Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo VI: 4

4. Los problemas filosóficos de las ciencias naturales en los trabajos de los investigadores ingleses durante la segunda mitad del siglo XIX.

El acontecimiento más trascendental dentro de las ciencias naturales a mediados del siglo XIX fue el descubrimiento de Charles Darwin; su teoría de la evolución en la biología tuvo una gran importancia filosófica.38

Toda la biología se desarrolla posteriormente bajo el signo de la teoría de la evolución. A la elaboración y fundamentación de esta última contribuyó en alto grado otro naturalista inglés, Alfred Wallace (1823-1913). Descubrió al mismo tiempo que Darwin la ley de la selección natural, pero reconoció paladinamente la prioridad de este último en tal descubrimiento y desde un principio fue uno de sus más próximos colaboradores.

Wallace es autor de muchos estudios sobre problemas de biogeografía, ciencia de la cual fue uno de los fundadores, y sobre el mimetismo de los animales y las plantas. Sus obras abundan en datos que vienen a confirmar la idea del desarrollo en biología; ofrecen en este sentido particular interés dos de sus libros: La selección natural (1870) y El darvinismo (1889), en los cuales queda expuesta la concepción del mundo de Wallace.

Este admite la selección natural exclusivamente como consecuencia de la superpoblación, pero la niega por la gran capacidad de los organismos para adaptarse a las circunstancias cambiantes. Á una idea tan estrecha de la selección natural va unida su categórica negación de uno de los principios básicos de la teoría darvinista de desarrollo de la naturaleza viva: el principio de la herencia de los caracteres adquiridos.

Una radical divergencia entre las concepciones de Darwin y Wallace se advierte también en la solución que cada uno de ellos da al problema de la antropogénesis. Darwin, como ya sabemos, atribuía el origen y desarrollo del hombre a causas naturales, es decir, le daba una explicación materialista. Wallace, en cambio, afirmaba erróneamente que en el origen y desarrollo del hombre el papel determinante corresponde a cierto “ser intelectual superior” que lo dirigió hacia un determinado fin, de la misma manera exactamente a como el hombre dirige el desarrollo de muchas formas animales y vegetales. Así, pues, a diferencia de Darwin, que daba una explicación materialista a la adecuación a fines dentro de la naturaleza viva, sin hacer excepción del hombre como especie biológica particular, Wallace, al explicar los fenómenos de la antropogénesis, cae en una superficial teleología.

Wallace enunció la teoría, puramente especulativa, de los “estadios del progreso”, según la cual la naturaleza viva ha recorrido en su evolución tres estadios por lo menos; en cada uno de ellos entró en acción una fuerza nueva. El primero fue la transformación de la sustancia inorgánica en orgánica; el segundo, la manifestación de la sensibilidad, y el tercero, la aparición de las facultades espirituales del hombre. Estos [387] tres estadios del progreso, que va desde la materia inorgánica hasta el hombre, indican claramente, según palabras de Wallace, la existencia de un mundo invisible, del mundo del espíritu, al cual se encuentra subordinado el mundo material.

En sus años mozos, Wallace cobró afición por el espiritismo. Era ya un sabio conocido cuando, en 1875, publicó Los milagros y el espiritismo moderno. Al criticar los entusiasmos espiritistas de Wallace, Engels señalaba la relación que tenían con la limitación de un enfoque estrechamente empirista de los fenómenos de la naturaleza.

El desprecio empirista por la dialéctica y, en general, por todo pensamiento teórico, dice Engels, trae como castigo que algunos de los empíricos más sensatos caigan víctimas de la más absurda de todas las supersticiones: del espiritismo moderno. La simple experiencia es incapaz de acabar con el espiritismo.

Entre los grandes científicos que defendieron y ampliaron fecundamente la teoría materialista del desarrollo de la naturaleza viva se encuentra el eminente biólogo inglés Thomas Henry Huxley (1825-1895), uno de los más íntimos amigos y compañeros de Darwin. Frecuentemente hablaba ante los obreros ingleses para explicarles las ideas de Darwin, y esto le granjeó entre ellos una gran popularidad. Huxley hizo mucho para fundamentar la doctrina de la evolución de Darwin con datos de la zoología, la anatomía comparada y la paleontología, campos en los que realizó importantes investigaciones.

Por sus concepciones filosóficas, Huxley era un agnóstico a la manera de Hume y Spencer; al propio tiempo, en las ciencias naturales profesaba el materialismo. Es quien introdujo en la filosofía el término de “agnóstico”. “... El inglés Huxley, discípulo de Hume, creador de la expresión exacta y justa de “agnosticismo”,39 dice de él V. I. Lenin.

Lo mismo que todos los agnósticos adeptos de Hume, Huxley no iba más allá del análisis de las sensaciones y manifestaba que es imposible saber nada fidedigno de su naturaleza o del original de que proceden. F. Engels y V. I. Lenin calificaban a los agnósticos tipo Huxley de “materialistas vergonzantes”, y esto, en el caso de Huxley, expresa muy bien la naturaleza de sus opiniones filosóficas. Por una parte, afirma, por ejemplo, que el progreso de la ciencia “significó en todo tiempo y significa hoy más que nunca la extensión del dominio de lo que llamamos materia y causalidad, y la correspondiente desaparición gradual de lo que llamamos espíritu y espontaneidad, de todos los dominios del pensamiento humano”. Y más adelante: “... Desde el punto de vista del progreso de la ciencia, es preferible en todos los sentidos la terminología matemática, pues relaciona el pensamiento con los demás fenómenos del universo... mientras que la terminología contraria o espiritualista carece en extremo de contenido (utterly barren) y no conduce a nada más que a la oscuridad y a la confusión... Por lo tanto, pocas dudas pueden caber de que cuanto más avance la ciencia, con tanta mayor extensión y tanto más consecuentemente serán representados por fórmulas o símbolos materialistas todos los fenómenos de la naturaleza”. Por otra parte, Huxley [388] escribía: “Si me viese obligado a elegir entre el materialismo absoluto y el idealismo absoluto, forzoso me sería optar por este último”... “La única cosa que conocemos con certeza es la existencia del mundo espiritual.”40

Refiriéndose a las concepciones filosóficas del biólogo inglés, V. I. Lenin señalaba que los idealistas, los espiritualistas, hacían sistemáticamente la guerra contra T. Huxley “no porque fuese un materialista poco definido y resuelto, como le reprochaba Engels, sino porque bajo su agnosticismo se ocultaba en esencia el materialismo”.41

El hecho de que Huxley fuese en última instancia materialista, aunque “vergonzante”, encontró reflejo en su encarnizada lucha contra los reaccionarios y oscurantistas de todo género que atacaban la doctrina de Darwin. En particular, en una controversia pública, puso profundamente de relieve y desenmascaró la ignorancia y el oscurantismo del obispo Wilberforce, jefe de los antidarvinistas ingleses en aquel entonces.

Engels habla de Huxley como de un sabio que, contrariamente a Wallace y sus partidarios, mantenía una actitud muy crítica hacia el espiritismo. Cuando la Dialectical Society de Londres invitó a Huxley a incorporarse a una comisión dedicada al estudio del espiritismo, él declinó la oferta. burlándose del espiritismo y de sus adeptos. Engels escribía a este respecto que la experiencia se veía obligada a oponer a la obstinación de lo: visionarios no experimentos empíricos, sino razonamientos teóricos, y a decir con Huxley: “Lo único bueno que, a mi juicio, podría ponerse de manifiesto, al demostrar la verdad del espiritualismo, sería el suministrar un nuevo argumento en contra del suicidio. ¡Antes vivir como un barrendero que decir necedades desde el reino de los muertos por boca de un médium que se alquila a razón de veinte chelines por sesión!”42

La línea materialista en física se encuentra representada con especial vigor en los trabajos de Faraday y sus discípulos.

Miguel Faraday (1791-1867), el gran físico materialista inglés, sentó los cimientos de la doctrina general del electromagnetismo. En sus investigaciones se guiaba por la idea dialéctica de la unidad y la concatenación universal de las “fuerzas” y los fenómenos de la naturaleza. Sus fundamentales trabajos sobre el electromagnetismo, continuados más tarde por Maxwell, Lorentz, Hertz, Stollétov, Lébediev y otros físicos, contribuyeron al triunío de las ideas materialistas en las ciencias naturales. Los fenómenos más importantes del electromagnetismo habían sido descubiertos antes de Faraday, pero éste propuso un nuevo enfoque de los mismos. Muestra el carácter común de todas las electricidades conocidas hasta entonces y se plantea la tarea de convertir el magnetismo en electricidad, o, en otras palabras, “obtener electricidad con ayuda del magnetismo común y ordinario”.43 Lleva a cabo brillantemente su propósito y descubre [389] la inducción electromagnética, con lo que sienta el comienzo de la teoría electromagnética actual. Toda la energética contemporánea, que ha producido una revolución en la técnica, descansa en los descubrimientos de Faraday: él construyó el primer motor eléctrico, la primera dinamo y el primer transformador.

El convencimiento profundo de la unidad de las “fuerzas” de la naturaleza guió a Faraday en su busca de vínculos entre el magnetismo y la electricidad, la energía calórica, la acción química y la luz y la cristalización, y, a través de esta última, con las fuerzas de cohesión.

Faraday consiguió “imantar la luz”, es decir, descubrir el giro del plano de polarización del rayo luminoso bajo la acción del campo magnético. Este descubrimiento era una sólida prueba experimental en favor de la teoría electromagnética de la luz creada posteriormente por Maxwell. Si Faraday no logró investigar directamente la acción del campo magnético sobre la radiación, se debió sólo a la falta de precisión del material que empleaba en sus experimentos. Esto pudo realizarlo más tarde, en 1896, el físico holandés P. Zeeman, quien registró el cambio de la longitud de onda de la raya del espectro bajo la acción del campo magnético. El fenómeno de Zeeman ha tenido gran importancia para los avances de la actual física atómica, sirviendo como prueba de la existencia real de los electrones y de la compleja estructura de los átomos. Faraday trató también de descubrir experimentalmente la relación entre la fuerza de la gravedad y la electricidad. Sólo la física moderna ha llevado a cabo esta previsión de Faraday, al descubrir la desviación gravitacional del rayo luminoso, hecho de gran importancia para la teoría general de la relatividad. Todo esto nos prueba la profunda clarividencia y la fuerza del método científico que él empleaba.

La concepción de la unidad de las distintas “fuerzas” de la naturaleza condujo a Faraday a la idea materialista de la conservación y transformación de estas “fuerzas”.

Faraday amplía y profundiza con sus investigaciones la idea de un medio material universal que llena el espacio cósmico. Como partidario que era de la acción próxima –doctrina materialista según la cual la interacción obra entre los cuerpos a través de un medio material–, expone la noción de las líneas físicas de fuerzas, que. él considera no estática, sino dinámicamente. Aunque en su tiempo, dice, es imposible descubrir con más detalle los procesos que transcurren en el medio y que nosotros percibimos como electromagnéticos, ópticos y gravitatorios, está convencido de su unidad.

Como físico materialista, cuya labor científica transformó las ideas hasta él existentes sobre los fenómenos electromagnéticos, Faraday contribuyó a superar el mecanicismo en la ciencia.

Ciertos continuadores de la obra científica de Faraday lo consideran adversario de la atomística. Pero si bien él dice que mira “con cierto recelo” el “término átomo”,44 la esencia de sus concepciones no tienden a negar la estructura atómica de la materia, sino a una concepción más [390] profunda de los principios del atomismo. Cuando se resiste a aceptar el término de “átomo”, lo que en realidad hace es combatir la idea metafísica de la indivisibilidad absoluta de los átomos, y expresa su convencimiento de que las partículas discretas de la materia son complejas; se opone a la interpretación puramente mecanicista del atomismo. “... Un número enorme de hechos –escribía– nos induce a pensar que los átomos de la materia están dotados, de cierta manera, de fuerzas eléctricas o se hallan relacionados con éstas, y a ellas deben sus cualidades más notables, comprendida la afinidad química que entre sí presentan.”45 Refiriéndonos al alcance de las investigaciones científicas de Faraday para los avances de la atomística, hay que señalar también que las leyes de la electrólisis, por él descubiertas, condujeron directamente a la conclusión del carácter discreto de la carga eléctrica. Esta conclusión de las leyes de Faraday fue extraída posteriormente por Maxwell, Arrhenius y Hemholtz.

Los méritos principales del gran físico inglés en la lucha por el materialismo y la superación de las ideas metafísicas en las ciencias naturales del siglo XIX consisten en el mantenimiento de la idea de la unidad de las “fuerzas” de la naturaleza a través de todas sus investigaciones, en la elaboración del principio de la acción próxima y en la profundización de la atomística.

Un gran papel en la defensa y desarrollo de las tradiciones materialistas dentro de las ciencias naturales desempeñó también James Clark Maxwell (1831-1879), eminente físico inglés, creador de la teoría del campo electromagnético y continuador de las ideas de Faraday: Subrayando los estrechos vínculos de sus investigaciones con los trabajos de este último, Maxwell escribía: “El único propósito que me mueve es el de mostrar cómo con la aplicación directa de las ideas y los métodos de Faraday se pueden poner en claro, mejor que de ninguna otra manera, las relaciones recíprocas de las distintas clases de fenómenos por él descubiertos.”46

Partiendo de la idea materialista de la acción próxima, Maxwell amplía y profundiza la idea del medio material intermedio, la presencia del cual explica las interacciones electromagnéticas. Generaliza las ideas de Faraday y nos da la forma de una teoría matemática consecuentemente desarrollada. Según Maxwell, el campo magnético lo crea no sólo el movimiento de las cargas, sino también cualquier cambio del campo eléctrico en el tiempo. Dedujo las ecuaciones de la electrodinámica que llevan su nombre, las cuales expresan matemáticamente las leyes fundamentales del campo electromagnético. En ellas se refleja la relación entre el cambio de la tensión eléctrica y magnética del campo en uno u otro medio material y la distribución y el movimiento de las cargas en ese campo.

En la construcción de su teoría, Maxwell atribuyó singular importancia al método de las analogías, valiéndose para esto de modelos hidrodinámicos referentes a la estructura y la dinámica del éter como medio que [391] transmite las interacciones electromagnéticas. Partía de la unidad de la naturaleza, de su materialidad. La aplicación y elaboración de este método por Maxwell es un persuasivo ejemplo de la dialéctica del conocimiento, que refleja la dialéctica objetiva de la naturaleza.

La teoría electromagnética de Maxwell venía a confirmar las ideas de Faraday sobre la relación profunda que existe entre los fenómenos electromagnéticos y los luminosos. Apoyándose en datos experimentales y ampliando la idea de la relación entre los fenómenos eléctricos y luminosos, Maxwell creó la teoría electromagnética de la luz. La óptica y la electrodinámica pasaron a constituir un capítulo único de la física, y el amplio círculo de los fenómenos ópticos encontró explicación en las leyes de la teoría electromagnética. Posteriormente, con los nuevos avances de la física, la unidad de los fenómenos electromagnéticos y ópticos se hizo más profunda y amplia.

La teoría de Maxwell se vio confirmada y ensanchó sus límites con los trabajos de físicos tales como el alemán H. Hertz, el holandés H. A. Lorentz, los rusos A. Stoliétov, A. Popov y P. Lébediev, y otros. De la teoría electromagnética de Maxwell se desprendía, en particular, la presión de la luz. Las investigaciones clásicas del eminente físico ruso P. Lébediev sobre la presión luminosa eran, a la par que los experimentos de H. Hertz, una brillante confirmación de la teoría de Maxwell. Proporcionaban una importante prueba experimental de que el campo electromagnético es uno de los tipos físicos de materia.

A la vez que ampliaba y profundizaba la doctrina del medio continuo, que transmite las acciones mutuas electromagnéticas, Maxwell contribuyó enormemente a la creación y profundización de la atomística, en la cual se expresaba una de las manifestaciones concretas del materialismo dentro de las ciencias naturales. Aunque sin superar todavía la limitación de la vieja atomística, que consideraba los átomos como partículas del universo absolutamente simples e indivisibles, es precisamente Maxwell quien llega a la conclusión del carácter discreto de las descargas eléctricas y quien relaciona directamente esta idea de la discreción con las leyes de la electrólisis descubiertas por Faraday. Entregado al estudio de los problemas de la teoría cinética de la materia, estableció la ley de distribución de velocidades de las moléculas, la ley estática que se refiere al movimiento de un gran número de partículas. Con ello contribuía a ahondar en el concepto del determinismo dentro de la física, fijando la atención no sólo en la ley dinámica, sino también en la estática como tipo especial de leyes. También pertenece a Maxwell el estudio matemático de la estabilidad de los anillos de Saturno. Su demostración puramente teórica de que dichos anillos no son una masa continua, sino que en realidad se componen de un enjambre de meteoritos, era una prueba de la potencia cognoscitiva de la razón, capaz de penetrar más allá de los límites a donde alcanza la simple visión humana.

Maxwell estaba convencido de la objetividad de las leyes de la naturaleza. Con sus investigaciones en el campo del electromagnetismo amplió las ideas de Faraday acerca de la profunda concatenación de las distintas “fuerzas” de la naturaleza y del importante papel del medio material en los procesos electromagnéticos. La teoría electromagnética de Faraday [392] Maxwell preparaba el terreno para que la física rebasase el marco del mecanicismo y se aproximase a la “novísima revolución en las ciencias naturales”, que se produjo a fines del siglo XIX y comienzos del XX.

Las investigaciones espectroscópicas de los hombres de ciencia ingleses contribuyeron en alto grado a refutar el agnosticismo y las ideas de Hume, que tan en boga estaban entonces en Inglaterra. A comienzos de los años 60 del siglo XIX, es decir, poco después del descubrimiento del análisis espectral por Bunsen y Kirchhofí en Alemania, el químico y físico inglés William Crookes (1832-1919) encontraba, con ayuda del espectroscopio, un nuevo elemento químico, el talio. A fines de esa misma década, por igual procedimiento, el astrofísico inglés J. Lockyer descubrió en el espectro del Sol las rayas de un elemento desconocido, al que dio el nombre de “helio”. Sus investigaciones y descubrimientos los relacionaba Lockyer con la idea mecanicista de la protomateria, enunciada ya a principios del siglo XIX, que se había extendido en la ciencia gracias a la hipótesis del médico inglés Prout. Un cuarto de siglo más tarde el helio era descubierto en la Tierra por el eminente químico materialista inglés William Ramsay. El método principal a que se recurrió para demostrar que el elemento descubierto por Ramsay era realmente el helio fue también el del análisis espectral. La identidad del helio terráqueo y el solar quedó establecida por W. Crookes. De este modo se hacía patente el poder de los métodos del conocimiento científico, que permitían descubrir un elemento nuevo primero en el Sol, y luego confirmar su existencia real al encontrarlo entre los cuerpos de la Tierra.

Crookes realizó investigaciones sobre los rayos catódicos, que se observan en los gases muy enrarecidos –en el tubo de Crookes– y son un flujo de electrones, como lo demostró en los años 90 el físico inglés J. J. Thomson. Por otra parte, el estudio de la luminiscencia catódica, descubierta por Crookes (iluminación del vidrio sobre el que inciden los rayos catódicos), condujo a Roentgen, en 1895, al descubrimiento de unos rayos nuevos que llevan su nombre. Así, pues, las investigaciones de Crookes prepararon directamente dos trascendentales descubrimientos, que originaron en las postrimerías del siglo XIX una nueva revolución dentro de la física.

Crookes era partidario del “darvinismo inorgánico”, es decir, sostenía la idea del desarrollo de los elementos químicos, que están muy lejos de ser eternos y que experimentan cambios tan profundos como las especies biológicas. A mediados de los años 80 publicó un trabajo que llevaba por título El origen de los elementos químicos (por analogía con El origen de las especies, de Darwin). En esta obra expone Crookes la idea, profundamente dialéctica, de que el sistema periódico de los elementos de Mendeleev refleja todo el proceso de desarrollo de la materia, siendo cada una de sus casillas (o más exactamente, el elemento situado en cada casilla) una fase determinada de ese consecutivo desarrollo. Así, pues, mucho antes de descubrirse la radiactividad y la transformación de los elementos, Crookes aplicó la idea del desarrollo a los elementos químicos y vio con toda la razón en la ley periódica de Mendeleev la ley fundamental del desarrollo de la materia dentro de la naturaleza inorgánica.

A semejanza de Wallace, Crookes se aficionó al espiritismo, del que cayó víctima. Con ayuda de aparatos físicos muy precisos, en la construcción de los cuales se distinguía, trató de demostrar la “materialización” de los espíritus y otros absurdos por el estilo. Engels observa irónicamente acerca del empleo que Crookes hacía de pesos de muelle, de baterías eléctricas y otros aparatos físicos y mecánicos para el estudio de los fenómenos espiritistas: “... Veremos si contaba, además, para estos experimentos con el aparato más importante de todos, que es una cabeza escéptica y crítica y si supo conservarlo hasta el final, en estado de funcionamiento. Desde luego, podemos asegurar que el señor Crookes ha dado pruebas de hallarse prisionero de las mismas engañosas ilusiones que el señor Wallace.”47




{38} La significación filosófica del descubrimiento de Darwin ha sido examinada en el tomo IÍ de nuestra HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. Los juicios que de él emitieron los clásicos del marxismo se recogen en los capítulos I y III del presente tomo.

{39} V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, ed. cit., pág. 24.

{40} Cita tomada de V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, ed. cit., páginas 226-227.

{41} Ibídem, pág. 91.

{42} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, trad. esp. de W. Roces, Ed. Grijalbo, México. D. F., 1961, pág. 40.

{43} M. Faraday, Investigaciones experimentales sobre electricidad, trad. rusa, t. I, 1947, pág. 12.

{44} M. Faraday, Investigaciones experimentales sobre electricidad, ed. cit., t. I, pág. 344.

{45} M. Faraday, Investigaciones experimentales sobre electricidad, ed. cit., t. I. ág. 335.

{46} J. C. Maxwell, Obras escogidas sobre la teoría del campo electromagnético, Moscú, 1954, pág. 15.

{47} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, ed. esp. cit., pág. 35.