Filosofía en español 
Filosofía en español

L'Arrivée d'un train a La Ciotat

Luis Lumiére · 1896

 

1948 «Por eso este día, 28 de diciembre de 1895, pocos parisienses sienten la necesidad de asomarse al sótano donde se pasa la primera sesión pública de cine. ¡Un franco la entrada, y diez films cortos! No obstante, la recaudación de este primer día –35 francos– demuestra la exigua cantidad de curiosos que descendieron las escaleras encantadas que les había de revelar un mundo mágico. Ninguno, por supuesto, supo ver a dónde conducirían. Que como Saúl salió en busca de unas borricas y volvió con un reino, el cine fue en busca del movimiento fotográfico y volverá, años más tarde, con un nuevo mundo de expresión prendido en su mirada.
Los primeros espectadores son ya sensibles a esta avalancha de cintas que se les ofrecen: “Salida de los obreros de la fábrica Lumiére”; “La Voltige”; “La péche aux poissons rouges”; “Le debarquement du Congrés de photographie a Lyon”; “Les Forgerons”; “Le Jardinier”, célebre más tarde con el título de “L'arroseur arrosé”; “Le repas”; “Le saut a la couverture”; “La place des Cordeliers a Lyon”, y “La Mer”. Días después, se añadió la muy célebre “Llegada de un tren a la estación de La Ciotat”.
La fotografía ha recogido aspectos primitivos de la realidad que van a eternizarse. El tema del tren, por ejemplo, había servido a Manet para “La estación de Saint Lazare”, y Cézanne ha hecho arte con una vía férrea atravesando el paisaje. La máquina puede ser también un buen tema poético. Todavía estamos lejos de Marinetti, es cierto. Pero no importa, porque ya vamos buscando el caballo de Chirico que nos lleve a las nuevas metas plásticas: las de los trenes y los aviones. Y así se sustituirán los temas tradicionales de una flor o un desnudo por el de una biela o el de la rueda de un auto.
En estos primeros temas vemos cómo la llegada de un tren se repetirá de punta a punta del globo para diversión de las gentes, admiradas ante aquella locomotora primitiva que, desde la estación de La Ciotat, se les echa encima y pone en la pantalla, jugándoselo todo a un solo encuadre, los temas que servirán en adelante para escenas célebres: penachos de humo, portezuelas que se abren, viajeros con mayúsculos sombreros y blandas retaguardias de mullidos polisones.
Otra cinta merece atención –“La salida de los obreros de la fábrica Lumiére”– por ser el primer tema obrero que aparece en la pantalla. Examinadas de cerca se ve cómo en estas dos cintas ha dejado la época su impronta espiritual. Por una parte, tenemos el tren, la mecánica adorada por las gentes; por otra, la democratización de los temas: la masa obrera como protagonista, que ya no como coro.
Estos son dos postulados del tiempo nuevo. Y mientras el espectador se maravilla con “El mar con mal tiempo” y habla de ello a sus amistades en forma que, a las tres semanas, el beneficio neto de estas sesiones se eleva a 2.000 francos diarios, el cine adquiere ya ese valor de documento que no le abandonará nunca e insinúa ya dos de los grandes temas en que tanto incidirá la nueva edad: nuestra edad.» (Ángel Zúñiga [1911-1994], Una historia del cine, Ediciones Destino, Barcelona 1948, tomo primero, págs. 15-16.)

1949 «En La Ciotat, en la bella propiedad de su padre, fueron filmadas algunas de estas escenas familiares. Augusto Lumiére filmó allí Les Braûleuses d'herbes (Quemadoras de hierbas), que tuvieron gran éxito a raíz de los efectos producidos por la humareda, que da profundidad a las proyecciones animadas. Louis Lumiére filmó una Barca saliendo del puerto (Barque sortant du Port) , que es un notable acierto fotográfico. El contraluz da a las olas todo su relieve; el "encuadre", original y feliz, coloca en uno de los ángulos superiores del cuadro a las esposas de los Lumiére y sus bebés. Una poesía verdadera emana de este cuadro.
Una bondadosa sencillez domina en el Desayuno de Bebé (le Déjeuner de Bébé) , donde el padre (Auguste Lumiére), en mangas de camisa y la madre, con una bella blusa de seda rayada, admiran las gracias y las muecas de un bebé que toma su sopa blandiendo una galletita. En primer plano, la platería del servicio de café y las botellas de licor están colocadas sobre una bandeja. La escena está tratada en plano americano para que los espectadores puedan apreciar las expresiones simples y naturales de los tres intérpretes.
Las dos películas más célebres y más asiduamente imitadas de Louis Lumiére, l'Arrivée d'un train y l'Arroseur arrosé (La llegada de un tren y El regador regado) contienen en germen la posibilidad de importantes desarrollos posteriores. En La llegada de un tren, la locomotora que llegaba del fondo de la pantalla irrumpía sobre los espectadores y los sobresaltaba: temían ser aplastados. Identificaban así su visión con la del aparato tomavistas: la cámara se constituía por primera vez en un personaje del drama.
En esta película Louis Lumiére había explotado todos los recursos de un objetivo de muy extensa profundidad de foco (La cámara Lumiére daba imágenes netas desde un metro (inserto) basta el infinito.) Se ve primero la estación vacía (plano general) , con un changador que pasa por el andén con una carretilla. Luego aparecía en el horizonte un punto negro que iba aumentando rápidamente; la locomotora ocupa en seguida casi toda la pantalla, se lanza sobre el espectador. Los carruajes se detienen a lo largo del andén. Numerosos pasajeros y, entre ellos, la señora Lumiére, madre de los Lumiére, en pelerina escocesa, acompañada por dos de sus nietos. Las portezuelas se abren. Los viajeros descienden o ascienden. Entre ellos la involuntaria "pareja joven" del film: un joven campesino provenzal que lleva un bastón en la mano y una muchacha, muy bella y joven, toda vestida de blanco. Esta "ingenua" vacila con natural timidez en cuanto advierte la presencia de la cámara y la supera para subir al vagón. Pero el campesino y la muchacha se veían en primer plano con perfecta nitidez.
Todos los planos sucesivos que se usan actualmente en el cine se han empleado efectivamente en La llegada del tren, desde el plano general del tren que llega a la línea del horizonte hasta el plano más cercano. Estos planos no están sin embargo separados, cortados, sino ligados por una especie de travelling a la inversa. La cámara no se desplaza, pero los objetos y los personajes se aproximan o se alejan constantemente de ella. Y esta perpetua variación del punto de vista permite extraer de la película toda una serie de imágenes tan diversas como la de los planos sucesivos de un montaje moderno.
El regador regado no tiene las cualidades técnicas de La llegada del tren. Pero su argumento aseguró su éxito. La anécdota es insignificante: un muchachito pone el pie sobre la manga de goma, provoca la intriga del regador y le lanza el chorro de agua en pleno rostro cuando éste inspecciona la lanza. El tema había sido tratado ya por los caricaturistas y sus imágenes inspiraron sin duda al más joven de los hermanos Lumiére, la idea de una broma, transformada por el mayor en un guión. La realización no es excelente: fotografía gris, encuadre mediocre, decorado natural demasiado frondoso y por ello confuso. Sin embargo el film triunfa por su gag famoso anticipado, en dos películas de Edison, por la pimentera agitada por un chicuelo bajo la nariz de Fred Ott.
El Regador no fue el único film cómico de Louis Lumiére. En El Fotógrafo, interpretada por Auguste Lumiére y Clément Maurice, un palurdo hace caer el aparato. En Cul-de-Jatte (El lisiado) el falso enfermo huye a todo correr para escapar de un agente de policía, lo cual anuncia el film de persecución.» (Georges Sadoul [1904-1967], Histoire d'un art: le cinéma, Flammarion, Paris 1949. Historia del Cine. I. La época muda, traducción de José Agustín Mahieu, Ediciones Losange, Buenos Aires 1956, págs. 22-23.)