Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo VIII: 3
3. Difusión de la filosofía marxista en Italia a fines del siglo XIX. Antonio Labriola.
El período inicial de la propagación del marxismo en Italia corresponde a los años 90 del siglo XIX. El primer propagandista italiano de las ideas marxistas fue Antonio Labriola (1843-1904), al que P. Togliatti caracteriza como un “gran pensador”22 a quien pertenecen las primeras investigaciones importantes en el campo del materialismo histórico y de la teoría marxista dentro de Italia.
A. Labriola experimentó en su juventud la poderosa influencia de los hegelianos de Nápoles, en especial de los hermanos B. y S. Spaventa. En las postrimerías de los años 70 era un socialista utópico. Sus concepciones filosóficas y político-sociales evolucionaron del hegelianismo al marxismo y del socialismo utópico al socialismo científico.
Las obras más importantes de A. Labriola antes de adoptar las posiciones del marxismo son: Contra la vuelta a Kant proclamada por E. Zeller (1862, primera edición de 1906), De la libertad moral, Moral y religión (1873), además de sus lecciones, Problemas de filosofía de la historia (1887), Sobre el socialismo (1889) y otras.
Labriola adoptó las ideas marxistas hacia 1890. En diciembre de 1893, en una carta a Sorge, F. Engels lo califica como un “riguroso seguidor de Marx”.23
En 1895 vio la luz En memoria del Manifiesto del Partido Comunista, de A. Labriola, y la primera parte de sus Ensayos sobre la concepción materialista de la historia; en 1896 apareció la segunda parte de los Ensayos, el principal de los trabajos de Labriola, cuyo título es Del materialismo histórico. V. I. Lenin, que leyó esta obra en 1897, dijo de ella que era “un excelente libro”.24
En 1897 fue publicada la tercera parte de los Ensayos sobre la concepción materialista de la historia (Socialismo y filosofía), traducidas al ruso con el título de El materialismo histórico y la filosofía. En los últimos años de su vida trabajó en la cuarta parte, de la que llegó a terminar los cinco primeros capítulos.25 [464]
A. Labriola dedicó también a la propaganda del marxismo y a la lucha contra los revisionistas y los “críticos” del marxismo un buen número de artículos, conferencias, cartas y otros trabajos. Figuran entre ellos artículos contra Bernstein y Masaryk, fragmentos de sus lecciones sobre Historia, filosofía de la historia, sociología y materialismo histórico, etc.
Durante bastantes años, contrariamente a lo que de ordinario se afirma, Labriola tomó parte activa en el movimiento obrero.
Su posición frente al Partido Socialista Italiano no siempre ni en todos sus aspectos era justa. No obstante, algunas de sus ideas sobre cuestiones de la política, la táctica y los principios de organización del partido ofrecen señalado interés. Defendió la transformación del partido en una fuerza revolucionaria avanzada y bien organizada del movimiento obrero italiano y se manifestó contra los reformistas, “que escapan de la palabra revolución como de la peste”,26 y “hacen cuanto pueden para no parecer revolucionarios”.27 Criticó el anarquismo y la prosternación ante el carácter espontáneo del movimiento obrero. Esperar la insurrección espontánea, no organizada, escribió en 1894, “equivaldría a abandonar toda idea. de dirección de las fuerzas proletarias y a renunciar al principio de la lucha política, lo que, en otras palabras, significa negar las vías y los medios de la revolución proletaria.”28
Las inquietudes teóricas de A. Labriola se centraban principalmente en los problemas del materialismo histórico y de la teoría del socialismo científico. En sus trabajos sobre estos temas sólo muy de pasada se refiere a las cuestiones gnoseológicas y del método. No obstante, aun lo poco que escribió acerca de ello nos permite formarnos una idea de sus concepciones en esta esfera.
Según Labriola, la filosofía sobre la que el marxismo se asienta es inseparable de sus otras partes, aunque, dice, muchos trataron de destruir esa unidad orgánica. El marxismo acabó con la filosofía en el viejo sentido de la palabra al rechazar su pretensión de colocarse por encima de la ciencia y de crear un sistema universal y absoluto; al mismo tiempo realizaba la unión de la ciencia y la filosofía, aunque esta última siempre poseerá sus caracteres específicos.
La filosofía, decía Labriola, es. en cierto sentido. la expresión suprema de la ciencia. Es bien una anticipación de los problemas que han de ser sometidos a un estudio científico especial, bien una síntesis sistematizada de los frutos alcanzados por la ciencia.
No siempre tenía Labriola una idea clara de lo que había de ser objeto de la filosofía marxista y de la suerte de ésta en el futuro. A veces tendía a concebir en forma limitada, gnoseológica, el objeto de la filosofía. A este respecto escribía a Engels: “Son justas en el más alto grado sus palabras de que la filosofía, como un todo que se basta a sí mismo, está condenada a la desaparición, a excepción de la lógica y la dialéctica (dicho de otro modo, de la doctrina de las formas del conocimiento). Es necesario [465], sin embargo, señalar dos cosas, no en contra, sino como complemento de sus afirmaciones.
1) Esto ocurre solamente cuando la ciencia alcanza un grado tal de madurez, que queda eliminada la investigación filosófica unilateral...
2) Bajo el nombre de lógica y dialéctica, naturalmente, se entiende todo el método especial de las distintas ciencias: es decir, el conocimiento formal del acto y del proceso de conocimiento y pensamiento en relación recíproca con la experiencia y la observación... La aparición del socialismo –prosigue Labriola– eliminó todas las causas que velaban en la: conciencia social del hombre la significación de la ciencia (o sea, del conocimiento), y por eso sabemos ahora qué era la filosofía, lo que no debe volver a ser y a qué modesto marco ha de circunscribirse en adelante.”29
Al exponer la concepción materialista de la historia nos da Labriola la interpretación materialista del problema filosófico fundamental, así como de otras cuestiones cardinales de la filosofía. “Consideramos irrefutable –escribe– el principio de que no son las formas de la conciencia lo que: determina la existencia humana, sino, al contrario, es el ser lo que determina las formas de la conciencia.”30 En otra obra suya dice: “El materialismo histórico, como filosofía que es de las relaciones reales-de los hombres y las cosas, hiere el corazón mismo de la filosofía del idealismo, según la cual el mundo con existencia empírica no es sino el reflejo, la reproducción, el resultado de una u otra idea.”31
En su conocido artículo Sobre la concepción materialista de la historia, que es una recensión de la segunda parte de los Ensayos de Labriola, Jorge V. Plejánov lo caracteriza como un materialista consecuente.32
Aunque sin analizar especialmente los problemas de la dialéctica materialista, Labriola estimaba acertadamente que es necesario dominar el método dialéctico para poder penetrar en la esencia del materialismo histórico. Uno de los postulados concretos del método dialéctico, sostiene, es el de que hay que examinar el objeto en su movimiento y desarrollo, siguiendo cómo se van desenvolviendo gradualmente las relaciones reales de las cosas. A diferencia de la metafísica, del positivismo y del evolucionismo vulgar, dice, la dialéctica no se limita a registrar simplemente el cambio. de: unos fenómenos por otros, sino que exige la comprensión de sus nexos recíprocos, el análisis de las formas de desarrollo del mundo real, que encuentra su reflejo en el desarrollo del pensamiento.
En la primera mitad de los años 90, empero, Labriola siente: dudas acerca de la conveniencia de emplear los términos de “dialéctica” y “método dialéctico”, que él propone sustituir por “método genérico”. Sus consideraciones a este respecto las dio a conocer a Engels. “Usted emplea como opuestos –le escribe– los términos de método dialéctico y metafísico. Para decir lo mismo, aquí, en Italia, yo he de hablar de método genético en vez de dialéctico. La palabra dialéctica ha sido reducida en el uso corriente [466] al arte de la retórica y la abogacía, ha degenerado en una Scheinbeweistkunst.33 Aquí no se sabe ya nada de la tradición hegeliana.” Y continúa: “Se me figura que la denominación de concepción genética es más clara; y, naturalmente, es más universal, por cuanto abarca tanto el contenido real de las cosas que se encuentran en proceso de formación como la capacidad lógico-formal para comprenderlas como algo que se forma. Con la palabra dialéctica se comprende sólo el aspecto formal (que para Hegel, como ideólogo, lo era todo). Y diciendo concepción genética, lo mismo el darvinismo que la concepción materialista de la historia y cual: quier otra interpretación de las cosas que se encuentran en proceso de formación, adquieren forma y ocupan su lugar.”34
En su respuesta, Engels criticaba el punto de vista de Labriola.35 La influencia de esta crítica se dejó sentir en los trabajos ulteriores del marxista italiano. Así, por ejemplo, en sus ensayos sobre Socialismo y filosofía dice que muchas adulteraciones del marxismo se encubren con el término de método evolucionista o genético, que conduce a una confusión de ideas.
Labriola toca diversos problemas filosóficos en la crítica a que somete el hegelianismo, el neokantismo, el positivismo, la teoría de los factores, el darvinismo social y otras tendencias de la filosofía burguesa. Muestra particular virulencia contra el positivismo, circunstancia ésta que se explica por la influencia preponderante que dicha doctrina tenía a fines del siglo XIX en la ideología y la cultura burguesas de Italia. Los positivistas eran para Labriola “los adversarios más acérrimos” de la filosofía del marxismo. Del positivismo en general y de los últimos brotes del positivismo italiano en particular habló siempre con el mayor desprecio.
Según Labriola, el positivismo se había agotado como filosofía al poco tiempo de su aparición. Ironiza a cuenta de las pretensiones de Spencer de crear un sistema universal, a cuenta de su esquemática sociología, “impotente para explicar cualquier hecho histórico concreto”, y pone de relieve el sentido reaccionario de la filosofía del positivista inglés, “que juega con las categorías de lo homogéneo y lo heterogéneo, de lo unido y lo diferenciado, de lo cognoscible y lo incognoscible, ya como kantiano inconsciente, ya como una caricatura de Hegel...”36
En el sistema de Spencer, dice Labriola, se trata no de la evolución real, sino de la sobrenatural. Su filosofía proviene del teísmo inglés del siglo XVIII y es un intento de superar las tradiciones materialistas que se remontan a Thomas Hobbes y a otros grandes materialistas del pasado. La doctrina de Spencer es un atentado contra la ciencia, un intento que la razón burguesa hace para salvar la fe en un mundo suprasensible.
A. Labriola fue un brillante propagandista y divulgador del materialismo histórico, y ahí reside su mérito principal en la historia del marxismo y del movimiento obrero.
La tarea fundamental de la concepción materialista de la historia consiste [467], tal como él la veía, en deducir el pensamiento social del confuso laberinto de ideas histórico-filosóficas anticientíficas y en revelar la verdadera naturaleza del desarrollo histórico. “Oponerse a este espejismo de las representaciones –escribe–, a estas deidades de la imaginación, a estos frutos del arte literario; oponerles los factores verdaderos y las fuerzas que actúan realmente es la tara y la meta científica de la teoría que examina objetivamente el proceso histórico de la humanidad.”37
De conformidad con el marxismo, Labriola caracteriza las fuerzas motrices fundamentales del desenvolvimiento de la sociedad. “El grado de desarrollo de las fuerzas productivas e instrumentos de trabajo y la correspondiente estructura económica de la sociedad, es decir, la forma de producción de los medios necesarios para la vida, determina abierta y directamente la actividad de los hombres agrupados en el proceso de producción, determina el cambio de esta actividad en el proceso de la historia, o sea la formación, el choque y la lucha de las clases, así como las correspondientes formas del derecho, la moral y las instituciones del Estado. La organización económica de la sociedad determina en última instancia la orientación del pensamiento en el arte, la religión y las distintas esferas del saber.”38
A la vez que demuestra el papel determinante de la economía en el desarrollo social y rechaza la teoría de los factores, Labriola se manifiesta reiteradamente contra la unilateral interpretación económica vulgar del proceso histórico. Pone en guardia contra el esquematismo e indica que sólo la incomprensión de la esencia del materialismo histórico puede conducir a la falsa idea de que la concepción materialista de la historia trata únicamente de revelar el “aspecto económico” y de que desprecia todo lo demás como un fárrago innecesario. La historia, dice Labriola, no es el simple esqueleto de las relaciones económicas; abarca también todo lo que cubre este esqueleto. No se trata de demostrar sólo lo que hay dentro del proceso social y colocar luego sobre ello a los hombres como marionetas, si bien es cierto que los hombres no son movidos por la providencia, sino por las categorías económicas. La base económica, según Labriola, no es un simple mecanismo del que directa y automáticamente se desprenden las formas políticas, las leyes, las ideas, las ideologías, etc. El proceso que da origen a los derivados de esta base es muy complejo, particularmente cuando se trata de esferas como el arte, la religión, la moral y otros semejantes. “Nuestra teoría –escribía– no aspira a reducir a categorías económicas todas las complejas manifestaciones de la vida histórica; lo único que quiere es explicar, en última instancia, todos los hechos históricos por la estructura económica de la sociedad.”39
Labriola expone y confirma con una serie de argumentos la teoría marxista de las clases y la lucha de clases. La existencia de clases sociales y sus relaciones mutuas no son fruto del azar o de la voluntad de nadie: [468] surgen históricamente, sobre la base de determinadas condiciones materiales de producción. En relación con la concepción marxista de la lucha de clases, ve en el Estado la organización del dominio de una u otra clase, y pone de manifiesto su origen y su desenvolvimiento histórico.
Gran atención prestó Labriola al estudio de las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad burguesa. La fase burguesa del desenvolvimiento social, decía, puede ser superada, y lo será. Sus leyes son relativas, por cuanto son características únicamente de unas condiciones históricas definidas; pero esta relatividad no excluye la necesidad. El marxismo demuestra la relatividad y, al mismo tiempo, la necesidad de dichas leyes, que desaparecerán con el cambio de la sociedad misma, y no bajo el influjo de deseos arbitrarios o de reformas parciales. Por muchas concesiones y reformas que el proletariado arranque a la burguesía con su lucha organizada, la explotación, que constituye la base del régimen social burgués, no puede ser destruida sin acabar con este régimen. Los problemas sociales únicamente pueden tener una solución radical cuando las formas sociales existentes sean rotas por el proletariado revolucionario.
Labriola planteó el problema de la dictadura del proletariado, aunque sin concederle la debida importancia. “... La dictadura del proletariado –escribe–, que se propone la socialización de los medios de producción, no puede ser llevada a cabo por la masa arrastrada por algunos individuos, sino que ha de ser y será obra del propio proletariado, que mediante un proceso interno y a consecuencia de una larga experiencia, se ha convertido en una organización política.”40
En los trabajos de Labriola se analiza con gran atención el origen y el papel histórico de las distintas formas de la ideología, de la moral, el derecho, etc. Al dilucidar la causa de que la ideología y las instituciones morales y jurídicas adquieran ante los ojos de los hombres la significación de factores del desarrollo histórico que se satisfacen a sí mismos o incluso de factores fundamentales, señala cómo, una vez surgidas, parecen algo separado por completo del terreno en que nacieron y actúan como imperativos, paradigmas, prescripciones divinas, encarnación de la razón universal, etc.
Labriola proclamaba la autonomía relativa y el papel activo de la ideología en el desarrollo social, de tal suerte que puede ya propiciarlo, ya Oponerse a él. Pero en sus manifestaciones contra la reducción, con un criterio vulgar, de la ideología a la economía, siempre subrayó el carácter secundario de la ideología. “La historia de las ideas –escribe– existe; ciertamente, pero no es un círculo vicioso de ideas que se explican por sí mismas. De lo que se trata es de remontarse en cada caso concreto de la cosa a la idea.”41
Las concepciones y la actividad de A. Labriola no se vieron exentas de ciertos errores y contradicciones ni aun después de haber ingresado en el campo del marxismo. El más grave de ellos fue, sin duda, el intento de justificar teóricamente la expansión colonial en general y las aspiraciones [469] expansionistas del imperialismo italiano (con relación a Tripolitania y otros lugares). Labriola estimaba que Italia no había de quedarse detrás de las otras grandes potencias en la lucha por las colonias. Esto, según él, coincidía con sus intereses nacionales, y los socialistas no han de ir contra los intereses nacionales de su país. Manifestóse contra los “prejuicios antiexpansionistas” de los socialistas italianos y apoyó en este problema al gobierno burgués frente al partido socialista.
Este serio error político y teórico de Labriola derivaba de sus equivocadas concepciones en la cuestión nacional. Plejánov, en su recensión de la segunda parte de los Ensayos de Labriola, criticó la equivocada interpretación que el autor daba al problema de las razas y de su papel en el desarrollo histórico.
Esta interpretación, esbozada nada más por Labriola en la segunda parte de los Ensayos, adquirió posteriormente una expresión más concreta. Según su punto de vista, las naciones se dividen en activas y pasivas: entre las últimas incluía a la mayoría de los pueblos del Extremo y Cercano Oriente. La conclusión era, pues, clara: las naciones “pasivas” son objeto natural de la colonización, que en conjunto es incluso útil para ellas y les lleva la renovación. Labriola no trató de analizar las causas sociales que habían conducido a los países del Cercano y el Extremo Oriente y de algunas otras zonas a un largo período de estancamiento y “pasividad”. Los acontecimientos del medio siglo transcurrido desde entonces prueban todo el error de tal concepción y el enorme caudal de ansias de liberación y de fecunda energía que poseen los pueblos de estas regiones del globo.
La insuficiente atención prestada a los problemas del materialismo dialéctico fue causa de ciertos errores y contradicciones de Labriola en algunas cuestiones de la teoría del conocimiento. Así, en su crítica del agnosticismo le hacía a veces concesiones. Algunas manifestaciones suyas prueban que se inclinaba a admitir la existencia de un campo inasequible al conocimiento humano, en el que el hombre, por principio, no puede ni debe tratar de entrar. Más aún, en ocasiones tendía en general a pensar que es imposible la naturaleza interna de las cosas. “El agnosticismo –escribía– tiene también un lado positivo: en fin de cuentas llega a la negación de la posibilidad de conocer la esencia interna de las cosas, las causas primarias de los fenómenos, es decir, a una: conclusión plenamente realista.”42
Hay que subrayar, sin embargo, que no son los errores lo determinante en la obra de Labriola. Sus mejores trabajos contribuyeron a la propagación del marxismo en Italia y en otros países.
A. Labriola fue el primer marxista italiano. En el campo ideológico casi no encontró en vida apoyo alguno dentro de su país. No obstante, carecen de base los intentos de los enemigos del marxismo, y en particular de B. Croce, de presentarlo como una figura eminente, pero aislada, en la historia de la cultura italiana, con la que “nació y murió en Italia el marxismo teórico”. La labor teórica de A. Labriola no se perdió inútilmente [470], fue el comienzo de un brillante desarrollo del pensamiento marxista italiano. El olvido en que cayó después de su muerte se prolongó poco más de diez años, después de lo cual sus ideas fueron recogidas y ampliadas por pensadores tan destacados como Antonio Gramsci, Palmiro Togliatti y otros teóricos del Partido Comunista Italiano, que partiendo de Labriola llegaron hasta Marx y Engels, hasta el leninismo.
{22} Véase la revista Rinascita, 1957, núm. 4, pág. 138.
{23} C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XXIX, Leningrado, 1946, pág. 276.
{24} V. I. Lenin, Perlas de la proyectomanía populista. Obras completas, trad. esp., Ed. Cartago, Buenos Aires, 1958, t. II, pág. 476.
{25} Se conservan también materiales preparatorios para los capítulos siguientes; Dal Pane, biógrafo de A. Labriola, los ha utilizado en su intento de restaurar la cuarta parte de los Ensayos.
{26} A. Labriola, Scritti varii di filosofia e politica. Bari, 1906, pág. 387.
{27} A. Labriola, Lettere a Engels, Roma, 1949, pág. 72.
{28} A. Labriola, Scritti varríi di filosofía e politica, ed. cit., pág. 387.
{29} A. Labriola, Lettere a Engels, ed. cit., págs. 149-150.
{30} A. Labriola, Sobre el problema de la concepción materialista de la historia, trad. rusa, San Petersburgo, 1898, pág. 11.
{31} A. Labriola, El materialismo histórico y la filosofía, ed. rusa, Moscú, pág. 23.
{32} Véase: J. V. Plejánov, Obras filosóficas escogidas, ed. rusa, t. II, pág. 238.
{33} Sofística. –N. de la Red.
{34} A. Labriola, Lettere a Engels, ed. cit., págs. 146-147.
{35} Las cartas de Engels a Labriola no se han conservado (excepto una), o al menos hoy día se desconoce su paradero. Por eso, de la respuesta de Engels se puede juzgar únicamente por la carta de Labriola del 11 de agosto de 1894.
{36} A. Labriola, El materialismo histórico y la filosofía, ed. cit., pág. 39.
{37} A. Labriola, Sobre el problema de la concepción materialista de la historia, ed. cit., pág. 5.
{38} Ibídem, págs. 62-63.
{39} Ibídem, pág. 10.
{40} A. Labriola, Del materialismo histórico, ed. cit., pág. 41.
{41} A. Labriola, Sobre el problema de la concepción materialista de la historia, ed. cit., pág. 74.
{42} A. Labriola, Sobre el problema de la concepción materialista de la historia, ed. cit., pág. 26.