Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 4 ❦ Capítulo I
Desarrollo del pensamiento filosófico y sociológico en Rusia en el período del capitalismo premonopolista (Años 60 a 90 del siglo XIX).
En los años 60 a 90 del siglo XIX, Rusia era ya un país capitalista. Después de la reforma de 1861 el régimen burgués se afirma en todos los sectores de la vida económica. Comienzan a desarrollarse con más rapidez las fuerzas productivas del país. “La Rusia del arado de madera y del mayal, del molino de agua y del telar movido a mano comienza a transformarse rápidamente en la Rusia del arado de hierro y de la trilladora, del molino de vapor y del telar movido por la fuerza del vapor.”1
La población urbana casi se duplica entre los años 1865 y 1897; el número total de obreros asalariados, es decir, de proletarios industriales y rurales, se aproxima a los diez millones (lo cual, contando sus familias, representaba el 18 por ciento de la población).
Las relaciones capitalistas, lo mismo en la ciudad que en el campo, se entrelazaban, sin embargo, con fuertes supervivencias de la servidumbre; quedaba en pie la gran propiedad territorial, quedaban los métodos semifeudales de explotación de los campesinos. Predominaba la denominada vía “prusiana” de desarrollo del capitalismo en la agricultura, que se caracteriza por el mantenimiento de la gran propiedad agraria, con su gradual transformación en propiedad capitalista.
En los años 60-90 del siglo XIX, a consecuencia del incremento del capitalismo, tienen lugar cambios profundos en la estructura de clase de la sociedad rusa. En ese tiempo Rusia ve formarse definitivamente las clases fundamentales de la sociedad capitalista: el proletariado y la burguesía. Los terratenientes, cuya economía evolucionaba al compás de las exigencias del mercado capitalista, se fusionaban con la burguesía. Los campesinos, que en su conjunto seguían siendo una clase separada de los terratenientes por intereses antagónicos, en el proceso de la diferenciación capitalista va destacando de su seno una burguesía rural y un proletariado y semiproletariado agrícolas. Crece considerablemente el número de intelectuales, dentro de los cuales se definen claramente distintos grupos: el de las capas altas clericales-terratenientes, los intelectuales burgueses y las [12] capas democráticas de intelectuales, afines por su modo de vida y su manera de pensar a las masas campesinas y a las bajas capas urbanas, pero que, en su mayoría, tenían que servir a las clases dominantes. Del seno de los intelectuales demócratas salió en esos años buena parte de los revolucionarios rusos.
En el último tercio del siglo XIX, la vida social de Rusia encerraba agudas y profundas contradicciones. Acentuábase cada vez más la contradicción radical y principal de la época nueva, capitalista: la contradicción entre el proletariado y la burguesía. Durante esos años se agudizan las contradicciones antagónicas de clase entre los terratenientes y los campesinos, que se incorporaban a la lucha para suprimir la gran propiedad territorial y el poder de los terratenientes. Junto a ese antagonismo de clase, en la aldea rusa del período posterior a la reforma se revelan cada vez más netamente y se profundizan las contradicciones entre las diferentes capas de los campesinos: crece el antagonismo entre los kulaks y los braceros y campesinos pobres.
En el período posterior a la reforma existían también contradicciones entre las dos clases explotadoras: entre la burguesía en ascenso, en manos de la cual se iban concentrando cada vez más las principales posiciones económicas, y la clase de los terratenientes, que conservaba el poder político y enormes propiedades; estas contradicciones, empero, no presentaban un carácter antagónico: los terratenientes y su Estado apoyaban a la burguesía, que se había robustecido económicamente, a la vez que ésta, atemorizada por el movimiento revolucionario de la clase obrera y los campesinos, se mostraba incapaz de ir a la lucha política abierta contra los terratenientes y la autocracia y tendía al acuerdo con ellos.
Contra el zarismo, que era una traba para el avance económico, político y espiritual de Rusia, se manifestaban los destacamentos avanzados de la clase obrera, las fuerzas revolucionarias de los campesinos y de. las nacionalidades oprimidas y las capas democrático-revolucionarias de los intelectuales (particularmente, los intelectuales vinculados con el movimiento populista).
Entre 1879 y 1881 Rusia atraviesa por una nueva situación revolucionaria: las necesidades y calamidades de las masas campesinas, agudizadas al máximo, dan origen a vastas acciones suyas que en 1880 abarcaron a 34. provincias; se eleva una potente oleada de huelgas y acciones obreras, que afectan a casi todos los centros industriales del país; crece el descontento hacia el zarismo entre las masas de la población como efecto de las graves consecuencias de la guerra de 1877-1878, que cayeron íntegramente sobre las espaldas del pueblo; se desarrolla la actividad revolucionaria de las organizaciones populistas: Tierra y Libertad y Voluntad del Pueblo.
La situación revolucionaria de 1879-1881 no llegó a desembocar en una revolución, puesto que no existía aún la fuerza capaz de organizar y llevar consigo a las masas populares a la lucha revolucionaria. La burguesía rusa, inclinada a la conciliación con el zarismo, no podía ejercer dicho papel; y el proletariado, si bien se había formado ya como clase, no poseía aún en aquel entonces ni la organización ni la conciencia política necesarias para la lucha revolucionaria. [13]
No obstante, la situación revolucionaria de 1879-1881 tuvo gran importancia para el movimiento de emancipación en Rusia; puso de relieve la podredumbre del régimen autocrático de los terratenientes, condenado a la desaparición, y la incapacidad de la burguesía liberal para ponerse a la cabeza de las transformaciones progresivas de la vida social de Rusia; reveló la inconsistencia del populismo como teoría orientadora del movimiento de liberación e hizo ver la necesidad histórica en que el país se encontraba de una teoría nueva, verdaderamente científica, y de una nueva organización revolucionaria que estuviesen vinculadas a la nueva fuerza social que entraba en la palestra histórica: a la clase obrera.
La situación revolucionaria en Rusia demostraba que el centro del movimiento democrático revolucionario se había desplazado de Europa Occidental al Este, pues entonces Rusia, como Marx y Engels señalaban en 1882, estaba “en la vanguardia del movimiento revolucionario de Europa”.2
Las agudas contradicciones en la vida social de la Rusia posterior a la reforma, puestas de manifiesto plenamente en el período de los años 60 a 90, encuentran reflejo en la lucha de las distintas corrientes del pensamiento social ruso, incluyendo la filosofía. En este tiempo, lo mismo que antes, dentro del pensamiento social ruso imperaba la tendencia social reaccionaria policíaca y monárquica, de la que eran baluarte la ideología religiosa y las corrientes idealistas más reaccionarias de la filosofía y la sociología. En cuanto a la ideología de la burguesía liberal y de los terratenientes liberales –que a veces se permitían jugar a una oposición tímida y cobarde frente a la reacción gubernamental–, si bien se distinguía de la doctrina reaccionaria policíaca, era antirrevolucionaria; se basaba en distintas doctrinas idealistas tomadas de la burguesía contrarrevolucionaria de Occidente y a menudo trataba de conciliar la ciencia con la ideología religiosa imperante. Lo mismo la tendencia de la burguesía liberal que la de los terratenientes reaccionarios pertenecían, dentro del pensamiento social, a un mismo campo monárquico y eran hostiles al movimiento revolucionario.
La corriente democrático-revolucionaria del pensamiento social ruso, que se oponía a ese campo, y que había cobrado estructura en el período anterior a la reforma, evolucionó después de implantarse ésta. Algunos de sus hombres permanecieron fieles a las tradiciones del sesenta, y en los últimos treinta años del siglo continuaron la lucha ideológica contra el zarismo, los terratenientes y las teorías reaccionarias dominantes desde las posiciones de la democracia revolucionaria y del materialismo filosófico. Al propio tiempo, en el seno del movimiento de emancipación adquiere gran preponderancia la tendencia populista, que reflejaba, como V. I. Lenin indica en su carta del 16 de diciembre de 1909 a I. I. Skvortsov-Stepánov, los intereses “de la lucha pequeñoburguesa de masas del capitalismo democrático contra el capitalismo liberal-terrateniente...”3
La lucha en el plano de las ideas políticas durante el último tercio del [14] siglo XIX venía a confirmar que el pensamiento político-social y filosófico avanzado del pueblo ruso guardaba íntimas relaciones con las tradiciones progresistas del pensamiento de los pueblos de Europa Occidental, y echaba por tierra las concepciones eslavófilas, y posteriormente populistas, acerca del “carácter exclusivo” de la vida social de Rusia, en virtud de lo cual, se afirmaba, no tenían validez en esta última las teorías politicosociales y filosóficas del Occidente europeo.
La orientación nueva y más fecunda del pensamiento social de Rusia era la teoría del proletariado internacional, el marxismo. El socialismo científico de Marx, que llegaba de Europa Occidental, encontró en Rusia una sólida base social en el movimiento de la clase obrera, que se ponía en pie para la lucha revolucionaria contra el zarismo y el capitalismo.
El último tercio del siglo XIX se caracteriza en Rusia por la enconada lucha que mantienen contra el idealismo las corrientes materialistas que venían a continuar la línea de la democracia revolucionaria de los años 40 a 60 en la filosofía, la ciencia y el arte; luego, a partir de 1880, es la lucha de las ideas filosóficas marxistas contra las diversas corrientes de la filosofía idealista.
La marcha histórica del desarrollo social, el ascenso del movimiento de liberación y el vigoroso progreso de la ciencia y del arte en Rusia plantean al pensamiento filosófico materialista nuevas tareas teóricas. No bastaba ya con defender las tradiciones materialistas de los años sesenta, continuar su lucha contra la concepción idealista y religiosa del mundo, entonces imperante, propagar en la sociedad los avances de las ciencias naturales logrados en Rusia y en el mundo entero, materialistas por el espíritu que los inspiraba, y sostener e impulsar la tradición realista encarnada en las mejores obras de la literatura y el arte rusos. Había otra tarea teórica de capital importancia, que se desprendía objetivamente de toda la marcha del desarrollo social de Rusia después de la reforma: era necesario dar una interpretación científica, filosófica, de las relaciones sociales en la nueva época histórica, de las contradicciones y de la lucha entre las clases de la sociedad capitalista. Era necesario dar una base teórica al movimiento revolucionario, a las vías y formas de transformación socialista de la sociedad. tanto más que en el proceso del desarrollo capitalista de Rusia después de la reforma –en la desintegración de la comunidad rural– se revelaba claramente la inconsistencia de la teoría del “socialismo campesino ruso”. Por consiguiente, había que expulsar el idealismo de su último refugio y proporcionar una teoría científica del desarrollo social y de la lucha revolucionaria, una teoría que fuese seguro instrumento ideológico del movimiento ruso de liberación. Esta teoría era el marxismo.
Los nuevos descubrimientos en el campo de las ciencias naturales, comprendidos los grandes descubrimientos de los investigadores rusos –de Séchenov. Méchnikov, Timiriázev y los hermanos Kovalevski en biología, de Mendeleev y Bútlerov en química, de Stolétov y Umov en física, y de otros creadores de las ciencias modernas–, exigían imperiosamente una síntesis filosófica que confirmase la verdad del materialismo y pudiera revelar las leyes y los vínculos dialécticos de los fenómenos y procesos que tienen lugar en la naturaleza. [15]
Las clases dominantes de Rusia –los terratenientes y la robustecida burguesía— hacían suya de ordinario y predicaban la filosofía idealista en sus distintas formas, desde las corrientes religiosas y eclesiásticas más declaradas hasta el positivismo, con su barniz científico; por el contrario, los mejores hombres del movimiento de liberación y del pensamiento social, los hombres de la ciencia avanzada defendían la línea del materialismo filosófico propia de la democracia revolucionaria de los años 40 a 60. Ahora bien, en el curso de la lucha ideológica contra la reacción y el idealismo, cada vez se hacía más patente que el pensamiento filosófico de la democracia revolucionaria rusa no correspondía ya a los postulados y tareas de las fuerzas avanzadas de la nueva época, era incapaz de emanciparse del idealismo en la interpretación de la historia, resultaba insuficiente para proporcionar a la ciencia moderna y al movimiento revolucionario un método fiel de pensamiento filosófico.
La teoría filosófica nueva, genuinamente científica, el nuevo método de pensamiento filosófico, y así lo demostraba toda la marcha de las búsquedas teóricas realizadas en el país durante medio siglo, desde 1840 hasta 1900 aproximadamente, podía ser en Rusia únicamente, lo mismo que en los demás países, el marxismo.
Los años 60 a 90 del siglo XIX fueron para las fuerzas revolucionarias de Rusia, para sus pensadores avanzados y sus científicos y artistas; un período de búsqueda de una acertada teoría científica, de una verdadera concepción del mundo.
{1} V. I. Lenin, El desarrollo del capitalismo en Rusia, Obras completas, 4ª edición rusa, t. 3, pág. 524.
{2} C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista. Prefacio a la edición rusa de 1882. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, ed. esp., t. I, Moscú, 1951, pág. 17.
{3} V. I. Lenin, Obras completas, ed. rusa, t. 16, pág. 102.