Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo IV: 3

3. Los problemas de historia de la filosofía en los trabajos de Marx y Engels.

En los tomos anteriores de nuestra obra, el proceso histórico de desarrollo de la filosofía era enfocado de conformidad con la visión que de ésta como ciencia tiene el marxismo-leninismo, y en relación con ello se exponían las tesis de Marx y Engels acerca del desenvolvimiento histórico del pensamiento filosófico.

Por esto, en el presente apartado nos limitaremos a examinar las tesis teóricas fundamentales de Marx y Engels en el campo de la historia de la filosofía como ciencia, sin referirnos especialmente a la valoración concreta que los fundadores del marxismo hicieron de las distintas corrientes filosóficas.

La creación del materialismo dialéctico e histórico significó también una transformación revolucionaria en el campo de la historia de la filosofía como ciencia. Durante muchos siglos de avance de la filosofía, la historia de ésta no había sido prácticamente una ciencia, por cuanto se limitaba a una descripción empírica de doctrinas, sin un criterio objetivo para la valoración de las mismas y sin apreciar los vínculos regulares que las unían.

Si tomamos a los predecesores del marxismo en este terreno, fue Hegel quien planteó más concretamente el problema de la historia de la filosofía como ciencia: los sistemas filosóficos, según él, no son creación arbitraria de los distintos pensadores, sino que constituyen fases necesarias en el desarrollo espiritual de la humanidad que, de conformidad con el sistema idealista hegeliano, tiene por base el conocimiento que la “idea absoluta” adquiere de sí misma. Sin embargo, el idealista alemán no pudo descubrir las leyes reales de la filosofía, puesto que se negaba a ver las raíces económico-sociales de las doctrinas filosóficas, enfrentaba la filosofía a la práctica material, de una parte, y a las ciencias positivas de la naturaleza y de la sociedad, de otra, y, contrariamente a la verdad, pasaba por alto el papel del materialismo y exaltaba el del idealismo en la historia de la filosofía.

Unicamente la doctrina de Marx y Engels hizo posible la creación de una historia de la filosofía verdaderamente científica, dedicada a la investigación de las leyes objetivas a que está sujeto el avance del pensamiento filosófico.

Los fundadores del marxismo, en su labor de creación de la concepción científica del mundo del proletariado revolucionario, subrayaron siempre que la historia de la filosofía no es simplemente una historia de errores, e indicaron a este propósito la necesidad de asimilar con un espíritu crítico todo lo que anteriormente se había realizado en este [230] campo. Tenían un elevado concepto de los grandes filósofos de tiempos anteriores y consideraban que el materialismo dialéctico e histórico da respuesta a los problemas planteados hasta entonces por el desarrollo del pensamiento filosófico. Para responder a estos problemas, enunciados a lo largo de muchos siglos, Marx y Engels estimaban necesario el estudio completo del proceso de avance de la filosofía. De ahí que F. Engels considerase el estudio de la historia de la filosofía como la mejor escuela del pensamiento teórico.

Marx y Engels convirtieron la historia de la filosofía en una ciencia real, puesto que miraban la filosofía como una forma específica de la conciencia social, condicionada por el desarrollo de la vida material de la sociedad y, ante todo, por su base económica, y partiendo de ello pusieron de manifiesto las leyes objetivas de la aparición y el desenvolvimiento del conocimiento filosófico. Punto de partida de la historia científica de la filosofía es la concepción materialista dialéctica del proceso histórico-social y, en intima relación con esto, la concepción de la filosofía como forma específica de conocimiento del mundo.

Marx y Engels valoran desde el punto de vista del materialismo dialéctico e histórico cada sistema filosófico en particular y toda la marcha de la filosofía en su conjunto, rechazan la concepción idealista de filiación de las ideas y analizan profundamente las raíces económico-sociales y gnoseológicas de las doctrinas filosóficas. Señalan que “los filósofos no avanzaban impulsados solamente, como ellos creían, por la fuerza del pensamiento puro. Al contrario. Lo que en la realidad les impulsaba eran, precisamente, los progresos formidables y cada vez más raudos de las ciencias naturales y de la industria”.32

La teoría marxista de la lucha de clases, que es el hilo que lleva a la comprensión del proceso histórico-social, posee también la más grande importancia para la historia de la filosofía, ya que pone de relieve el lugar y el papel de los sistemas filosóficos en la lucha ideológica de las clases. Gracias a la teoría de la lucha de clases, las doctrinas filosóficas recibieron, por primera vez, una valoración histórica concreta como expresión filosófica de la ideología de las clases en pugna, que desempeñan uno u otro papel en la marcha de la sociedad. De conformidad con ello, Marx y Engels ven, por ejemplo, en la filosofía de los materialistas franceses del siglo XVIII la preparación ideológica de la revolución burguesa de 1789, subrayando que “eran auténticos filósofos de la burguesía”. No es difícil comprender los beneficios que en el plano del análisis científico reporta este enfoque de las doctrinas filosóficas: permite comprender la filosofía como necesaria expresión espiritual de una determinada época histórica, como la quintaesencia ideológica de su tiempo.

La doctrina marxista de la lucha de clases permitió superar definitivamente la concepción idealista de la filosofía como contemplación “sin partido”, impasible e imparcial, elevada sobre el tempestuoso mar de la vida, de la realidad que nos rodea, con su manantial único en el amor a la sabiduría. Se sobreentiende, empero, que la valoración del sentido de clase y de la significación de la filosofía, tal como la encontramos en [231] los fundadores del marxismo, no niega ni un ápice su papel cognoscitivo como forma particular y específica de conocimiento de la realidad objetiva y del reflejo de ésta en la conciencia de los hombres, su valor como método del pensamiento.

Los fundadores del marxismo señalaban a la vez que el desarrollo económico-social y la lucha de clases no determinan directamente la orientación y el contenido del desenvolvimiento de la filosofía, ni tampoco la posición de las doctrinas filosóficas de una época histórica frente a otra época. El desarrollo de la filosofía, como forma específica que es del conocimiento, y su actitud hacia la realidad objetiva, hacia la práctica material, se encuentran en íntima relación con el progreso de la ciencia, y también con la política y las distintas formas de la conciencia social, a través de las cuales halla expresión a menudo.

En la medida en que la filosofía resume teóricamente la marcha de conocimiento, es indudable que sus vínculos con el progreso de la ciencia, y singularmente de las ciencias naturales, tienen una especial importancia. Así, por ejemplo, la filosofía materialista de los siglos XVII y XVIII, con sus características y peculiaridades, se encontraba indisolublemente unida al carácter y al estado de las ciencias naturales de aquel tiempo, los cuales, en grado considerable, condicionaban la interpretación metafísica mecanicista de los fenómenos de la naturaleza.

Los fundadores del marxismo formulan una ley muy importante del desarrollo de la filosofía, como es la de su autonomía relativa. Esta consiste, ante todo, en la continuidad histórica y lógica de las ideas filosóficas. Engels escribe a K. Schmidt el 27 de octubre de 1890: “... Como campo circunscrito de la división del trabajo, la filosofía de cada época tiene como premisa un determinado material de ideas que le legan sus predecesores y del que arranca.”33

Cada doctrina filosófica nueva, apoyándose en las doctrinas que la antecedieron, en el “material de ideas” que éstas le legaron, da respuesta a los problemas que se planteaban y enuncia otros nuevos. Sin embargo, el carácter de la actitud hacia las ideas anteriores recibidas en herencia, la esencia de las respuestas a los problemas que se planteaban y las particularidades del planteamiento de los problemas nuevos vienen determinados, en última instancia, por las condiciones económico-sociales y por la posición de Ja clase cuyo punto de vista, conscientemente o sin advertirlo, expresan los filósofos. No obstante, la economía se limita aquí a determinar la actitud de los filósofos hacia el caudal de ideas que les fue transmitido y la dirección general de su ulterior desenvolvimiento teórico.

La tesis de la autonomía relativa de la filosofía (y de la ideología en general) explica también hechos, bastante frecuentes en la historia, como el nivel relativamente elevado de la filosofía en países económicamente atrasados. Todos saben, por ejemplo, que la Francia de mediados del siglo XVIII se hallaba por detrás de Inglaterra en el sentido económico y político. Mas el materialismo francés de ese siglo representa sin duda un escalón nuevo, más elevado, en la marcha del conocimiento filosófico, que el pensamiento filosófico inglés de ese mismo tiempo, en particular porque [232] se apoya en el materialismo y el teísmo ingleses de los siglos XVII y XVIII. Lo mismo puede decirse de la filosofía clásica alemana de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX y de algunas otras doctrinas filosóficas.

El análisis científico de los fenómenos ideológicos según la concepción materialista de la historia exige una severa delimitación de principios entre la forma en que unas u otras teorías son expresadas y su contenido objetivo. Cuando Marx y Engels aplican esta norma a la investigación de la historia de la filosofía, ponen de relieve el verdadero contenido objetivo de las doctrinas filosóficas, que a menudo se encuentra en contradicción flagrante con la estimación que de él tienen los propios filósofos.

Este principio materialista permite adquirir una noción profundamente científica del contenido teórico específico de las doctrinas filosóficas, que no siempre, ni mucho menos, corresponde adecuadamente a la forma de la exposición. Un claro ejemplo de esto es la filosofía de Spinoza, de un contenido materialista y ateo, mientras que la forma subjetiva de exposición es francamente teológica. A este propósito, Marx escribía a F. Lassalle el 31 de mayo de 1858: “Hasta en los filósofos que dieron a sus trabajos una forma sistemática, como, por ejemplo, Spinoza, la estructura interna real de su sistema se diferencia por completo de la forma en que él lo presentaba conscientemente.”34

Esta tesis de Marx tiene gran importancia para el estudio de la historia de las doctrinas filosóficas, comprendidas aquellas en que la forma de exposición no se contradice abiertamente con su contenido objetivo. Así, por ejemplo, los materialistas ingleses del sigilo XVII y los franceses del XVIII no se concebían a sí mismos como ideólogos de la clase burguesa. P. Holbach, subjetivamente, estaba muy lejos, como es lógico, de las ansias burguesas de explotación “libre” –es decir, ilimitada– de los obreros, y en él, lo mismo que en los demás materialistas franceses del siglo XVIII, no había el menor egoísmo de clase; todos estaban sinceramente convencidos de que sus teorías eran producto exclusivo de sus aspiraciones a conocer la verdad y alcanzar el bienestar general. Sin embargo, en las condiciones históricas propias de la lucha contra el feudalismo y el predominio de la ideología religiosa, las reivindicaciones democráticas de libertad y de derechos civiles, expuestas en los trabajos de los hombres de la Ilustración y de los materialistas franceses, eran objetivamente expresión de los intereses de clase de la burguesía, de su aspiración a suprimir el feudalismo y a establecer la dominación del régimen capitalista. Precisamente por ello escribían Marx y Engels: “La teoría de Holbach no es, pues, otra cosa que la ilusión históricamente legítima, filosófica, acerca de la burguesía, que en aquel momento comenzaba a ascender en Francia y cuyo afán de explotación podía interpretarse todavía como el afán de los individuos por desarrollarse plenamente en un intercambio libre ya de las viejas trabas feudales.”35 [233]

El estudio del carácter específico de la filosofía como forma especial de conocimiento de la realidad condujo a Marx y Engels a la determinación del problema fundamental de la filosofía y de las tendencias filosóficas –el materialismo y el idealismo– derivadas de la solución que se diese a este problema; les permitió poner de manifiesto la lucha del materialismo y el idealismo como ley específica de desarrollo de la filosofía. Ya las figuras más eminentes del materialismo anterior a Marx, por ejemplo, Diderot y L. Feuerbach, delimitaban conscientemente la línea materialista de la idealista en filosofía. El idealista Hegel adivinó también el lugar específico que en filosofía ocupa el problema de la relación entre el pensar y el ser cuando, por ejemplo, manifestaba que “el espíritu y la naturaleza, el pensar y el ser, son los dos aspectos infinitos de la idea...”36

Sin embargo, Hegel fue incapaz no ya de resolver, sino ni siquiera de plantear científicamente el problema de la relación entre la conciencia y el ser, tanto más que rechazaba el materialismo como un punto de vista, supuestamente no filosófico, de la conciencia común y ordinaria. Sólo Marx y Engels descubrieron el carácter inevitable, histórica y lógicamente, de la existencia de los dos campos en filosofía, demostrando que la lucha entre el materialismo y el idealismo es una ley objetiva del desarrollo de la filosofía, el contenido principal de su avance histórico. Y precisamente por ello fueron los fundadores de la historia científica del materialismo, de la historia que pone de manifiesto la principal orientación del desarrollo de la filosofía en general.

Marx y Engels veían en la lucha de los dos campos dentro de la filosofía la manifestación directa del espíritu de partido en el plano filosófico; con toda: energía barrieron los intentos eclécticos de conciliación, de unión sin principios de estas dos tendencias opuestas e incompatibles. Un brillante ejemplo de esa crítica del eclecticismo filosófico es la conocida carta de Marx a Feuerbach, del 20 de octubre de 1843,37 en la que el fundador del comunismo científico denuncia la doctrina de Schelling en su último período como un ensayo sin principios para conciliar las ciencias naturales y el misticismo, el racionalismo y el irracionalismo, etc. Otro ejemplo, no menos brillante, es la crítica que Engels hace de las teorías filosóficas burguesas de la segunda mitad del siglo XIX –positivismo y neokantismo–, que él califica de bazofia ecléctica. Marx y Engels, señalaba Lenin, fueron, del principio al fin, fieles al espíritu de partido en filosofía, fustigaron implacablemente toda concesión al idealismo y defendieron y ampliaron fecundamente la tendencia materialista.

La idea del espíritu de partido en filosofía es la brújula por la qué se orientan todas las investigaciones histórico-filosóficas de Marx y Engels. En ella encuentra reflejo, de una parte, la relación real entre la filosofía y la práctica social, la política, y, de otra, la ley interna del desarrollo de los propios conocimientos filosóficos.

Guiándose por el espíritu de partido materialista, Marx y Engels someten a una crítica muy argumentada la concepción idealista del mundo. [234] Así, al desenmascarar el idealismo subjetivo de los jóvenes hegelianos, los fundadores del marxismo señalan que este idealismo, que sustituye la necesidad de las transformaciones económico-sociales por la prédica abstracta de la modificación de la conciencia, resulta políticamente conservador, a pesar de la fraseología revolucionaria y del radicalismo político de sus representantes. Con ese mismo criterio enjuician también Marx y Engels el lugar del idealismo en la historia del conocimiento, haciendo ver cómo en su conjunto es hostil a la ciencia, a pesar de ciertos descubrimientos trascendentales hechos por algunas figuras eminentes del idealismo, por ejemplo, Leibniz o Hegel. Representantes ilustres del idealismo, indicaba Marx, plantearon el problema del papel activo del pensamiento en el proceso cognoscitivo, pero, subraya, su solución con un criterio idealista era imposible.

Distinguiendo las ideas racionales contenidas en las doctrinas de unos u otros filósofos idealistas, Marx y Engels descubrieron las raíces gnoseológicas del idealismo y pusieron en claro los vínculos existentes entre las ideas y tesis del idealismo y ciertas particularidades del conocimiento humano, en especial la necesidad de abstraerse, en cierta medida, de las cualidades de los objetos, percibidas sensiblemente, para descubrir las leyes en que se basan y que los órganos de los sentidos no pueden percibir directamente. Esta necesidad de hacer abstracción de lo dado directamente en la experiencia sensible es llevado al absurdo por el idealismo especulativo. El idealismo, explica Marx, no surge “cuando, partiendo de las manzanas, las peras y las fresas reales, me formo la representación general de fruta y cuando, yendo más allá, me imagino que mi representación abstracta, «la fruta», obtenida de las frutas reales, es algo existente fuera de mí, más aún, el verdadero ser de la pera, de la manzana, etc...”38

No se limitan Marx y Engels a poner de manifiesto las raíces gnoseológicas del idealismo, sino que revelan cómo la filosofía idealista es inevitable en determinadas condiciones históricas, en virtud del desarrollo antagónico de la sociedad y de las contradicciones inherentes al proceso del conocimiento. Así, refiriéndose al materialismo antiguo, Engels señala que esta filosofía no era capaz de explicar las relaciones entre el pensamiento y la materia. Pero la necesidad de llegar a conclusiones claras acerca de esta cuestión condujo a la teoría de un alma separable del cuerpo, luego a la afirmación de la inmortalidad del alma, y por último al monoteísmo. De este modo, el materialismo antiguo veíase negado por el idealismo”.39

Señala Engels la legitimidad histórica de la aparición del idealismo y habla de la inevitable negación de las concepciones idealistas por el materialismo en un nivel más elevado del desarrollo social, cuando para esto se dan las necesarias premisas materiales y teóricas. Esta negación, se sobreentiende, es un proceso dialéctico, que presupone la asimilación crítica de las tesis racionales contenidas, en uno u otro aspecto, en las doctrinas del pasado que son sometidas a negación. Mientras que los historiadores burgueses de la filosofía cerraban los ojos al materialismo o lo [235] presentaban como una visión puramente empírica del mundo, igual en todas las épocas históricas, confundiendo bajo un denominador común las doctrinas materialistas de épocas históricas y clases diferentes, los fundadores del marxismo señalan las principales formas históricas de la filosofía materialista y su variedad de aspectos, descubren el proceso, sujeto a leyes, de desarrollo de la concepción materialista.

Las principales formas históricas del materialismo en la filosofía anterior las veían Marx y Engels en el materialismo primitivo y simplista de los antiguos griegos –que se distinguía por su enfoque dialéctico espontáneo del estudio de la naturaleza– y en el materialismo metafísico de los siglos XVII y XVIII. Los fundadores del marxismo expusieron los radicales defectos de la anterior filosofía materialista, que se limitaba a la interpretación materialista de la naturaleza y que en la Edad Moderna, en virtud de las particularidades del progreso de las ciencias naturales (predominio de la mecánica) y de las posiciones de clase de la burguesía, se había convertido en metafísico-mecanicista.

Tiene gran importancia, para la elaboración teórica de la historia del materialismo, la tesis de Engels de que a cada descubrimiento nuevo, que hace época, de las ciencias naturales, el materialismo adopta una forma histórica nueva, se desarrolla y progresa. Esta tesis formula teóricamente la ley del desarrollo progresivo de la filosofía en todas las etapas históricas de su existencia. Este es el punto de vista que Marx y Engels adoptan en su examen de las formas históricas fundamentales del materialismo y en su crítica del denominado materialismo vulgar de los años 60, el cual, a pesar de los grandes avances de las ciencias naturales en aquel tiempo, se mantenía en las posiciones de la filosofía materialista de los siglos XVII y XVIII, sin avanzar lo más mínimo, antes bien, al contrario, simplificando y vulgarizando a cada paso sus tesis más importantes.

Los fundadores del marxismo no se limitaron a destacar las formas fundamentales de la filosofía materialista y dar una valoración general de las mismas; también investigaron concretamente las distintas tendencias, escuelas y concepciones filosóficas y sociológicas de los más eminentes pensadores. Los trabajos de Marx y Engels proporcionan una profunda caracterización de los grandes filósofos materialistas de la antigüedad que eran Demócrito y Epicuro, ponen de manifiesto los rasgos distintivos de las doctrinas materialistas del Renacimiento, de la filosofía materialista inglesa del siglo XVII (F. Bacon, T. Hobbes, J. Locke) y del materialismo de Spinoza, y ofrecen un análisis de la aparición y el desarrollo de las tendencias fundamentales del materialismo francés de los siglos XVII y XVIII, de las doctrinas de Holbach, Helvecio y Diderot. Marx y Engels prestan gran atención a los grandes pensadores rusos, y singularmente a Chernishevski y Dobroliúbov. Finalmente, hacen un estudio completo de la filosofía materialista de Feuerbach.

A la vez que subrayan la limitación del viejo materialismo, Marx y Engels muestran que el materialismo no es, por su naturaleza misma, la interpretación metafísica de la realidad, como afirmaban Hegel y otros idealistas. Al contrario, la primera forma histórica de la dialéctica guardaba nexos orgánicos con la concepción del mundo, ingenuamente materialista, de los antiguos griegos. El posterior avance de la dialéctica se [236] hallaba relacionado también, en cierta medida, con el materialismo (en particular, con la doctrina materialista de Spinoza, con la física de Descartes, la filosofía de Diderot, etc.), aunque, en su conjunto, el materialismo de la Edad Moderna era metafísico.

En las obras de Marx y Engels se siguen las grandes etapas históricas del desarrollo de la dialéctica. En ellas son investigadas con particular detalle las raíces históricas y las características fundamentales de la dialéctica idealista de la filosofía clásica alemana, que constituyó una de las fuentes teóricas del marxismo. “... Nosotros, los socialistas alemanes –señalaba Engels–, estamos orgullosos de descender no sólo de Saint-Simon, de Fourier y de Owen, sino también de Kant, Fichte y Hegel.”40

Los fundadores del marxismo demostraron que la dialéctica crítico-revolucionaria, consecuente, no puede ser desarrollada desde las posiciones del idealismo, ni tampoco desde las posiciones de la burguesía, con su limitación de clase. El idealismo, como señalaba Marx, en el mejor de los casos estudia, y aun así en forma extremadamente mistificada, el problema del aspecto subjetivo del proceso del conocimiento, la actividad del pensamiento, pero siempre se queda lejos de la concepción científica del desarrollo dialéctico de la realidad material.

Así, pues, los fundadores del marxismo expusieron los principios dialéctico-materialistas fundamentales en la investigación científica del avance histórico de la filosofía, y estudiaron en líneas generales las principales etapas de desarrollo del pensamiento filosófico. Con su creación del materialismo dialéctico e histórico hicieron un resumen de toda la evolución anterior del materialismo y de la dialéctica, pusieron de relieve la tendencia fundamental del avance progresivo de la filosofía y sentaron la ase, genuinamente teórica, para la comprensión científica de este proceso. todo esto era el punto de partida para el ulterior desarrollo de la historia de la filosofía como ciencia en los trabajos de los continuadores de la doctrina de Marx y Engels.




{32} F. Engels, Ludwig Feuerbach. C. Marx y F. Engels, en Obras escogidas, ed. cit, t. II, pág. 346.

{33} C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. cit., t. II, pág. 465.

{34} C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XXV, Leningrado, 1934, página 229.

{35} C. Marx y F. Engels, La ideología alemana. Critica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner, y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas, trad. de W. Roces, págs. 464-465, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1959.

{36} Hegel, Obras completas, ed. rusa, t. XI, Moscú-Leningrado, 1935, pág. 208.

{37} Véase C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. I, Moscú-Leningrado, 1928, págs. 533-534.

{38} C. Marx y F. Engels, La Sagrada Familia, ed. esp. cit., págs. 122-123.

{39} F. Engels, Anti-Dühring, ed. esp. cit., pág. 168.

{40} F. Engels, Prólogo a la primera edición alemana del folleto “Del socialismo utópico al socialismo científico”. En F. Engels, Anti-Dühring, ed. esp. cit., pág. 420.