Filosofía en español 
Filosofía en español

Zeferino GonzálezHistoria de la Filosofía, Madrid 1886


Filosofía novísima

§ 13
Movimiento hegeliano

Poderoso y extenso fue el impulso, grande fue la influencia ejercida por la concepción hegeliana sobre el espíritu de sus contemporáneos. Aún hoy, a pesar del medio siglo que ha pasado sobre el sepulcro de Hegel, descubrimos vestigios permanentes de sus teorías, huellas profundas y muy marcadas de su pensamiento en todos los ramos del saber humano.

Haciendo caso omiso de la escuela teológica de Tubinga, derivación espontánea y aplicación más o menos completa de la doctrina de Hegel, la cual mereció las preferencias de Baur; prescindiendo igualmente del eclecticismo que lleva en su seno el principio hegeliano, como veremos después, el movimiento filosófico provocado por Hegel de una manera más inmediata y directa, se halla representado, ya por los que se dedicaron a exponer y comentar sus principios en sentido moderado y conservador, ya por los que, llevando estos principios a sus últimas consecuencias y extremando acaso el alcance y aplicaciones de aquéllos, no retroceden ante afirmaciones y negaciones las más audaces y radicales, lo mismo en el terreno filosófico, social y político, que en el terreno religioso, formando la extrema izquierda hegeliana.

La derecha hegeliana, –denominación en la que comprendemos o incluimos lo que algunos llaman centro hegeliano,– tiene por representantes a filósofos y teólogos que emprendieron la tarea, ora de defender las ideas relativamente espiritualistas y religiosas de Hegel, ora de desenvolver y aplicar sus teorías, su método y sus tesis principales en sentido conservador y cristiano en el terreno teológico, en el filosófico, y hasta en el político-social.

Los representantes de esta dirección son muy numerosos, y como sucede y es preciso que suceda en semejantes casos, se hallan separados por una infinidad de diferencias y matices, en orden a la verdad, al sentido y a las aplicaciones de la doctrina de Hegel. Porque es grande la distancia que separa el criticismo exageradamente naturalista de Baur y la escuela de Tubinga, y el teísmo cristiano de Hermann Fichte y de Weisse. Mientras éste se aproxima al teísmo de la Filosofía católica, y casi reniega del panteísmo, el primero tiende mano amiga a Strauss y toma posiciones en los confines de la izquierda hegeliana.

La doctrina de esta última escuela representa principalmente la evolución de la teoría de Hegel acerca del origen y naturaleza de Dios; porque si Dios sólo es Dios cuando adquiere conciencia de sí mismo en el hombre; si entra en posesión de la divinidad por medio y a causa de la conciencia humana, la izquierda hegeliana tiene razón al proclamar el ateísmo y el materialismo con todas sus consecuencias. Porque parece excusado recordar que la llamada izquierda hegeliana es la madre legítima de la escuela paladinamente materialista y atea de nuestros días. En todo caso, veremos pronto que los representantes más genuinos de la izquierda hegeliana nada tienen que envidiar en este concepto a los representantes contemporáneos de la escuela materialista. Cierto que esta última hace caso omiso del nombre de Hegel y de sus teorías; pero ya hemos demostrado en otra parte{1} que, «si para el materialista, el ser o substancia que preexiste a la inteligencia o pensamiento del hombre y que constituye su esencia real, es la materia, para Hegel es la Idea, la cual se transforma primero en materia y después en inteligencia, y llega a ser pensamiento o espíritu en virtud del movimiento lógico de la misma, así como la materia del positivista llega a ser inteligencia o pensamiento en virtud del movimiento o transformación realizada en la materia por la fuerza». Penetrando en el fondo de las cosas, no es difícil convencerse de que es muy pequeña la distancia que separa la teoría hegeliana de la teoría ateo-materialista de nuestros días, sin que por esto desconozcamos que la primera es infinitamente más comprensiva que la segunda, y que abraza puntos de vista y horizontes que no caben dentro de los moldes estrechos y mezquinos del actual positivismo materialista.

En atención a que debemos ocuparnos más adelante de los partidarios del indicado materialismo, omitimos aquí sus nombres, aunque tienen legítimo derecho para formar entre los representantes de la izquierda hegeliana; porque, en realidad de verdad, el positivismo materialista de nuestros días bien puede considerarse como una prolongación y desarrollo de las doctrinas y tendencias propias de la izquierda hegeliana.

Por lo demás, esta última escuela tuvo y tiene representantes, no sólo en el terreno propiamente filosófico, sino también en el literario y en el político-social, como lo prueban los nombres de Gutzkow, Steine, Schefer, Mundt, Heinzen, Blum, Marx, con otros muchos, sin contar a Proudhon, de quien hablaremos después.

En resumen: el movimiento hegeliano, tomado en conjunto y abstracción hecha de la diversidad de matices y tendencias, es uno de los más universales que registra la historia de la Filosofía. Porque la verdad es que, a contar desde su aparición, apenas se encuentra filósofo de nombre en el campo racionalista que no se halle más o menos influido por las ideas del hegelianismo, siendo de notar que no se libran de esta influencia oculta e insensible aun aquellos que gozan fama de pensadores originales y de primera talla, como son Schopenhauer, Herbart y Hartmann.




{1} Estudios religiosos, filosóficos, &c., t. I, p. 243.