección. Porque lo que se planteó aquí y se dijo ya desde lo Ofensiva Revolucionaria es que no se consideraba un delito el consumir una cerveza, el consumir alguna bebida alcohólica; que lo que estábamos era en contra de esos tugurios que hacían un misterio todo, a media luz, para tomarse cualquier cosa. Y la revolución no está contra eso.

Y se hizo. Y se ha estado analizando.

Nosotros le pedimos al compañero que está en ese sector que analizara el problema de los centros de recreación: qué días deben abrirse. Y entonces analizaron, consultaron con los obreros, que fueran a los obreros. Y también ahí nos encontramos las opiniones entre si dos días –sábado y domingo–, si cuatro días –jueves, viernes… Porque algunos obreros dicen que ellos su día de descanso no lo tienen el sábado, no lo tienen el domingo; lo tienen el jueves o lo tienen viernes o lo tienen en otro ocasión. Y la parte femenina tenía una opinión, la parte masculina tenía otra.

Nosotros una vez habíamos mandado a hacer una investigación sobre esa cuestión y había pasado así. Ahora, les dije: no se apuren, indaguen bien qué opinan y por qué.

Allí presencié una discusión, un análisis entre hombres y mujeres. El hombre, un hombre vanguardia que le pedí la opinión, se paró. Él dijo que un obrero de verdad, con conciencia, aunque termine a las cinco de la mañana, haga lo que haga un día de descanso, está puntual en su trabajo. Él decía que él había estado trabajando allí en aquella fábrica, se había acostado a las cinco de la mañana, y a las ocho estaba allí otra vez.

Una mujer había dicho anteriormente que si era así, luego, los hombres iban a faltar al trabajo.

Otra mujer dijo que no era problema del trabajo, sino que algunos iban a dejar la mitad del sueldo nada más en la casa y se iban a tomar la otra mitad.

En fin, ese problema allí. Y yo dije: estudien bien todo eso para buscar soluciones racionales a los problemas de los centros de recreación, que también los obreros desean tenerlos, sobre todo obreros con ese espíritu de trabajo; obreros que han sido capaces de estar, como han estado los obreros, muchos, trabajando hasta ocho meses cortando caña, como han estado muchos de los obreros de la capital de nuestro país.

Porque quiero decirles una cosa: que cuando los macheteros de La Habana estaban allá en Oriente lo primero que plantearon es que ellos no querían irse mientras quedara una caña; lo segundo que plantearon, con motivo del terremoto del Perú, es que estaban dispuestos a ir al Perú. ¡Ese es el espíritu, la conciencia de nuestros obreros! De manera que se ha ido desarrollando una magnífica conciencia.

Muchas veces los hombres sin ningún nivel de decisión, enfrentando los problemas.

Algunos creen, por otro lado, que los problemas los van a resolver milagrosamente y que es problema de hombres.

Yo decía que hemos hecho algunas remociones de ministros, necesarias, y tendremos que hacer algunas remociones más. Sin embargo, a veces yo pienso con un poco de tristeza, me parece que hay cierta confusión cuando en la propia masa se puede creer que el problema es tan sencillo como un problema de remoción de hombres, de simple remoción de hombres. Y a veces se habla: si ahora quitan a este y ponen al otro… ¡Y hay una cantidad tremenda de organizadores y desorganizadores de gobiernos en esto de hacer pronósticos!

Y desde luego, no es un deporte la política.

Hay que remover, porque lógicamente hay compañeros que se desgastan; han perdido energías, ya no pueden con la carga que llevan sobre sus hombros. Y es necesario hacer remociones. Pero lo que quiero decir es que sería un engaño y estaríamos incurriendo en una demagogia, en un engaño imperdonable con el pueblo, si pretendiéramos hacer creer que los problemas son problemas aquí de hombres, si nosotros viniéramos a ocultar dónde está el fondo, si nosotros no venimos a analizar este problema y a decir que este no es problema ni de un hombre ni de un grupo de hombres, ni siquiera de equipos de hombres. ¡Nosotros creemos que este es un problema de todo un pueblo! Y creemos sinceramente que estos problemas que nosotros tenemos hoy no los resolvemos sino todos nosotros –¡todos, todos realmente–, desde los hombres en los más altos niveles en la dirección del país, del partido, del estado, hasta los hombres en la más modesta industria; y no sólo los hombres que dirigen allí.

En este viaje nosotros estuvimos conversando con el compañero ministro del Trabajo una serie de ideas. Y decíamos que tenemos un cierto subdesarrollo todavía en la dirección de las industrias; que por qué una industria del pueblo, que pertenece al pueblo, y a todo el pueblo, no pertenece siquiera a los obreros que están en esa industria… Un obrero no sería nada con ser él y su grupo dueño de una fábrica de cemento, nada en absoluto. Nosotros nunca hemos compartido ese criterio ni mucho menos.

Nosotros sí hemos visto en la realidad el amor que sienten los obreros por su fábrica –eso es otra cosa–, la conveniencia de vincular la vida del obrero a la fábrica, incluso los problemas de la familia, los vacaciones de la familia de los trabajadores, los problemas de los cumpleaños. ¡Montones de cosas! Es decir, esa vinculación afectiva que existe entre el obrero y la industria, crearla ya más ampliamente entre todas las familias de los trabajadores y la industria. Ya se han estado organizando algunos planes de vacaciones.

A algunas de las industrias que están lejos, relativamente lejos de Santiago, se les asignaron un número de ómnibus de los que ya están haciéndose aquí, en un taller que por cierto ha elevado extraordinariamente su productividad, el taller de Línea, que ya está montando casi cuatro ómnibus de tipo medio por día. Entonces a algunas de esas fábricas les dimos los ómnibus, que los utilizan a determinada hora en llevar a los obreros. Que si un turno termina de noche en una planta termoeléctrica, o en una refinería, o en donde sea, y tienen que salir obreros que viven en distintos lugares cada uno, a esperar un ómnibus a una hora en que disminuye, como es lógico, el flujo de ómnibus, salga ese ómnibus medio y los lleve por la ruta a los obreros que están en ese turno. Pero que esos mismos ómnibus pueden servir para cuando llegue el momento de las vacaciones, y en el verano en planes vacacionales para llevar a las familias de los trabajadores a las playas, a los lugares de recreación.

Los problemas de la vivienda, distribución de viviendas, a través de las fábricas. ¡Y que sean los obreros los que decidan!

Ellos saben mejor que nadie cuál de aquellos obreros es el que está más imperiosamente necesitado de una vivienda, y si tiene vivienda. Que diga él. No resolver por vías administrativos esos problemas nunca.

De la misma manera les decíamos a los compañeros de Santiago de Cuba, a los que hemos asignado los camiones, las concreteras eléctricas y el cemento: para resolver este problema no podemos resolverlo buscando fuerza de trabajo que no tenemos. Estos problemas apremiantes como el de la vivienda sólo podemos resolverlos con las masas, ¡con las masas!

¿Por qué? Porque hemos explicado todos los problemas de fuerza de trabajo que tenemos; los problemas de inversiones industriales importantes, de escuelas, de hospitales, de industrias nuevas.

Entre otras cosas, hay que hacer ciento y tantas inversiones con urgencia de equipos que están aquí. Podíamos añadir que antes de traer más industrias tenemos que acabar de montar todas las que tenemos aquí; antes de traer nuevas industrias tenemos que poner al tope de su producción todas las que tenemos establecidas; antes de nuevas industrias, comprar tornos para los talleres de mantenimiento, herramientas, equipos de medición, a veces un motor –es decir, microinversiones–, para poner todas esas industrias al ciento por ciento primero que nada, y al ciento diez si es posible, y elevar la productividad de los trabajadores. Y montar los equipos que tenemos que montar y que están pendientes de montaje.

Si con toda esa tarea de repente no se pueden organizar las brigadas para resolver los problemas de reparación… ¿Qué decíamos nosotros en muchos pueblos? En El Caney nos decían: no hay barbería, no hay tienda. ¿Si le damos los materiales ustedes las hacen? Lo hacemos. Lo mismo allá en Mataguá, en Las Villas; lo mismo en Quiñones. Reunimos a los vecinos, y hasta un policlínico van a hacer los vecinos allí. Enseguida apareció el albañil, el otro, el otro, por dondequiera. ¡Hasta un policlínico de treinta camas! ¿Quieren un policlínico? Si quieren los bloques, que les den los bloques prefabricados, el equipamiento, y que ellos lo monten. Porque lo difícil es conseguir una docena, una veintena de obreros para hacer una casa en un lugar. Este problema de la vivienda, sólo con las masas; las reparaciones en unos casos, construcciones en otro.

Y les decíamos: cuando vaya a hacerse una reparación, nunca decidan ustedes qué reparación tienen que hacer. Que sean los vecinos los que lo digan, que sólo ellos tienen el derecho a saber, con su espíritu de equidad y de justicia, quién es el que más necesita. Porque donde la decisión sea administrativa siempre estará sujeta a un montón de contradicciones y opiniones, y hasta el riesgo y el peligro del favoritismo.

Preservemos a los hombres, preservemos a los cuadros de ese peligro, y establezcamos que sean ellos los que determinen. Y si los vecinos se equivocan, ellos se pueden equivocar. Es difícil, pero son ellos. Si se equivoca el obrero en la fábrica al decidir un problema de ese tipo, es muy difícil, pero es la masa.

En la propia dirección de las fábricas. Nosotros hablábamos en la ocasión anterior del trabajo del partido, que teníamos que reavivar el trabajo de las organizaciones de masa, darle el más amplio contenido. Pero eso no basta. Hay cosas nuevas, hay que profundizar más. Nosotros no creemos que el problema de la dirección de una fábrica deba ser el problema de un administrador y sólo un administrador. Realmente valdría la pena que comenzáramos a ir introduciendo una serie de criterios. Y que hay un responsable, sí –porque siempre tiene que haber un responsable a quien se le pueda exigir–, pero que en las direcciones de las fábricas se vaya estableciendo un organismo colectivo, ¡un organismo colectivo! Que lo presida uno, pero que estén representados allí los trabajadores de vanguardia, que esté representada la juventud, que esté representado el partido incluso, las mujeres cuando es un centro donde se puede organizar el frente femenino dentro de la fábrica. Dentro de ciertos conceptos del que en la fábrica nosotros no podemos hacer al secretario del partido el administrador de la fábrica –hay algunas ideas en las que hay que estar muy claros–, ni podemos hacer al administrador secretario del partido. Porque si se dedica a las tareas de la producción lo absorbe todo. Y la industria trabaja con máquinas sobre la materia, y el partido trabaja con hombres y sobre el hombre. La materia prima del partido es el trabajador, y la materia prima de la administración es la materia prima real: puede ser el hierro, pueda ser cualquier materia prima. Que tiene sus leyes cada taller, hay que atenderlo, tiene que haber alguien dedicado a pensar incesantemente en eso. No se pueden confundir esas tareas, ni se le puede dar a nivel de fábrica la responsabilidad al partido. La responsabilidad del partido no puede ser directa allí, sino indirecta. Es el partido quien debe señalar inmediatamente al órgano administrativo superior, es quien debe señalar cualquier deficiencia, cualquier falla de tipo administrativo; pero no decirle a él, al administrador, lo que tiene que hacer. Hay que establecer bien clara las funciones del responsable del núcleo del partido y las funciones del administrador o, mejor dicho, de la administración.

Porque, ¿por qué tiene que ser un administrador el responsable absoluto de aquello? ¿Por qué no ir introduciendo la representación de aquella colectividad de trabajadores en la dirección de esa fábrica? ¿Por qué no tener confianza? ¿Por qué no creer en ese espíritu formidable de hombres que a veces descalzos y con las ropas rotas mantienen allí la producción?

Y será necesario trabajar seriamente para ver el problema de la eficiencia en la industria, basada fundamentalmente en la productividad de los trabajadores.

Puede haber dos industrias: una donde parezca que el hombre tiene más productividad porque tiene una tecnología mejor, niveles de capacitación de la fuerza de trabajo mejores, y sin embargo otra en condiciones determinadas y aparentemente con una productividad inferior por hombre, estar realizándose allí un esfuerzo mejor.

¿Por qué hablamos de estos problemas a los trabajadores? Porque hay una cosa real, clarísima, es muy clara: aritméticamente no cuadra la cuenta ni puede cuadrar. Esas cuentas que les señalábamos a ustedes sobre cómo crece nuestra población, la estructura por edades, los servicios fundamentales que no se pueden restringir so pena de pagarlo terriblemente en el futuro. Y sin embargo, hay que resolver estos problemas, esto que señalábamos, con toda la ineficiencia. ¡Hay que ganar la batalla contra esa ineficiencia! ¡Hay que ganar una batalla contra esas dificultades!

Hay que hacer un esfuerzo de orden subjetivo –decíamos– de todo el pueblo.

Hemos visto en estos días con alegría la gente divertirse. Se lo merecían y se lo merecen. No quisiéramos siquiera que por este análisis que hacemos aquí hoy algún trabajador deje de disfrutar ese descanso, no. Pero nosotros sí sabemos que no puede haber descanso. Para los que tenemos mayores responsabilidades no puede haber descanso.

Y sinceramente, nuestro deseo era que se acercara el 8, 10, en que las actividades se reanudarán de nuevo. En lo más íntimo de nuestros sentimientos estaba el deseo de reanudar esa lucha para que nosotros nos enfrentemos a esos problemas. A algunas otras realidades hemos tenido que enfrentarnos.

Aquí los compañeros nos concedieron un simbólico certificado por algo que no tiene ningún mérito. Nosotros cortamos efectivamente, esas arrobas. Pero hay compañeros que fueron e hicieron sacrificios mucho mayores que nosotros. El compañero presidente fue a cortar muchos días y en ocasiones venciendo dificultades, venciendo problemas de salud. Y no es que tenga mala salud nuestro compañero presidente, pero lo vimos muchas veces con dolor de espalda, con dolores de la columna, ir a cortar caña allí. Y por supuesto infinidad de compañeros conozco que a veces enfermos iban a cortar caña. No tiene ningún mérito para nosotros ese corte de caña: nos servía de distracción. Y quizás si lo más difícil de cortar caña para nosotros no es cortar caña, sino cortar caña pensando en los problemas. Y los primeros días lo que más trabajo nos costaba era apartarnos los problemas de la cabeza, hasta que íbamos más o menos aprendiendo a dominarnos.

Pero nosotros habríamos querido cortar un poco más de caña. Nos habíamos hecho la ilusión –y hay que decirlo así– de que íbamos a poder cortar caña toda la zafra cuatro horas, de que íbamos a poder vivir la utopía de repartir el trabajo manual y el intelectual, y hacer uno cosa tan saludable como esa. Y por eso ustedes ven que se llevaba un buen ritmo, pero que ya el 9 de enero se paró la cosa. En realidad, nosotros no estábamos pensando en un certificado. Pensábamos en las decenas de miles de hombres que estaban haciendo ese esfuerzo, y queríamos compartir de alguna manera el esfuerzo que ellos estaban haciendo. Y por eso era nuestro deseo, y nuestra ilusión incluso de cortar toda la zafra. Y después empezaron a aparecer los problemas: y los rendimientos, y los problemas del transporte, y los problemas de la industria. Y empezó una batalla angustiosa de verdad, día por día, incesante en los trabajos: la batalla de la zafra, frente a la realidad que se iba haciendo cada vez más y más patente.

Tenemos algunas deudas pendientes realmente con las ironías, con las ilusiones que nosotros mismos nos hemos hecho en algunas ocasiones. Tenemos algunas deudas pendientes con la necesidad. Tenemos algunas deudas pendientes con la pobreza. Tenemos algunas deudas pendientes con el subdesarrollo. Y tenemos algunas deudas pendientes con el sufrimiento del pueblo: cuando vemos una madre decir que tiene doce hijos en una sola habitación, y que tienen asma, y que tienen esto, y que tienen lo otro; cuando vemos a las personas sufrir, pedir cosas –que uno quisiera ser un mago para poder sacarlas de un sombrero, de un bolsillo–, encontrarse con realidades. Y la realidad aquí la determina el hecho de que hacen falta un millón de viviendas para que las familias tengan viviendas decorosas, ¡un millón!

¡Y lo que hay que hacer para tener un millón de viviendas! Desde arena, canteras, cemento.

Hemos estado haciendo esas inversiones. Porque hablamos de “Titán”; hay que hablar de Mariel, ir a ver allí; hay que terminar Siguaney; hay que terminar Nuevitas. Hay que –como sea– terminar esas plantas y ponerlas a producir cemento lo más urgentemente posible, garantizarles todos los equipamientos y la fuerza de trabajo. Que si no tenemos los brazos para mondar a hacer una casa, pero tenemos los materiales, con la participación del pueblo en muchos lugares, en otros lugares con las brigadas, prefabricados… Porque el problema de la productividad en la construcción tenemos que resolverlo a través de las brigadas. Pero hemos estado trabajando unos cuantos meses en la organización del sector de la construcción, y vemos todos los problemas –de equipamiento, industrial, de todo tipo–, lo que se necesita, las tecnologías que se necesitan, y es el único camino de poder construir con productividad. Nosotros, tomando decenas de miles de obreros a poner ladrillos, no resolvemos. Pueden los propios usuarios en muchos lugares bajo la dirección técnica, participar en la solución de estos problemas.

Pero, en realidad, decíamos que teníamos un profundo sentimiento frente a esas realidades, una profunda conciencia de la necesidad de superarlas, y tenemos contraídas deudas con esas realidades. Es por eso nuestra impaciencia, en realidad, de que comencemos de nuevo esta jornada.

Habrá que tomar una serie de decisiones en la dirección de nuestro partido para, empezando por arriba, resolver algunos problemas de estructura.

Ya no es posible dirigir la producción social simplemente con un Consejo de Ministros. Hay numerosos organismos. ¿Y por qué? Porque hoy la producción social depende de la administración por la sociedad de esos recursos.

Antes la industria, las escuelas y hasta los hospitales, muchas veces los administraban los propietarios privados. Hoy día, además, no es como ayer. Antes todo lo más que un ciudadano esperaba era que el estado hiciera un correo, una estación de telégrafos. No le pasaba por la mente si la vivienda, si lo otro, lo tendría que hacer el estado. Hoy el ciudadano piensa que sí, que debe esperarlo del estado. Y tiene razón. Y eso es precisamente una mentalidad colectivista, eso es una mentalidad socialista. Hoy lo esperan todo del aparato administrativo, y sobre todo del aparato político que lo representa. Hoy no pueden esperar en sus propias fuerzas, en sus propios medios, como en el pasado.

El hecho de que hoy el pueblo lo espere todo está muy a tono con la conciencia socialista que la revolución ha creado en el pueblo. Cualquier ineficiencia en cualquier servicio –yo no me refiero a aquellos problemas que pueden estar por encima de un hombre resolver, sino los que están en sus manos y se dilatan y no se resuelven– puede afectar a miles de personas.

Es imposible hoy dirigir y coordinar todo ese aparato. Es necesario crear una estructura de carácter político para que coordine los distintos sectores de la producción social. Un ejemplo: algunos compañeros ya están haciendo el trabajo para coordinar la actividad del MINCIN, INIT, Industria Alimenticia, Industria Ligera, sectores que tienen que ver mucho con el consumo y con la población. Otros compañeros que están en el sector de la construcción coordinando todos esos frentes. Un grupo no mayor de 7 a 9 compañeros –los que sean necesarios, pero no un número elevado– para realizar la tarea de coordinación de cada uno de los sectores. Por ejemplo, frente a los datos y las cifras que nosotros señalábamos se comprenderá la importancia de coordinar la actividad de MINFAR, MININT, Ministerio del Trabajo y Ministerio de Educación, porque esos sectores se nutren de la misma cantera, de los mismos jóvenes. Es necesario conciliar cuidadosamente todos los intereses del país a través de la actividad de cada uno de ellos, y de la forma en que cada uno de ellos se nutre de la contera de jóvenes, de una manera absolutamente coordinada. Entendemos esa una tarea decisiva y fundamental de inmediato en nuestro país. Y ese frente tendrá que darle el máximo apoyo a cada una de las actividades, coordinarlas.

Hay que decir además que aquí nadie resolverá un problema si no busca la cooperación de los demás. ¡El sectorialismo es inadmisible, es absurdo! ¡Es más que un crimen: es –podría repetirse– una estupidez! En una sociedad donde los medios de producción son colectivos la ausencia de coordinación es una estupidez. De ahí la necesidad de coordinar distintas ramas y de hacer en los más altos niveles un equipo de coordinación con cada uno de esos sectores.

Nuestro Comité Central debe tener, a nuestro juicio, no sólo un Buró Político: debe tener el Buró de la Producción Social, instrumento político del partido para coordinar la actividad de todas y cada una de las ramas administrativas. Y lograr un máximo de eficiencia en esa coordinación y un máximo de eficiencia en la planificación.

¿Cómo resolver esta contradicción entre nuestras abrumadoras necesidades, son esos datos que nosotros leíamos de cómo crece la población, de cómo crece la fuerza de trabajo, de cuál es la demanda de brazos? ¿Cómo nos las arreglaremos de aquí a 1975, y luego de 1975 o 1980? Es que sencillamente no nos queda otro remedio que resolver ese problema ¡y tenemos que resolverlo! No nos queda otro remedio que resolverlo. ¿Lo resolveremos? Sí: ¡y estoy absolutamente convencido de que cuando un pueblo quiere resolver un problema, lo resuelve! ¡Estoy absolutamente convencido de eso!

No se trata de venir aquí a ofrecer que mañana mismo vamos a resolver este problema. Se trata de una toma de conciencia de todo el mundo, de una toma de conciencia universal, de cada trabajador de este país, y de cada hombre que tenga lo más mínima responsabilidad. Una toma de conciencia universal y profunda, para buscar la racionalización de nuestro esfuerzo y la optimización de nuestro esfuerzo. Que nos rompamos la cabeza con cada una de las dificultades globales o con el problema global y además con cada una de las dificultades concretas; que nos rompamos la cabeza para ver cómo le damos el aprovechamiento óptimo y máximo a cada máquina, a cada gramo de materia prima, a cada minuto de trabajo de un hombre.

¡No se trata aquí de horas extras y más horas extras de manera mecánica! ¡No! Se ha planteado eso ya: el aprovechamiento óptimo de la jornada de trabajo, y la excepción cuando imperiosas circunstancias lo justifiquen y lo indiquen, la excepción. Y cuando sea claro y racional que allí se va a lograr un objetivo, no por acumular una hora más, no por hacer una meta. Esas cosas mecánicas no sirven, esas cosas mecánicas son una basura. Debemos aprender de una vez que el mecanicismo no conduce a nada. Muchas veces incurrimos en tonterías.

Nuestro problema es una toma de conciencia general de todo el pueblo, de cómo nosotros optimizamos hasta la última máquina, el último gramo de materia prima, el último átomo de energía de una manera correcta. Que les metamos la cabeza a los problemas. Si cuando hablamos de los diez millones era un problema de brazos, yo diría que en este momento tenemos nosotros un problema de cerebro delante, un problema de inteligencia delante.

Y si los niveles en general de los hombres no son altos todavía, y este pueblo de hoy no es como será el pueblo dentro de 20 ó 30 años en sus conocimientos, este pueblo de hoy tiene que hacer del uso de la inteligencia, de la preocupación, del sentido de la responsabilidad, una cuestión vital. Es un problema del empleo exhaustivo de la inteligencia y también del sentido de la responsabilidad de todos y cada uno de los trabajadores de este país.

El camino es difícil. Sí. Más difícil de lo que parecía. Sí, señores imperialistas: es difícil la construcción del socialismo. Pero el propio Carlos Marx pensaba en el socialismo como una consecuencia natural de la sociedad ya muy desarrollada tecnológicamente. Sin embargo, en el mundo de hoy, frente a la presencia de potencias imperialistas industrializadas, países como el nuestro no tienen otra alternativa, no tenían otro camino –para ganar todo ese atraso cultural y técnico– que el socialismo. Pero, ¿qué es el socialismo? Es la posibilidad de emplear de manera óptima los recursos humanos y los recursos naturales en beneficio del pueblo. ¿Qué es el socialismo? Es la desaparición de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción.

Hoy la industria, las materias primas, los recursos naturales, las fábricas, las máquinas, los equipos de todo tipo pertenecen a la colectividad. Pueden y deben estar al servicio de la colectividad. Si con esas máquinas, si con esos equipos, si con esos recursos no hacemos lo óptimo, no es porque nos lo impida un capitalista, no es porque nos lo impida un imperialista, no es porque lo impida un propietario, que tenía una fábrica para ganar dinero y lo mismo producía leche que veneno, queso que marihuana. A él no le preocupaba nada, qué uso iba a tener aquello. Aquí cada producto y cada servicio es con destino a satisfacer necesidades del hombre, necesidades del pueblo. Si no hacemos el uso óptimo no es porque nos lo impida nadie: es porque no sabemos, es porque no queremos, es porque no podemos. Y por eso tenemos que saber emplearlos de manera óptima, tenemos que querer emplear de manera óptima esos recursos. Y tenemos que poder emplearlos de manera óptima; sencillamente, acudiendo a las reservas de voluntad, de moral, de inteligencia, de decisión, del pueblo, que lo ha demostrado, ¡lo ha demostrado!

Si hay algo que aquí no puede en absoluto cuestionarse, es el espíritu del pueblo: en la zafra, en su participación masiva en la zafra, su batalla frente a la guarida yanqui por la liberación de los pescadores, su reacción entera y valerosa frente al revés, su disposición y su espíritu internacionalista demostrado en las 104 000 donaciones de sangre sólo en 10 días para ayudar a un país hermano. ¡Ese es un pueblo con espíritu revolucionario, ese es un pueblo con espíritu internacionalista!

Nosotros no traemos aquí soluciones mágicas. Hemos planteado los problemas, y hemos dicho: sólo el pueblo y sólo con el pueblo, con la toma de conciencia del pueblo, la información del pueblo, la decisión del pueblo y la voluntad del pueblo, esos problemas podrán ser superados.

Cuando nosotros hace 17 años intentábamos tomar la fortaleza del Moncada no era para ganar una guerra con mil hombres, sino para iniciar una guerra y librarla con el pueblo y ganarla con el apoyo del pueblo. Cuando años después volvimos con un grupo de expedicionarios no era para ganar una guerra con un puñado de hombres. No habíamos recibido del pueblo las experiencias maravillosas y las lecciones maravillosos que hemos recibido en estos años, pero sabíamos que aquella guerra sólo se podía ganar con el pueblo. ¡Se libró y se ganó con el pueblo!

Cuando esta revolución a 90 millas del imperio feroz y poderoso quiso ser libre, quiso ser soberana, desafió a ese imperio y se dispuso a enfrentar todas las dificultades y emprendió un camino verdaderamente revolucionario, no un camino de capitalistas y de monopolistas imperialistas, sino un camino de pueblo, un camino de obreros, un camino de campesinos, un camino de justicia. Muchos decían que eso habría sido imposible por entero: la influencia cultural, política, ideológica, todas esas cosas. Y nosotros creíamos que esa batalla se ganaba con el pueblo: ¡se libró con el pueblo y se ganó con el pueblo! Y así ha sobrevivido hasta hoy. Pero hoy tenemos que librar una batalla más difícil. Es más fácil, mil veces más fácil aniquilar a los mercenarios de Playa Girón en unas horas, quizás que resolver bien resuelto el problema de la industria. Es más fácil ganar veinte guerras que ganar la batalla del desarrollo.

Fue relativamente fácil. Nosotros ni de guerra sabíamos. Allí el aprendizaje fue rápido, y allí salieron hombres que sabían dirigir una compañía, un pelotón.

¡Ah!, no es la primera vez que decimos esto. Y lo dijimos cuando llegamos aquí el 6 o el 7 de enero, y decíamos que teníamos conciencia de que la tarea era grande y de que tendríamos que aprender. Y lo decíamos con toda sinceridad, como con toda sinceridad decimos que el aprendizaje de los revolucionarios en la construcción de la economía es mucho más difícil de lo que nos creíamos nosotros, que los problemas son mucho más complejos de lo que nos creíamos nosotros; y el aprendizaje mucho más largo, mucho más largo y mucho más arduo.

Y esa es la batalla que hoy nosotros tenemos delante. No quiero decir la única. Tendremos que seguir cuidándonos, tendremos que seguir preparándonos, tendremos que seguir viendo el peligro de ese enemigo que nos amenaza. Y nos amenazará constantemente. ¡No! Eso está claro. No estamos librando una batalla ideológica como la de los primeros tiempos. Es una batalla en el terreno de la economía la que tenemos que librar con el pueblo, y sólo con el pueblo la podremos ganar.

Creemos realmente que la revolución tiene un reto como no lo ha tenido nunca, una de los tareas más difíciles. De ahí nuestra impaciencia.

¿Qué podemos darle o esta causa todos nosotros? ¡Nuestra energía! Hace 17 años o algo más, 17 años del Moncada. Antes fue necesario hacer un arduo trabajo de organización, preparación. Hace 18 años empezábamos esta lucha; 18 años de nuestras vidas, una parte de nosotros hemos invertido en esto; 18 años, una parte de nuestra juventud la hemos invertido en esto.

¿Y qué podemos hacer hoy? ¿Qué podemos desear hoy más que nunca? Las energías que nos queden, las energías que nos queden, hasta el último átomo dedicarlo a esa tarea. Saldar esa deuda que tenemos con tantos enemigos –objetivos, subjetivos–, con los enemigos imperialistas que desean el fracaso de la revolución; con la pobrera acumulada, con la ignorancia general, con nuestra propia ignorancia. Nosotros frente a los reveses el 26 de julio, al instante, al segundo, sólo pensábamos en empezar de nuevo, sólo pensábamos en la hora de volver a la lucha; sólo pensábamos, cuando oíamos las noticias espeluznantes de los asesinatos cometidos, que tendría que llegar un día en que ajustáramos cuentas con ellos.

Hoy no se lucha contra hombres –si acaso los hombres contra que luchamos somos nosotros mismos–; luchamos contra factores objetivos; luchamos contra el pasado, luchamos con la presencia de ese pasado todavía en el presente, luchamos contra limitaciones de todo tipo. Pero es sinceramente el reto mayor que hemos tenido en nuestras vidas y el reto mayor que ha tenido la revolución.

Los enemigos se regocijan y basan en nuestras dificultades sus esperanzas. ¡Ah! decíamos que tenían razón en esto, en lo otro, en lo otro, en lo de más allá, en todo lo que quieran. Solo en una cosa les faltaba razón: en creer que para el pueblo hay una alternativa de la revolución, creer que el pueblo frente a las dificultades de la revolución, cualesquiera que sean, puede escoger el camino de la contrarrevolución. ¡Ah! ¡En eso sí que se equivocan, señores imperialistas! ¡En eso sí que se equivocan! ¡En eso sí que nadie estará dispuesto a admitir ni un ápice de verdad! Ahí es donde se equivocan.

No pueden evaluar al pueblo, no pueden medir la profundidad de su entereza moral, del valor de un pueblo. ¡Pueblo cobarde sería aquel que se atemorizara ante las dificultades! ¡Pueblo cobarde aquel que no fuera capaz de ver, oír, escuchar, decir la verdad de frente! ¡Pueblo cobarde el que no diga la verdad ante el mundo! ¡Y nosotros no tenemos ningún temor a hacerlo como lo hemos hecho hoy, decirlo como lo hemos dicho hoy, plantear por encima de todo nuestra propia responsabilidad como lo hemos hecho hoy, y plantear los problemas ante el pueblo con la confianza que lo hemos hecho hoy!

Y por eso se equivocan tantas veces porque creen que somos de su calaña moral, que somos de su catadura, que somos siquiera remotamente parecidos o ellos.

¡La mentira jamás será dicha al pueblo! ¡La confianza jamás será perdida en el pueblo! ¡La fe en el pueblo no fallará jamás! Y ahí es precisamente donde ellos se equivocan.

¡No buscamos glorias, no buscamos honores! ¡Servimos una causa que vale más que todas las glorias del mundo, que –como decía Martí– cabían todas en un grano de maíz!

¡No buscamos honores! ¡No buscamos poder! ¿Para qué sirve el poder si no podemos ganar la batalla a la miseria, a la incultura, a todas esas cosas?

El poder, ¿qué es el poder? ¿Qué es este poder ni ningún poder? ¡Es la voluntad del pueblo encaminada en una dirección, aunada en un sentimiento, marchando por un mismo camino! Es este poder tan simple como tan indestructible el poder del pueblo. ¡Ese sí es poder! ¡Y ese es el que nos interesa!

Ninguno de nosotros, como hombres individuales, ni sus honores ni sus glorias interesan absolutamente para nada, no interesan ni valen nada. Si un átomo de algo valemos, será ese átomo en función de una idea, será ese átomo en función de una causa, será ese átomo en unión de un pueblo.

Y los hombres somos de carne y hueso, frágiles hasta lo increíble. No somos nada, sí lo podemos decir. Somos algo en función de esto y de esta tarea.

Y siempre, siempre estaremos, y cada vez más, cada vez más conscientemente, cada vez más íntimamente, cada vez más profundamente, al servicio de esa causa.

Una vez más me resta sólo decirle a nuestro pueblo, en nombre de nuestro partido, de nuestra dirección, e incluso también en nombre de mis propios sentimientos ante la reacción, la actividad y la confianza del pueblo, decirle muchas gracias.

¡Patria o muerte!

¡Venceremos!

Ciertamente mientras exponíamos esas ideas, ciertamente se nos olvidaba algo que nosotros queríamos comunicarles en el día de hoy. Mencionábamos nosotros al doctor Arguedas, que hizo llegar a nuestro país el Diario del Che. Hay algo más, que deseamos que el pueblo lo tome con, digamos, una cierta serenidad. Y es lo siguiente: también después del Diario el doctor Arguedas luchó y se esforzó por hacer llegar a nuestro país la mascarilla del Che, la mascarilla que le tomaron allí el día que lo asesinaron. Y además hizo llegar, conservó e hizo llegar a nuestro país las manos del Che.

Las manos del Che están perfectamente conservadas. Los técnicos cubanos hicieron un especial esfuerzo.

Se conocen bien las tradiciones de nuestro país. Nosotros enterramos a nuestros muertos, es una tradición. Cada pueblo tiene sus tradiciones… Maceo, Martí… Ha sido así, y siempre será. Pero nosotros nos preguntamos: ¿qué hacer con las manos del Che?

Es de su materia física lo único que nos queda. No sabemos siquiera si algún día podremos encontrar sus restos. Pero tenemos sus manos prácticamente intactas.

Y es por eso que nosotros queremos preguntarle al pueblo cuál es su criterio, qué debemos hacer con las monos del Che. GRITOS DE: ¡Conservarlas!

Entonces lo que nosotros queremos someter a la consideración de ustedes es este criterio: ya se ha tomado réplica de la mascarilla y podemos hacer muchas reproducciones de esa manera, y guardar la mascarilla original. Conservar en un diseño que se ha hecho, sobrio, en un marco constituido por las mangas verdes del uniforme verde olivo y sus estrellas de comandante, en una urna de cristal, y colocar aquí en la estatua de Martí, en unos salones, el día del aniversario de su muerte, mascarilla y manos. Las manos con que empuñó sus armas libertadoras, las manos con que escribió sus ideas brillantes, las manos con que trabajó en los cañaverales, y en los puertos y en las construcciones. Y hacer algo así como un Museo del Che, si se quiere un museo provisional.

¡El Che no pertenece a nuestro país! ¡El Che pertenece a América! Y un día esas manos estarán donde los pueblos de América quieren, o quieran. Mientras tanto, nuestro pueblo las conservará y nuestro pueblo velará por ellas.

Algún día todo lo que tengamos será de todos los pueblos. Nosotros no queremos construir un paraíso en las faldas de un volcán. Trabajamos con ahínco y confianza en el futuro. Nos enfrentaremos a batallas difíciles y ganaremos esas batallas. Pero algún día tendremos que formar parte de la comunidad de los pueblos de América Latina, de la comunidad de los pueblos revolucionarios de América Latina. Algún día nuestras patrias no serán fragmentos de un continente balcanizado y subyugado por el imperialismo.

Somos los primigenios de este camino revolucionario, ¡los primeros, pero no los únicos! Y algún día más tarde o más temprano seremos los pueblos de América Latina, algún día serán los recursos y las fuerzas de cientos de millones. Y no para enfrentarnos a un imperialismo poderoso, sino para convivir unidos también a un gran pueblo, el día que haya sacudido el yugo imperialista y el día que también haya hecho la revolución en su propio país: el pueblo de Estados Unidos. De ese pueblo no somos enemigos, sino de sus gobernantes criminales, de sus gobernantes imperiales. Y por eso podemos decirle al pueblo americano, como también a esos jóvenes que vinieron a cortar caña y a ayudarnos y que tan expresivo y conmovedor mensaje nos enviaron: ¡sí, juntos todos! ¡Juntos los pueblos latinoamericanos, juntos los pueblos de Indochina, juntos los pueblos revolucionarios, y junto con el pueblo americano, venceremos, venceremos! Así pues, en el próximo aniversario de la caída del Che inauguraremos ese recinto donde estará su mascarilla, estarán sus manos, y donde el pueblo pueda libremente posar y presenciarlas. Aunque confesamos que siempre será duro para cualquiera cuando ese instante llegue. Sé que a muchos compañeros incluso la mera idea les ha impresionado, les ha hecho un fuerte efecto. Comprendo que también será el efecto similar al que ustedes habrán recibido.

Aquí al empezar el acto estaba Aleidita, y yo conversé con ella y se lo dije para que no la tomara por sorpresa. Un poco se le enrojecieron los ojos, algunas lágrimas, pero dijo: “Sí, está bien”.

De manera que la compañera del Che lo sabía, el padre lo sabía, y sólo unos pocos lo sabíamos. Los niños no lo sabían.

De todas maneras, nosotros estaremos siempre extraordinariamente reconocidos al doctor Arguedas por lo que hizo.

Asesinaron al Che, pero no pudieron impedir que su Diario llegara a Cuba. Trataron de desaparecer su cuerpo, pero no pudieron impedir que sus manos llegaran a Cuba. Sacaron su mascarilla nadie sabe para qué, pero nadie pudo impedir que llegara al pueblo de Cuba.

Y fue la idea justa, la causa del Che, su dignidad y su grandeza, que hizo posible eso que parecía imposible: y es que un hombre que aparentemente estaba allí formando parte del aquel gobierno, contra el Che, se hubiera jugado la vida no una sino varias veces, para salvar el Diario y hacer llegar el Diario; después, para salvar las manos y la mascarilla y hacernos llegar las manos y la mascarilla del Che.

Eso era lo que me faltaba informarles.