Filosofía en español 
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Comentarios críticos al Diccionario soviético de filosofía

Juan Locke

Juan Locke en el Diccionario soviético de filosofía


 

Juan Locke · Daniel López Rodríguez · 15 de mayo de 2019

Juan Locke (1632-1704)

1. La influencia de Locke

Como señala el diccionario, Locke es el «continuador de la línea de Bacon y Hobbes en filosofía». La filosofía de Locke tuvo su eco en autores materialistas franceses del siglo XVIII como Helvecio, Holbach y Diderot. También fueron influenciados por Locke enciclopedistas franceses como D’Alembert o Voltaire, que junto a la física de Newton reconocieron su filosofía como la expresión de la razón humana. También influenció en Monstesquieu y en Rousseau. En España influiría desde Feijóo hasta Martí de Eixalá. En su obra más importante, Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), Locke polemizó contra Descartes y Leibniz. Buena parte de la filosofía del siglo XVIII estuvo bajo la influencia del Ensayo sobre el entendimiento humano, cosa que incluso se prolonga en la siguiente centuria.

La influencia de Locke «es grande», de hecho se ha hablado de «la edad de Locke», como se hablaba de «la edad de Newton». Su obra Ensayo sobre el gobierno civil (1679) tuvo gran impacto en el desarrollo del liberalismo moderno.

2. ¿Era Locke un filósofo materialista?

Como apuntaba Marx, Locke sostuvo «un principio fundamental: que los conocimientos y las ideas proceden del mundo de los sentidos». El diccionario considera a Locke un materialista «por cuanto reconoce la existencia objetiva de las cosas y considera que nuestras ideas y representaciones son el resultado de la acción de estas cosas sobre nuestros órganos sensoriales». Según la edición abreviada de 1955, la filosofía de Locke se puede considerar materialista porque «reconoce la existencia objetiva de las cosas». He aquí la prueba de fuego del Diamat para reconocer si una filosofía es materialista o no lo es (para el materialismo filosófico la prueba de fuego estaría en afirmar la condición corpórea de todo viviente). La edición de 1963 de la entrada «Cualidades primarias y cualidades secundarias» hace referencia al «carácter mecanicista del materialismo de Locke».

El de Locke vendría a ser un materialismo sensualista. En la entrada «A priori», de la edición de 1939, podemos leer: «El materialismo dialéctico niega el conocimiento que no se basa en la expresión y en la práctica sensibles». Por eso se reivindica, aunque sólo sea en parte, a Locke como filósofo materialista.

3. Experiencia externa y experiencia interna

En su planteamiento Locke pensaba contra las ideas innatas que postulada Descartes y los principios innatos que proponía Leibniz, y reivindicaba el principio empírico y sensorial del conocimiento humano. La edición abreviada de 1955 añade que fue Francis Bacon el que influenció en Locke para postular que los conocimientos y las ideas proceden del mundo sensible (exterior a los sentidos y también al intelecto, es decir, está más allá de toda percepción humana, en un contexto que de algún modo nos remite a la Materia ontológico-general). «Si se pregunta entonces cuándo un hombre empieza a tener ideas, creo que la verdadera respuesta es: cuando tiene la primera sensación. Puesto que parece que no existen ideas en la mente antes que los sentidos las aporten, concibo que las ideas en el entendimiento coexisten en la sensación, que es una impresión o movimiento causado en alguna parte del cuerpo que produce alguna percepción en el entendimiento» (Ensayo sobre el entendimiento humano, Libro II. Cap. I, 13).

Pero el diccionario, desde la perspectiva del materialismo dialéctico, le reprocha su inconsistencia al sostener que la experiencia es interna y externa. Según Locke, la experiencia externa son las ideas de la sensación, esto es, cuando los objetos materiales actúan sobre los órganos sensoriales del ser humano, «la acción sobre el hombre de las cosas existentes fuera de él», como leemos en la entrada «Ensayo sobre el entendimiento humano» (que sólo figura en la edición de 1939). La experiencia interna se basa en las ideas de la reflexión, esto es, «la atención dirigida al estado y a la actividad del alma», como señala la edición de 1963.

Las ideas de sensación son ideas como «blanco», «negro», «frío», «calor», &c.; y las ideas de reflexión son ideas como «pensar», «dudar», «razonar», «creer», «desear», &c. No obstante, también puede haber ideas que sean al mismo tiempo de sensación y de reflexión, como son las ideas de «placer», «dolor», «existencia» y «fuerza».

De modo que nuestras percepciones de la existencia, la forma y el movimiento son el reflejo de la extensión, la forma y el movimiento real (que actúan independientemente de nuestros sentidos, lo que para el Diamat es inequívocamente una tesis materialista), que Locke identifica como «cualidades primarias», las cuales son inseparables de los cuerpos (como pasa con la extensión, la figura y el movimiento, así como con la impenetrabilidad, la densidad o el encadenamiento de las partículas).

Pero por experiencia interna Locke comprendía la «autoactividad del alma», y aquí estaría su idealismo; pues Locke sostenía que la luz, el color y el gusto son representaciones subjetivas que no existen al margen de las mismas. Éstas son las que Locke denomina «cualidades secundarias», que no están en los objetos mismos sino en las capacidades de producción del alma en varias sensaciones a través de sus correspondientes cualidades primarias. Es decir, la relación entre cualidades primarias y secundarias es de adecuación.

La experiencia interna –como se añade en la edición de 1955– es «la actividad propia del alma», que Locke denominó «reflexión». Y esto el diccionario lo considera «una gran concesión al idealismo», cuyos errores serían prolongados por Berkeley y Hume que –según el diccionario– crearon el «idealismo subjetivo».

Pero en el caso de Berkeley –como vimos en el comentario crítico a la entrada «Berkeley»– se trata de un espiritualismo teológico, pues si «ser es percibir y ser percibido» ello no depende, en última instancia, de las percepciones del sujeto (humano) sino de la omnipresencia de la percepción divina, con lo cual vendría a tratarse más bien de un idealismo objetivo e incluso absoluto: espiritualismo exclusivo descendente. Y en lo que a David Hume se refiere, éste, en última instancia, era un escéptico (lo que quiere decir que ni se decantaba por el idealismo ni por el materialismo, aunque es menester señalar su crítica a la religión).

Asimismo, Berkeley y Hume incorporaron la distinción de Locke entre cualidades primarias y secundarias, como anota la edición de 1963. Pero según el obispo irlandés, las cualidades primarias no se dan independientemente de las cualidades secundarias, ya que sólo pueden darse en la mente (y en última instancia en la mente de Dios). Para Berkeley las cualidades son puestas por nuestras sensaciones puesto que son nuestras propias sensaciones y coexisten con las cualidades secundarias, dado que la extensión, la forma y el movimiento no se dan independientemente de colores, sabores, sonidos u otras cualidades secundarias. Pero no puede decirse que Berkeley consideraba subjetivas a las cualidades primarias y secundarias y que de este modo negó «por completo la existencia objetiva de las cosas materiales», como leemos en la entrada «Cualidades primarias y cualidades secundarias»; ya que –como decimos– no se trata de un idealismo subjetivo sino de un espiritualismo teológico, porque lo que no es percibido por los hombres sí existe porque es percibido por Dios, que siempre percibe.

Volviendo a Locke, la experiencia externa incorpora materiales para el saber y sin embargo éstos no son el saber propiamente dicho. Para que sea saber es el entendimiento el que tiene que elaborar tales materiales, es decir, no basta con que estos materiales se nos den en bruto, pues para entenderlos hay que clasificarlos (que es tanto como decir criticarlos). Luego el saber no se reduce a la sensación ni a la reflexión sino que es posible comparando, combinando y abstrayendo; y sólo tras estas operaciones las ideas simples se transforman en ideas complejas. Parece que Locke ha captado que no es suficiente el dualismo de sensación y reflexión y tiene que recurrir a términos como comparar, combinar, abstraer… Locke, de algún modo, ha captado una dimensión terciogenérica.

Para Locke –como leemos en la edición de 1963– el saber se define como la correspondencia de dos ideas entre sí. Para Locke el conocimiento fiable es el especulativo, esto es, la correspondencia entre las ideas a través del intelecto (luego se trataría de un contexto más bien adecuacionista, porque esas ideas remiten a las cualidades primarias).

A su vez, el conocimiento probable se identifica con el saber experimental que hace referencia a los hechos experimentados. Para Locke el conocimiento sensitivo (el conocimiento que refleja los objetos externos a los propios sentidos) es un conocimiento superior al saber experimental que sólo puede basarse en la probabilidad, pero es inferior a la certeza que sí se le supone al conocimiento especulativo. Locke estaba interesado en la certidumbre y el alcance del conocimiento humano y por las razones y grados de creencia, opinión y asentamiento.

Asimismo, Locke distinguía entre el conocimiento intuitivo (que percibe el acuerdo o desacuerdo de ideas inmediatamente por sí mismas), el demostrativo (que es posible por la intervención de otras ideas y viene a ser un razonamiento) y el sensible (que es el conocimiento de existencias particulares). El conocimiento intuitivo es seguro, el demostrativo aceptable y el sensible relativo o meramente probable aunque puede progresar con la experiencia.

Asimismo –como dice la misma edición de 1963– Locke siguió a Hobbes sosteniendo que es la lengua la que condiciona el conocimiento en general.

4. Cualidades primarias y secundarias

Las cualidades primarias son objetivas, lo que quiere decir que son independientes de la percepción humana al tratarse de las propiedades de las cosas. Y las cualidades secundarias son subjetivas, lo que quiere decir que se le atribuye a los órganos de los sentidos del sujeto; es decir, sólo pueden explicarse por la organización y los estados del sujeto. Según Locke, las cualidades secundarias dependen de las cualidades primarias, es decir, aquéllas no serían posibles si éstas no estuviesen ahí para producirlas y entre ambas –como ya hemos dicho– hay una relación de adecuación. Las cualidades secundarias vendrían a ser modos de las primarias y para manifestarse dependen de éstas y no de los órganos de los sentidos. Desde su materialismo mecanicista Locke se refería a las cualidades secundarias como aquellas propiedades «que no se podían aclarar desde el punto de vista de la mecánica», como leemos en la edición de 1963 de la entrada «Cualidades primarias y cualidades secundarias». Las cualidades secundarias «desde el punto de vista de Locke, son introducidas en el objeto por el sujeto. Con tal teoría, Locke hace una concesión al idealismo» (leemos en la entrada «Ensayo sobre el entendimiento humano»).

Como se observa en la edición de 1939 de la entrada «Cualidades primarias y cualidades secundarias», «El materialismo dialéctico refuta la división de las cualidades en primarias y secundarias, y considera que las cualidades de las cosas son inherentes a ellas mismas y que, por consiguiente, son objetivas. El materialismo dialéctico afirma que la exactitud del reflejo de las cualidades objetivas de las cosas en la conciencia humana se confirma por la práctica, por la experiencia y por el progreso de los conocimientos humanos».

5. Empirismo y racionalismo en Locke

Sensación o experiencia externa y reflexión o experiencia interna son, a juicio de Locke, dos fuentes independientes de conocimiento; de ahí que el diccionario diagnostique a la teoría del conocimiento de Locke como «dualista». Aunque en la edición de 1963 se hace referencia a su teoría del conocimiento como un «empirismo materialista».

No obstante, el empirismo de Locke no es puro sino que está entrelazado con buenas dosis de racionalismo. Locke no elimina ni la experiencia ni la razón, y en unos casos destaca la primera y en otros la segunda, de ahí que sea un empirista y un racionalista, es decir, una especie de empirista racionalista en teoría del conocimiento y un materialista idealista en ontología (materialista en ontología general –porque las cualidades primarias rebasan toda experiencia empírica, lo cual quiere decir que son trascendentales– e idealista en ontología especial al establecerse un jorismós en el que las cualidades secundarias son meras representaciones subjetivas).

6. Contra las ideas innatas: el alma como tabula rasa

Locke era partidario de la teoría del alma como una tabula rasa, de ahí que sostuviese que ideas y principios no le viene dados al hombre como si le fuesen innatos sino que se adquieren por experiencia, como puede comprobarse en el alma de un niño. Un niño nace sin tener idea, literalmente. Tabula rasa es, pues, el estado original de la conciencia humana. Ningún ser humano viene al mundo con conocimientos estampados en su mente. Tabula rasa es el estado de la mente en la edad de la inocencia, una mente virgen de conceptos e ideas.

Leemos en el Ensayo sobre el entendimiento humano: «Me parece una contradicción decir que existen verdades impresas en el alma que ésta no percibe o comprende, si la palabra imprimir significa algo distinto de hacer que se perciban ciertas verdades. Pero imprimir algo en la mente, sin que ésta lo perciba, me parece difícilmente inteligible. Por tanto, si los niños y los idiotas poseen mentes con aquellas impresiones en ellas, inevitablemente tendrían que percibirlas, y necesariamente conocerían y asentirían a estas verdades. Puesto que no es así, es evidente que no existen tales impresiones. Y si no son nociones impresas naturalmente, ¿cómo pueden ser innatas? Y si están impresas ¿cómo es posible que sean desconocidas? Decir que una noción está impresa en la mente, y al mismo tiempo afirmar, sin embargo, que la mente no la conoce es reducir esta impresión a la nada. Ninguna proposición puede decirse que está en la mente, si nunca se conoce o se está consciente de ella» (Libro I, Cap. I, 5). «Creo que si un niño viviera en un lugar donde no viera otros colores que el banco y el negro hasta que fuera hombre, no tendría ninguna idea del escarlata o del verde; lo mismo que la persona que no probó en su niñez una ostra o una piña no tiene el recuerdo de aquellos particulares sabores» (Libro II, Cap. I, 6).

Para Locke el entendimiento es como si se tratase de una casa vacía a la que, poco a poco, a través de la experiencia, hay que ir amueblando, arreglando y ensanchando. La experiencia hace posible que los objetos del mundo exterior vayan inscribiendo sus signos, imágenes y sus nombres en el alma «mediante su acción sobre los órganos de los sentidos». «Obsérvese a un niño desde su nacimiento, y se verá cómo la mente se despierta más y más por los sentidos; piensa más a medida que posee más materia para pensar. Pasado algún tiempo, empieza a conocer los objetos que, por estar más familiarizado, le han hecho más duraderas impresiones. Así, por grados, llega a conocer las personas con la que conversa diariamente y las distingue de las extrañas. Observamos cómo la mente, por grados, se perfecciona y avanza en el ejercicio de otras facultades de extender, componer y abstraer sus ideas y de razonar y reflexionar sobre ellas» (Ensayo sobre el entendimiento humano, Libro II, Cap. I, 12).

Por ello, «Tal concepción sobre el proceso del conocimiento humano es en su fundamento una concepción materialista», como leemos en la entrada «Tabula rasa» de la edición de 1939. «Sin embargo –leemos en la edición abreviada de 1955 de tal entrada–, no es más que un materialismo metafísico, contemplativo, que considera el conocimiento como el acto puramente pasivo de la percepción de los objetos exteriores. En realidad, la acción del hombre sobre la naturaleza hace progresar el conocimiento, siendo éste inconcebible al margen de la actividad práctica del hombre».

En principio para Locke el entendimiento es sólo un «papel en blanco». Es la experiencia la que va «escribiendo» los saberes en la tabla del alma. El conocimiento es, pues, gradual y va paulatinamente familiarizándose con las ideas particulares. Ni siquiera la Idea de Dios es para Locke una idea innata, pues todo principio e idea es adquirido. «Al principio, los sentidos aprehenden ideas particulares y abastecen el gabinete todavía vacío de nuestra mente con algunas de ellas que son conservadas en la memoria y a las que se da nombre. Después la mente las abstrae y, mediante un modo gradual, aprende el uso de los nombres generales. De esta manera la mente se surte de ideas y de lenguaje, materiales sobre los que ejerce su facultad discursiva; y el uso de la razón se hace más visible a medida que aumentan esos materiales que permiten su empleo. Aunque el tener ideas generales y el uso de las palabras generales y el de la razón crecen juntamente, sin embargo, esto no indica que tales ideas sean innatas» (Ensayo sobre el entendimiento humano, Libro I, Cap. I, 15).

7. ¿Era Locke un agnóstico?

La edición de 1963 plantea si a Locke se le puede considerar como un agnóstico o no, e incluye que nuestro filósofo reconoce la posibilidad de conocer las sustancias materiales y con mayor fuerza aún las sustancias espirituales, y que por ello «no se le puede considerar como un agnóstico». El conocimiento de las sustancias materiales y de las sustancias espirituales es –como anota la edición de 1980– en cierto grado limitado, pero esto no hace de Locke un agnóstico, a pesar de que hablase de la sustancia en sí (que en el idealismo trascendental kantiano se redefiniría como cosa en sí incognoscible).

Lo que está claro es que Locke sostenía que el ser humano no puede ser absolutamente omnisciente del mismo modo que no puede ser absolutamente nesciente. Locke sostiene que conocer objetivamente no significa conocerlo todo, pues lo fundamental es conocer lo que es de interés para la conducta y la vida práctica del ser humano, cosa que nos facilitan nuestras facultades. El propósito que se marca Locke no es el de conocer todas las cosas sino sólo aquellas que conciernen a la conducta humana. La posición de Locke era, pues, una posición antropocéntrica y pragmatista.

8. La filosofía política de Locke

En filosofía política Locke era partidario de la monarquía constitucional que trajo la Revolución Gloriosa. Asimismo Locke era un deísta. Como le escribía Engels el 27 de octubre de 1890 a Conrad Smith, «Locke fue, en religión como en política, el hijo del compromiso de clase de 1688» (Karl Marx y Friedrich Engels, Cartas sobre El capital, Edima, Barcelona 1968, pág. 279).

Para los ingleses Locke es considerado el padre de la democracia moderna. No obstante, es bien sabido que fue el último gran filósofo en defender la institución de la esclavitud, y siendo un liberal era dueño de esclavos. De modo que la condena a la esclavitud política (a la monarquía absoluta) no era en Locke incompatible con la defensa de la esclavitud de los negros. Tal vez sea porque –como decía Diderot en 1774– «el inglés, enemigo de la tiranía en su patria, es el déspota más feroz, una vez que sale de ella» (citado por Domenico Losurdo, Contrahistoria del liberalismo, El Viejo Topo, Roma-Bari 2005, pág. 141).

La edición abreviada de 1955 añade que en «su pedagogía» Locke era el educador del «gentlemen» de la burguesía, a fin de que los burgueses «estén en condiciones de manejar sus negocios con inteligencia y provecho». «La idea de que las personas mismas deben cambiar el orden social existente si con él el individuo no puede recibir la educación ni alcanzar el desarrollo necesarios fue de extraordinaria importancia para justificar la revolución burguesa», leemos en la edición de 1963. Locke afirmaba que el modo de pensar burgués era el modo de pensar normal.

A su vez, se tiene en cuenta que en su filosofía política Locke trataba fundamentalmente de hacer una defensa de la propiedad privada, aunque la propiedad no tiene su fuente solamente en el trabajo sino también en la herencia, la cual «es fruto del trabajo» de los padres.

Como leemos en la edición de 1963, Locke participó en la lucha de clases y de partidos como filósofo, aunque se añade que también como economista y escritor político. Su filosofía era, pues, inequívocamente, de implantación política.

La edición de 1963 comenta que Locke desarrolla el paso del estado natural al estado civil, y el fin del Estado consiste en la defensa de la libertad y de la prosperidad conseguida por el trabajo. De ahí que el poder del Estado no puede ser arbitrario. Los poderes del Estado son, según Locke, el legislativo (que es el fundamental), el ejecutivo (en el que va incluido en judicial) y el de la unión o federación (en el que va incluido el poder de declarar la guerra, firmar la paz y establecer alianzas con otros Estados, es decir, el poder diplomático y el poder militar de la capa cortical de una determinada sociedad política, en este caso de la Inglaterra de la Revolución Gloriosa).

El diccionario señala que la inconsistencia de la filosofía de Locke (materialista por su teoría de la experiencia externa, pero idealista por su teoría de la experiencia interna) tiene «sus raíces de clase», pues –en palabras de Engels– Locke era «el hijo del compromiso de clase de 1688», que venía a ser la alianza entre la burguesía y la nobleza inglesa (o la parte aburguesada de la nobleza inglesa, como matiza la edición de 1963). Es decir, Locke era uno de los ideólogos de la llamada «Revolución Gloriosa», un defensor filosófico de la Revolución Gloriosa; una revolución en la que fueron solidarios ideólogos materialistas e ideólogos espiritualistas y que, como consecuencia, dio lugar a la construcción del Imperio depredador británico, para bien o para mal o, mejor dicho, más allá de bien y del mal.

Daniel López Rodríguez

 
→ Edición conjunta del Diccionario soviético de filosofía · índice de artículos del DSF
Las cuatro versiones soviéticas del Diccionario filosófico de Rosental e Iudin
Diccionario filosófico marxista · Rosental & Iudin · Montevideo 1946
Diccionario de filosofía y sociología marxista · Iudin & Rosental · Buenos Aires 1959
Diccionario filosófico abreviado · Rosental & Iudin · Montevideo 1959
Diccionario filosófico · Rosental & Iudin · Montevideo 1965
Diccionario marxista de filosofía · Blauberg · México 1971
Diccionario de comunismo científico · Rumiántsev · Moscú 1981
Diccionario de filosofía · Frolov · Moscú 1984