Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo IV: 7

7. Fundamentación filosófica del ateísmo científico en las obras de Marx y Engels.

A la filosofía del marxismo, al materialismo dialéctico e histórico, va íntimamente unido el ateísmo científico, que expresa el punto de vista del proletariado revolucionario; éste, movido por los intereses de su emancipación social, trata de ver el mundo tal cual es en la realidad, sin ningún aditamento extraño.

El materialismo dialéctico e histórico pone de relieve hasta el fin la inconsistencia de la concepción religiosa del mundo y su esencia, las [265] raíces de la religión y su papel en la vida social, mostrando las vías reales que permiten superar el yugo religioso.

Las tesis del materialismo dialéctico sobre la eternidad de la materia y el movimiento y sobre la infinitud del mundo material en el tiempo y en el espacio, que descansan en las conclusiones de las ciencias naturales, eran una refutación científicamente fundamentada de la idea religiosa de que el mundo ha sido creado por Dios.

El materialismo dialéctico demuestra que la naturaleza no ha sido creada por nadie y que, por lo tanto, no hay nada ultraterreno. La conciencia humana es el producto supremo de la materia, un producto del cerebro; quiere decir que cl “alma” humana es de origen terrenal, nace y muere junto con el cuerpo. Y si no hay un “alma” independiente del cuerpo, tampoco existen la vida de ultratumba, el infierno y el paraíso.

A los progresos del ateísmo científico contribuyó formidablemente el descubrimiento de la interpretación materialista de la historia, gracias a la cual quedaron por primera vez al desnudo las raíces materiales de la religión. Esta última fue comprendida correctamente como una forma de la conciencia social, que depende en su desarrollo de la vida social. Fieles a este criterio, Marx y Engels combatieron a los representantes del idealismo que consideraban la religión como la fuerza motriz y determinante de la historia humana. En su crítica del libro de G. F. Daumer La religión de la nueva época (1850), Marx y Engels califican de “desvergonzadamente superficial” la afirmación del autor de que los nuevos regímenes sociales únicamente pueden ser traídos por las religiones nuevas. En realidad, subrayan Marx y Engels, ocurre lo contrario. “A cada gran transformación histórica de los regímenes sociales sucede una transformación en las concepciones y representaciones de los hombres, y, por consiguiente, también en sus representaciones religiosas.”79

Engels sometió a severa crítica la “religión del amor” que L. Feuerbach preconizaba como medio radical para la transformación de la sociedad. Esta utópica concepción se basaba también en la afirmación de que “los períodos de la humanidad sólo se distinguen unos de otros por los cambios religiosos”.80 No obstante, el hecho de que determinados virajes históricos se vieran realmente acompañados de cambios en la religión está muy lejos de probar que los había originado justamente la evolución de las ideas religiosas. En su trabajo La guerra de los campesinos en Alemania señala Engels que el idealismo silencia las causas efectivas de los grandes acontecimientos históricos, colocando en su lugar las disputas, los errores, la intolerancia, etc., en materia de religión. Engels llega en su estudio a la conclusión de que “durante las llamadas guerras religiosas del siglo xv1, de lo que se trataba ante todo era de intereses materiales de clase muy definidos; estas guerras eran una lucha de clases tanto como los conflictos internos posteriores en Inglaterra y Francia. Si esta guerra de clases transcurrió entonces bajo el signo de la religión, si los intereses, necesidades y reivindicaciones de las distintas clases se ocultaban bajo la [266] envoltura religiosa, esto no cambia la cuestión en absoluto y se explica fácilmente por las condiciones de aquel tiempo”.81

El materialismo histórico permitió descubrir científicamente la esencia de la religión y mostrar que ésta no es otra cosa sino “el reflejo fantástico que proyectan en la cabeza de los hombres aquellas fuerzas externas que gobiernan sobre su vida diaria, un reflejo en que las fuerzas terrenales revisten la forma de poderes supraterrenales”.82

Esta definición clásica de la religión, que Engels formula en su Anti-Dühring, es de una excepcional riqueza por su contenido. Contrariamente a los teólogos y demás defensores de la religión, que sostienen el origen sobrenatural de las creencias religiosas y niegan que sea posible someterlas a investigación científica, Engels afirma que en la religión se reflejan fuerzas terrenales, y justamente aquellas que imperan sobre los hombres y los oprimen en su vida diaria. A diferencia de los viejos materialistas, que veían la base terrenal de la religión únicamente en la ignorancia de las masas, engañadas por el clero, Engels señala el soporte material de las creencias religiosas. Como reflejo fantástico que es del mundo exterior, la religión se diferencia profundamente de aquellas formas de la conciencia social en las que, en una u otra medida, también desempeña un determinado papel la fantasía, pero una fantasía útil, relacionada con la vida. La fantasía religiosa, y especialmente en su punto central –el reconocimiento de Dios–, se halla tan divorciada del hombre, de la práctica social, y refleja tan deformadamente la realidad, que el daño que ocasiona es enorme. En la historia real del conocimiento, la humanidad va pasando de representaciones confusas, y a veces fantásticas, de unos u otros fenómenos de la naturaleza y la sociedad, a representaciones que reflejan cada vez más correctamente la realidad objetiva. En cuanto a la religión, nunca puede dar una representación mínimamente adecuada ni de su “objeto” fundamental, que es Dios, ni de otros muchos “objetos” de las creencias religiosas, por la sencilla razón de que no existieron ni existen en la realidad. La manera fantástica de reflejar el mundo es inseparable de la religión, razón por la cual este elemento entra en la definición marxista de la religión como específico para dicha forma de la conciencia social. La fe en lo sobrenatural, es decir, en lo que no existe, constituye la esencia de la religión. Precisamente por ello todo cuanto se haga para conciliar la religión y la ciencia está condenado irremisiblemente al fracaso.

La religión no es eterna; aparece en la sociedad primitiva como expresión de la impotencia del hombre en la lucha contra la naturaleza.

Marx y Engels llamaban a la religión del régimen de la comunidad primitiva “deificación de la naturaleza”. Es la adulterada “conciencia de la naturaleza, que al principio se enfrenta al hombre como un poder absolutamente extraño, omnipotente e inexpugnable...”83

La religión primitiva es reemplazada por el politeísmo, que viene impuesto por la desintegración del régimen gentilicio y el proceso de la [267] formación de las clases. La pluralidad de dioses y su personificación, rasgos característicos de las religiones politeístas, guardaban íntima relación con la separación de los hombres de las uniones gentilicias, con el consiguiente rompimiento de los lazos que los unían. El monoteísmo, que reemplaza a las religiones politeístas, va también unido a determinados cambios económico-sociales, al ulterior desarrollo de la sociedad de clases, al robustecimiento del Estado y, en cierta medida, también a los avances de la filosofía idealista, que trataba de dar una base teórica a la representación fantástica de un primer principio espiritual único de todo lo existente. Los dioses de las religiones monoteístas son como una “síntesis” de los viejos dioses tribales y gentilicios. El monoteísmo, como escribía acerca de esto Engels en Contribución a la historia del cristianismo primitivo, siempre hubo de hacer concesiones al politeísmo. Así, por ejemplo, al difundirse el cristianismo, “sólo pudo desplazar entre las masas populares el culto a los dioses viejos mediante el culto de los santos...”84

En la sociedad dividida en clases desarrollada, la causa principal que engendra y nutre las creencias religiosas no es ya la impotencia del hombre ante los elementos de la naturaleza, sino la opresión en que los trabajadores se encuentran bajo el yugo de los explotadores, el miedo de los hombres a las fuerzas espontáneas del desarrollo económico.

Refiriéndose a las relaciones de la religión con la base que la engendra, los fundadores del marxismo subrayaban su mayor autonomía relativa en comparación con algunas otras formas ideológicas (derecho, arte, moral); a ello va unido el carácter particularmente conservador de la religión.

No obstante, también afecta plenamente a la religión la tesis del materialismo histórico acerca del significado decisivo, en última instancia, del desarrollo económico de la sociedad para el desarrollo de la conciencia social. Bajo el imperio de la propiedad privada, todo el conjunto de las relaciones de producción se contrapone al hombre como una fuerza exterior que le es extraña. Esta fuerza extraña al hombre encuentra su reflejo en la religión. Precisamente por eso, al ser suprimidas las clases y las diferencias de clase, cuando la sociedad, que dispone de todos los medios de producción, crea las condiciones para su regular desarrollo, la religión se ve condenada a la desaparición definitiva “por la sencilla razón de que ya no habrá nada que reflejar”85 (aunque esto no ocurrirá inmediatamente).

Feuerbach afirmaba que las representaciones religiosas son representaciones de hombres divorciados de la realidad y enfrentados a ella. Sin embargo, aun reduciendo lo sobrenatural a lo natural, lo celeste a lo terreno, no pudo explicar las causas del desdoblamiento religioso del mundo; y esto porque buscaba las raíces permanentes y naturales de la religión en la misma naturaleza humana, y no en determinadas condiciones históricas de la existencia social de los hombres. No comprendía por esto que el reflejo deformado de la realidad tiene su origen en el “mundo deformado”, es decir, en el carácter de las mismas relaciones sociales. La teoría marxista del fetichismo de la mercancía puso de relieve [268] cómo el predominio de las relaciones mercantiles provoca con necesidad objetiva la elevación a la categoría de fetiche de los productos del trabajo humano, la mistificación de las relaciones sociales; esto es lo que, de la manera más directa, nutre y apoya a la religión.

Pero no es sólo el desarrollo espontánea de la sociedad antagónica lo que sin cesar reproduce la conciencia religiosa. Las clases dominantes y las instituciones religiosas que las sostienen difunden conscientemente los prejuicios religiosos, comprendiendo que la religión les ayuda a mantener sometidos y esclavizados a los trabajadores, frena su actividad revolucionaria y los aleja de los caminos que pueden realmente conducirles a su emancipación social. El hecho de que la religión contribuya a robustecer la dominación de las clases explotadoras es una de las causas de la “religiosidad” de esas clases.

Refiriéndose al verdadero sentido y a las causas de que la “religiosidad” de la burguesía aumente a medida que la sociedad capitalista se fortalece y desarrolla, Engels escribía acerca del burgués de Inglaterra en el prólogo a la edición inglesa de su obra Del socialismo utópico al socialismo científico: “Personalmente, era un hombre religioso; su religión le había suministrado la bandera bajo la cual combatió al rey y a los señores; muy pronto, había descubierto también los recursos que esta religión le ofrecía para trabajar los espíritus de sus inferiores naturales86 y hacerlos sumisos a las órdenes de los amos que los designios inescrutables de Dios les habían puesto.”87

El papel auxiliar de la religión se revela con especial claridad en la moral religiosa; ejemplo de ello es la doctrina social del cristianismo, la ética cristiana, que llama a los trabajadores a mantenerse servilmente sumisos. Desde el punto de vista del proletariado revolucionario, que es a la vez el punto de vista auténticamente objetivo, la ética cristiana es amoral en las tesis de que parte.

“Los principios sociales del cristianismo –escribía Marx– exaltan la cobardía, el desprecio a sí mismo, la humillación propia, la sumisión, la mansedumbre, en una palabra, todas las cualidades del populacho; mas para el proletariado, que no desea ser tratado como populacho, la audacia, la conciencia de su propia dignidad y el sentimiento de orgullo e independencia son más importantes que el pan.

Los principios sociales del cristianismo llevan la impronta de la astucia y la mojigatería, mientras que el proletariado es revolucionario.”88

Contrariamente a la religión, la concepción revolucionaria que el proletariado tiene del mundo educa a las masas en el espíritu de la lucha activa por el comunismo y de la firme seguridad en sus fuerzas.

Marx y Engels se manifestaron decididamente contra quienes trataban de “unir” las ideas del comunismo y la religión. Desenmascarando el [269] carácter reaccionario de las prédicas seudocomunistas de Hermann Kriege, quien en nombre del comunismo recomendaba a los obreros la renuncia a su propia personalidad y la penetración en el “espíritu santo de la comunidad”, escribían: “... Con el nombre de comunismo, Kriege predica la vieja fantasía filosófica religiosa alemana, que se contradice abiertamente con el comunismo: La fe, precisamente la fe en el “espíritu santo de la comunidad”, que es lo que menos necesita el comunismo para su realización.”89

En Ludwig Feuerbach, Engels habla sarcásticamente de los seguidores de Luis Blanc, quienes afirmaban que el hombre no puede existir sin religión, por lo que el ateísmo ha de ser considerado como tal.

Dentro de la doctrina de Marx y Engels sobre la religión ocupa un lugar muy importante la argumentación teórica del espíritu proletario de partido en cuanto a la lucha contra ella. Parten de la afirmación de que la lucha por liberar a las masas de los prejuicios religiosos es parte inseparable del movimiento del proletariado por su emancipación y ha de subordinarse por completo a los intereses de su lucha de clase.

A la vez que apoyaban las reivindicaciones democráticas de libertad de conciencia y de separación de la Iglesia del Estado, remitiéndose a la experiencia de la Comuna de París, que las había implantado, Marx y Engels indicaban que el partido obrero no puede limitarse a pedir la libertad «de conciencia. El partido obrero ha de luchar por la liberación completa de las masas de los prejuicios religiosos. Marx escribía: “... La libertad de conciencia burguesa se limita a tolerar cualquier género de libertad de conciencia religiosa, mientras que él [el partido obrero] aspira, por el contrario, a liberar la conciencia de todo fantasma religioso.”90

Al mismo tiempo, Engels condena decididamente la idea cuasi-revolucionaria de Dühring acerca de la prohibición de la religión en la sociedad socialista. Frente al ateísmo burgués, que no quiere ver la vitalidad de los prejuicios religiosos y sus vínculos con la situación económica de los trabajadores, Marx y Engels enseñaban que la conciencia religiosa se extinguirá paulatinamente en las masas sólo conforme la sociedad sin clases avance en su desarrollo económico y cultural, siempre y cuando se mantenga también una tenaz lucha ideológica contra los prejuicios religiosos. En 1891, en su Introducción a La guerra civil en Francia de Marx, Engels subraya de nuevo, y ahora no en el plano polémico, sino en forma positiva, que la religión es para la socialdemocracia un asunto privado en lo que al Estado concierne, pero de ninguna manera en lo que se refiere al partido obrero. Así, pues, en las cuestiones de la actitud del partido obrero hacia la religión, los fundadores del marxismo lucharon incesantemente por la pureza de la línea proletaria revolucionaria en dos frentes: contra el espíritu de conciliación en cuanto a los prejuicios religiosos y contra el “izquierdismo” anarquista.

V. I. Lenin atribuía una importancia enorme a las tesis de Marx y Engels sobre la táctica de lucha del partido obrero con la religión, tesis [270] que él defendió por todos los medios y amplió. Oponiéndose a quienes estimaban inconsecuente la táctica marxista acerca de la religión y veían en ella fluctuaciones entre la “guerra con Dios” y el deseo de “complacer” a los creyentes, escribía: “Pero quien sea capaz de tomar con una mínima seriedad el marxismo, de comprender sus bases filosóficas y la experiencia de la socialdemocracia internacional, verá fácilmente que la táctica del marxismo con respecto a la religión es profundamente consecuente y fue bien meditada por Marx y Engels, y que lo que los diletantes o los ignorantes consideran fluctuaciones es una conclusión directa e inevitable del materialismo dialéctico.”91

Según Engels, la religión no puede ser suprimida, ni bajo el capitalismo ni bajo el socialismo, mediante prohibiciones administrativas; los ataques izquierdistas contra ella no hacen más que ayudarle a “conquistar la corona del martirio, y con ella la prolongación de su vida”.92

La incorporación de las masas a la lucha revolucionaria práctica, la educación paciente y tenaz de las mismas de acuerdo con la visión materialista de la naturaleza y la sociedad, es la vía, científicamente fundamentada por Marx y Engels, que lleva a superar los prejuicios religiosos.

*

Marx y Engels crearon la concepción dialéctica materialista del mundo, cualitativamente nueva y que se distingue por sus principios de todos los anteriores sistemas filosóficos. El materialismo dialéctico e histórico, que expresa los intereses vitales y el punto de vista del proletariado revolucionario, es un sistema filosófico de nuevo tipo, que resume teóricamente los progresos de la ciencia y la práctica y se desarrolla constantemente a la par con ellas.

El materialismo dialéctico, que estudia las leyes más generales del ser y el conocimiento, representa la unidad de la teoría y el método del marxismo, los cuales, además de conocer y explicar el mundo, señalan las vías para modificarlo. El materialismo histórico, parte .esencial del materialismo dialéctico, investiga las leyes más generales del desarrollo de la sociedad y que son propias y específicas de ellas. Esta tarea de investigación de las leyes más generales en su forma especifica, cualitativamente peculiar, incumbe también a la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico, a la lógica dialéctica, a la historia de la filosofía, a la ética y a la estética.

El principio primordial y determinante del materialismo dialéctico e histórico es el de que constituye la filosofía de la clase obrera, de las masas populares que luchan por el comunismo, encarna la unidad de la teoría científica y de la práctica revolucionaria más consecuentes y se convierte en la base científica de la construcción del comunismo. El materialismo dialéctico es la forma superior de la filosofía científica; acepta y reelabora todo lo valioso que los sistemas filosóficos anteriores dieron y, al mismo tiempo, niega todos los viejos regímenes sociales, las [271] instituciones y las teorías que se apoyan en la opresión del hombre por el hombre. Una experiencia de más de cien años de existencia y desarrollo del marxismo, de su filosofía, nos muestra que el materialismo dialéctico e histórico se ha convertido en un instrumento poderoso para el conocimiento y la transformación comunista revolucionaria de la realidad, en la bandera ideológica de la clase obrera y de las masas populares que ésta dirige.

Uno de los principios capitales de la filosofía del marxismo es la unidad de la dialéctica y el materialismo. Partiendo de la teoría dialéctica del desarrollo, el materialismo de Marx y Engels resuelve el problema fundamental de la filosofía, el de la unidad del mundo, y los demás problemas de la concepción filosófica de la realidad objetiva. El estudio materialista dialéctico del proceso del reflejo, del conocimiento del mundo exterior y de las formas lógicas en que históricamente se desarrolla, constituye el objeto de la teoría marxista del reflejo y de la lógica dialéctica.

La unidad de la dialéctica y el materialismo, como rasgo fundamental y determinante de la filosofía marxista, significa la negación sustancial e irrevocable de todos los viejos sistemas filosóficos, que eran opuestos a las ciencias empíricas, “limitadas” y siempre imperfectas, como sistemas del saber absoluto, que deducían por vía lógica todos los problemas científicos y su única solución teórica supuestamente posible. La inconsistencia científica de tal género de sistemas fue puesta plenamente de relieve por los fundadores del marxismo. Engels escribe: “Después de Hegel, la sistemática es imposible. Resulta claro que el mundo constituye un solo sistema, un todo coherente, pero el conocimiento de este sistema supone el conocimiento previo de toda la naturaleza y la historia, y esto nunca lo alcanzarán los hombres. Por tanto, quien hace sistemas tiene que llenar las innumerables lagunas con su propia inventiva, esto es, fantasear irracionalmente, ideologizar.”93 Pero a la vez que rechazaban la visión metafísica del sistema, los fundadores del marxismo elaboraron la concepción materialista dialéctica del mundo como teoría sistemática, como doctrina filosófico-científica de las leyes más generales de desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, de la que es punto de partida el reconocimiento de que “el mundo constituye un solo sistema, un todo coherente”. Y la filosofía del marxismo, por cuanto está llamada a reflejar el mundo como un solo sistema, un todo coherente, es necesariamente el sistema de los conceptos más generales, vinculados orgánicamente entre sí y que en sus relaciones recíprocas reflejan la unidad material del mundo, con existencia objetiva, y las leyes de su desarrollo. Toda ciencia es un sistema de conceptos que reflejan la realidad objetiva. La filosofía se diferencia de las otras ciencias, en particular, por la circunstancia de que trata de los conceptos más generales, de categorías. Pero en la filosofía, como en cualquier ciencia auténtica, el sistema de conceptos no es tampoco algo inmutable y dado de una vez para siempre, que no está sujeto al ulterior avance. También aquí se revela la unidad de la filosofía marxista con todas las ciencias: Esto significa que el materialismo dialéctico e histórico es un sistema filosófico vivo, sujeto a fecundo desarrollo. [272]

Marx y Engels acabaron con la oposición de la ontología, la lógica y la gnoseología, que era un rasgo característico de la filosofía anterior. Desde el punto de vista de los fundadores del marxismo, el materialismo dialéctico constituye la unidad de la dialéctica, la lógica y la teoría del conocimiento. Esto significa que el conocimiento filosófico de la realidad objetiva y su reflejo son, en esencia, un proceso único de síntesis teórica de la historia del conocimiento y de la actividad práctica, material, de la humanidad entera. La unidad de la dialéctica y el materialismo y, relacionada con ella, la unidad de la dialéctica, la lógica y la teoría del conocimiento, se manifiestan necesariamente en la filosofía del marxismo también como unidad del método y la teoría. Ll materialismo dialéctico de Marx y Engels no puede ser reducido sólo al método o sólo a la teoría, como de ordinario lo presentan los “críticos” burgueses del marxismo en sus intentos de exponer la filosofía del marxismo ya a la manera de la doctrina positivista del conocimiento, ya como una restauración de los viejos sistemas metafísicos enfrentados a las ciencias positivas. Según el punto de vista del materialismo dialéctico, carece de contenido y no es científico el método que no es la teoría más general de los procesos sometidos a estudio. Pero igualmente carece de consistencia la teoría que no muestra las vías de la investigación ulterior; tal teoría no es un guía para la acción, sino un dogma.

En su labor de creación del materialismo histórico –sin el que es imposible la concepción científica de la sociedad en su conjunto y del proceso del conocimiento– los fundadores del marxismo combatieron por igual la concepción naturalista de la vida social y la contraposición de la sociedad y la naturaleza, que conduce inevitablemente al misticismo. La producción material es, según la doctrina del materialismo histórico, la unidad real, que se desarrolla históricamente, de la sociedad y la naturaleza, la fuerza motriz primera y determinante del desarrollo social en todas sus esferas.

A Marx y Engels corresponde el imperecedero mérito histórico de haber descubierto las leyes más generales del proceso histórico-social. Sólo gracias al materialismo histórico, por ellos creado, se hizo posible la concepción científica del desarrollo histórico de la filosofía y demás formas de la conciencia social, como son la moral, el arte, la religión, etc.

Los fundadores del marxismo aplicaron el materialismo dialéctico e histórico a la investigación crítica del desarrollo de la moral, el arte y la religión, y a la crítica de las concepciones idealistas en este terreno. La solución materialista del problema de la relación entre la conciencia social y el ser social les permitió sentar las bases de la ética y la estética científicas y dar fundamento teórico al ateísmo proletario, que guarda nexos irrompibles con toda la concepción materialista dialéctica del mundo.

Marx y Engels, que llevaron a cabo una gran transformación revolucionaria en el campo de la filosofía, eran adversarios decididos de la negación nihilista de la filosofía de épocas anteriores. Consideraban el desarrollo de la filosofía como un proceso objetivo históricamente condicionado de conocimiento, que conduce necesariamente a la concepción materialista dialéctica del mundo. Los fundadores del marxismo demostraron [273] irrefutablemente que la lucha irreductible del materialismo y el idealismo es una ley de desarrollo de la filosofía.

El espíritu de partido franco, abierto y militante es el rasgo principal de toda la doctrina filosófica que Marx y Engels erigieron. Los creadores del materialismo dialéctico e histórico enfrentaron siempre su sistema filosófico a las doctrinas idealistas y metafísicas, sin aceptar la menor desviación del materialismo y la dialéctica, y rechazando los intentos de combinarlos, sin principio alguno, con las concepciones idealistas y metafísicas. Al tiempo que revelaban la contradicción irreductible que hay entre el materialismo y el idealismo, examinaron con un criterio histórico. concreto las raíces de clase y gnoseológicas de esta contradicción, dando una base teórica al principio del espíritu de partido de la filosofía como principio genuinamente científico del conocimiento y de la actividad práctica del partido proletario.

Marx y Engels expusieron y enriquecieron su doctrina filosófica en el transcurso de toda su vida, haciendo una generalización teórica de la experiencia histórico-social, de la experiencia del movimiento obrero y de las grandes conquistas de las ciencias naturales. Los vínculos estrechos de la filosofía del marxismo con la práctica revolucionaria y su gran fuerza transformadora –puesta de relieve en la lucha de clase del proletariado– han demostrado claramente la diferencia cualitativa que separa al materialismo dialéctico e histórico de todas las doctrinas precedentes, sin exceptuar a las progresistas. Marx y Engels subrayaron en repetidas ocasiones que su filosofía no es algo absolutamente acabado, una doctrina que no necesitase de ulterior desarrollo. Nuestra doctrina, decían los grandes maestros de la clase obrera, no es un dogma, sino un guía para la acción. Esta trascendental indicación de los fundadores del marxismo, además de definir profundamente la esencia de la transformación revolucionaria que ellos llevaron a cabo en la ciencia, nos muestra la necesidad objetiva de seguir desarrollando con un espíritu creador el materialismo dialéctico e histórico, necesidad que, en una nueva época histórica, fue cumplida por el más grande de los continuadores de la obra de Marx y Engels: por V. I. Lenin. [274]




{79} C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 7, Moscú, 1956, pág. 211.

{80} Cita tomada de: F. Engels, Ludwig Feuerbach. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. esp. cit., t. II, pag. 353.

{81} F. Engels, La guerra de los campesinos en Alemania. C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. 7, pág. 360.

{82} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 384.

{83} C. Marx y F. Engels, La ideología alemana, ed. esp. cit., pág. 30.

{84} C. Marx, Contribución a la historia del cristianismo primitivo. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XVI, parte II, Moscú, 1936, pág. 429.

{85} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 386.

{86} Engels continúa aquí el pensamiento. antes expuesto, de que, desde tiempos antiguos, el burgués inglés se había atribuido el título de “superior natural” de sus obreros.

{87} F. Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico. Prólogo a la edición inglesa. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, t. II, ed. esp. cit., pág. 97.

{88} C. Marx, El comunismo de “Rheinischer Beobachter”. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 4, págs. 204-205.

{89} C. Marx y F. Engels, Circular contra Kriege. Obras completas, ed. rusa, t. 4, pág. 11.

{90} C. Marx, Crítica del programa de Gotha. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, ed. esp. cit., t. II, pág. 28.

{91} V. I. Lenin, El partido obrero y la religión. Obras completas, t. 15, págs. 373-374.

{92} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 386.

{93} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pág. 451.