Zeferino González
Filosofía novísima
§ 10
La Filosofía de la naturaleza
La Filosofía de la naturaleza es la ciencia de las determinaciones de la idea-razón, en cuanto que ésta se objetiva y se exterioriza (sich entaussern) en el mundo material, pero con sujeción a la misma ley dialéctica y al mismo principio de contradicción que hemos observado en la lógica pura. Para comprender la Filosofía de la naturaleza según la concepción hegeliana, conviene no olvidar: a) que el conjunto o sistema de las determinaciones lógicas y abstractas de la Idea constituye el cuadro inteligible, es como el molde originario de las determinaciones naturales, o sea de las formas concretas, vivas y reales, que se suceden e integran la naturaleza; y b) que las categorías lógicas, para Hegel, representan y son maneras reales del ser o de la Idea, y no son meras leyes a priori, ni formas o modos de pensar las cosas, como sucede en la lógica vulgar y hasta en la de Kant.
En la naturaleza y por medio de la naturaleza y de sus formas varias, la Idea se revela como ser otro, como realidad diferente que pasa a otro, que se refleja y objetiva en algo exterior para volver después a sí misma. El punto de partida de la evolución dialéctica y rítmico-trilógica de la Idea en la esfera de la naturaleza y como naturaleza, es la materia primitiva, informe e indeterminada, como el ser puro e indeterminado sirve de punto de partida para la evolución de la misma en la esfera lógica. El processus de la Idea, como naturaleza o como creación de la naturaleza, contiene tres grandes momentos: el momento mecánico, en que aparece y se forma el mundo sideral, que sólo contiene materia y movimiento; el momento químico, en que la materia se divide, se transforma, se combina y se concreta, formando substancias particulares diferentes en esencia y atributos internos, y el momento orgánico, en que las fuerzas químicas se transforman en fuerzas vitales, y los cuerpos inanimados en organismos vivientes, o, lo que es lo mismo, en individuos verdaderos, imperfectos en las plantas y perfectos en los animales. Dicho se está de suyo que cada uno de estos tres grandes momentos de la evolución de la Idea encierra una serie indefinida de gradaciones sucesivas y ascendentes, que deben concebirse como otras tantas evoluciones de la Idea, principio universal, esencia única y absoluta que palpita en el fondo de todos esos seres, la cual, impulsada fatalmente por la dialéctica y por la contradicción, que es la ley de su movimiento y como su vida interna y esencial, se eleva y transforma por medio de gradaciones paulatinas, ascendentes e insensibles en planta, zoófito, pólipo, &c., hasta llegar al organismo humano, última determinación, o digamos, última creación de la Idea en el orden de la naturaleza material.
Y no se pierda de vista que todas estas formas de la naturaleza, la materia y el movimiento, los astros y las substancias químicas, los vegetales, los zoófitos y los animales, con todos los demás seres materiales, son seres cuya esencia real verdadera es la razón; son esencias intelectuales, puesto que su esencia, lo que constituye el fondo y la substancia de su ser, es la Idea, y la Idea de Hegel no es ni puede ser otra cosa más que la razón absoluta, la Inteligencia infinita, el Pensamiento puro y absoluto. En la mente de Hegel, el mundo material es el pensamiento divino y absoluto en cuanto exteriorizado; la naturaleza es una inteligencia petrificada, una razón inconsciente y adormecida. Así se concibe y explica también el sentido del pronuntiatum hegeliano que sirve de base y principio general de su Filosofía, pronuntiatum que representa a la vez, según queda indicado arriba, la conclusión última y general, la tesis fundamental en que se encierra y resume toda la Filosofía hegeliana como ciencia absoluta: Todo lo que es racional es real, y todo lo que es real es racional.