Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo IV: 4

4. Los problemas filosóficos de la historia de las ciencias naturales en los trabajos de Marx y Engels.

La obra de Marx y Engels significa una honda revolución no sólo en la historia de la filosofía, sino también en la historia de las ciencias, y particularmente en la historia de las ciencias naturales. Aquí, como en todas las esferas, aplicaron con espíritu creador el materialismo dialéctico e histórico, por ellos descubierto, y superaron íntegramente y rechazaron las concepciones idealistas y metafísicas sobre la historia del conocimiento de la naturaleza y la mera descripción empírica en la exposición de la misma.

A mediados y en la segunda mitad del siglo XIX, en Europa, y especialmente en Alemania, aparecen muchos trabajos sobre historia de ciencias positivas concretas, de las matemáticas y de todas las ciencias naturales [237] en su conjunto. En ellos, o bien se sostenía una u otra concepción filosófica idealista, compartida por el autor, o se hacía una exposición puramente descriptiva, empírica, de los hechos, sin que se apreciase el menor intento de llegar a una síntesis teórica y de darles una interpretación filosófica. En este sentido, dentro de Alemania son característicos los trabajos de historia de la química de H. Kopp y, más tarde, de E. Meyer;41 muchas cuestiones de historia de la química son tratadas en las Cartas de J. Liebig; Rosenberg escribió una Historia de la física y Klein editó sus lecciones sobre historia de las matemáticas. En Inglaterra apareció la Historia de las ciencias inductivas, de W. Whewell.

En Francia vieron la luz los trabajos sobre historia de la química de Wiirtz y de Berthelot, que en su exposición se atenían principalmente al papel desempeñado por Lavoisier en esta ciencia. En Rusia se publicó la Historia de la física de Liubímov, inspirada por concepciones filosóficas idealistas, la Historia de la química de Sávchenkov, de carácter recopilativo, y alguna otra obra.

Todos estos trabajos se distinguían por el idealismo en la explicación de las fuentes y las fuerzas motrices del avance del conocimiento científico. Si en ellos se habla de la relación entre la ciencia y la técnica, entre las ciencias naturales y la producción, de ordinario se hace con un criterio unilateral, como influencia de las denominadas ciencias “puras” y de sus descubrimientos sobre el desarrollo de los conocimientos “aplicados”. Es como si en la búsqueda del conocimiento puro, de las verdades puras, los investigadores descubriesen nuevos hechos y leyes de la naturaleza, como si enunciasen nuevas teorías e hipótesis que luego son aprovechadas y aplicadas en la técnica para satisfacer los intereses utilitarios y prácticos del hombre. La propia práctica, la producción, la técnica, no influyen, de acuerdo con esta idea, sobre el conocimiento científico, que surge y se desarrolla, supuestamente, bajo la sola acción de las necesidades espirituales. Se trata de una concepción típicamente idealista del progreso de la ciencia y del conocimiento en general.

En relación íntima con esta concepción filosófica general se encuentra la exageración del papel de determinados investigadores en el conocimiento científico, el atribuir las causas de la aparición y avance de la ciencia en unas u otras épocas históricas y en unos u otros pueblos a la acción de diversos factores psíquicos, que van desde el espíritu de indagación hasta la conformación psíquica y las inclinaciones espirituales de cada pueblo concreto. Todo esto abría de par en par las puertas para la penetración y la exageración de las concepciones nacionalistas en la historia de la ciencia, singularmente cuando se producían choques políticos y militares entre los diversos Estados. Así, en medio del ambiente de la guerra franco-prusiana de 1870, los químicos alemanes Kolbe y Volhard combatieron violentamente con un espíritu chovinista la equivocada afirmación de Würtz de que “la química es una ciencia francesa”, a la vez que trataban de desacreditar a todos los químicos franceses, empezando por Lavoisier. Contra este desenfreno del nacionalismo burgués alemán [238] en la ciencia, que reflejaba la embriaguez militarista de la que también era víctima parte de los intelectuales alemanes, se manifestaron los eminentes químicos rusos Bútlerov, Mendeleev y Zinin.

Mas aunque los historiadores de la ciencia se fijaban ante todo, en la inmensa mayoría de los casos, en los aspectos puramente cognoscitivos y trataban de exponer el factor espiritual en los avances de la ciencia. desprovistos como estaban del método dialéctico eran incapaces de descubrir hasta el fin la lógica interna del desarrollo del pensamiento científico, de ver un proceso regular de sucesión en el cambio de unos conceptos, doctrinas y teorías por otros.

A diferencia de los historiadores burgueses de la ciencia, los fundadores del marxismo se preocuparon lo primero de todo en revelar las fuerzas motrices y los estímulos que en última instancia hacen avanzar el movimiento científico, el estudio de la naturaleza y el descubrimiento de sus leyes. En El Capital de Marx, en los trabajos de Engels –especialmente en su Dialéctica de la naturaleza–, y en la correspondencia entre uno y otro y con otras personas, encontramos expuesta y formulada la concepción histórico-materialista general acerca del desarrollo de las ciencias naturales y del conocimiento científico en general. Marx y Engels descubren, en primer lugar, el papel de la práctica, de la técnica, de la producción en el avance del conocimiento científico como verdadero origen y fuerza motriz del mismo, a la vez que subrayan el papel de la práctica como criterio de la verdad de las teorías, los conceptos y las representaciones. En segundo lugar, hacen ver la acción contraria de los frutos del conocimiento sobre la práctica histórico-social, sobre la técnica y la producción, en interés de las cuales se realizan, en última instancia, todos los descubrimientos científicos. Por consiguiente, los fundadores del marxismo se encuentran lejos de desposeer de su papel activo a la ciencia, al conocimiento científico; al contrario, subrayan ese papel, que ellos explican por la circunstancia de que las ciencias aparecieron, progresaron y continúan avanzando justamente porque tal es el interés de la práctica, de la técnica y la producción.

En la Dialéctica de la naturaleza, Engels señala repetidas veces que las ciencias aparecieron gracias a la producción, que el impulso que cobraron en el Renacimiento se debía a la producción precisamente. Rechaza la concepción idealista de que únicamente la producción experimenta la influencia del progreso científico y escribe que hasta aquel entonces se acostumbraba a exhibir jactanciosamente lo que la producción debía a la ciencia, cuando es incomparablemente mayor lo que la ciencia debe a la producción. Esto es así porque, respecto de la ciencia, la producción cumple el papel de materia, de manantial que la nutre, de criterio y de meta final, al ser aplicados prácticamente los frutos obtenidos.

En la conocida carta a Starkenburg, tras de someter de nuevo a crítica tal concepción idealista, Engels escribe que la ciencia es impulsada hacia adelante por las necesidades de la técnica y la producción. Cuando en la sociedad aparecen nuevas necesidades de orden técnico, esto ejerce sobre el progreso científico una influencia incomparablemente mayor que muchas universidades juntas, es decir, que la enseñanza puramente universitaria, la cual se supone estimulada por la busca de la verdad pura [239] por el simple deseo de conocerla. No obstante, observa Engels, en Alemania acostumbran a escribir la historia de las ciencias como si éstas hubiesen caído del cielo, haciendo ver que aparecen y se desenvuelven de conformidad con causas de orden puramente espiritual, y no bajo la influencia de la producción material.

El ejemplo de la gestación de los conocimientos científicos en la antigüedad, de su renacimiento y ulterior avance gracias a las necesidades de la metalurgia, la tintorería y otros sectores de la incipiente industria, a partir de los siglos XIV y XV, el ejemplo de la teoría de la electricidad y de los avances de la hidrostática (Torricelli y la necesidad de regular el curso de las aguas en la parte montañosa de Italia) y otros muchos, sirven a Engels para señalar la inconsistencia de la concepción idealista en boga acerca de la historia de las ciencias y de todo el conocimiento científico.

Marx y Engels demuestran que el progreso de las ciencias naturales y de la técnica viene impuesto por las necesidades de la producción y oponen esta concepción materialista de la historia de la ciencia y de la técnica a las concepciones idealistas existentes en la historiografía burguesa, para las que lo decisivo es la actividad de individuos concretos, su capacidad personal, su espíritu de inventiva, etc. Según escribe Marx en El Capital, la historia crítica de la tecnología (que está aún por escribir y que hay que redactarla con un criterio auténticamente científico, es decir, materialista) mostrará lo poco que los descubrimientos o invento; concretos dependen del trabajo de determinados individuos. Cada des cubrimiento o invento tiene su origen en las necesidades de la producción material, y el investigador o inventor se limita a captar y reflejar en su obra esta necesidad, que su descubrimiento o invento viene a satisfacer. Y como tales necesidades de la producción social ejercen su acción no sobre un individuo concreto, tomado al azar, sino sobre determinadas capas de la sociedad, ocurre a menudo que un descubrimiento o invento es realizado simultáneamente por dos o más personas, con independencia la una de la otra, en uno o varios países. De ahí que para el historiador de la ciencia y de la técnica sea importante, en primer término, dilucidar las causas verdaderas y principales del progreso científico y técnico, a fin de explicar correctamente los acontecimientos que se van sucediendo en este campo de la actividad humana. Esa debe ser, ante todo, la “historia crítica de la tecnología” a que Marx hace referencia.

Pero los fundadores del marxismo no lo reducían todo a la necesidad de dilucidar la influencia de la producción y la economía sobre los avances de la ciencia y de la técnica. Veían también la otra cara del problema, consistente en que las grandes personalidades (en este caso concreto los investigadores e inventores) perciben correctamente las necesidades maduras del desarrollo de la práctica histórico-social y contribuyen a satisfacerlas. Sin la participación de determinados individuos (investigadores y técnicos), las tareas de este género no pueden ser cumplidas, de donde el papel activo de los grandes hombres de la ciencia y de la técnica es indiscutible, aunque en última instancia venga condicionado por el desarrollo de la base material de la sociedad, por su producción. En la solución [240] de este problema se ven concretadas las tesis generales del materialismo histórico sobre el papel del individuo en la historia.

No se agota aquí el problema de las leyes del desarrollo del conocimiento científico en los trabajos de Marx y Engels. Este último advierte dos aspectos o partes en el conocimiento de la naturaleza: las ciencias naturales empíricas, que recopilan hechos, y las ciencias naturales teóricas, que los generalizan, sistematizan y explican.42 La parte teórica de las ciencias naturales está vinculada directamente a la filosofía, que le proporciona el método general de investigación, las categorías lógicas con las que el naturalista ha de operar no sólo para alcanzar la síntesis teórica de los datos experimentales, sino también en el proceso de recopilación de esos datos, para montar acertadamente sus experimentos, y sobre todo para comprobar en la práctica sus conclusiones y construcciones teóricas. Y como la filosofía, que expresa la concepción del mundo de una u otra clase, va unida, a su vez, a la lucha de clases, en su repercusión en el plano ideológico, resulta que las propias ciencias naturales, a través de la filosofía, en última instancia también se hallan relacionadas con la lucha ideológica de las clases. Esto se refiere singularmente a las grandes síntesis teóricas, en las que se refleja la ideología científica, el panorama científico del mundo, y que entran en contradicción con las concepciones teológicas reaccionarias imperantes. Así ocurrió, por ejemplo, en el Renacimiento, como Engels escribe en su Introducción a la Dialéctica de la naturaleza.

La historia de las ciencias naturales se halla vinculada a la práctica histórico-social, al menos, en dos sentidos: a través de la técnica, con el desarrollo de la producción, de las fuerzas productivas de la sociedad, y a través de la filosofía, con la ideología de las distintas clases de la sociedad, con la lucha de clases que se manifiesta en este terreno. En su artículo La situación en Inglaterra. El siglo XVIII, escribe Engels que las ciencias adoptaron en aquel entonces su forma científica y se adhirieron por una parle a la filosofía y por otra a la práctica (refiérese a la producción).

Además de los nexos de las ciencias naturales con los diversos aspectos de la práctica histórico-social, los fundadores del marxismo expusieron la lógica interna o dialéctica del desarrollo del conocimiento científico-natural, que es un caso particular del desarrollo del conocimiento en general. Como todo conocimiento científico, el conocimiento de la naturaleza se desenvuelve de un modo dialéctico, contradictoriamente, a través de la negación de la negación, a través de supuestas vueltas a lo viejo, al punto de partida, a través de la repetición en etapas superiores del desarrollo de determinados aspectos o rasgos que ya se dieron antes en fases inferiores.

En la Introducción al Anti-Dühring y en la Dialéctica de la naturaleza, Engels resume esta marcha dialéctica general del conocimiento de la naturaleza: primeramente percibimos el cuadro de conjunto e indiviso de los fenómenos que transcurren en la naturaleza, donde “todo fluye, todo cambia” (Heráclito), donde todo se encuentra en interdependencia, en [241] concatenaciones y transiciones recíprocas, donde nada hay eterno e inmutable. Este cuadro de la naturaleza, históricamente cl primero y certero en lo fundamental. adolece, sin embargo, de un defecto esencial: en él no hay un conocimiento de las partes, de los detalles, no existe aún una idea exacta de los objetos de la naturaleza, es decir, de lo que se mueve, interacciona y se encuentra vinculado entre sí.

En otras palabras, lo general se presenta a menudo divorciado de lo particular, de lo individual; y lo particular se ve disuelto por completo en lo general, desaparece en él. De ahí que el cuadro de conjunto de la naturaleza no sea aún estrictamente científico y adolezca en alto grado de simplismo y de los defectos de la filosofía natural.

La segunda fase del conocimiento de la naturaleza comienza concentrando la atención del investigador en el conocimiento de las distintas partes, a fin de descubrir así las leyes que rigen en los diversos campos del mundo exterior y de ponerse en condiciones de utilizarlas en la práctica. Mas para conocer las partes es necesario dividir toda la naturaleza en sectores definidos de fenómenos, hay que aprender a diferenciar las cosas y los [fenómenos concretos de su conexión general, natural o histórica. Separados de su concatenación general, en un caso actúan como causa y en otro como efecto. El descubrimiento de las relaciones de causa y efecto entre dos fenómenos permite encontrar la correspondiente ley de la naturaleza, la base de la cual (como indicaba Marx) es precisamente el vínculo interno y necesario entre dos fenómenos.

El estudio de la naturaleza en esta fase del conocimiento científico presupone la aplicación consecuente del análisis, que divide la naturaleza como todo en sus partes componentes; podríamos decir que hace la disección de la naturaleza. De conformidad con esto, es elaborado el método analítico específico de investigación; su aplicación concreta se tuvo en la anatomía de las plantas, de los animales y del hombre, en el análisis químico de las diferentes sustancias y en otros procedimientos y métodos análogos de investigación de los fenómenos y objetos de la naturaleza.

Ahora bien, el método analítico presupone cierta ruptura de los nexos naturales o históricos de los fenómenos en el proceso del conocimiento de la naturaleza; de ahí que los objetos fuesen considerados fuera de su movimiento, al margen de su vida y su interacción, como si estuviesen “muertos” y aislados unos de otros. La consecuencia fue que lo general desapareció entre los detalles, los árboles impedían ver el bosque. Era la negación abierta del primitivo cuadro del mundo, ingenuo, pero acertado en sus grandes rasgos. El método analítico de investigación se convirtió en método metafísico de pensar al ser refrendado unilateralmente, al ser elevado a la categoría de lo absoluto y convertido en costumbre de concebir las cosas y los fenómenos de la naturaleza al margen del desarrollo, fuera de la concatenación universal. El método metafísico de pensar tenía su justificación histórica, por cuanto antes de conocer los procesos de movimiento y cambio era preciso estudiar los cuerpos de la naturaleza como objetos dados y acabados; acerca de esto escribió Engels en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.

Cuando el análisis hubo cumplido en líneas generales su misión y los [242] objetos de la naturaleza, tomados como objetos acabados, habían sido estudiados en grado suficiente, quedó preparado el terreno para pasar a una fase superior del conocimiento, en la que la naturaleza entera era considerada como algo unido entre sí, integral, que se encuentra en eterno movimiento, desarrollo e interacción de la totalidad de las partes que lo componen. El método analítico, unilateral, quedó sustituido por el método que presupone la unidad del análisis y la síntesis, es decir, por la síntesis teórica basada en el análisis que la había precedido y preparado. De conformidad con ello, en vez de considerar los objetos como acabados y completos se investigaron los procesos, la metafísica fue sustituida por la dialéctica, que negaba la metafísica, de la misma manera que la metafísica había negado en tiempos la dialéctica ingenua y la filosofía natural de los pensadores antiguos. Si la metafísica, como señala Engels en la Dialéctica de la naturaleza, tenía razón frente a los antiguos, en el sentido de que reconocía las partes, los antiguos tenían razón frente a la metafísica en el sentido de que reconocían lo general. Pero lo mismo en uno que en otro caso, los contrarios (lo general, opuesto a lo particular, a lo individual) eran tomados unilateralmente, en oposición abstracta el uno al otro: o lo general (los pensadores antiguos) o lo particular (la metafísica). El paso a la dialéctica en el campo de las ciencias naturales significa que lo general y lo particular, lo individual, son tomados en su unidad interna, en su concatenación e interdependencia. Esto suponía la negación de la metafísica y el retorno a la dialéctica, pero no en su forma abstracta de antes (sólo lo general), sino a una dialéctica enriquecida con todo el conocimiento de las particularidades a que se había llegado en la fase precedente, con ayuda del estudio analítico (equivalente al método metafísico) de los fenómenos de la naturaleza. Engels escribía acerca de esto en la Dialéctica de la naturaleza que la vuelta a las concepciones dialécticas de los antiguos sobre la naturaleza presentaba la sustancial diferencia de que en éstos la dialéctica era consecuencia de la contemplación directa, e inmediata, mientras que en los naturalistas modernos se deduce de datos estrictamente científicos, basados en la experimentación.

Por consiguiente, según Engels, la lógica interna del desarrollo de las ciencias naturales es tal, que primeramente aparece la visión dialéctica de la naturaleza, en la que ésta es contemplada directamente como un todo indiviso; seguidamente (como su negación) viene la división analítica de la naturaleza en las partes que la integran y el estudio de la misma, lo cual plasma en la forma del método metafísico de pensar y la correspondiente visión metafísica general de la naturaleza; a su vez, esto es reemplazado (como negación de la negación) por la reproducción sintética del cuadro de la naturaleza en su integridad inicial, apoyándose en los resultados del anterior análisis, a lo cual corresponde el paso del modo de pensar metafísico al dialéctico y, en consonancia con él, a la visión dialéctica de la naturaleza. Así, tomando como base el análisis de las fuentes escritas de que él tenía noticia, relativas principalmente a los avances de la ciencia en Europa, Engels descubre la marcha general del desarrollo de las ciencias naturales, su lógica interna (o dialéctica). La práctica: histórico-social –fuente y motor de todo el conocimiento humano [243], según hace ver Engels– introduce correcciones muy esenciales en la marcha general del conocimiento. Las leyes del desarrollo del conocimiento científico, descubiertas por Engels sobre la base de materiales de historia de la ciencia en la Europa Occidental y Central, se ven confirmadas, en líneas generales, por la historia de la ciencia en otros países; al propio tiempo, el progreso de la ciencia en Rusia, países de Oriente, etcétera, presentaba rasgos específicos, derivados de las condiciones históricas en que esos países se desarrollaban.

Engels enfoca concretamente, desde el punto de vista del materialismo dialéctico e histórico, el avance del conocimiento de la naturaleza; ello le permite demostrar que las condiciones reales del proceso histórico-social de desenvolvimiento de la humanidad podían bien estimular, bien, al contrario, frenar el paso del conocimiento científico de una fase de su desarrollo a otra más elevada. Subraya que, con todo el carácter dialéctico del proceso de conocimiento de la naturaleza, las transiciones dialécticas pudieron tener lugar únicamente bajo unas condiciones en que la propia historia, la propia realidad, las hacía no sólo posibles, sino necesarias; en otras palabras, la transición del conocimiento a una fase más elevada de su desarrollo podía realizarse no en virtud de su mera lógica interna, sino cuando en esa transición intervenía el interés de la propia práctica, de la propia producción material. Si en la sociedad no había aparecido aún ese interés, la transición podía verse frenada por largo tiempo, o bien adoptar unas formas dolorosas, complicadas por las desfavorables condiciones externas del desenvolvimiento histórico. Engels lo expresa esto con las siguientes palabras: “... La historia tiene su propio curso, y por muy dialécticamente que éste discurra en última instancia, se da con frecuencia el caso de que la dialéctica tenga que esperar bastante tiempo a la historia.”43

Con este criterio marxista, tan profundamente científico, basado en la aplicación simultánea de los distintos principios del materialismo dialéctico e histórico, resuelve Engels el problema de periodización de la historia de las ciencias naturales, problema que, como sabemos, constituye la piedra angular en la estructuración general del objeto entero de la historia de la ciencia. La solución que da Engels tiene en cuenta, primero, las fuerzas motrices del desarrollo de la ciencia, los nexos de ésta con la práctica histórico-social, con la producción (a través de la técnica) y con la lucha de clases en el campo de la ideología (a través de la filosofía) y, segundo, la lógica interna del desarrollo del conocimiento científico, que va de la contemplación directa e inmediata al análisis y a la reproducción sintética del objeto inicial sobre la base del análisis precedente.

Las ciencias naturales surgieron, como ciencia especial y sistemática, en la segunda mitad del siglo XV. Había precedido a esto el avance de los conocimientos científico-naturales, iniciado con la aparición de las concepciones materialistas ingenuas sobre la naturaleza de los antiguos filósofos naturales. La transición subsiguiente al análisis, esbozada ya en las postrimerías de la Antigüedad (en el período alejandrino o postclásico, [244] en que se dibuja la diferenciación de las ciencias), se vio detenida en la Edad Media y se prolongó durante largos siglos.

En este tiempo, las ciencias naturales en germen cayeron bajo la influencia de la Iglesia. Al decir de Engels, “el dogma eclesiástico era el punto de partida y la base de todo pensamiento. Todo el contenido de la jurisprudencia, de las ciencias naturales y de la filosofía era puesto en consonancia con la doctrina de la Iglesia”.44

Al advenir el Renacimiento, cuando la joven burguesía, entonces revolucionaria, se colocó frente al feudalismo, su interés por las ciencias naturales era doble: primeramente, como fundamento teórico de la técnica, de la producción, que comenzaba a emplear en amplia escala las fuerzas y cuerpos de la naturaleza, y, en segundo lugar, como arma ideológica en la lucha contra la concepción religiosa dominante, contra la teología y la escolástica. Es entonces cuando empieza históricamente cl primer periodo de desarrollo de las ciencias naturales con un carácter sistemático. Era el período en que se emplean ampliamente los métodos analíticos de investigación, lo que condujo a la adopción de un punto de vista metafísico general sobre la naturaleza. Por eso, a diferencia de la Antigüedad, en que las concepciones sobre la naturaleza tenían un carácter dialéctico ingenuo, este período de las ciencias naturales puede denominarse metafísico, según la definición que de él dio Engels.

En la Dialéctica de la naturaleza, Engels revela las contradicciones básicas de las ciencias naturales dentro de este período; por su tendencia eran entonces revolucionarias hasta la médula; ideológicamente iban dirigidas contra la religión, contra la teología; pero en virtud de su carácter metafísico, eran incapaces de explicar la naturaleza partiendo de sí mismas, puesto que no aceptaban la idea del desarrollo. De ahí que se viesen obligadas a admitir por doquier los “impulsos iniciales” o actos de creación, con lo que no sólo dejaban un resquicio para la teología, sino que caían bajo su completo dominio. El reconocimiento de la naturaleza como algo conservador, que desde siempre era una e igual a sí misma, entraba. pues, en profunda contradicción con el revolucionario punto de partida de las ciencias naturales: éstas, que habían iniciado la lucha decidida contra la teología, quedaban sólidamente asentadas sobre la propia teología.

El problema de la lógica interna (dialéctica) del desarrollo del conocimiento científico-natural no se limita a la mera explicación de la marcha general de ese desarrollo. Engels lo detalla aclarando el orden histórico de sucesión en que de la filosofía natural, en otros tiempos única e indivisa, se van desprendiendo las distintas ramas de las ciencias naturales. En la Dialéctica de la naturaleza, Engels muestra cómo al igual que sucede con el desarrollo de las propias formas del movimiento de la materia, que avanza en determinado orden de sucesión, de lo simple a lo complejo y de lo inferior a lo superior, el conocimiento de estas formas, es decir. su reflejo en la conciencia humana, tiene lugar en ese mismo orden: primeramente son conocidas las formas más simples del movimiento de la materia; luego, sobre su base, se llega a otras más [245] complejas, y así sucesivamente hasta alcanzar las superiores y más desarrolladas.

Por cuanto en los tiempos en que Engels escribe la mecánica era considerada como la forma más simple del movimiento de la materia, así el explica por qué el conocimiento científico del mundo empezó con los avances de la mecánica –terrestre y celeste [astronomía]– y con las matemáticas, íntimamente unidas a ella; sobre la base de la mecánica aparecen luego casi simultáneamente la física (que Engels define como mecánica de las moléculas) y la química (física de los átomos), y más tarde la geología y la biología, a las que siguen la antropología y fisiología humanas.

La mecánica adquiere una relativa perfección (singularmente en los trabajos de Newton), por lo que sus escalas se aplican en todas las demás ciencias naturales; únicamente se considera correcta la explicación de los fenómenos de la naturaleza cuando se consigue reducirlos a causas mecánicas o a un modelo mecánico de dichos fenómenos. A la visión metafísica de la naturaleza (con su antihistoricismo) se incorpora la concepción mecanicista, en la que todos los fenómenos de la naturaleza son reducidos a la mecánica. De conformidad con ello, las propias ciencias naturales del primer período son conocidas también con el nombre de mecánicas o mecanicistas.

Al período siguiente en el desarrollo de las ciencias naturales, que transcurre en vida de Engels, correspondía fundamentalmente el descubrimiento de la dialéctica objetiva de la naturaleza. La transición a él es bastante lenta (aunque mucho menos que la anterior transición de la antigua filosofía natural al primer período de las ciencias naturales, que comenzó en el siglo XV). En la Dialéctica de la naturaleza y el Anti-Dühring señala Engels que el paso de las concepciones mecanicistas sobre la naturaleza a las concepciones dialécticas no tiene lugar de súbito, sino que es fruto de una serie de descubrimientos, cada uno de los cuales abría una brecha en las fosilizadas ciencias naturales metafísicas. Las primeras brechas. que fueron apareciendo a lo largo de unos ochenta años, a partir de mediados del siglo XVIII, no acabaron con toda la limitación metafísica de las ciencias naturales del período anterior. Pero luego siguieron los tres grandes descubrimientos (desde 1830 a 1860): la célula, la transformación de la energía y la teoría evolucionista de Darwin, los cuales imponían el paso de la metafísica a la dialéctica en la concepción de los fenómenos de la naturaleza. Adviene un nuevo período en el desarrollo de las ciencias naturales. Engels se detiene especialmente en Ludwig Feuerbach en el análisis de estos descubrimientos.

Ahora bien, el nuevo período que comienza en las ciencias naturales no es dialéctico en todos los sentidos. Cierto que por su contenido objetivo, los grandes avances científicos del siglo XIX revelaban la dialéctica de la naturaleza y destruían la vieja metafísica; pero, en la inmensa mayoría de los casos, los propios naturalistas se mantenían fieles a la metafísica y seguían pensando con arreglo a categorías absolutas e inmóviles, según el principio: sí es sí, no es no, y todo lo demás viene “del diablo”. Por esto, al hacer descubrimientos que en esencia eran de carácter dialéctico, trataban de acomodarlos al lecho de Procusto del modo metafísico de [246] pensar, querían conciliar lo irreconciliable: la dialéctica con la metafísica, con el mecanicismo. Esto trajo consigo una nueva y profundísima contradicción en las ciencias naturales: el contenido objetivo de sus descubrimientos discrepaba en absoluto con la valoración subjetiva que de ellos hacían los propios hombres de ciencia, con su caduco método metafísico de pensar. Engels revela esta contradicción y la pone de manifiesto en todos los campos de las ciencias naturales de su tiempo: en el químico Hofmann, en el físico Helmholtz. en los biólogos que no comprendían la dialéctica de la doctrina darvinista y en otros naturalistas contemporáneos, que, al no conocer la dialéctica, caían víctimas de los sistemas idealistas y metafísicos.

La dialéctica sólo de un modo espontáneo podía penetrar en las ciencias naturales de ese período; los propios investigadores no tenían conciencia de ella, por lo que el progreso científico adquirió un carácter confuso y profundamente contradictorio. De ahí que, de conformidad con las apreciaciones de Engels, este período de las ciencias naturales pueda ser considerado como dialéctico espontáneo, y no pura y simplemente como dialéctico: la metafísica estaba muy lejos aún de haber sido expulsada de las ciencias naturales, por cuanto se mantenía, en medida considerable, en las cabezas de los propios sabios como el modo de pensar que ellos compartían conscientemente.

Valiéndose del método del materialismo histórico. Engels descubre en el primer prólogo del Anti-Dühring, con el ejemplo de Alemania, las causas de esta contradicción que él advierte: después de la revolución de 1848, las ciencias naturales –relacionadas como estaban a través de la técnica con la producción, con las fuerzas productivas– comienzan a desarrollarse vertiginosamente bajo la influencia propicia del incremento general que la industria alemana experimenta; esto estimula más y más la profunda penetración de los investigadores en la esencia de los fenómenos de la naturaleza estudiados y utilizados en la práctica, y, por consiguiente, favorece el descubrimiento, cada vez más profundo y completo, de la dialéctica de la naturaleza. Mas por otra parte, justamente bajo la influencia del triunfo político de la burguesía y, especialmente, por la aparición de la dialéctica revolucionaria del marxismo, ideológicamente vinculada al movimiento obrero, el método dialéctico se convierte para la ideología burguesa oficial en algo absolutamente inaceptable y profundamente hostil; la burguesía teme a la dialéctica como al fuego y se aferra a cualquier basura de los viejos sistemas metafísicos –y a la vez idealistas– para mantener la lucha contra la dialéctica materialista, que es el arma ideológica del proletariado. En estas condiciones de desarrolla de Alemania y de otros países capitalistas a mediados del siglo XIX, condiciones complejas y profundamente contradictorias, la dialéctica es lanzada por la borda, como Engels señala, en el momento justo en que era la única que podía prestar ayuda a las ciencias naturales.

Así, pues, la contradicción fundamental que Engels descubre en las ciencias naturales del siglo XIX, sobre todo en su segunda mitad, es simplemente consecuencia de las hondas contradicciones de orden ideológico y económico que el capitalismo había traído consigo después de su triunfo sobre el feudalismo. [247]

Tal es la concepción general de Marx y Engels en cuanto a la historia de las ciencias naturales. Como, según indicaba Engels, el desarrollo de la filosofía (de la materialista directamente y de la idealista de manera más mediata) va unido al progreso de las ciencias naturales, las concepciones del marxismo sobre la historia de estas últimas guardan determinadas relaciones con las ideas de Marx y Engels acerca de la historia de la filosofía. La tesis de que cada descubrimiento que hace época en el campo de las ciencias naturales obliga al materialismo a cambiar de forma, encuentra confirmación directa en el hecho de que a los grandes períodos del conocimiento de la naturaleza, tal como Engels los define, les corresponden los tipos o formas fundamentales del materialismo. A las representaciones de los antiguos sobre la naturaleza, ingenuas en muchos aspectos y pertenecientes a la filosofía natural, corresponde la primera forma histórica del materialismo, el materialismo primitivo de los antiguos, que se combina con la dialéctica espontánea; a las ciencias naturales metafísicas, mecanicistas, de los siglos XV a XVIII corresponde el materialismo metafísico, mecanicista, de los siglos XVII y XVIII; a las ciencias naturales del siglo XIX, dialécticas por su contenido, el materialismo dialéctico de Marx y Engels.

Podríamos agregar que al período histórico en que las ciencias naturales pasan de la metafísica a la dialéctica, a mediados del siglo XIX, en algunos países corresponde el tipo de transición del materialismo propio de los grandes representantes de la democracia revolucionaria, los cuales se apartan del materialismo metafísico y se acercan de lleno al materialismo dialéctico.




{41} La traducción rusa de la Historia de la química de E. Meyer apareció en 1899 con un prefacio de D. I. Mendeleev.

{42} Véase: F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., págs. 452-457.

{43} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, pág. 86.

{44} F. Engels, El socialismo jurídico. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XVI, parte 1, Moscú, 1937, pág. 295.